La situación de la clase obrera en Inglaterra en 1845, de Engels; demasiado actual

Sabéis que los que figuran como jefes de las naciones las tiranizan, y los poderosos las avasallan. (Mc 10, 42)

¡Pero vosotros menospreciáis al pobre! ¿No son los ricos los que os oprimen y os arrastran a los tribunales? (St. 2, 6)

¿Puede haber trato entre la hiena y el perro? ¿Puede haberlo entre el rico y el pobre? Como los asnos salvajes son presa de los leones en el desierto; así los pobres son pasto de los ricos… Buena es la riqueza adquirida sin pecado, mala la pobreza fruto de la impiedad. (Ecc. 13, 18-19; 24)

En estos tiempos de confusión, no se sabe lo que es derecha, ni centro, ni izquierda, en lo político y en lo social. Pero si por izquierda se entiende conseguir el bienestar para los pobres, para que todos puedan satisfacer el derecho a vivir con un mínimo de comodidad, a trabajar, a estar bien asistidos si se ponen enfermos, a distraerse, a tener hijos y poderles educar, a ser viejos y ser atendidos, entonces yo estoy más a la izquierda que nadie. Naturalmente, dentro de la doctrina social de la Iglesia, y sin compromisos con el marxismo o con el materialismo ateo; ni con la lucha de clases, anticristiana, porque en estas cosas no podemos transigir. (San Josemaría, Instrucción, mayo-1935/14-IX-1950, de la carta del Prelado del Opus Dei, abril 2013)

Consciente de la gravedad de los problemas planteados por el ateísmo y movida por el amor que siente a todos los hombres, la Iglesia juzga que los motivos del ateísmo deben ser objeto de serio y más profundo examen. (Gaudium et Spes, 21)

¿Por qué dejar que el rico disfrute de sus bienes en lugar de apropiarse de una parte de ellos? ¿Qué motivos tiene, pues, el proletario para no robar? Está muy bien decir que “la propiedad es sagrada” y eso suena muy bien a los oídos de los burgueses, pero para quien no posee propiedades, ese carácter sagrado desaparece por sí mismo. El dinero es el dios de ese mundo. La burguesía toma el dinero del proletariado, y hace de él prácticamente un ateo.

Por consiguiente, no hay que asombrarse si el proletario pone en práctica su ateísmo no respetando ya la santidad ni el poderío del dios terrenal. Y cuando la pobreza del proletario se incrementa hasta el punto de privarlo del estricto mínimo vital, desembocando en una miseria total, la tendencia al desprecio de todo el orden social crece más todavía. La Situación… p. 180

¡Pero qué asilo! La casa está llena de camas de arriba a abajo; 4. 5, 6 camas en una pieza, tantos como puedan caber. En cada cama se apilan 4, 5, 6 personas, igualmente tantas como quepan, enfermos y sanos, viejos y jóvenes; hombres y mujeres, borrachos y no borrachos; como sea, todos mezclados. Hay discusiones, riñas, y lesionados, y cuando los compañeros de cama se soportan es todavía peor: planean robos o se entregan a prácticas cuya bestialidad nuestra lengua, que es civilizada, rehuye describir. La Situación… p. 77

[Una pareja viviendo en un refugio subterráneo en EE. UU. Se estima que debajo de Las Vegas viven unas mil personas en túneles bajo tierra.]

La falsa solución (comunismo) de un problema, no hace que el problema desaparezca, ni que el problema esté resuelto. Reflexiono sobre la aportación cristiana a la solución de un problema que salta a la vista de todos, en las situaciones actuales trágicamente análogas a las descritas por Engels hace casi doscientos años. Empecemos.

Hace unas semanas me comentó un amigo: “pero el análisis de Marx sobre la economía era cierto”. No estábamos hablando de las consecuencias de la teoría marxista, sino en las condiciones que predispusieron su aparición. Por lo tanto, más que ocuparme directamente del Capital (una obra que estaba incluida en el índice de libros prohibidos antes del CVII, la leías y quedabas excomulgado, por lo que ese índice conserva su fuerza moral; si lo leo es para ver lo mismo lo que vieron los teóricos de marxismo, pero para dar una respuesta cristiana, la única que me interesa), cuyo análisis sostengo muy simplista y reductor, aunque puede ser cierto si la línea guía de las relaciones sociales es sencillamente el odio y el desprecio de la dignidad humana. Fueron las inhumanas condiciones laborales y sociales las que dieron lugar a marxismo, y pensé que una buena obra para tenerla presente es la obra de Engels con la que titulo este artículo. Consulté también la obra de Phyllis Deane, La primera revolución industrial, sobre ella comentaré más adelante.

F. Engels era un jovenzuelo de 23-24 años cuando se dedicó, durante un par de años, a realizar un trabajo de campo, diríamos hoy, sobre la situación de la clase obrera en Inglaterra. Se nota un estilo juvenil, pero llano y directo. Hablaba diferente, no connúmeros ni en términos de la renta per capita, como por ejemplo Deane y tantos economistas modernos que llenan sus informes con gráficas y estimaciones, los pibs,índices, costes laborales, etc. Lo que me llamaba la atención es que Engels hablaba de personas, hablaba de los que estás padecían y de las circunstancias de día a día por las que pasaban. Dice en el prólogo de una edición posterior:

“Durante veintiún meses, he tenido la ocasión de ir conociendo al proletariado inglés, he visto de cerca sus esfuerzos, sus penas y sus alegrías, lo he tratado personalmente, a la vez que he completado estas observaciones utilizando las fuentes autorizadas indispensables. Lo que he visto, oído y leído lo he utilizado en la presente obra.”

Para dirigirse luego a ellos directamente:

“He vivido bastante tiempo entre vosotros, de modo que estoy bien informado de vuestras condiciones de vida; he prestado la mayor atención a fin de conocerlas bien;he estudiado los diferentes documentos, oficiales y no oficiales, que me ha sido posible obtener; este procedimiento no me ha satisfecho enteramente; no es solamente un conocimiento abstracto de mi asunto lo que me importaba, yo quería veros en vuestros hogares, observaros en vuestra existencia cotidiana, hablaros de vuestras condiciones de vida y de vuestros sufrimientos, ser testigo de vuestras luchas contra el poder social y político de vuestros opresores. He aquí cómo he procedido: he renunciado a la sociedad y a los banquetes, al vino y al champán de la clase media, he consagrado mis horas de ocio casi exclusivamente al trato con simples obreros; me siento a la vez contento y orgulloso de haber obrado de esa manera.

Contento, porque de ese modo he vivido muchas horas alegres, mientras al mismo tiempo conocía vuestra verdadera existencia -muchas horas que de otra manera hubieran sido derrochadas en charlas convencionales y en ceremonias reguladas por una fastidiosa etiqueta; orgulloso, porque así he tenido la ocasión de hacer justicia a una clase oprimida y calumniada a la cual, pese a todas sus faltas y todas las desventajas de su situación, sólo alguien que tuviera el alma de un mercachifle inglés podría rehusar su estima; orgulloso asimismo porque de ese modo he estado en el caso de ahorrar al pueblo inglés el desprecio creciente que ha sido, en el continente, la consecuencia ineluctable de la política brutalmente egoísta de vuestra clase media actualmente en el poder, y, muy simplemente, de la entrada en escena de esta clase.”

