¿Sigue Dios llamando a Saulos?

Y Dios lo dispuso así en la Iglesia: primero apóstoles, segundo profetas, tercero doctores,… (1 Cor 12, 28)


“Vete a tu casa con los tuyos y anúnciales las grandes cosas que el Señor ha hecho contigo, y cómo ha tenido misericordia de ti.”
Se fue y comenzó a proclamar en la Decápolis lo que Jesús había hecho con él. Y todos se admiraban. (Mr 5, 19-20)

Enseguida retomo la serie sobre joven Stepinac, pero esto es una reflexión motivada por la pregunta que me hizo una señora mejicana respecto a la actividad de Marino Restrepo, un señor colombiano, que tras experimentar un cambio brusco en su vida, da la vuelta de 180 grados y empieza a dar testimonios sobre su experiencia de conversión, así como las reflexiones en torno a la vida de fe. Pero antes de abordar este asunto, quiero tratarlo todo desde una perspectiva un poco más general.

Hay personas, y se puede tratar de fervientes católicos, que ven con malos ojos cualquier experiencia extraordinaria en la vida de los creyentes. En la práctica es así. Por una parte es comprensible esa postura, sea porque entre lo “extraordinario” uno se puede encontrar con todo; es sabido que los falsos profetas utilizan y utilizarán siempre estos medios para engañar a los fieles y seducirlos. Por lo tanto, la reserva sobre estos asuntos es lógica. Por otra parte, nuestra fe está basada en la Revelación que nos ha sido ya dada por completo. Sin embargo, tener una reserva “absoluta”, no sería nada católico, lo considero así. Primordialmente, porque el Señor mismo ha intervenido en nuestra historia, en el Escritura consta, por muy diversos medios. Libera, por ejemplo, a Pedro enviándole los ángeles, le muestra mediante una visión la necesidad de predicar a los gentiles, y un largo etc. Pero sobre todo es significativa la figura de Saulo. Cierto es que Saulo es único e irrepetible en cuanto a su misión y el lugar en la historia de salvación. No habrá más ni un solo Saulo, ya que lo ocurrido con Saulo forma parte de la Revelación. Sin embargo, el modo con el que Dios actúo respecto a Saulo, se puede repetir. Y creo que se ha repetido muchísimas veces en la historia de la Iglesia. Me refiero a los conversos a los que Dios mismo tuvo que sacudir de alguna manera para ponerlos en su camino. O incluso personas que por un medio especial ha llamado a desempeñar una misión singular en la Iglesia.

Es tan importante la figura de Saulo, que de allí ha derivado el que ha escrito prácticamente medio Nuevo Testamento, sin que haya sido de los Doce. Y Dios lo ha querido así, y a Dios no se ponen objeciones. De esta figura deducimos que a Dios no se le puede prohibir hablar en su Iglesia. Lo hace en forma del Magisterio Ordinario y Extraordinario, pero también lo hace mediante los profetas. Solamente, tenemos que recordar el texto que he puesto en la cabecera del post, los apóstoles en primer lugar, los profetas en el segundo. Son los apóstoles que disciernen y tienen la última palabra, aunque a veces a ellos mismos se le puede exigir la fidelidad, pero aun eso debe ser confirmado por ellos. El ejemplo de lo ocurrido en Antioquia es para siempre, sellado por haber querido Dios incluirlo en la Escritura, nada menos. Pedro corregido por Pablo, pero desde Pedro. Y Pedro asiente y sentencia, así es, y el incidente termina.

¿Cómo reaccionaríamos hoy a lo ocurrido en Antioquia? Lo pregunto porque creo que siempre hay que enderezar el rumbo hacia el origen, lo seguro y lo confirmado. Y es muy fácil desviarse. Pienso que las respuestas serían así:
Progres: Aplaudirían con las orejas por la maravillosa lección de la antropología cultural dada por Pedro. ¡Cómo sabe adaptarse a unos y a otros, a los judeocristianos y a los provenientes de gentiles! Pero, ¿y la verdad? ¡Qué importa la verdad!
Clericales (sea cual sea su estado, laico o clerical): ¡Maravilloso! ¿Para qué cuestionarse nada?
Profetas auténticos: lo que hizo Pablo, según su la manera que corresponde a su situación.
Falsos profetas: criticarían a Pablo y a los profetas auténticos.
Fieles católicos: estando entre ellos los profetas auténticos, no se separarían ni del uno ni del otro.

Volviendo al tema de los “Saulos” y de los profetas en la Iglesia, hago mi reflexión particular, desde 1 Cor 12, 28: Dios, si quiere, puede entrar en su aprisco cuando quiera y cómo quiera, siempre es por la puerta. Dios sigue despertando “Saulos” hoy en día. Pero quiénes son, lo dirán los apóstoles. Hasta que no se pronuncien los apóstoles, los fieles muchas veces se encuentran con personas que actúan a modo de profetas, y desean orientarse. Naturalmente, cualquier buen cristiano debería contar con un sacerdote o persona consagrada de confianza para que la atienda y oriente. Pero los criterios no son tan complicados: fidelidad a la doctrina y obediencia a los pastores. Tampoco debe haber cosas excéntricas, no ocurren con tan poca frecuencia, por eso he puesto el caso del Padre Sudac como un ejemplo. Luego, la misión principal de los profetas es llamar al retorno hacia lo de siempre, fe, sacramentos, decálogo, vida cristiana. A veces puede ser, doctores no tienen por qué ser, que no tengan la precisión magisterial, pero si están dentro de la doctrina, no debe haber problemas. Sin embargo, las cosas siempre pueden decirse mejor.

