Persecución de cristianos en Túnez. Reflexiones

Ví ayer un artículo de Raymond Ibrahim, copto egipcio residente en EE. UU., que me obliga hacer una reflexión. Lo ha comentado ya Wiederholen en su blog, pero quiero ahondar en unas cuestiones.

Se trata, por enésima vez, de una decapitación por apostatar del Islam. Recomiendo ver el vídeo dejado en los dos enlaces más arriba. Para saber de lo que estamos hablando; si puede soportarlo (lo han presentado en la televisión egipcia).

Vamos a centrarnos en la cuestión que quiero abordar. Hay dos Islam. El Islam A es el que no tolera la apostasía. La castiga con la muerte. Con una muerte de estas. El Islam A tiene su doctrina basada en los textos fundamentales islámicos y tiene una tradición de catorce siglos. En el mismo artículo recuerda Raymond Ibrahim que de hecho, el otro día sin ir más lejos un alto líder egipcio salafista declaró abiertamente que ningún musulmán tiene el derecho a la apostasía, o dejar el Islam, con base en los hadices canónicas, incluyendo indicaciones de Mahoma: “El que abandona su religión, mátalo”. Más autorizadas manuales jurídicos del Islam hacen claro que la apostasía es un crimen capital, que se castiga con la muerte. El primer “califa justo”, un modelo de piedad musulmana y la virtud, es responsable de decenas de miles de personas-incluidos los sacrificados por el fuego, la decapitación y crucifixión, simplemente, porque trataron de romper con el Islam. De acuerdo conla Enciclopediadel Islam, la obra de referencia más autorizada sobre el Islam en el idioma Inglés, “hay unanimidad en que el apóstata varón debe ser condenado a muerte.”

El joven es degollado bajo la recitación constante de las mismas oraciones que solemnemente se dicen enla Meca, ante innumerables peregrinos.

[Leo solamente lo que está en los libros islámicos oficiales.]

Como vemos, el Islam A no es nada tangencial, tiene su base teórica defendida como verdadero Islam.

Existe el Islam B, formado por las personas que se profesan musulmanas, pero toleran la libertad de conciencia, permiten que un miembro suyo abandone el Islam. De hecho, los conversos musulmanes, aunque sea por un momento, pertenecían a este Islam. Los hay que no se convierten, pero no persiguen a los que lo hacen. Por ejemplo, me imagino que ese sería el caso del citado presentador egipcio.

Ahora vamos a hablar de diálogo con los musulmanes. Un diálogo que es el mandamiento supremo, por encima del Decálogo y por encima de toda lógica. Porque ahora el mandamiento es “hay que dialogar”.

Cierto, hay que dialogar, no creáis que voy a decir otra cosa. Pero ese diálogo por nuestra parte tiene que empezar con una pregunta clara: ¿ustedes permiten la libertad de conciencia? ¿Ustedes permiten que un miembro suyo abandone el Islam?

Dejad la teología sublime, hagan el favor. La gracia presupone la naturaleza, y la lógica no se puede dejar de un lado. Antes de subirse a las ramas sin tronco, quiero la respuesta.

Si la respuesta a la pregunta planteada es: no, entonces mi diálogo se ha terminado. Estoy enfrente no de una religión, sino de una secta de las más peligrosas y destructivas. Una secta que no puede aspirar a la libertad de culto ni de religión, porque no lo es. Porque una organización que mata; no, decapita a los que la abandonan no tiene derecho a nada. Nosotros tenemos la obligación de perseguirle, prohibirle y encarcelar a los que la promueven.

Miembros de esa secta no son solamente los que utilizan el cuchillo sino todos los que le dan la base teórica mediante la doctrina que imparten. El que mata debe ser castigado por asesinato, el que lo predica debe ser castigado por apología de terrorismo, que no es otra cosa.

Estamos ante un problema muy serio, uno de los más graves de nuestro mundo de hoy. Luchar contra el Islam A es una obligación moral. Una obligación que deben hacer suya todos los que defienden derechos básicos de seres humanos, incluidos en países de mayoría musulmana.

El que dialoga con el Islam A es cómplice del enemigo; y no hay más. Deben tenerlo claro también nuestros ministros sagrados. Las corrientes islámicas wahabí y salafita, esta última tan presente en Cataluña, deben ser prohibidas.

Si no nos rebelamos en contra de la imposición ideológica y de pensamiento de los que gobiernan en el Occidente, todos terminaremos así, degollados peor que los animales. O viviendo en la penumbra dela Secta, reconociendo, por salvar la vida en este mundo, que Mahoma es el Profeta.

Y ya vemos cómo está la realidad: en Marruecos está prohibida la evangelización, en Túnez (el vídeo es de allí) se quiere imponerla Sharia, Egipto ya ves, a Siria la quieren entregar a los cortacabezas. Y ellos (ahora me refiero a los poderes públicos) siguen hablando tan felices con esta gente. ¿Habéis oído algo decir a Amnistía Internacional? Sí, que les faltan mezquitas en Cataluña. Eso es lo que vas a oír y eso es lo que van a poner en la tele.

Cuando abrió el quinto sello, vi debajo del altar las almas de los degollados a causa dela Palabrade Dios y del testimonio que mantuvieron. Se pusieron a gritar con fuerte voz: «¿Hasta cuándo, Dueño santo y veraz, vas a estar sin hacer justicia y sin tomar venganza por nuestra sangre de los habitantes de la tierra?» (Ap; 6, 9-10)

Ven pronto, Señor.

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