¿Populista?, como se refieren desde las instancias del poder hoy a cualquiera que provoque cierta simpatía entre la gente del pueblo. ¿Les engañaba intencionadamente?, no lo sé, no creo. Tal vez se engañaba a sí mismo en primer lugar. Sé que estaba equivocado en su propuesta de materialismo histórico, que es una especie de venganza hacia aquello que consideraba apoyo a la opresión, venganza a la que daba valor casi mítico. Sus palabras eran cauce por las cuales la justa protesta del movimiento obrero pasaba hacia la ideología. Cauce de un rencor que se transformó en la avalancha que se rebeló contra todo lo establecido según él hasta el momento, pasando por la familia natural, estado, y, finalmente, contra Dios. No tuvo lugar Dios para Engels en un mundo sin justicia, en un mundo de opresión animal, despiadada y sin perdón, donde el único dios es el egoísmo personal y la sed del poder. La teoría vino luego, el odio estuvo al principio, el odio estaba en el mundo visto por el joven Engels.

El ateismo es inhumano, no es natural en el hombre, por muy caído que sea. Pero si el hombre es considerado gusano, se puede tornar ateo en menos de nada. Como cito en la cabecera: “Está muy bien decir que “la propiedad es sagrada” y eso suena muy bien a los oídos de los burgueses, pero para quien no posee propiedades, ese carácter sagrado desaparece por sí mismo. El dinero es el dios de ese mundo. La burguesía toma el dinero del proletariado, y hace de él prácticamente un ateo. Por consiguiente, no hay que asombrarse si el proletario pone en práctica su ateísmo no respetando ya la santidad ni el poderío del dios terrenal. Y cuando la pobreza del proletario se incrementa hasta el punto de privarlo del estricto mínimo vital, desembocando en una miseria total, la tendencia al desprecio de todo el orden social crece más todavía.”

Piensa que tú vives en una condición así. Piensa en aquellos que ahora mismo viven así. Pocos cristianos existirían en Inglaterra, cuna de la revolución industrial y de pensamiento liberal, del que tantos contemporáneos nuestros son tan orgullosos y de lo que se les llena de boca, para que las cosas se desarrollen como se desarrollaron. O el tren que les pasó por encima era tan virulento que no tenían tiempo ni de reaccionar, si eran de la parte menos pudiente del pueblo. De la más pudiente, parece que el asunto les resbalaba por completo.

Antes de la revolución industrial existían en Inglaterra campesinos tranquilos y apacibles, que vivían en una especie romanticismo patriarcal, abolido por el empuje del avance de la industria, de entre cuyas filas procede el proletariado. Engels no se entusiasma con su estilo de vida,

aunque reconozca que no tiene punto de comparación con la miseria en la que se verán desembocar, sin pedirlo ni quererlo. Lo describe así:

“Eran personas “respetables” y buenos padres de familia; vivían de acuerdo con la moral, porque no tenían ocasión alguna de vivir en la inmoralidad, ningún cabaret ni casa de mala fama se hallaban en su vecindad, y el mesonero en cuyo establecimiento ellos apagaban de vez en cuando su sed, era igualmente un hombre respetable, las más de las veces, un gran arrendatario que tenía en mucho la buena cerveza, el buen orden y no le gustaba trasnochar. Ellos retenían a sus hijos todo el día en la casa y les inculcaban la obediencia y el temor de Dios; estas relaciones patriarcales subsistían mientras los hijos permanecían solteros; los jóvenes crecían con sus compañeros de juego en una intimidad y una simplicidad idílicas hasta su matrimonio, e incluso si bien las relaciones sexuales antes del matrimonio eran cosa casi corriente, ellas sólo se establecían cuando la obligación moral del matrimonio era reconocida de ambas partes, y las nupcias que sobrevenían pronto ponían todo en orden. En suma, los obreros industriales ingleses de esta época vivían y pensaban lo mismo que se hace todavía en ciertos lugares de Alemania, replegados sobre sí mismos, separadamente, sin actividad intelectual y llevando una existencia tranquila. Raramente sabían leer y todavía menos escribir, iban regularmente a la iglesia, no participaban en la política, no conspiraban, no pensaban, les gustaban los ejercicios físicos, escuchaban la lectura de la Biblia con un recogimiento tradicional, y convivían muy bien, humildes y sin necesidades, con las clases sociales en posición más elevada. Pero, en cambio, estaban intelectualmente muertos; sólo vivían para sus intereses privados, mezquinos, para su telar y su jardín e ignoraban todo lo del movimiento poderoso que, en el exterior, sacudía a la humanidad. Ellos se sentían cómodos en su apacible existencia vegetativa y, sin la revolución industrial, jamás hubieran abandonado esta existencia de un romanticismo patriarcal, pero, a pesar de todo, indigna de un ser humano.” p. 43

El avance en la capacidad de la producción industrial hizo que sea suficiente menor número de trabajadores para obtener mayor producción; con el consiguiente despido de gran número de trabajadores; para mantener el trabajo, estos tenían que trabajar cada vez más horas, a menor precio; el trabajo agrícola de campesinos aislados era totalmente superado e insuficiente para dar sustento a gran número de personas; estas tenían que buscar trabajo en las ciudades ofreciendo su trabajo a cambio de un jornal cada vez más barato.

En resumen, en vez de bajar la jornada laboral esta terminó siendo muy alta y extenuante, provocando el aumento de la miseria. El mercado libre tuvo que ser intervenido y regulado, con límites en ingresos mínimos y la duración de la jornada laboral. Esto tendría que ocurrir de forma pacífica, impuesta por una legislación en aras de protección del bien común, pero no se hizo así. El estado era de ellos, y no de todos. El estado fue entregado en manos privadas, en manos de los que disponían solamente de dinero y ese fue su único argumento; el estado no servía a todos, ni al bien común, estaba a servicio de unos pocos.

Naturalmente, el análisis marxista es pobre e insuficiente, es reduccionista y no es capaz de explicar la dinámica de las sociedades. Pero el antagonismo entre pobres y ricos es causa de muchos males. San Pablo asevera, sin que eso sea un principio único: “la sed de dinero es causa de todos los males”. La codicia toca lo más profundo del corazón humano, y este vicio es particularmente descontrolado en el sistema capitalista no amortiguado o limitado que permite un enriquecimiento muy fácil a base del aumento de la simple frecuencia de intercambio de mercancía. Es como decir que un fúsil de asalto es más peligroso que una navaja. En si mismo, no es mágico, no tiene ningún ser, pero es una herramienta si se prefiere muy peligrosa que debe ser regulada.

