Confidencias de Jesús a un sacerdote (Mons. Ottavio Michelini)

A sugerencia de unos lectores llegó a mis manos el libro cuyo título indico en la entrada. Se trata de unas revelaciones privadas que tuvo un sacerdote italiano, Mons. Ottavio Michelini,

en los últimos cuatro años de su vida (1975-1979), sobre la situación actual de la Iglesia, indicando con gran fuerza las causas, males y su solución.

He hecho una breve selección de algunos contenidos, sobre la enseñanza de los datos revelados, Concilio y su aplicación, malas prácticas pastorales. Creo que es lo mejor que esas palabras hablen por si solas. Son reflexiones que invitan a consideraciones importantes.

“Por medio de este mensaje Yo he querido dar a los hombres de este tiempo la visión realista y verídica de los dos mundos que se enfrentan: el de la Luz y el de las tinieblas”. (23.XI.1978)

Cito también la buena acogida que concedió a este libro Mons. Anselmo Zarza Bernal (1980):

Obispado de León,

Gobierno Eclesiástico.

 

CARTA CIRCULAR

 

Muy estimado Padre

Antes de salir a Europa (Lourdes y Roma) por encargo del venerable Episcopado, me complace saludarlo deseándole todo bien en el Señor

 

Gracias a Dios pude conseguir algunos ejemplares del adjunto libro “TÚ SABES QUE YO TE AMO”, que leí con sumo INTERÉS EN MIS ÚLTIMOS Ejercicios Espirituales. No se trata de un libro de derecho público – por eso no tiene “Imprimátur” – sino de una edición privada “pro manuscrito”

 

                Muchos Obispos los han leído y lo han recomendado a sus Sacerdotes.

 

                En lo personal, encuentro del análisis interno de su contenido, una perfecta coherencia con la Doctrina de Fe y Costumbres y una enseñanza muy acertada por lo que se refiere a la Espiritualidad Sacerdotal.

                Describe, por otra parte, a nivel mundial, una realidad muy objetiva de la situación de la Iglesia y del mundo, para todos nosotros bien conocida.

                Le recomiendo con fraternal afecto la lectura y reflexión de este – libro. Y dado que no pude conseguir más que un número limitado de ejemplares, también sería mi deseo que lo preste a otros hermanos Sacerdotes, que no hayan podido alcanzar un ejemplar propio.

Por otra parte, me parece tan interesante, que basta leer las primeras páginas, para sentir el impulso de leerlo íntegramente.

Me encomiendo en sus oraciones y le ofrezco recordarlo con afecto – ante Nuestra Señora de Lourdes y en la Tumba de San Pedro.

Afectísimo Prelado que lo bendice de corazón.

Tlalpan, D.F., a 22 de Noviembre de 1980.

  

   + ANSELMO  ZARZA   BERNAL

Obispo de León

Sobre el Concilio:

 

— Señor, a mí me parece que hay tantas iniciati­vas y actividades en acción en tu Iglesia, precisamen­te para contener el mal.

Hijo mío, no faltan actividades e iniciativas, es­tudios y encuentros; hasta demasiados hay de eso. Pero te he dicho que urge poner la segur a la raíz, lo que quiere decir tener el valor de buscar las causas verdaderas de esta derrota del mundo cristiano de hoy.

El Concilio ha indicado estas causas, pero poquísimos las han tomado en serio. La mayoría con diabólica insen­satez, han tomado el apunte para generar confusión y anarquía en Mi Cuerpo Místico, entre mis soldados, entre mis fieles.

Los remedios para eliminar las causas de tantos ma­les espirituales no pueden ser sino espirituales.

Es obvio, los remedios os los he indicado con los luminosos ejemplos de mi vida, pasión y muerte.

El primer remedio, fundamental y seguro es una auténtica conversión.

Ninguno debe maravillarse, ni los fieles ni mucho menos los sacerdotes.

Comiencen mis sacerdotes a exami­narse sobre su vida interior ¡cuánto encontrarán que deben rehacer!

Rehacerse a sí mismos para rehacer a los demás, santificarse a sí mismos para santificar a los demás; menos lecturas inútiles y nocivas, menos televisión, menos espectáculos; más meditación y oración, más devoción a mi Ma­dre y Madre vuestra también, más vida eucarística.

