Sobre la evangélica, saludable (y olvidada) práctica de la excomunión

La “polémica” desatada con la cacería del Rey me hizo pensar sobre este tema.

Sí, “polémica” entre comillas, y desatada. Porque por pegar cuatro tiros no es para polemizar. Eso ha hecho el Rey toda su vida. Unas veces con los gastos pagados, otras no. Pero Su Majestad al final y al cabo no gestiona las cuentas públicas. Ni las cifras que percibe al año son significativas para España. Y es desatada porque le faltaba tiempo al PSOE y a IU de poner el grito en el cielo. Una presión mediática que provocó la disculpa del Rey

Una disculpa por un tema que ni nos va ni nos viene. Otras actuaciones y otros cambios de rumbo quisiéramos ver que sí que nos afectan. De eso en la segunda parte del artículo.

Ahora resulta que estos son los buenos. Ahora resulta que el pueblo está ofendido por la “inadecuada actuación del Rey para los tiempos en los que estamos”. Cayo Lara denunciaba la imagen de España de escopeta que hay que superar.

¿Con que escopeta, eh? De estas no os acordáis:

¿O era una reunión de trabajo tal vez? No pasa nada, la iluminación es tarea harto difícil, requiere relajación y concentración a su vez, nada mejor que un día de campo:

Y si a alguien se le ocurre cuestionar nuestro sagrado sistema, tendremos la amabilidad de aclarar el asunto con toda candidez

Que se merecen las blasfemias de los insurrectos. Debe quedar fuera de toda duda que hemos superado España de escopeta

(de perdigones) y realmente es un insulto que nos pongan a mismo nivel, a nosotros,francotiradores democráticos, frente a la pesadilla de Franco tirador.

Nuestras pirámides no se tocan ni se cuestionan,

Lo hacemos para el pueblo, y el pueblo lo pagará a gusto por haberle enseñado el camino hacia la libertad.

El trabajo extenuado de nuestras señorías ha hecho visitar prostíbulos, consumir decenas de miles de euros en la coca, colocar amigos en los ayuntamientos, hacer un derroche irresponsable de bienes que pertenecen a todos y sobre los que pesa la hipoteca social. Des esto último como que no hablaremos, le toca a DSI y nosotros hemos superado los arcaicos vestigios del pasado.

O sea, un juego de manual, trillado de sobra.

En su discurso de aceptación tras aprobarse su nombramiento en la Convención Nacional Demócrata (1976), Jimmy Carter atacó “las alianzas profanas que se autoperpetúan, que se han creado entre el dinero y la política…, una élite política y económica que ha dado forma a decisiones y que nunca ha tenido que dar cuenta de los errores ni sufrir injusticias. En épocas de altas tasas de desempleo nunca han tenido que hacer cola par conseguir un trabajo. Cuando la población sufre penurias por un sistema de bienestar confuso, nunca carecen de comida, de ropa o de algún lugar para dormir. Si las escuelas públicas son peores o están divididas por las disputas, sus hijos van a exclusivos colegios privados. Y cuando la burocracia está desbordada y resulta confusa, los poderosos siempre se las arreglan para descubrir y ocupar nichos de influencia y privilegios especiales.”

Según Los Angles Times (junio, 1976), doce individuos que pertenecían a la combinación CFR/Comisión Trilateral ayudaron a Carter a preparar su primer discurso de relieve respecto a la política exterior: desde Zbigniew Brzezinski (sigue en activo con Obama), hasta Cyrus Vance (presidente de la Fundación Rockefeller, diseñador del plan de paz para los Balcanes). Doce hombres de élite que redactaron lo que molaba mucho.

El candidato Carter pasó de contar de apoyo del cinco por ciento de los demócratas a ser un candidato preferido de la noche a la mañana. El senador Barry Goldwater en su libro With No Apologies afirmaba que “David Rockefeller y Zbigniew Brzezinski hallaron en Carter su candidato ideal. Lo ayudaron en su designación y en su presidencia”. Goldwater añadía: “para conseguir ese propósito, movilizaron el poder monetario de los banqueros de Wall Street, la influencia intelectual de la comunidad académica (servil a la riqueza de las grandes fundaciones exentas de impuestos) y a los controladores de los medios de comunicación, representados en los miembros del CFR y la Comisión Trilateral”.

Y ahora estamos cuatro años más tarde: Reagan contra Carter. Veamos el lenguaje. ElTime de octubre reproduce las palabras del más sano liberalismo de Reagan: “Creo que hay una élite en este país, y son los mismos que dirigen un gobierno elitista. Quieren que el Gobierno lo formen un puñado de personas porque no creen que la gente pueda dirigir su vida por sí misma. ¿Vamos a tener un gobierno elitista que tome las decisiones por la gente, o vamos a creer, como hemos hecho durante tantas décadas, que la gente puede tomar esas decisiones por sí misma?”