La convivencia entre personas está regulada por la ley, si no, tendríamos una vulgar y cruel selva; sin embargo, dicen a la gente que la economía tiene sus leyes propias. Eso es mentira. No solamente porque lo diga el Concilio, es una obviedad, y sin embargo, te dirán que eres marxista o que atentas en contra de la legítima libertad humana, que atentas en contra de las leyes de mercado, que te intrometes donde no debes si dices cosas como estas:

“El desarrollo debe permanecer bajo el control del hombre. No debe quedar en manos de unos pocos o de grupos económicamente poderosos en exceso, ni tampoco en manos de una sola comunidad política o de ciertas naciones más poderosas…” (GS, 65) “Por último, la remuneración del trabajo debe ser tal que permita al hombre y a su familia una vida digna en el plano material, social, cultural y espiritual…

El conjunto del proceso de la producción debe, pues, ajustarse a las necesidades de la persona y a la manera de vida de cada uno en particular, de su vida familiar, principalmente por lo que toca a las madres de familia, teniendo siempre en cuanta el sexo y la edad.” (GD, 67)

La economía es fruto de la actividad humana que puede ser perfectamente regulada por ley. Hay acciones lícitas y las que no lo son, exactamente igual que en cualquier relación humana. No somos libres para todo. Hay cosas que no podemos hacer, que nos deben ser prohibidas. Mercado libre debe ser condicionado con restricciones que aseguran un salario mínimo para una vida digna; debe haber suficiente trabajo para todos, algo que es muy fácil de realizar regulando la jornada laboral, comercio internacional que permite adquirir productos a precio de hambre, o el que limita la productividad nacional a cambio de favorecer intereses particulares (España por ejemplo tiene permitido producir solamente la mitad de la leche que necesita). La sanidad debe ser universal, así como la educación suficiente para acceder al mercado laboral.

Todo eso son aspiraciones justas que deben ser apoyadas por cristianos más que por nadie. Es más, si alguien debería hacer de antorcha y avanzadilla en estas cuestiones, estos tendrían que ser los cristianos, y especialmente los católicos: Todo grupo social debe tener en cuenta las necesidades y las legítimas aspiraciones de los demás grupos; más aún, debe tener muy en cuenta el bien común de toda la familia humana. (GS, 26) “Mientras muchedumbres inmensas carecen de lo estrictamente necesario, algunos, aun en los países menos desarrollados, viven en la opulencia y malgastan sin consideración. El lujo pulula junto a la miseria. Y mientras unos pocos disponen de un poder amplísimo de decisión, muchos carecen de toda iniciativa y de toda responsabilidad, viviendo con frecuencia en condiciones de vida y de trabajo indignas de la persona humana.” (GS, 63)

Pero sigamos con la situación de la clase obrera (vulgarmente proletariado) y veamos su enorme analogía con lo que ocurre hoy; antes Inglaterra, hoy mundo. Y hoy cada uno de nuestros países tiene su Inglaterra de entonces. Y lo peor es que la Inglaterrapuede volver en menos de nada. Aquel proceso maldito que generó una de las mayores tragedias de la humanidad que jamás tuvo lugar sobre la faz de la tierra, va camino de hacerse realidad. Los cristianos, la conciencia del mundo y no la voz del liberalismo, deben levantar la voz de condena en contra de este proceso que tiene lugar delante de nuestros ojos.

Los esclavos chinos trabajan para nosotros, pero a su vez hunden nuestro mercado porque no hay quien pueda competir con ellos (aunque deberíamos, como nos aconseja el presidente de Mercadona):

Nos vestimos con la prenda fabricada en Bangladesh, y a su vez dejan de existir miles de puestos de trabajo aquí, para que unos cuantos maximicen su beneficio. Es inmoraltrabajar en aquellas condiciones como trabajan hoy esos seres humanos, los esclavos modernos. Todavía habrá quien dirá: ¿y que harían sin esos 50 euros al mes que reciben por ese trabajo?

Te lo voy a explicar en una línea. Hay gentuza que es capaz de decir “si yo no me acostara con la prostituta, esta no tendría para comer”. Hay cosas que son malas en sí, que no se pueden admitir. Hay trabajos y condiciones inadmisibles para un ser humano. El Occidente podría, si quisiera, obligar a aquellos países funcionar de otra forma, ya lo creo. Pero no lo hace, por un mecanismo muy similar al ocurrido en la época de Engels.

En Herzegovina sin ir más lejos, conozco empresa con 200 obreros a los que no se les paga el sueldo durante seis meses. Sin embargo, el hijo del jefe, un niñato, conduce un Ferrari de más de 100.000 euros, etc. “Siempre que el bien común exija una expropiación, debe valorarse la indemnización según equidad, teniendo en cuanta todo el conjunto de las circunstancias.” (GS, 71) Esto no lo dicen en CC.OO., lo dice el Concilio. Es importante. Tiene que ver con nuestra fe. El jornal sustraído al obrero es uno de los cuatro pecados que clama al cielo, es la doctrina desde siempre jamás.

Esta doctrina debe ser recordada por todos, especialmente por los que tienen la misión de enseñar en la Iglesia, y practicada por todos sin excepción. Si eres un trabajador por cuenta ajena, debes cumplir con tu trabajo con ejemplaridad, y si tienes gente a tu cargo como empresario, estos deben ser tratados como personas (lo cual reclama la exigencia de la responsabilidad), renumerados en condiciones. Es la empresa en todo caso la que debe tener beneficios, de los que participan todos, no solamente el propietario o el empresario. “Por último, la remuneración del trabajo debe ser tal que permita al hombre y a su familia una vida digna en el plano material, social, cultural y espiritual…

El conjunto del proceso de la producción debe, pues, ajustarse a las necesidades de la persona y a la manera de vida de cada uno en particular, de su vida familiar, principalmente por lo que toca a las madres de familia, teniendo siempre en cuenta el sexo y la edad.” (GS, 67)

“Teniendo siempre en cuenta el sexo y la edad”. Recordemos como fue tratado “el sexo y la edad” en la época de Engels:

“Pero todo eso no es nada. Las consecuencias morales del trabajo de las mujeres en las fábricas son mucho peores aún. La reunión de personas de ambos sexos y de todas las edades en un mismo taller, la inevitable promiscuidad que resulta de ello, el apiñamiento en un espacio reducido de personas que no han tenido ni formación intelectual ni formación moral, no están precisamente hechas para tener un efecto favorable sobre el desarrollo del carácter femenino.

Huelga decir que la esclavitud de la fábrica, como toda otra y hasta más que toda otra, confiere al patrón el Jus primae noctis. A este respecto también el industrial es el amo del cuerpo y de los encantos de sus obreras. El despido es una sanción suficiente para vencer en nueve casos de cada diez, si no en el 99% de los casos, toda resistencia de parte de muchachas que, además, no tienen disposiciones particulares a la castidad. Si el industrial es lo bastante infame (y el informe de la comisión cita varios casos de ese género), su fábrica es al propio tiempo su harén; el que todos los industriales no hagan uso de su derecho no cambia en nada la situación de las muchachas. En los comienzos de la industria manufacturera, en la época en que los industriales eran unos advenedizos sin educación que no respetaban las reglas de la hipocresía social, ellos no se dejaban detener por nada en el ejercicio de su derecho “bien adquirido”.”