Hijo, por muchos de mis sacerdotes soy tratado como un objeto, ni más ni menos que un objeto cualquiera. Sin embargo Yo, Jesús Verbo Eterno de Dios, Dios como el Padre mío, estoy realmente presente en el Misterio del Amor, en el Misterio de la Fe.

 

La gravedad de la situación impone un plan válido para todos, para llevarse a la práctica por todos al vértice y a la base, con obligado examen de conciencia que lleve a las siguientes conclusiones:

—¿Estamos convencidos de la necesidad de revisar seriamente la concepción sobre la que está basada nuestra vida? ¿Es vida integralmente cristiana? ¿O en parte pagana? ¿O del todo pagana?

— ¿Estamos dispuestos a elaborar un nuevo plan de vida interior? ¿Un nuevo modo de vivir nuestra fe, la espe­ranza, la caridad, la vida de gracia?

—¿Estamos dispuestos a hacer lo que hacen tantos hombres con laborioso empeño, para adiestrarnos contra las fuerzas del Mal con una verdadera cruzada de oración y de penitencia?

—¿Estamos dispuestos a hacer callar los tumultos que se levantan en torno a nosotros (y son tantos) para escuchar en el silencio y en el recogimiento las invitaciones que nos vienen de lo Alto, para ayudarnos a conjurar los peligros que nos dominan?

—¿Estamos dispuestos a retornar a una devoción viva, sincera, a la Madre de Jesús y Madre nuestra?  ¿A acoger su llamada a la mortificación y a la penitencia?

—¿Estamos dispuestos a un regreso sincero y vivo a Jesús Eucaristía?

Si mis sacerdotes, tan ocupados en tantas actividades, quieren ser objetivos, deben admitir que no obstante su febril trabajo, no ofrecen ya, salvo excepciones, motivos de credibilidad.

¿Se han seca­do quizá las fuentes de la Gracia? ¡No! Mi Corazón misericordioso está siempre abierto.

En sí mismos  deben volver a buscar las causas.  Se necesita poner la segur a la raíz; quiero decir que urge que cambiéis la ruta primero vosotros sacerdotes, si queréis que el grueso del ejército os siga.

Para esto sí que vale la pena de encontrarse y en una leal y sincera fraternidad elaborar un nuevo plan de reforma espiritual. ¿No es esto al fin lo que os pide el Concilio?

Vida de gracia, unidad y obediencia, fin de la anar­quía, lucha contra el demonio y contra el mal sin descender a  compro­misos, son los grandes temas que verdaderamen­te hay que profundizar, en el vértice y en la base.

¿Qué se espera todavía para hacerlo?

Miedo, vergüenza, respeto humano, apego a una vida cómoda… ¡Convertíos, convertíos! No os dé miedo ni os escandalice esta invitación.

Yo y Mi Madre, que tanto os amamos, estaremos a vuestro lado.  Se trata de la salva­ción de vuestra alma y de aquellas que se os han confiado.

Hijo, te bendigo;  ámame.

¿Qué cosa he hecho y hago Yo?

Yo soy la Vida, y la vida es movimiento que tiende al bien de las almas a las que amo y quiero salvar. He suscitado grandes santos; he mandado a mi Madre que se ha manifestado en tantos lugares y a tantas personas.

Ya he dicho que no pocas intervenciones de Mi Madre, han sido atacadas y negadas como auténticas por temores injustificados, por respeto humano. Para evitar molestias se busca la paz, pero así no se podrá tener la paz verdadera.

He escogido para mi Iglesia Pontífices santos.

He suscitado movimientos para la santificación del clero.

He querido y promovido el Concilio.

Si todo lo que he promovido en mi Iglesia hubiera sido acogido con una inteligente y eficaz respuesta, con una adecuada movilización de todos los consagrados, como por lo demás Pío XII, con una afligida llamada pidió a toda la Iglesia, las aguas turbias no habrían alcanzado su nivel actual.

Tú me preguntas, hijo, que qué hago por salvar a mi Iglesia. Continúo vertiendo mi Sangre, aun si es profanada sacrílegamente.

