Joven Stepinac. Cartas a la novia (VI). Interrogantes

Ya en la siguiente carta, la que no tenemos, Alojzije empieza a ser algo aburrido. Desde luego, para Marija sí. Ella esperaba el despegue, y él ni venir siquiera. ¿Es tan importante ese trabajo? ¿Es que no tiene tiempo para mí? ¿Será porque se lo está replanteando? Todas las preguntas son legítimas, y Marija está confundida debido a que Alojzije por un lado es tan serio, tan formal, se le ve buena persona, capaz de altos vuelos, capaz de comprometerse con lo que promete, y por otra parte toda esta sequedad… Aparece la eterna sospecha de la mujer, ¿será que no me quiere? Y, ¿pero por qué es así? ¿Qué le pasa a este hombre? Quiere saberlo y como no lo consigue, está en ascuas. Invertirá sus energías en obtener la certeza en las siguientes cartas.

Es final de enero ya y Lojzek todavía no la ha visitado. A Marija le tienta el sentimiento de humillación, del que brota el enfado que no consigue evitar. Le escribe, comentando su penúltima carta:

“… En esa carta estabas como un “cementerio turco” – serio, pero es posible que a eso haya contribuido aquel tiempo gris. Eso también influye en el hombre. Te justificaba diciendo que escribías teniendo prisa, antes del entierro, pero no conseguí librarme de esa carga. Pero ahora has recuperado con esta última carta con la que estoy contenta.
Pero, sabes, Lojzek, que tenga que cantar incluso cuando estoy enfadada, como dices, de eso sin embargo tengo que reírme. Está bien – Tú cantarás a guardaré silencio, como se suele hacer en esas ocasiones. ¡Va a ser maravilloso! Cierto, sé a veces adelantarme a la tristeza con una canción, pero el enfado todavía no. Eso va en contra de mi carácter. ¿Quién podía intuir siquiera en Ti a un idealista así? ¡Cómo te pierdes con el solo pensamiento en la naturaleza! Y te acuerdas cuando en una ocasión Krista estuvo en nuestra casa en Krasic, Tú igual, mirábamos unas postales y papá se reía de nosotros: ¿pero qué belleza hay en esos ‘arbustos’? También te preguntó a ti lo que piensas, y Tú te reías y le dabas razón. Nosotras no sabíamos en qué hemos quedado nosotras debido a Tu afirmación y solamente intercambiamos una mirada. Krista mencionaba durante mucho tiempo después los dichosos ‘arbustos’. Pero, ves, mi Krista quería mucho la naturaleza, y tanto, y sin embargo se encerró detrás de los muros. Dice que por eso se encierra porque la quiere demasiado. Yo le tengo un amor especial. En ella miro y veo a Dios más que en ninguna otra parte: en cada flor, pétalo, en cada planta por muy pequeña que sea.
¿Por qué no me vas a traer los libros? Si Te digo que eso es precisamente lo que estoy deseando, ¿me lo harás?
Tus cartas son casi serias. Anda, escribes como – ¡todo un gran personaje! Perdóname, hoy no me controlo, algo está hirviendo en mí, temo que no involucre a ti también, por eso termino. A Ti eso no te corresponde porque eres serio como – ¡un gran personaje! ¿Te puedo mandar un dulce?¡Tómalo! Te saluda – Marija”.

Comentaremos todo junto a partir de la respuesta de Alojzije. Responde a esta carta ya el 28 de enero. Con rapidez, como de costumbre. Se justifica que escribe desde un bar y que tiene prisa. Le comenta aquella anécdota y discusión respecto a la naturaleza en la casa de sus padres. Dice que no se ha reído de la naturaleza sino de su reacción y de la de Krista, pero que sin embargo tiene una opinión diferente respecto a la naturaleza que ellas. Escribe:

“Si estuvieras montada en el carro tomando aire unas seis horas como me está pasando a mí en este invierno, se iría Tu amor por la naturaleza. Vosotras sentís la naturaleza solamente cuando es bella, pero en las dificultades se muestran los héroes. Cantar, ¡cuando estás triste y enfadado! A mí tampoco me va eso muy mucho, pero en eso es todo el misterio. La mayor victoria consiste en vencerse a sí mismo, y eso se consigue despacio, mediante un ejercicio perseverante. Prueba privarte a Ti misma un trocito de comida cuando más te gusta o callarte cuando vas a explotar. Dice Keppler: ‘Allí donde la voluntad está implantada para gobernar, allí mismo es capaz de imponer alegría incluso al corazón, aunque el mismo se rompiera en pedazos por las contrariedades y oprobios de este mundo’. Entonces pues, ¡ejercítate en la generosidad y mortificación! Solamente el águila alcanza el cielo. Señor, ¿por dónde me he perdido? Tendría mucho que decir, pero no tengo tiempo para escribir ni en casa, y menos aquí.
¿Los libros? Ten paciencia, o préstalos en la biblioteca. Pero me gusta Tu interés al respecto. ¡Perdona por no escribir con la frecuencia que te gustaría! Si estuviera en mi lugar, Tú no harías ni esto. No olvides rezar por nosotros, y lo mismo ofrecer la santa comunión por los dos, ¡futuros marido y mujer! Practica la abnegación y la entrega, porque en eso consiste la verdadera alegría. Y tienes que estar alegre. Si mi carta es demasiado seria, Tú libremente escribe entre bromas. Muchos saludos cordiales – Lojzek.”

Alojzije, Alojzije, para Marija eres casi como hielo. Resulta que su confesor le dice que no se debe esforzar en rezar, y tú no paras de hablar de mortificaciones. Sin embargo, dices muchas verdades en tu carta. Como por ejemplo cuando afirmas “Señor, ¿por dónde me he perdido?” No Alojzije, no te has perdido, allí precisamente no te has perdido, ¡si ese precisamente es tu terreno! Tú te pierdes en otros campos, pero en ese no. Por eso vuelves a esos espacios gratos para las águilas de las que escribes y de las que formas parte. Pero tu aparente hielo habla de otra cosa, para ti el matrimonio es el medio, el Cielo es tu meta. Para Marija también el matrimonio es la meta y allí está la diferencia.

Honesto, porque no sabes ser de otra forma, tú te ves como su marido y a Marija como tu mujer, eso no lo escondes, eso es lo que te parece querer. Pero tú has nacido para otra cosa. No es el nido matrimonial lo que está preparado para ti, sino el nido de águila. No entendías las voces del Espíritu Santo en tu alma, por eso el Señor te mandó a Marija para llevarte al nido que te pertenece. Desde allí avanzarás con movimientos decididos y rápidos hacia la morada celeste que te espera.

La intuición femenina de Marija empieza a convertirse pronto en la visión clara en su intelecto. Y nos espera el desenlace que merece la pena no perderlo.

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