“Si la fábrica es pequeña, la promiscuidad es mayor y las relaciones inevitables. Las consecuencias no se hacen esperar. Un testigo de Leicester dijo que prefería ver a su hija mendigar que dejarla ir a la fábrica, que la fábrica es un verdadero infierno, que la mayoría de las rameras de la ciudad deben su estado a su frecuentación de la fábrica (Power evid.: p. 8); otro en Manchester, “no tiene ningún escrúpulo en afirmar que las tres cuartas partes de las jóvenes obreras fabriles de 14 a 20 años de edad ya no son vírgenes“, (Cowell evid.: p. 57)”

“”Es difícil dar un estimado en cifras de la moralidad sexual, pero según mis propias observaciones, la opinión general de aquellos a quienes he hablado de ello, así como el tenor de los testimonios que me han proporcionado, la influencia de la vida fabril sobre la moralidad de la juventud femenina parece justificar un punto de vista enteramente pesimista.” (p. 221)”

A esto lleva la situación de precariedad laboral y dependencia total de agentes externos incluso para la mera existencia física. ¿Solamente en la época de Engels? Echen una mirada a Pakistán, a China, Tailandia… y verán, hoy, condiciones similares a las de entonces. Y en España, veamos lo que se propone a las generaciones jóvenes. Según la información de las CC. OO., las condiciones que pide Sheldon Adelson para la instalación de Eurovegas,

son algunas las siguientes:

• Modificación del Estatuto de los Trabajadores a fin de terminar con la regulación de convenios colectivos con el personal empleado.
Modificación de la ley de extranjería a fin de poder contratar personal extranjero que estaría sujeto a la legislación y condiciones laborales de su país de origen (por ejemplo, si es pakistaní, podría trabajar sin contrato de trabajo y en las condiciones salariales que rijan en Pakistán).
Cambio de legislación sobre la prevención del blanqueo de capitales, con flexibilización de los controles. En definitiva, que el dinero con el que juegan o que ganen en las instalaciones pueda salir del país sin ningún tipo de control administrativo. Podría entrar al país dinero del narcotráfico y salir dinero español en dirección a los paraísos fiscales sin control de Hacienda.
• Autorización para entrar en las instalaciones ludópatas y menores de edad, circunstancias que actualmente prohíbe la ley del juego en España.
• Construcción de las instalaciones e infraestructuras que se soliciten (ha pedido una estación del AVE, una de cercanías y el enlace con la red de metro o metro-ligero así como modificación del Aeropuerto de Barajas para llegada y salida de jet privados). En definitiva, todo esto supondrá un coste para la Administración de 2.600 millones de euros.
• Plena disponibilidad de agua para las instalaciones, incluidos los tres campos de golf que se pretenden construir, lo que supone una clara amenaza a los recursos hídricos de la zona, etc.

A todo eso, el de la foto, a las órdenes de su ideología y a las del otro en la foto, manda callar a dos obispos por criticar el proyecto de Eurovegas. Era, para mi gusto, una crítica suave, pero incluso así la respuesta ha sido, “¿Tú, qué sabes?, mejor, cállate. Si no sabes nada de economía. Ocúpate de tus asuntos.”

Escuchadme. No quiero vuestra felicidad de un animal de carga que me ponéis como ejemplo:

No quiero ni busco esa felicidad de ambición que te rompe por dentro y por fuera, ¿para qué? Si termina divorciado en busca de esa felicidad, ¿para qué la quiero? Quedaos con ese modelo que estresa nada más por verlo sin siquiera vivirlo.

Nunca es tarde para protestar, con vigor, en contra de condiciones de trabajo para cerdos, y no para personas. ¿Currículo? Tetas, culos y bikinis y tangas (según la zona y el sexo, y las preferencias de los clientes. Ah, e idiomas, por supuesto, para divertir a los venidos de todos lados.

Me gusta la última campaña de DAV. Para mostrar el crimen del aborto, apoyado en una legislación, recuerda las legislaciones respecto a la esclavitud e EE. UU. de 1740, o las leyes antisemitas de la Alemania nazi de 1935. Así se entiende mejor, por supuesto. Es bueno recordad a la gente que con la ley en la mano se puede hacer y legislar casi todo. Pero echo en falta que en las iniciativas de HO o DAV que las firmo todas, no haya campañas de presiones en el campo de relaciones laborales y sociales. No puede ser todo la vida y la familia. Estas a su vez dependen en buena medida de las condiciones para la vida y la familia. Y la vida y la familia viven del trabajo y de la economía. Estos son unos de los aspectos más importantes para un cristiano, y su lucha en este campo debe ser máxima, su preocupación inaplazable, sus exigencia las de toda la humanidad.

La plataforma internacional Avaaz (progre digamos, similar a la de Change), como una muestra, recoge firmas en contra de la deslegalización laboral en Bangladesh,

Foto bangladesh

[o las condiciones laborales degradantes, que reducen al operario al rango de mero instrumento de lucro, sin respeto a la libertad y a la responsabilidad de la persona humana: todas estas prácticas y otras parecidas son en sí mismas infamantes, degradan la civilización humana, deshonran más a sus autores que a sus víctimas y son totalmente contrarias al honor debido al Creador. GS, 27]

Yo no conozco ninguna organización cristiana que proteste contra estas salvajadas. Puede ser que las haya, puede ser que cristianos particulares se dejen el pellejo por defender estas personas, pero yo quiero la masa, quiero la rabia, quiero la oración ycólera santa, según el eslogan que utilizan en Francia:

[un/a detenido/a en la protesta en Francia en contra del “matrimonio” gay. ¡Perfecto! ¡Pero no solamente en el tema de la vida y familia, sino también en el de la dignidad laboral.]

«La autoridad es postulada por el orden moral y deriva de Dios. Por lo tanto, si las leyes o preceptos de los gobernantes estuvieran en contradicción con aquel orden y, consiguientemente, en contradicción con la voluntad de Dios, no tendrían fuerza para obligar en conciencia…; más aún, en tal caso, la autoridad dejaría de ser tal y degeneraría en abuso». (Juan XXIII, Pacem in terris l.c., 271. )

Con todo, franceses, nos estáis dando una lección maravillosa. ¡Hasta con estrategia que se va comentando!:

“A la par de esas demostraciones, las calles de París y las principales ciudades del interior eran escenario de constantes manifestaciones-relámpago de grupos reducidos, que desconcertaban a la policía. La estrategia consistía en que, en puntos diferentes de la ciudad, bloques de una veintena de jóvenes interrumpieran el tráfico durante algunos minutos, coreando alegremente dichos chispeantes como uno dirigido al presidente Hollande: “Touche pas au mariage,/ occupes toi du chômage”, (“no toques al matrimonio, ocúpate del desempleo”). Al llegar la policía se dispersaban velozmente y reaparecían de inmediato en otro punto, combinado sobre la marcha por celular-internet. Algunos de esos grupos eran de ciclistas, que convergían en un lugar predeterminado —por ejemplo el puente de Los Inválidos—, se sentaban en la pista formando una barrera con sus bicicletas, lanzaban sus proclamas y cánticos y partían enseguida, a veces aplaudidos por los automovilistas.

Con la policía desbordada por este “juego de escondidas” de varios grupos actuando simultáneamente en París, el ministro de Interior Manuel Valls ordenó dispersarlos con gas lacrimógeno a destajo. Represalia inútil: rápidamente su orden fue ridiculizada, y se pasó a llamarlo “Manuel Gas”.