 

 

Hijo, ¿Cuántas veces debo decirlo, que Yo he vencido al mundo con la humildad, la pobreza y la obediencia? ¡Es con estas virtudes, es con su sí que mi Madre y vuestra ha hecho posible la Redención!

¿Cuántas veces debo deciros que el amor es más fuerte que el odio?

Obispos y sacerdotes se convenzan de realizar esas reformas que han proclamado con el Concilio y que, por las interferencias y la acción del Infierno, han sido tan malamente aplicadas.

Si se decidieran de una vez a tomar el camino justo, y soy Yo el Camino seguro, entonces Yo estaré con ellos y la Iglesia rejuvenecerá y pronto conocerá un esplendor jamás hasta ahora visto.

¿A qué se espera todavía? ¡Fuera los prejuicios, fuera la presunción!

Oren para que la luz ilumine el camino a recorrer, y ¡adelante!

Hijo, conozco tu estado de ánimo. Por lo que Yo te he hecho ver, tú ahora sufres porque quisieras que también los demás vieran.

Te bendigo. Ámame

…..

 

Continuemos, hijo mío, soy Jesús, escribe.

En estos últimos mensajes, que tienen como titulo Cosas y hechos de mi Iglesia, hube de hablarte de caos, y verdaderamente es el caso de hablar de caos en la doctrina, en la moral y en la liturgia.

Se ha pretendido cambiar todo, pero cambiar todo en sentido anticonciliar, porque ésta es la substancia de los hechos, y tú sabes bien lo que significa la palabra “substantia”… la “substancia” está bajo los accidentes y por lo tanto no se ve, se ven sólo los accidentes. Así, igualmente bien oculta debe quedar la intención de actuar en contraste con el Concilio y bien evidente debe aparecer en cambio la voluntad de reformar todo en conformidad con el Concilio, por lo que toda la obra de regeneración espiritual, tan cálidamente querida y recomendada por el Concilio, se ha convertido en una acción disolvente del gran patrimonio de la Revelación y de la entera Redención.

He aquí bajo los más falsos pretextos el por qué del afirmarse de un número grandísimo de errores teológicos, dogmáticos y morales con los que se ha atacado sustancialmente la Biblia, hasta el punto de que bastaría aceptar solamente algunas de las tantas herejías afirmadas para hacer caer toda la credibilidad de la Biblia misma, y golpeada mortalmentela Biblia, lógicamente no se sostendría ya ni siquiera el Evangelio con todo su contenido.

 

Escribe hijo, soy Padre Pío.

No podía faltar mi voz unida a la de los bienaventurados del Paraíso que te han hablado. Ya en la tierra, hijo mío carísimo, vi con claridad por Bondad divina el desarrollo futuro de la vida de la Iglesia. Vi sus trabajos y vi su ascensión hacia el Calvario ya en acto; de ella vi la oscuridad en la que estaba envuelta y en la que se sumergía cada vez más; vi sus Judas y las consecuencias de su traición; vi sus mártires; vi sus ajusticiados; vi la sangre bañar abundantemente la tierra, pero también vi los Retoños túrgidos de humores vitales, vi el alba de su primavera, vi su dolorosísima pasión y su esplendorosa resurrección y entre todas estas cosas también te vi a ti, hijo mío Don Octavio, sí, también te vi con tu Cruz seguir al Cordero por el camino del Calvario, te vi con tu fardo de tribulaciones, sobre los hombros mientras anunciabas a la Iglesia el problema central de la Pastoral, dado de lado por un buen número de Pastores y por un grandísimo número de sacerdotes, que en nombre de no sé qué reforma o de cuál Concilio se han prometido cambiar todo, reestructurar todo:

Biblia, Evangelio, Tradición, poniendo aparte a Cristo, Verdadero Dios y verdadero hombre, por lo cual, cada vez más abiertamente, de Cristo aceptan sólo su Humanidad y prácticamente rechazan y niegan su Divinidad. Pretender reestructurar a Dios, reestructurar la Doctrina y la Moral, quiere decir haber alcanzado el más alto nivel de la presunción y de la soberbia al que el hombre puede llegar.

