¿Para qué quieren pan, si hay dulces?

Esta frase que fue atribuida a María Antonieta (parece que la dijo otra de las “nobles” de su entorno) mientras escuchaba a la enfurecida muchedumbre pedir pan en tiempo de la Revolución Francesa, que tantos males llegó a generar, ha pasado a la historia como una muestra de desprecio innato de los podridamente ricos propietarios de los pueblos y estados. Posiblemente tendrá mucho de inocencia imbécil de los criados en opulencia que jamás pisaron la choza de un campesino. Desde entonces es la imagen de la desconexión de la realidad de gobernantes irresponsables que viven en otro mundo.

Los comunistas se servían de esta imagen para describir el proceso histórico de nacimiento de su ideología; los burgueses llevaron la justa rebelión contra los reyes absolutistas, pero luego el pueblo fue engañado y utilizado; de allí surgió la necesidad producida por el materialismo dialéctico, motor de desarrollo de la sociedad humana vía lucha de clases hacia el paraíso comunista que nosotros, por fin, podíamos disfrutar.

Pero había algo de verdad en aquellas palabras “¿Para qué quieren pan, si hay dulces?”.

Describía perfectamente al eterno idiota, tirano irresponsable, dueño del pueblo. Naturalmente, el “idiota” se encarnó muy pronto entre los dirigentes comunistas. Un comunista serbio histórico, luego disidente famoso Milovan Djilas, los describió mediante el libro y concepto acuñado por él, “La nueva clase”.

Un idiota que ya espabiló y descubrió bancos suizos donde llevar el dinero y desaparecer en el momento oportuno.            El oportunista, dejémoslo así, hijo o amigo íntimo del oportunista, es internacional e “intersistémico”, se adapta a cualquier circunstancia gracias a su naturaleza humana. La nueva clase se autogenera del humo de la ambición desmedida, egoísmo hiriente y arrogante. Lleva ya tiempo que descubrió que la política es una carrera y la democracia el mejor negocio. Antonieta de hoy empieza a pegar carteles siendo jovencita y llega a las “alturas” en las que no debería estar jamás. Fabra, hija de Fabra; Pajín, hija de Pajín,… el nuevo absolutismo ciego para lo que no es un club náutico y una exposición cultural de la nueva clase. Fascismo de corte democrático y la palabra “democracia” un hocus pocus preparandus mediante el cual, todavía, tienen hechizada la plebe.

Entró Sánchez Gordillo con 400 a los supermercados a llevarse la comida. Podemos decir que Sánchez Gordillo es un comunista actual. También que cobra 72.000 euros al año como el alcalde y que, al parecer, tiene algunos familiares en el ayuntamiento. Con lo que gana pudo haber hecho una donación para el valor de lo sustraído de los supermercados, de sobra (ciertamente, su actuación es bien diferente de la que sugirió el obispo Munilla hace pocos días). Pero el problema no es ese. El problema es que ahora es capaz de hacer algo así, ese es el problema. Y eso es lo que no ven los que recomiendan comer dulces. Se creen que el mundo debe pensar como ellos creen que lo debe hacer, como ellos creen que es correcto. Pero es de necios no ver la realidad. El mundo es como es, no como a ti te gustaría que lo fuera. España vive una situación crítica, la peor con diferencia desde la Guerra Civil. Una profunda crisis moral y espiritual, y por último y como consecuencia, una atroz crisis económica. Nuestros jóvenes no tienen futuro aquí. Aun así, prefiero que se queden aguantando hasta el máximo. De lo peor que le puede pasar un país es que su gente joven empiece a irse. Sobre todo en las condiciones de natalidad española, de las más bajas del mundo desarrollado, la nación se va a reducir a la mitad en un poco más de una generación. Y porque los que se van, muy difícilmente vuelven. En lo que llevamos del año más de doscientas personas se han suicidado, arruinadas. Récord de desahucios. ¿Dónde está vuestra Constitución y el derecho a la vivienda?

Pues mira por donde, yo no condeno a Sánchez Gordillo (tranquilos, no promuevo la rebelión, Jesús perdonó a la adúltera sin que siquiera esta se lo pidiera). No lo haría, no puedo, eso no puedo, entrar en un supermercado y llevarme garbanzos y detergente. Como no sea que me muera de hambre y no quede otra, entonces sería diferente, pero no estamos en esa situación. Yo, como católico, tengo otra obligación y a mí no debes encontrarme en un supermercado promoviendo sedición: “Por lo cual convendrá que los ciudadanos estén sujetos y obedezcan a los príncipes como a Dios,no tanto por el temor del castigo, cuanto por el respeto de la majestad, y no por adulación, sino por la conciencia del deber. Con lo cual el imperio permanecerá en su grado colocado con muchísima más firmeza. Pues experimentando los ciudadanos la fuerza de este deber, es necesario que huyan de la maldad y de la contumacia; porque deben estar persuadidos de que los que resisten a la potestad política, resisten a la divina voluntad, y que los que rehúsan honrar a los príncipes, rehúsan honrar a Dios.” (Leon XI; II, Enc. Diuturnum – 28 de junio de 1881 – Sobre el origen del poder, apartado Dignidad de la doctrina católica, punto 6).Pero yo no puedo condenar esto. Hay muchas vigas en los ojos que hay que sacar.

La nueva clase ha entrado en una locura, ya ocurrida en la historia. Si no quieres que en el próximo paso tengamos sangre hasta las rodillas, que vamos hacia eso no te quepa la menor duda, tienes que ganar desde la responsabilidad del gobierno a los más desfavorecidos. Si no, te comerán, y a todos nosotros contigo. O posiblemente a nosotros antes que a ti. No puedes solamente recortar, debes proporcionar el empleo y un medio de sustento digno a los que gobiernas. Para eso tienes la responsabilidad antes Dios, sí, ante Dios que te pedirá cuentas por mucho que lo has expulsado de la vida social (francamente, me gustaría ver por ejemplo alguna iniciativa de HO en esta dirección). Llevamos doscientos años expulsando a Dios de la sociedad. Y ahora tragamos la consecuencia natural:

Pero ventajas tan esperadas están más en el deseo que en la realidad, y antes bien, más oprimida la plebe, se ve forzada a carecer en gran parte de las mismas cosas en que esperaba el consuelo de su miseria, las cuales hubiera podido hallar con facilidad y abundancia en la sociedad cristianamente constituida. Y éste es el castigo de su soberbia, que suelen encontrar cuantos se vuelven contra el orden de la Providencia divina: que tropiecen con una suerte desoladora y mísera allí mismo donde, temerarios, la esperaban próspera y abundante según sus deseos. Humanum Genus, 25

Expulsado Dios, expulsado hombre. “No es el hombre para el sábado, sino el sábado para el hombre”, dice el Señor. Ahora tenemos un sistema perfecto para el que el hombre debe vivir, según ellos. ¿Quiénes? Ni siquiera lo sabemos. De Europa, nos dicen, viene esto y lo otro, tenemos que cumplirlo. “Europa es irreversible”, dicen una y otra vez. ¿Tendremos que matarnos para cumplirlo? Hace unos meses un eurodiputado británico hizo unas reflexiones en voz alta en el parlamento europeo, tan certeras y tan lógicas,… que nadie las quiere hacer públicas ni darles la publicidad. No sea que se rompa el hechizo. Juzguen ustedes:

Ahora, como nación, no tenemos salvación, solamente la penitencia. Cumplámosla cristianamente.

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