En materia de estrategias novedosas, cabe destacar los bien organizados “comités de recepción” al presidente Hollande y sus ministros. En todos los actos públicos a que estos asistían, eran recibidos por grupos de jóvenes con cánticos, abucheos y eslóganes muy bien escogidos —la graciosa y fulgurante chispa francesa no podía estar ausente—, al punto que el mandatario y sus ministros, humillados y atemorizados, se vieron obligados a cancelar varias apariciones públicas.

También se realizan “sit-in” de protesta nocturnos: vigilias con velas, cánticos religiosos o patrióticos y rezo del Rosario, realizados durante algunas horas en lugares simbólicos como los jardines de Luxembourg o del Louvre. Tales acciones continúan hasta hoy, aunque en muchos casos son duramente reprimidas por la CRS (tropa de asalto). El saldo de esa represión ha sido cientos de manifestantes arrestados diariamente, varios de ellos heridos (incluso sacerdotes y niños), sólo por protestar pacíficamente. Indignado por ese abuso, Tugdual Derville, uno de los principales voceros de las protestas, desafió: “¿Cuántos autos incendiados? ¡Cuántos vidrios rotos? ¡Ninguno!”. La propia policía comenzó a expresar su malestar: algunos efectivos incluso se animaron a felicitar a los estudiantes por su valentía, lamentaban arrestarlos, y se quejaban de estar siendo utilizados políticamente: “Sentimos vergüenza de hacer lo que estamos haciendo”.

Una lección magnífica, muchas gracias. ¡Se puede!

En efecto, debe ser comprensible nuestro lenguaje y verificable a partir de la realidad, como para poder decir en términos empleados por Engels: Extranjero para ellos, pero yo espero que no para vosotros. Puede ser que mi inglés no sea puro; pero abrigo la esperanza de que, a pesar de todo, resulte un inglés claro.

Ningún obrero en Inglaterra -ni tampoco en Francia, dicho sea de paso- jamás me ha considerado extranjero.”

Luego, escucharán a los marxistas, si otros, especialmente nosotros, no se ocupen de las cuestiones tratadas: “he comprobado que sois hombres, miembros de la gran familia internacional de la humanidad, que habéis reconocido que vuestros intereses y aquellos de todo el género humano son idénticos; y es a este título de miembros de la familia “una e indivisible” que constituye la humanidad, a este título “de seres humanos” en el sentido más pleno del término, que yo saludo -yo y muchos otros en el continente- vuestro progreso en todos los campos y os deseamos un éxito rápido. ¡Y ante todo por el camino que habéis elegido! Muchas pruebas os esperan aún; manteneos firme, no os desalentéis, vuestro éxito es seguro y cada paso adelante, por la vía que tenéis que recorrer, servirá nuestra causa común, ¡la causa de la humanidad!”

Porque, ¿Qué han hecho ellos para demostrar que os desean el bien, como ellos dicen? ¿Han prestado jamás la menor atención a vuestros sufrimientos? ¿Jamás han hecho otra cosa que consentir en los gastos que implican media docena de comisiones de investigación cuyos voluminosos informes son condenados a dormir eternamente debajo de montones de expedientes olvidados en los anaqueles del Home Office. ¿Jamás han revelado sus modernos Libros Azules las verdaderas condiciones de vida de los “libres ciudadanos británicos”?

Muy simple: obras son amores, y no buenas razones. Una matización: reconozco que el lenguaje es bello, considerado (te dicen que eres persona, cuando por todos lados eres un perro) e incendiario; al oírlo, personas con temperamento saltarán de su silla como de un muelle, con el puño en alto, dispuesto a emplearlo: somos hombres,seres humanos, pertenecemos a la gran familia de la humanidad, una e indivisible, nos esperan pruebas pero no debemos desalentarnos en la lucha por la causa de la humanidad. (Incendia y levanta porque el hombre está hecho para esto: cristiano,hermano, ser humano, supera tentaciones, en la lucha por alcanzar el reino de los cielos – el paraíso terrenal es la copia del paraíso eterno; pero si el paraíso eternoqueda demasiado lejos y nadie se ocupa de mí para decirme que me pertenece, y que en virtud del mismo debo ser tratado como persona y no como animal, como el anhelodel mismo no puede desaparecer… acepto la propuesta e inmediatez de este paraísoya prometido).

Volvamos al análisis del funcionamiento de este sistema. Es sorprendente ver que esta dinámica se repite con unos trazados definidos, que parecen ser reglas, al menos en el sentido de ciencias sociales.

El aumento de bienestar entre los trabajadores hace aumentar los costes laborales(como si no los aumentaran las villas y mansiones de los pudientes, flamantes mercedes y todo tipo de lujos que se pueden observar en cualquier parte del planeta). Para reducirlos, se recurre a la mano de obra más barata, antes del mundo rural, ahora normalmente procedente de la inmigración y de amplio sector de los desempleados dispuestos a lo que sea:

“A veces se producía un mejoramiento temporal, que se extendía incluso a las grandes masas. Pero este mejoramiento era reducido cada vez a su antiguo nivel por el aflujo de una gran masa de obreros procedentes de la reserva de desocupados, por la introducción de nuevas máquinas, que desalojaban a un número cada vez mayor de obreros, y por la inmigración de obreros agrícolas, desalojados ahora también en proporciones crecientes por las máquinas.” p. 33

Y siempre tenemos lo mismo: la mano de obra es demasiado cara, que así no se puede ser competitivo, etc.; todo para justificar lo injustificable, mientras todo eso, ¡por favor!, jamás afectará a unos cuantos:

“Todo quedó supeditado a un objetivo único, pero a un objetivo que tenía la máxima importancia para los capitalistas industriales: abaratar todas las materias primas, y principalmente, todos los medios de subsistencia de la clase obrera, reducir el precio de coste de las materias primas y mantener los salarios a un bajo nivel, cuando no reducirlos aún más.” p. 33

A su vez, empieza el proceso de la globalización y la deslocalización de la industria, lo que antes ocurría en tu propio suelo, ahora ocurre algo más lejos, no lo ves, pero está. Lo que antes ocurría en el ámbito local, ahora tiene lugar en la esfera internacional:

“Inglaterra tenía que convertirse en «el taller industrial del mundo»; todos los demás países tenían que ser para Inglaterra lo que ya era Irlanda: mercados para su producción industrial y fuentes de materias primas y de artículos alimenticios. ¡Inglaterra, gran centro manufacturero de un mundo agrícola, con un número siempre creciente de satélites productores de trigo y algodón girando en torno al sol industrial! ¡Qué magnífica perspectiva!”

