La homilía del obispo Ratko Peric en Medjugorje, 29/05/2010. Reflexión sobre la concreción de las homilías

La homilía del obispo Ratko Peric peric pronunciada en Medjugorje hace dos años:

MEDJUGORJE: ¡ORDEN EN LA IGLESIA!

El Obispo, 29/05/2010)

El sábado 29 de mayo en la parroquia Medjugorje, durante la santa misa celebrada por el obispo Ratko Peric, y concelebrada por el párroco fra Petar Vlasic y una decena de sacerdotes franciscanos y diocesanos, el obispo ha conferido el sacramento de la santa confirmación a los alumnos de octavo curso (14-15 años, nota del  traductor) –  ochenta y cuatro en total, pronunciando esta homilía:

                ¡Respetados padres de los confirmantes! Vosotros sois como padres, por derecho natural y por vuestra responsabilidad ante Dios y la Iglesia, los más responsables con respecto a vuestros hijos que Dios benignamente os concedió y confirió a vuestro cuidado, enseñanza y educación; y por los cuales dais gracias al Espíritu de Dios por esta santa confirmación.  No habéis engendrado estos hijos e hijas solamente con la libertad, concientemente y con vuestro amor de los padres y madres, sino que mediante vuestra bondad y responsabilidad les permitís el crecimiento de sus capacidades espirituales y corporales, de acuerdo con la ley de Dios. Hace quince años os habéis llevado a bautizar para que en ellos sea glorificado el nombre de la  Santísima Trinidad; hace cinco años os acompañasteis a la primera confesión y la santa comunión para que participen del perdón de Cristo y que por primera vez coman su Santísimo Cuerpo. Y he aquí, hoy, os acompañáis a este cuarto santo sacramento, santa confirmación, el misterio del Espíritu Santo. Pero la mejor enseñanza y educación  para ellos es el ejemplo de sus padres. ¿Qué significa eso?

                Si tú, madre, exiges de tu hijo que respeta a ti y a tu marido, ¡entonces tú respeta a tus padres ancianos, tanto si son tuyos como de tu marido, y acuérdate de los difuntos en la oración diaria y la santa Misa dominical!

Si tú, padre, ordenas a tu hijo o hija, que no manche con indebida palabra el santo nombre de Dios, ¡entonces tú tampoco pronuncies su nombre en vano!

Si vosotros los padres buscáis de vuestros hijos que no cometan actos impuros algunos, entonces llevad cuidado de que vosotros no lo hagáis nunca bajo ninguna circunstancia. Sed puros en los pensamientos, palabras y obras, especialmente: ¡No desees otro consorte!

Si a vuestros hijos decís que no roben, ni cosas grandes ni pequeñas, respetando el séptimo mandamiento de Dios, ¡entonces vosotros los padres no deseéis nada que sea de vuestro prójimo!

Si vosotros, los padres, enseñáis a vuestros hijos a que no os mientan nunca ni en nada, ¡entonces vosotros mismos mantened vigente el octavo mandamiento en vuestras vidas, para que a nadie, ni bajo ninguna circunstancia deis falso testimonio!

Si vosotros decís a vuestros hijos que vayan a la santa confesión y a la santa Misa, entonces vosotros mismos confesaos con frecuencia y asistid habitualmente a la santa Misa. Si eso vosotros no lo mantenéis, podéis tranquilamente esperar que vuestros hijos sean peores que vosotros.

Vuestras palabras de reprensión tal vez entristezcan un poco a vuestros hijos, ¡pero vuestros buenos ejemplos con toda seguridad dan el empuje entusiasta a vuestros hijos!

Para vosotros los padres no existe un mandamiento especial, ni de Dios ni de la Iglesia, a que respetéis a vuestros hijos. ¿Por qué? Porque en vuestro ser está impreso un amor natural hacia vuestra prole, que supera cualquier ordenanza y mandamiento exterior. Ese amor natural es el mayor don de Dios, como lo son vuestros hijos. Qué hijos e hijas deseáis tener en la vida, así les enseñéis hoy de forma razonable y educadlos de corazón. Aquello que les deseasteis en el bautismo: la gracia santificante, filiación divina, renegar de Satanás, adhesión a la verdadera fe de la Iglesia Católica – eso mismo en este día de la santa confirmación, confirmadlo otra vez con más responsabilidad todavía. ¡De tal padre, tal hijo; de tal madre, tal hija!

¡Respetados padrinos y madrinas! Ustedes están llamados en primer lugar ser testigos en su vida cristiana, testigos católicos de fe y moral, cumpliendo todos los mandamientos de Dios y de la Iglesia; en tal caso serán ustedes los mejores testigos y ejemplos a seguir también para vuestros ahijados. Eso es vuestro mejor regalo a los mismos.