Hijo mío, no es que la Iglesia en el pasado no haya conocido hombres del molde de tantos teólogos presuntuosos de este siglo, pero estos hombres aparecían en el escenario de la Iglesia en tiempos sucesivos, jamás un número tan grande apareció en un mismo siglo, y jamás pusieron en discusión toda la Revelación y toda la Ley, por lo cual, como ayer se te dijo, hoy se ha perdido el sentido del Bien y del Mal, de lo licito y de lo ilícito.

 

Falta de reacción

¡Cuánto tiempo han tenido, a cuántos acontecimientos han asistido! La revolución española, la persecución en los países donde impera el comunismo, no han servido para nada, o de muy poco. La crisis de fe ha hecho materialistas a mis sacerdotes hasta tal punto que no pocos incluso han perdido el sentido cristiano de la vida.

¿Cómo pueden estos sacerdotes míos, a quienes quiero salvos a pesar de todo, adiestrar a las almas contra Satanás si ellos se han convertido en el hazmerreír de Satanás?

Han ignorado las repetidas llamadas de mi Vicario en la tierra. No aman a mi Vicario y ¿cómo podrán educar a las almas en el amor a mi Vicario, en mi amor?

Hijo ¡Qué desolación! Reza, repara, acepta sufrir por la salvación de estos ministros míos.

Prácticas beneficiosas que hay que seguir practicando

Del maleficio, ¡cuántos son víctimas hoy! ¡Un número sin número!… Sin embargo esta palabra: “maleficio”, que es causa de indescriptible sufrimiento, suscita perplejidad, dudas e incredulidad aún en aquellos que son víctimas de ello;

suscita risas y burlas en quienes no creen;

suscita estupor y hasta escándalo en aquellos que deberían conocer su naturaleza,  origen y causa y deberían sugerir modos y medidas para defenderse e indicar los medios para combatirlo.

Pero ¿quiénes son éstos que fingen estupor y asombro cuando oyen hablar de maleficio?

Es increíble de decir hasta dónde llega la perfidia de los Demonios y de sus aliados y colaboradores en la tierra, precisamente porque estos son Sacerdotes, Obispos y hasta Cardenales, que descaradamente con engañosos pretextos, con una malicia y perfidia satánica y con un nauseabundo y fingido celo prohiben a los Sacerdotes confiados a su cuidado usar los medios buenos y eficaces, ya indicados en el pasado porla Iglesia, aceptados porla Cristiandady usados por todos los Santos, quienes han apreciado su utilidad y su eficacia, presentando como cobertura de su hipocresía la aplicación del Concilio, entendida a ¡quitar de en medio los tabúes que ¡podrían disminuir el prestigio dela Iglesia!

Se ha llegado así a prohibir a los Sacerdotes “bendecir” a personas maleficiadas y a limitar el uso del agua Bendita, imponiendo bendecirla sólo en las Misas dominicales, y todo, naturalmente, bajo la apariencia de cuidar celosamente el prestigio dela Liturgia.

…………………

No pienses que el mundo esté muy cambiado de lo que era hace casi dos mil años. Para cambiar radicalmente, deberían cambiar las causas de los males que están precisamente en las raíces de la naturaleza humana.

El hombre puede progresar o retroceder pero no puede cambiar substancialmente; quedará siempre como un ser mortalmente herido en su naturaleza debilitada por el pecado original, por lo que estará siempre inclinado al mal al que podrá, queriéndolo, superar con la ayuda que le viene de lo Alto.

He aquí porqué, después de dos mil años de Cristianismo, el hombre no ha cambiado mucho. Hoy, como hace dos mil años, y con la misma crueldad ciega, se renueva mi Pasión. Con la misma absurda tenacidad el hombre de este siglo materialista y descreído prefiere a Barrabás y grita: “¡Sea crucificado el Cristo!”.

En la raíz encuentras siempre la misma causa: el odio de Satanás contra el Verbo de Dios, hecho Carne para la salvación de la humanidad, el odio de Satanás contra Mí, Salvador y contra el hombre al que quiere arrastrar en su misma perdición.