¡La reforma parlamentaria de 1831 había sido la victoria de toda la clase capitalista sobre la aristocracia terrateniente. La abolición de las leyes cerealistas fue la victoria de los capitalistas industriales no sólo sobre los grandes terratenientes, sino también sobre los sectores capitalistas -bolsistas, banqueros, rentistas, etc.-, cuyos intereses eran más o menos idénticos o estaban más o menos ligados a los intereses de los terratenientes. El libre cambio significaba la reorganización, en el interior y en el exterior, de toda la política financiera y comercial de Inglaterra de acuerdo con los intereses de los capitalistas industriales, que constituían desde ese momento la clase representativa de la nación. Y esta clase puso manos a la obra con toda energía. Cualquier obstáculo que se opusiese a la producción industrial era barrido implacablemente. Las tarifas aduaneras y todo el sistema fiscal fueron transformados radicalmente.” p. 30

“La gran industria moderna nivela hasta tal punto las condiciones económicas en todos los países donde hace su aparición, que dudo de tener que dirigirme al lector alemán en forma distinta a como me he dirigido al lector norteamericano o inglés. (Prólogo edición alemana, 1892)

La reanimación de los negocios que siguió a la crisis de 1847 marcó el comienzo de una nueva época industrial. La abolición de las leyes cerealistas y las subsiguientes reformas financieras proporcionaron la holgura necesaria para la expansión de la industria y el comercio de la Gran Bretaña. (Prólogo edición alemana, p. 22)

Por añadidura, los nuevos medios de comunicación que habían aparecido a finales del período precedente –los ferrocarriles y los transatlánticos- fueron aplicados ahora en escala internacional y convirtieron en realidad lo que hasta entonces solo había existido en germen: el mercado internacional. Formaban por el momento este mercado internacional unos cuantos países, fundamental o exclusivamente agrícolas, que se agrupaban en torno a un gran centro industrial -Inglaterra-, que consumía la mayor parte de los excedentes de materias primas de estos países, suministrándoles a cambio casi todos los artículos manufacturados que necesitaban. Nada tiene, pues, de extraño que el progreso industrial de Inglaterra fuese tan gigantesco e insólito, ni que el nivel de 1844 nos parezca ahora relativamente insignificante y casi primitivo.”

En el suelo británico la miseria había alcanzado tal extremo, las diferencias sociales se habían multiplicado de tal modo, que más crítica difícilmente podía ser. Esto inevitablemente llevaba a los conflictos sociales y todo tipo de desórdenes. Uno se pregunta, como después de soñar una pesadilla, ¿pero esto es real, esto nos ha ocurrido a nosotros? ¿Qué sistema es este que da lugar a cosas como estas? Engels cita la prensa de la época como testigo del pasmo:

¿Y aquellos que no pueden pagar tal albergue? Pues bien, esos duermen donde pueden, en los pasillos, en los portales, en un rincón cualquiera, donde la policía o los propietarios los dejan dormir tranquilos; algunos de ellos la pasan mejor en los asilos construidos aquí y allá por instituciones privadas de beneficencia, otros duermen en los bancos de los parques, exactamente debajo de las ventanas de la reina Victoria. Veamos lo que dice el Times, 24 de octubre de 1843:

“Resalta de nuestra información de policía de ayer, que por término medio cincuenta personas duermen todas las noches en los parques, sin otra protección contra la intemperie que los árboles y algunas excavaciones en los muros. La mayoría son muchachas jóvenes: que; seducidas por soldados, han sido llevadas a la capital y abandonadas en ese inmenso mundo, lanzadas a la soledad de la miseria en una ciudad extraña, víctimas inconscientes y precoces del vicio. Esto es en verdad horroroso. Por otra parte, no dejará de haber gente pobre. La necesidad llegará a abrirse paso por todas partes y a instalarse con todos sus horrores en el corazón de una gran ciudad floreciente: En los millares de callejones y callejuelas de una metrópoli populosa, siempre habrá necesariamente -nos tememos- mucha miseria que hiere la vista, y mucha que permanece oculta. Pero lo que sorprende es que en el círculo que han trazado la riqueza, el placer y el lujo, que muy cerca de la real grandeza de St. James, en los bordes del palacio reluciente de Bayswater, donde se encuentran el antiguo barrio aristocrático y el nuevo, en una parte de la ciudad donde el refinamiento de la arquitectura moderna se ha cuidado de construir la menor cabaña para la pobreza, en un barrio que parece estar consagrado exclusivamente a los disfrutes de la riqueza, ¡qué allí precisamente vengan a instalarse la miseria y el hambre, la enfermedad y el vicio con todo su cortejo de horrores, consumiendo cuerpo tras cuerpo, alma tras alma!

Este es realmente un estado de cosas monstruoso. Las más grandes satisfacciones que pueden proporcionar la salud física; la euforia intelectual y los placeres relativamente inocentes de los sentidos, ¡flanqueando directamente a la más cruel miseria! ¡La riqueza, riendo desde lo alto de sus salones relucientes, riendo con una indiferencia brutal muy cerca de las heridas ignoradas de la indigencia! ¡El placer, escarneciendo inconsciente pero cruelmente el sufrimiento que gime allá abajo! La lucha de todos los contrastes, todas las oposiciones; salvo una: el vicio que lleva a la tentación se une a aquel que se deja tentar… Pero que todos los hombres reflexionen: en el barrio más brillante de la ciudad más rica del mundo, noche tras noche, invierno tras invierno, hay mujeres -jóvenes por la edad, viejas por los pecados y los sufrimientos- proscritas de la sociedad, encenegadas por el hambre, la indecencia y la enfermedad.

Que ellos piensen y aprendan, no a formular teorías, sino a obrar. Dios sabe que aquí hay por hacer actualmente.” p. 77

No, no han aprendido. Hoy en día sacaremos todo tipo de críticas – y con razón – al socialismo e izquierda en general, porque es – no siendo el único sector que lo hace – responsable de los ataques furibundos a la familia, la vida, y hasta el mismo concepto del hombre, pero no se puede, no se debe, olvidar desde qué situación arrancó el socialismo o el comunismo. Todo ello ocurrió debido a la rebelión contra Dios, pero movida y preparada esta con el desprecio del hombre llevado a cabo por el liberalismo:

El liberalismo ha preparado el camino del comunismo

Para explicar mejor cómo el comunismo ha conseguido de las masas obreras la aceptación, sin examen, de sus errores, conviene recordar que estas masas obreras estaban ya preparadas para ello por el miserable abandono religioso y moral a que las había reducirlo en la teoría y en la práctica la economía liberal.Con los turnos de trabajo, incluso dominicales, no se dejaba tiempo al obrero para cumplir sus más elementales deberes religiosos en los días festivos; no se tuvo preocupación alguna para construir iglesias junto a las fábricas ni para facilitar la misión del sacerdote; todo lo contrario, se continuaba promoviendo positivamente el laicismo. Se recogen, por tanto, ahora los frutos amargos de errores denunciados tantas veces por nuestras predecesores y por Nos mismo. Por esto, ¿puede resultar extraño que en un mundo tan hondamente descristianizado se desborde el oleaje del error comunista? (Pío XI, Divini Redemptoris, Sobre el comunismo ateo, 16)

Uno se pregunta, ¿ha concedido algo la burguesía a los obreros sin ser obligada por las protestas a ello?