Hombre, no hace falta creer que hay una élite; es suficiente ver. Es la que os hace los discursos. ¿Y quién te dirigió la campaña electoral? W. Casey, ex presidente de la Comisión del Mercado de Valores y futuro director de la CIA durante el mandato de Reagan. Además de otros miembros activos (como Casey) del CFR y la Comisión Trilateral.

Además, el equipo de transición de cincuenta y nueve integrantes de Reagan, responsable de la selección y cribado de los candidatos a ocupar cargos gubernamentales importantes, constaba de veintiocho miembros del CFR, diez Bilderberg y diez trilateralistas. Con personajes tan ajenos a la élite de poder como Henry Kissinger, Alexander Haig, George Schultz (secretario del Tesoro durante la Administración Nixon), Donald Rumsfeld y Alan Greenspan.

Y paramos aquí ya. La conclusión es esta. Si alguien es capaz de conseguir que la gente considere fumar como un delito catastrófico a erradicar y que el aborto es un derecho, es que puede conseguir también que la gente se mire en el espejo y diga “ese (perdón: es@) no soy yo”. Mientras consigan embaucar las masas con chorradas haciendo que miren en la dirección señalada, harán de esos mismos lo que quieran.

A nosotros, iluminados por la fe verdadera, santa, apostólica y católica, y no por la contemplación de absurdos signos, nos tiene que traer fresco todo ese teje meneje. Y una enorme compasión de las ovejas sin pastor.

¿Pero entonces, a nosotros no nos importa el asunto del Rey? Nos importa muchísimo. Todo lo ocurrido nos trae en la memoria lo realmente importante, la relación de la moralidad pública y privada, o simplemente – la cuestión del Rey nos importa sobremanera por su atributo de católico. Es decir, ¿es el título de católico algo que pertenece al folclore, al puro formalismo, a la religión de ritual externo? Y por extensión estas cuestiones nos afectan a todos, a cada uno en su ámbito. Ya que, nos guste o no, la lógica es implacable, si hay exención para uno, debe haber para todos. Porque Dios no se puede comprar ni con influencias, ni con dinero, ni con posición.

Me refiero a la sanción de leyes que afectan especialmente a nuestra conciencia: la de las uniones entre homosexuales (la RAE todavía no utiliza la palabra matrimonio para las uniones entre personas de mismo sexo) y la del aborto (aunque la cosa empezó con la del divorcio). Entonces, de forma natural y por su propio peso, saltó a la vista el tema de la excomunión. No solamente por la cuestión, que algunos debatían entonces, si sancionar es lo mismo que votar. El escándalo era notorio. No hace falta que toda acción esté tipificada con código de barras. Todo el mundo sabe lo que es grave y lo que no. Lo que se puede (con todas de la ley) interpretar como asunto feo y bochornoso, como mal ejemplo que puede cundir a diestro y siniestro.

Sin embargo, ese asunto sirvió para que nos diéramos cuenta lo lejos que estamos de los tiempos apostólicos. En cuanto a la actuación, en cuanto al espíritu. No es que la Iglesia ha dejado de ser Iglesia, sino que en aquella Iglesia, que es la misma que la de nuestros días, se aplicaban las advertencias del Señor respecto a la corrección de los fieles en total fidelidad a las palabras que salieron de la boca de Dios. San Pedro excomulgó a Simón el Mago por querer este comprar el don de Dios con dinero; San Pablo excomulga a un fiel de Corintio por un asunto realmente nimio con respecto a las barbaridades que tenemos hoy; a uno que no se le ocurrió decir herejías, ni hacer orgías en la plaza pública, ni no sé qué; tomó por mujer a su madrastra (me imagino que esta mujer sería ya viuda). Hoy en día tal vez se hablaría de eso como de una curiosidad, noticia de sucesos.

Hoy tenemos de todo, que da vergüenza contar. Vergüenza y rabia. Que si pagan los abortos, que si abusan de los adolescentes, que si quieren que las mujeres sean sacerdotes, que si buscan el Cuerpo de Cristo (para ellos será cuerpo), etc. ¿Se ha excomulgado a alguien? No se excomulga ni al tato. Parece que está hasta prohibido excomulgar. Y con eso podemos sancionar que hemos dado la espalda a la indicación concisa del Señor y a la práctica apostólica durante siglos. Nos guste o no, es así.

De esta forma, parece que hay una preocupación de mantener el status en la sociedad, de no “cantar mucho” y de “no provocar”. Como si no tener enfrentamientos fuera la principal preocupación.