Esta es la verdadera razón por la que, después de dos mil años, en las logias masónicas, en los parlamentos, en las aulas universitarias, en las revistas, en la radio y en la televisión, en las sedes de los partidos, en los periódicos, se continúa gritando el “Crucifigatur”. ¡Sea crucificado el Cristo y viva en cambio Barrabas!

Hijo, he aquí porqué hoy al Amor, esto es al Hijo de Dios que se hizo Redentor de los hombres, se le grita con rabia el “Crucifigatur”. He aquí porque se repite el “¡Viva Barrabás, muerte al Nazareno!”.

— ¡Viva Barrabás!

Viva el crimen, viva la violencia hasta la exaltación de uno y de la otra.

Viva el odio, viva la prostitución y la pornografía.

Viva la prensa perversa, viva la inmoralidad exaltada a través del cine y de la televisión.

Viva Barrabás: Viva el mal y muerte a Cristo, el Salvador.

— ¡Muerte al Amor! venido a salvar a la humanidad perdida, envilecida y esclava; venido para devolver a la humanidad libertad y dignidad; venido para entreabrir a la humanidad horizontes de esperanza, horizontes nuevos e infinitos de salvación.

Pues bien, frente a este drama ¿cuál es el comportamiento de muchos de mis sacerdotes?

Para no pocos de ellos es de neta indiferencia, para otros es de simpatía y colaboración con mis enemigos. Son los sacerdotes marxistas, vergonzosamente suscritos a diarios ateos y materialistas. Son mucho más numerosos de los actualmente conocidos: lo veréis en la hora de la prueba.

Luego está la postura de los sacerdotes de oficio, que no han sabido ver en el sacerdocio, el Misterio dela Iglesia, del que son parte esencial; en efecto ¿cómo se podría pensar enla Iglesiasin el sacerdocio, que es su espina dorsal?

¡Precisamente como en El Calvario! Muchos eran los indiferentes y los curiosos. Estaban los escribas y los fariseos, aliados e instigados por los sacerdotes; pocos, poquísimos los buenos:la Madre, San Juan, la piadosas Mujeres, algunos discípulos y entre estos los pastores.

El mundo, hijo, ha cambiado muy poco porque la matriz del mal es siempre la misma. Es a esta matriz del mal a la que se necesita apuntar para limitar su potencia ofensiva, para prevenir sus movimientos y neutralizar su acción. Esto no se ha hecho por todos, y no se ha hecho en la justa medida.

Doctrinas nocivas

 

Lo que es extraño es el hecho de que esta acción de distorsionar a toda costa la verdad para sustituirla por necias teorías, como la de la evolución, haya encontrado una muda acogida, una tácita condescendencia en ambientes de mi Iglesia, siendo que, por el contrario, se deberían haber manifestado contra tal tentativa infame y falsificación de la verdad en defensa de la misma, en cambio, ¿cómo se la defiende? Con otras argumentaciones igualmente insensatas se rehúsa dar fe a la autoridad de Dios, mientras se concede confianza a hombres soberbios y ambiciosos; y así, por obra de Satanás y con el consentimiento de los hombres dela Iglesia, desde el vértice hasta la base, se extiende una capa de niebla sobrela Revelación, fuente de Luz y de Verdad.

Contaminada la fuente, también el chorro que de la fuente brota ya no es puro, y he aquí que el contagio continúa, es más, aumenta,  y las distorsiones de la verdad no se cuentan ya. Hoy la confusión de las ideas en el campo teológico es tal que nada tiene que envidiar a la confusión de las lenguas en Babel, confusión con su origen, con su historia, con sus autores y, por tanto, con sus responsables, y, entre estos, abundan hombres de Iglesia.

Hijo, tú bien sabes que contaminadas las ideas de los hombres, antes o después estarán contaminadas también las acciones, así ha sido y así es. El Marxismo, que ha materializado la concepción de la vida, ha destruido el concepto de la moral en el pueblo cristiano, por lo que hoy de cristiano ha quedado solamente el nombre, pero no ciertamente el hábito de vida.