Y esa es su mayor condena. Impasible, egoísta, insensible al sufrimiento del otro. Esto es lo que tenían delante de sus narices:

“La miseria no deja al obrero otras alternativas que estas: morir de hambre poco a poco, darse la muerte rápidamente, o tomar lo que necesite allí donde lo encuentre, hablando en plata: robar. Y no tenemos por qué asombrarnos de que la mayoría prefiera el robo a la muerte por hambruna o al suicidio. Desde luego, hay igualmente entre los trabajadores cierto número de personas que son lo bastante morales para no robar, incluso cuando son reducidos al peor extremo, y esos mueren de hambre o se suicidan. El suicidio, antaño el privilegio más envidiado de las clases superiores, está en lo adelante de moda en Inglaterra, incluso entre los proletarios, y una multitud de pobres despreciadas se matan para escapar a la miseria, de la cual no saben cómo salir de otro modo.”

Y esto es lo que ocurre delante de las nuestras:

Esto es lo que les concedieron en 1847, después de ser tratados como perros durante decenios ya, una compasión en el horario – la jornada laboral de diez horas para mujeres y niños, pero siempre con matices:

“La ley de la jornada de trabajo de diez horas, que sólo regía para los adolescentes y las mujeres, fue aprobada por el Parlamento inglés el 8 de junio de 1847.- y varias pequeñas reformas. Todo esto hallábase en abierta contradicción con el espíritu del libre cambio y de la competencia desenfrenada, pero daba al gran capitalista ventajas aún mayores para poder competir con sus colegas situados en condiciones menos favorables.”

En términos generales, aunque ahora mismo no existe tal miseria que la gente no tenga ni para comer, el proceso sigue siendo el mismo. Tenemos la misma resistencia hacia la reducción de la jornada laboral, que de por sí podría menguar la escasez del trabajo. Algo tan simple que el trabajo es derecho y obligación de todo hombre, no se quiere llevar a cabo. Siempre dicen lo mismo, hay que ser competitivo, productivo,reducir los costes,… todo nos suena. Naturalmente, ellos no se tocan nada, ni se lo plantean siquiera. Parece que si pudieran, y la gente se lo dejara, harían que trabajáramos hasta la extenuación. Hay que pelear por lo básico: un sueldo decente para todo trabajador, una jornada para persona y no un animal de carga, para que una persona pueda ver a sus hijos, educarlos, cuidarlos. Hasta las lobas pasan tiempo con su prole hasta que esta se haga independiente y los humanos parecen máquinas para producir. ¿Es esto normal?

Pueden pensar algunos: “a este le ha salido la vena comunista la que se la metieron por un tubo, el pobrecito leyendo a la edad de 16-18 añitos las obras de Marx, Engels, Lenin, Zola, Camus,…”. Va a ser que no, pienso como Santiago: “Y vosotros los ricos, gemid y llorad ante las desgracias que se os avecinan. Vuestra riqueza está podrida y vuestros vestidos son pasto de la polilla. Vuestro oro y vuestra plata están oxidados y este óxido será un testimonio contra vosotros y corroerá vuestras carnes como fuego. ¿Para qué amontonar riquezas si estamos en los últimos días? Mirad, el jornal de los obreros que segaron vuestros campos y ha sido retenido por vosotros está clamando y los gritos de los segadores están llegando a oídos del Señor todopoderoso. En la tierra habéis vivido lujosamente y os habéis entregado al placer, con ello habéis engordado para el día de la matanza. Habéis condenado, habéis asesinado al inocente, y ya no os ofrece resistencia.” (St. V, 1-6)

Esto lo dice Santiago, ¡hey, Santiago! El primo del Señor, lo había visto trabajar desde niño en el taller de José, su tío. Lo había visto cobrar sus trabajos, de forma suficiente para mantener su familia, hacer los encargos bien y justamente, no hacía mesas con patas cojas. Para nosotros el trabajo es santo, porque el Hijo de Dios lo santificó. El Señor quiso ser pobre, tanto amaba la pobreza, pero no miserable. La pobreza es digna, la miseria insulta al hombre. Tiene capacidad de arrebatar al hombre a Dios, esa es su maldición y por eso es por lo que hay que luchar en contra de la miseria. En toda forma que se presente, también y por supuesto en la forma estructural.

El escenario se repite: Inglaterra, América, Europa, ahora el mundo entero. Siempre la misma dinámica: no permitir el aumento de sueldo ni reducción de jornada laboral. En definitiva, no permitir que los demás tengan lo que les corresponda. Esa parte siempre se limita por la disposición de una persona en mayores apuros todavía a aceptar peores condiciones. Siempre hay alguien en peor situación, y se recurre a este. La triste situación es lo contrastado: si no es por huelgas, no ceden. Si en algún lugar conceden la reducción de la jornada o el aumento del sueldo, van a otra parte.

Primero Irlanda:

“Dejemos Londres para recorrer algunas de las otras grandes ciudades de los tres reinos. Tomemos primeramente Dublín, ciudad cuyo arribo por mar es tan encantador como imponente es el de Londres; la bahía de Dublín es la más bella de todas las de las islas británicas y los irlandeses tienen afición a compararla con la de Nápoles. La ciudad misma posee grandes bellezas, y sus barrios aristocráticos han sido construidos mejor y con más gusto que aquellos de cualquier otra ciudad británica. Pero en cambio, los distritos más pobres de Dublín se cuentan entre los más repugnantes y más feos que se puedan ver. Desde luego, el carácter nacional de los irlandeses, que, en ciertas circunstancias, no se sienten cómodos sino en la suciedad, juega allí un papel, pero…

“en este distrito y en el distrito contiguo, hay una multitud de callejuelas y de patios con un olor nauseabundo (foul), que muchos sótanos no reciben la luz del día sino por la puerta y que en varios de ellos la gente duerme en el suelo pelado, aunque la mayoría de ellos tengan al menos armaduras de camas, mientras que por ejemplo Nicholson’s Court contiene 151 personas que viven en 28 pequeñas piezas miserables, en la mayor penuria, a tal punto que en todo el edificio sólo se pudo encontrar dos armaduras de cama y dos coberturas”.” p. 78

Luego, otros países:

Pero mientras Inglaterra ha rebasado ya esta edad juvenil de la explotación capitalista, que describo en mi libro, otros países acaban de llegar a ella. Francia, Alemania y sobre todo los Estados Unidos son los terribles competidores que –como lo había previsto yo en 1844- están destruyendo cada vez más el monopolio industrial de Inglaterra.” P. 26

Con problemática similar:

De aquí que en los Estados Unidos nos encontremos con la misma lucha por la reducción de la jornada de trabajo, por una limitación legal de la misma, sobre todo para las mujeres y los niños que trabajan en las fábricas;” p. 26

Y con una reacción similar:

“Sólo en dos sectores ‘protegidos’ de la clase obrera hallamos un mejoramiento permanente. El primer sector lo integran los obreros fabriles. La legislación que establece límites relativamente razonables para la jornada de trabajo les ha permitido restaurar hasta cierto punto sus fuerzas físicas y les ha proporcionado una superioridad moral, acrecentada por su concentración local. La situación de estos obreros es indudablemente mejor que antes de 1848. La mejor prueba de ello nos la ofrece el hecho de que de cada diez huelgas, nueve son provocadas por los mismos fabricantes, en su propio interés y como único medio de reducir la producción. Jamás lograréis persuadir a los fabricantes de que acepten la reducción de la jornada de trabajo, ni siquiera en el caso de que no encuentren ninguna salida para sus mercancías; pero si hacéis que los obreros se declaren en huelga, los capitalistas cerrarán sus fábricas como un solo hombre.” p. 33