                La Iglesia recomienda que el padrino o la madrina del bautismo, lo sea también en el caso de la confirmación. Porque, si decimos que la santa confirmación es confirmación del bautismo, entonces el padrino en la confirmación es en cierto sentido confirmación de de padrino bautismal. ¡Imagínate solamente cómo es eso que el padrino bautismal no puede ser padrino en la confirmación porque se ha desviado del verdadero camino de la fe y vida cristiana! Y como es de honorable para el padrino y la madrina que, al lado de los padres, acompañen en espíritu incesantemente a sus ahijados.

¡Confirmantes! Este es un día único, irrepetible en vuestra vida.  Porque el don, el séptuplo don, de la santa confirmación se recibe una única vez en la vida, con el sello del Espíritu Santo. No podéis repetir esto jamás, pero estos dones del Espíritu tenéis que desarrollar cada día, colaborar con los mismos y multiplicar las gracias. Depende, pues, de vosotros si vais a cuidar de los Siete dones del Espíritu Santo, u os vais a dirigir, no quiera el Espíritu Santo, hacia los Siete pecados principales. Vamos pues a comparar estos dos sietes:

                Primero, ¡en la confirmación se recibe el don de la sabiduría! Pero depende de vosotros si os vais a ejercitar a diario en la sabiduría del Espíritu de Dios para este mundo y para el que viene, es decir, si vais a vivir de tal manera que mañana, especialmente en el momento de la muerte, no tengáis que arrepentiros de vuestras obras y días pasados diciendo: ¡he fallado en la vida! O vais a dejar que os posea el espíritu maligno de la soberbia, a quien Jesús llamó homicida desde el principio y el padre de la mentira, que sepa camuflarse en el ángel de la luz para engañar a los demás en la fe y la moral, ¡incluso a los elegidos!

                Segundo, ¡allí está el don de la prudencia! Depende de vosotros si vais a colaborar en vuestra vida con el don divino de la prudencia e inteligencia que el Espíritu Santo sacramentalmente os lo da, o seréis los que anhelen y deseen bienes ajenos, lujuriosos y ambiciosos sin límites: para levantar casas y hoteles, para conseguir  coches y otros medios, es decir para mostrar cuál de grandes son deseos del corazón, tales son ambiciones de los ojos, ¡y entonces los largos que son los dedos de uno en la vida! De vosotros depende si vais a saber discernir y elegir la verdadera vocación en la vida, especialmente aquella espiritual, para vuestro bien, para el provecho de la Iglesia y para la gloria de Dios.

                Tercero, ¡allí está el don de la ciencia! No se trata de la cantidad de conocimientos y datos escolares que tenéis que dominar para pasar de curso a curso, para poder mañana, al terminar vuestros estudios, encontrar trabajo; sino os entregamos en el sacramento el don divino de ciencia para una vida ordenada y santa en este mundo, que desembocará en la salvación para la eternidad. Para conocer a Jesucristo y su doctrina y que con vuestra vida lo confirméis y testimoniéis. De vosotros depende si vais a adquirir la verdadera ciencia del camino de Dios, ser puros y decentes o vais a adquirir la ciencia de distintos pecados lujuriosos, desde los pensamientos hasta las obras, y por eso distintas consecuencias malas para vuestra vida actual y mañana en el estado matrimonial.

                Cuarto, he aquí el consejo como don de Espíritu. Depende de vosotros si hoy os vais a dejar orientar de vuestros padres y otras personas responsables, y mañana dar a los demás con responsabilidad un mal consejo y peor ejemplo, es decir ser llenos de envidia hacia los demás. Es decir que os fastidia que el otro tenga paz en su casa, que todo lo tiene arreglado y en el campo y en la viña, que los hijos le progresan en la escuela, que todos los miembros de su familia van a la iglesia. Y en vez de alegrarse del bien ajeno y de su éxito, a vosotros posee un celo loco porque en la casa del vecino florecen las flores.

Esos cuatro dones de Espíritu: sabiduría, prudencia, ciencia y consejo, se refieren a vuestro conocimiento, inteligencia, entereza, razón, y los tres siguientes dones: fortaleza, piedad y temor de Dios, se refieren a vuestra compostura, al corazón, donde caen las decisiones respecto a cómo deseamos ser.

Quinto, estamos con el don de la fortaleza. Depende de vosotros, confirmantes, si vais a ser, por el don de Espíritu Santo, valientes, llenos de una fortaleza espiritual, decididos testigos en la fe y moral, o vais a ser en tododestemplados, desde la comida y bebida hasta la vestimenta indecente y de comportamiento cualquiera.

                Sexto, el don de la piedad. Hoy delante de todos los fieles os comprometéis a colaborar con el don de Espíritu de la piedad, es decir, que vais a vivir según la voluntad de Dios y su ley, tal y como se os da en la santa confirmación, y tal y como la sabiduría y bondad divina lo indica: en justicia, con responsabilidad y devoción. O vais a ser, no quiera Dios, irreligiosos, irracionalmente arrogantes, rabiosos, provocando pecado tras pecado – tacos feísimos, homicidios de palabra y de obra, robos, mentiras, engaños – de forma que solamente el Maligno se pueda alegrar por vuestras indomables pasiones de rabia y mala voluntad.