Por último, ¿los necesitamos? Creo que sí, porque no todos podemos llegar a determinado tipo de personas, que sin embargo quedan sacudidas con testimonios de esta clase. ¿No lo repetía Pablo una y otra vez en su vida de apóstol? Cuando alguien habla desde su vida, no es difícil reconocer la voz de lo auténtico.

Otra cosa que me maravilla de estas situaciones, es el hecho de que Dios rompe todas las fronteras para llegar a las almas. ¿Quién, si no, puede llegar a las cárceles de las FARC para arrancar un alma del mal? No solamente del secuestro, sino de su paganismo. A veces, podemos estar muy abrumados con tantos ejemplos de desobediencia y herejías más o menos encubiertas que vemos en la Iglesia, y nos duele. Pero el Señor viene, no nos deja, testimonios como estos de alguna manera me recuerdan la promesa eterna del Salvador: “non praevalebunt”, veo al Buen Pastor dejar a las 99 y coger a sus hombres a los descarrilados, olvidados por todos, menos por Él.

Finalmente, unas palabras sobre Marino Restrepo. Un colombiano, una bala perdida, vividor, amante del dinero y del placer. Vivió en Alemania y los EE. UU., aficionado a todos los derivados posibles de la Nueva Era, en un momento queda secuestrado por las FARC. Copio desde su página: “Durante más de veinte años, Marino estuvo vinculado al medio artístico como actor, productor, escritor de libretos, compositor, etc. Durante 33 años permaneció totalmente alejado del Señor, ya que desde los años 60, mientras vivió en Bogotá, durante su vida de adolescente, empezó a alejarse de su fe católica involucrándose con religiones y cultos paganos, y toda clase de ciencias ocultas y esotéricas, practicando la astrología, utilizando cristales, velas, aromaterapia, floraterapia, lectura de las cartas, técnicas del I ching, ciencias de control mental y en general en toda clase de supersticiones y psicología moderna.
La vida de Marino estaba centrada en el dinero, la fama y totalmente entregada al placer.
De pronto su vida tuvo un cambio drástico debido a trascendentales acontecimientos que lo marcaron para siempre.
En la Navidad del año 1997, al entrar a la finca de uno de sus familiares a pasar la noche, fue sorprendido por un grupo de hombres guerrilleros de las FARC quienes lo secuestraron junto con un sobrino suyo.
De esta manera se da inicio a una experiencia muy difícil que se prolonga por seis meses, hasta cuando Marino es liberado por gracia de Dios.
El secuestro tiene diversos episodios, pero lo más importante de esta etapa en la vida de Marino es el encuentro que tiene con el Señor en el momento en que estaba totalmente destruido, vencido, condenado a muerte por sus captores y sin ninguna esperanza. Es allí en donde descubre que sus conocimientos sobre tantas prácticas alternativas a la fe de nada le servían para superar tan duro momento.
Amarrado y escondido en condiciones infrahumanas y sometido a las inclemencias de la selva colombiana en donde era presa de toda clase de insectos y alimañas, repentinamente tiene una manifestación del Señor. Vive una experiencia mística de iluminación de su conciencia, reviviendo todos sus pecados y dándole un conocimiento profundo de su responsabilidad ante Dios y ante su vida terrenal. Más adelante en medio de una visión en la que escucha primero la voz del Señor, es llevado a vivir el estado del infierno, el purgatorio y contempla la gloria de Dios desde un lago que equivalía al estado purgatorial.
Desde entonces, Marino cambió totalmente su vida, se la entregó al Señor y ahora se dedica, como misionero, al servicio del Señor y de la Iglesia Católica, a propagar la palabra de Dios y su experiencia por todo el mundo.”

Marino cuenta, una cosa muy importante, con el apoyo de su jerarquía más inmediata, Cardenal Rubiano. Colombia, Director espiritual de Marino. Fray Jose Maria de las Cinco Llagas, Obispo de Marino. Monsenor Roberto Ospina de Leon:

Para terminar, en la página en la que se encuentra su testimonio, hay uno que no es de recibo, de otra persona: “Dios fumó marihuana conmigo, yo lo ví”, que nada más por la forma, merece una crítica severa. Pero los hay bastante buenos. Ni el título puesto al vídeo de Marino (no es de su página, sino la de testimonios): “… el hombre que vio a Dios”, no queda muy bien. He revisado el vídeo de forma salteada (dura dos horas), y parece estar bien. Lo que más me tranquiliza es el apoyo que tiene de los pastores. También impresiona el número de países que visita. Deja un grato sabor de esperanza el hecho de que Dios no se olvide de personas en situaciones tan imposibles. ¿Si ellos han rectificado, por qué yo no? Si otros pueden, yo también, se decía Agustín, antes de llegar a ser santo.

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