Lectores se habrán dado cuenta que me gusta mucho la obra de María Valtorta. Pues sacaré unos extractos de aquella enseñanza de la que nos habla San Pablo, “luego se apareció el Señor a los 500, muchos de los cuales viven todavía”. En esas enseñanzas, según Valtorta, el Señor explicaba el misterio de la Iglesia y de los sacramentos. A los que no les gustan las revelaciones privadas, están en su derecho; pero que al menos reflexionen sobre estos textos y piense si podrían ser reales, si el Señor realmente podía haber hablado en estos términos. Desde luego, viendo el proceder de los Doce, parece clarísimo que han seguido las indicaciones del Señor. Dejo aquí unas palabras sobre el sacramente del matrimonio:

“Malo sería el que, por la dureza de los corazones, se diera en la nueva fe lo que se dio en la antigua: la permisión del repudio y de la separación para evitar escándalos creados por la libídine del hombre (Deuteronomio 24, 1-4). En verdad os digo que todos deben llevar su cruz en todos los estados, y también en el matrimonial. Y también os digo en verdad que ninguna presión debe doblegar vuestra autoridad que afirme: “No es lícito” a aquel que quiera pasar a nuevo desposorio antes de que uno de los cónyuges haya muerto. Os digo que es mejor que una parte corrompida se separe -ella sola o seguida por otros antes que concederle, por retenerla en el Cuerpo de la Iglesia, algo que sea contrario a la santidad del matrimonio, escandalizando a los humildes y poniéndolos en la tesitura de hacer consideraciones desfavorables a la integridad sacerdotal y sobre el valor de la riqueza o el poder.”

Y en concreto sobre este tema:

“Sed, por el contrario, severos con los que no tengan respeto hacia mi Sangre y acabada de lavar su alma por el lavacro divino, se arrojen al cieno una y cien veces. No los maldigáis, pero sed severos. Exhortadlos. Reciban vuestro llamamiento setenta veces siete. Recurriréis al extremo castigo de separarlos del pueblo elegido sólo cuando su pertinacia en un pecado que escandalice a los hermanos os obligue a actuar para no haceros cómplices de sus acciones. Recordad lo que dije: “Si tu hermano ha pecado, corrígelo a solas. Si no te escucha, corrígelo ante dos o tres testigos. Si esto no basta, ponlo en conocimiento de la Iglesia. Si no escucha ni siquiera a la Iglesia, considéralo como un gentil y un publicano”.”

Cristo mismo nos dejó una indicación clarísima al respecto, una práctica muy cristiana y medicinal. Pero nosotros parece que queremos ser más cristianos que el mismo Cristo. Hemos sustituido sus consejos y sus palabras, de Aquel que es el mismo hoy, ayer y siempre, por “pensamiento positivo”, por “trabajo en equipo”, por “dinámica de grupos”,… ¿queda alguna chorrada más? Muy modernos seremos, y muy poco eternos.

No tenemos futuro alguno si nos apartamos de lo que Cristo quiso para nosotros.

Pero gracias a Dios, hay algo grande en la Iglesia: es amor de Cristo. Es el don del Espíritu. Es su Gracia. Siempre es posible retornar a la fuente. Siempre. Y no tenemos otra opción. No existe. Existe solamente la muerte y podredumbre si nos apartamos de lo dispuesto por Dios.

Por último, esto nos afecta a todos. Y cuanto más lo practiquemos, Dios más nos podrá ayudar. Él no fuerza nuestra voluntad. Hace falta que nosotros pongamos remedio. La primera “excomunión” hay que hacerla con respecto a la podredumbre de nuestra propia alma; una vigilancia despiadada, desconfiada hacia nosotros mismos, basada en amor y fidelidad a Dios, no a nosotros (dejemos a los sin fe la autoestima,confianza en uno mismo, quererse a sí mismo,… – pérdidas de tiempo) pero a pesar de nosotros; luego sigue la vigilancia orante hacia nuestro entorno más próximo. Los buenos ejemplos arrastran, cierto; pero hay que corregir los malos, aunque sea impopular.

Creo que la Iglesia es amante de revoluciones constructivas, de las que se hacen desde abajo y por todos. Mal asunto si esperamos todo de los pastores. Si existe una práctica de vigilancia, de celo, de responsabilidad,… habrá un ambiente que ayudará, eso también, a los pastores a hacer lo debido. Si no, están tentados con el pensamiento de predicar en el desierto.

Cristo dijo: si TU hermano peca,… nos lo ha dicho a todos y a cada uno.

“Pastor y nauta en los tiempos tremendos… Tu brújula, el Evangelio. En él están la Vida y la Salvación. Y todo está dicho en él. Todos los artículos del Código santo, todas las respuestas para los múltiples casos de las almas están en él. Y haz que de él no se separen ni los Sacerdotes ni los fieles. Haz que no vengan dudas sobre él, ni alteraciones a él, ni sustituciones ni sofisticaciones. El Evangelio… soy Yo mismo el Evangelio.”

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