                Séptimo, ¡allí está por fin el don de temor de Dios! Depende de vosotros si en vosotros va a crecer el don de temor de Dios, el principio de toda sabiduría, de forma que tengáis todo respeto hacia los padres y sus consejos, hacia Dios y su ley, hacia la Iglesia y sus mandamientos, o seréis irresponsables, no colaboradores, vagos, gentuza, perezosos de mente y de corazón, ¡perezosos en el cuerpo y espíritu en la vida!

                Finalmente, una palabra a los padres franciscanos. Os doy las gracias por vuestra labor pastoral en esta parroquia. Vosotros como la Orden religiosa sois un don a la Iglesia de Dios. Por eso mantened la orden eclesiástica en esta parroquia y en esta diócesis, tal y como la Iglesia lo espera de vosotros. Nadie de las autoridades competentes eclesiásticas, ha autorizado o le ha dado el encargo, a nadie de vosotros, ni a cualquier otro, que en la santa Misa y en general en la Iglesia predique sobre las “apariciones” que no han sido confirmadas. Además, está confirmado que en base de investigaciones de expertos y declaraciones de los obispos, no se puede hablar de las apariciones sobrenaturales y revelaciones. Si el Santo Padre mañana comunique otra postura diferente a la de hasta ahora, mantendremos la postura de la Iglesia, convencidos que es la “Iglesia de Dios vivo, el pilar y fundamnto de la verdad” (1 Tim 3, 15). Por lo tanto, todo lo que dije con toda responsabilidad desde este mismo lugar, lo confirmo hoy también y ¡espero que se respete como corresponde en la Iglesia!

¡Que el Espíritu Santo nos ayude a todos!

————————————————————————————————————-

No es el tema de esta entrada propiamente el asunto de Medjugorje; más bien se trata de un asunto del que he reflexionado mucho: la concreción en las homilías. Dice el Santo Padre en Sacramentum Caritatis que la homilía debe evitar generalidades; debe centrarse en dar la formación a los fieles. Cuando leí esta homilía, me vinieron a la mente estas palabras. La verdad es que tengo que decir que en Herzegovina el asunto de las homilías se cuida mucho. Se tratan muchos temas prácticos y se suelen utilizar para repasar la doctrina cristiana relacionada con las lecturas y la festividad del momento. Incluso, lo cuento como una anécdota, existe un “jurado de homilías”, formado bajo la iniciativa propia de varios fieles que durante un año van examinando las homilías de distintos sacerdotes. Las homilías se graban y se pasan al “comité”. Se puntúa todo: la duración adecuada, la entonación (no vale pronunciar el nombre de la Virgen sin devoción), el ritmo, la capacidad de mantener la atención, la concreción, la cantidad de doctrina impartida sin aturdir, etc.

Es solamente una anécdota para ilustrar la importancia que se le da en este ambiente. Pero estas cosas no son aisladas. Van acompañadas de otras prácticas religiosas que se mantienen a todo vapor, a diferencia, inexplicablemente, de lo que ocurre aquí. Me comentó una vez un sacerdote español que en Medjugorje confesó por primera vez a un joven español que vino a Medjugorje que jamás se había confesado antes. El sacerdote le preguntó al principio: ¿cuánto tiempo hace que no has confesado desde la última vez? Este le contestó: no he confesado nunca. El sacerdote otra vez, ¿pero eres un católico? Este le contesta, sí, además he hecho la primera comunión, pero como veo que aquí se habla mucho de la confesión, decidí a confesarme. O sea, ha hecho la primera confesión sin que nadie, ni su párroco probablemente, le dijera que confiese primero.

Es un ejemplo de desidia en la labor pastoral. Y allí posiblemente es una de las razones de por qué Medjugorje tiene tantas visitas: porque en otros lugares no hacen las cosas como deben. Me cuenta hace unos días un amigo por skype, resulta que vinieron dos autobuses de italianos a Mostar y van a visitar a una iglesia en construcción. El párroco había estudiado unos años en Italia y en seguida le preguntaron por si podían confesar. Él los atendió, pero comentaba a este amigo, ¿es que allí no confiesan o que´?

Conclusión: no hay que subirse por las ramas sino ir a lo concreto. Solamente haciendo las cosas tal y como están mandadas, otro gallo cantaría. Con lo fácil que es dedicar media hora, o una hora, o el tiempo que haga falta, antes de la misa para atender confesiones. El despacho parroquial que lo lleve otro, la comunidad parroquial debe aportar la paga para un secretario parroquial para atender teléfono, etc. Pero el sacerdote debe dedicarse a la cura de almas. Debe predicar según la doctrina de la Iglesia, le guste a la gente o no. Ya verás que le gustará, si lo están buscando, ¿es que no lo veis? Y el que habla mal, el obispo le debe prohibir hablar, si no, contamina y confunde. Haciendo las cosas como hay que hacerlas, en una generación se realiza la reforma, no hay más.

Anuncios

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión / Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión / Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión / Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión / Cambiar )

Conectando a %s