No es la primera vez que en la historia de la humanidad se verifica este triste fenómeno, por lo cual y por Voluntad Permisiva de Dios, así como la humanidad fue destruida en su casi totalidad por el Diluvio, salvo Noé con sus hijos y los hijos de sus hijos, así hoy; y puesto que las condiciones son semejantes a aquellas que precedieron al Diluvio, la humanidad será destruida, hecha excepción de aquellos que el Señor ha decretado salvar, pues la humanidad, ha permanecido en su inmensa mayoría, repetidamente sorda a todas las invitaciones que se le han dirigido al arrepentimiento y a la conversión.

Las consecuencias de la degeneración de la verdad no tienen necesidad de ser ilustradas, ni de ninguna aclaración. ¡Todo está trastornado, todo es caos!

Ejemplos prácticos se pueden dar a montones:

Adán y Eva no son personajes históricos que realmente vivieron y que fueron protagonistas de la terrible desobediencia a Dios, no, son sólo personajes míticos pensados por el hombre, y no creados por Dios… las consecuencias son de una gravedad y de un alcance tal que ninguna mente humana puede comprender; así en efecto, de un brochazo, se anula “todo”;

se nieganla Virginidadyla Concepción Inmaculadade mi Madre Santísima;

se discute y niega Mi misma Divinidad, pero si se niega Mi Divinidad cae el Misterio de la Iglesia, Sacramento de salvación; cae el Misterio de la “Gracia”, es decir, de la Vida Divina participada a los hombres mediante los Sacramentos, los cuales a lo más son aceptados como símbolo, igual que símbolo es considerado el Sacrificio de la Misa.

 

El derrumbe doctrinal está en curso y se está precipitando cada vez más hacia abajo, arrastrando en su caída todo el Patrimonio de la Revelación, sagrado Depósito entregado por Dios mismo a la Iglesia para la humanidad, ¡don estupendo por el que los hombres nunca Le podrán estar suficientemente agradecidos!

Cada hombre se erige en maestro negando la autenticidad del Único, solo, verdadero y gran Maestro que soy Yo, Jesús. ¿Pero de dónde tanta ruina? La raíz es siempre aquella: ¡la soberbia!

Soberbia que por algunos ha sido domada y sojuzgada, otros en cambio la han acariciado y alimentado y de aquí la crisis de fe, que quiere decir oscuridad y que no queda sólo como un hecho interior y personal, sino que se repercute al exterior envolviendo a otras personas.

Si en efecto no se cree ya en la validez de los Sacramentos, no se irá a confesar y a quien pida explicaciones se le responde que basta con confesarse directamente con Dios y todo está en orden… se ha llegado hasta a considerar más que suficiente la “confesión comunitaria” y a aconsejar desechar la confesión porque en realidad no hay necesidad de confesarse frecuentemente, basta un acto de arrepentimiento… Y tan es cierto esto que no es raro el caso de Confirmandos y Comulgantes que en el día de la Primera Comunión ¡son admitidos a los Sacramentos sin primero haber hecho preceder la Confesión!

Cuántas personas que por años no se confiesan y que creen que Pueden recibir tranquilamente la Sagrada Comunión…

cuántos sacerdotes que dejan transcurrir años y años sin confesarse…

oh, hijo mío, éstas son llagas ocultas, pero reales, y por éstas y otras tantísimas sandeces se defiende en público y en privado citando el Concilio, que habla de renovación…

¿y  sería entendida así la renovación eclesial de la que habla el Concilio?

Reaccionar contra el mal

La humanidad, puesta en la balanza, se ha encontrado pavorosamente en deuda conla Justiciadivina.

Vosotros, hijos míos, podéis y debéis reaccionar contra el mal ofreciendo vuestra efectiva colaboración a las fuerzas del bien. No prevalecerán, porque Yo intervendré una vez más, como ejército formado para la batalla.

Bajo el impulso y la influencia de Satanás y de sus formaciones, la humanidad pecadora se ha organizado. También las fuerzas del bien, superando todas las dificultades, se deben unir para rechazar el ataque del Enemigo.

¡Todos sois hijos de Dios! Esto debe bastar y ser más que suficiente para unirnos en defensa de la verdad y dela Iglesia, que es y será siempre una Madre amorosa para vosotros.

¡Estemos unidos con Jesús, nuestra Cabeza, nuestro Rey Divino!

Os bendigo, hijitos míos, os bendigo. Con vosotros bendigo a los que os son queridos.

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