NUESTRO TIEMPO. ENGELS, MARXISMO, TEOLOGÍA DE LIBERACIÓN, LIBERALISMO Y LA IGLESIA HOY

Si joven e idealista Engels hubiese vivido en España cien años más tarde de la primera edición de su obra, sería razonable preguntarse si sería uno de los más fervorosos miembros del Movimiento,

Tampoco sabemos si fue su ateismo el que le llevó a escribir la Situación, o llegó al mismo debido a la calamitosa situación del proletariado que contemplaba. Él mismo escribe más de cuarenta años más tarde:

“Mi libro no representa más que una de las fases de su desarrollo embrionario; y lo mismo que el embrión humano reproduce todavía, en las fases iniciales de su desarrollo los arcos branquiales de nuestros antepasados acuáticos, a lo largo de todo este libro pueden hallarse las huellas de la filosofía clásica alemana, uno de los antepasados del socialismo moderno. Así, sobre todo al final del libro, se recalca que el comunismo no es una mera doctrina del partido de la clase obrera, sino una teoría cuyo objetivo final es conseguir que toda la sociedad, incluyendo a los capitalistas, pueda liberarse del estrecho marco de las condiciones actuales. En abstracto, esta afirmación es acertada, pero en la práctica es totalmente inútil e incluso algo peor. Por cuanto las clases poseedoras, lejos de experimentar la más mínima necesidad de emancipación, se oponen además por todos los medios a que la clase obrera se libere ella misma, la revolución social tendrá que ser preparada y realizada por la clase obrera sola. El burgués francés de 1789 decía también que la emancipación de la burguesía era la emancipación de toda la humanidad; pero la nobleza y el clero no quisieron aceptar esta tesis, que degeneró rápidamente -a pesar de ser, por lo que respecta al feudalismo, una verdad histórica abstracta indiscutible- en una frase puramente sentimental y se volatilizó totalmente en el fuego de la lucha revolucionaria. Tampoco faltan ahora quienes desde el alto pedestal de su imparcialidad predican a los obreros un socialismo situado por encima de todos los antagonismos y luchas de clase. Pero, o bien estos señores son unos neófitos a los que falta mucho aún por aprender, o bien se trata de los peores enemigos de la clase obrera, de unos lobos disfrazados de corderos.”

Las primeras palabras en negrita parecen describir reflexión a la que ha llegado, mientras que las primeras describen más bien la situación y reflexión de la que parte, o al menos, en la que se apoyaba.

Al principio de este artículo dije que el hecho de que el socialismo no era la solución, no hace desaparecer el problema que lo ha generado. El problema sigue estando allí.

Pero es muuuuucho más amplio y complejo de lo que podía imaginarse Engels siquiera. Tampoco pudo encontrar la solución porque o no tuvo, o porque perdió la fe. Sin embargo, le reconozco al menos tener compasión suficiente de ocuparse de la miseria de la que tantos pasaban como si no existiera.

En esos términos se expresa la Sierva de Dios americana, Dorothy Day.

Benedictina laica, fundadora del Movimiento del Trabajador Católico. La petición del Cardenal Dolan dirigida a la Santa Sede con el fin de iniciar la causa de beatificación de Dorothy, no ha sentado nada bien a determinados sectores. El senador por Virgina se ha tomado la molestia de recordar a la Santa Sede que el comunismo es intrínsecamente malo y condenado por los pontífices:

Ahora resulta que les importa la Santa Sede. Vaya, vaya. Dorothy Day no era comunista. Su teología de compromiso era muy clara y enciclical. Se basaba en las encíclicas y doctrina social de los pontífices del siglo XIX y XX (las que fueron publicadas durante y antes de su época), a las que buscaba aplicación apoyada en ideas de distributismo de Chesterton, entre otras. La fe mueve montañas. Pero son necesarios sujetos de la fe, para llevarla en práctica desde distintas vertientes y situaciones en la que se encuentren los hombres de nuestro tiempo, para los que los cristianos siempre han de ser la montaña en lo alto. No hace falta que sean muchos. Tú mismo puedes iniciar proyectos insospechados. Ten fe. Comprométete. Con ideas nuevas, para la situación actual, siempre con la misma fe. El Señor lo hará todo, hasta el impulso inicial; limítate a no decir no.

Siempre con la misma fe”, allí resumo el error de la Teología de la Liberación (porque se desvió de la misma). O en buscar en su empeño una solución al margen de la fe. Recurrió a herramientas no propias. Pero algo hay que hacer. La miseria debe ser combatida también estructuralmente. Y para eso, “clama, no ceses”. No necesitas marxismo, tienes la fe. Esta te impele. Caritate Christi compulsi nos.

Pero no considero ahora mismo comunismo el mayor peligro, sino liberalismo. Por lo demás, los dos son escalones consecutivos de la misma escalera que lleva al mismo destino: al sótano de la historia. Muchos, como digo, cantarán rápidamente el fracaso del marxismo, o señalarán una especie de su infiltración, la teología de liberación. Pero son lentos, si es que lo hacen, en señalar y denunciar su presencia, o infiltración en la sociedad y en la Iglesia.

En la sociedad. Escuchemos a la encargada de los programas educativos en la época de Reagan. ¿Objetivo? Una sociedad de memos dominadas por unos pocos, y estos mismos obedeciendo a una elite muy reducida:

¿Quién está detrás? ¿Qué idea les mueve? En la última instancia, detrás está elenemigo del hombre desde el principio. Esto es algo que Engels no pudo o no quiso ver, debido a que renunció a la solución que le aporta la fe. El sistema de por sí no hace nada sin personas e ideas que lo muevan. Engels ve lo que hay por fuera correctamente:

“Tal es la base del sistema que va dividiendo más y más a la sociedad civilizada en dos partes: de un lado, un puñado de Rothschilds y Vanderbilts, propietarios de todos los medios de producción y consumo, y de otro, la enorme masa de obreros asalariados, cuya única propiedad es su fuerza de trabajo.”

Pero como no mira por dentro, o no admite el principio espiritual que mueve esta realidad, se queda en la superficie:

“Y que la causa de todo esto no reside en tal o cual deficiencia de tipo secundario, sino únicamente en el sistema mismo, lo ha demostrado hoy con toda evidencia el desarrollo del capitalismo en Inglaterra. Así, aparecía cada vez más en primer plano el hecho capital de que la causa de la miserable situación de la clase obrera no debía buscarse en ciertas deficiencias aisladas sino en el propio sistema capitalista. El obrero cede su fuerza de trabajo al capitalista a cambio de un jornal. Después de unas cuantas horas de trabajo, el obrero ha reproducido el valor del jornal. Pero, según el contrato de trabajo, el obrero aún debe trabajar unas cuantas horas más hasta completar su jornada. El valor creado por el obrero durante estas horas de plustrabajo constituye la plusvalía, que no cuesta ni un céntimo al capitalista, pero que éste se embolsa.

Veamos otro ejemplo. Ya dije que el papel de la inmigración en este sistema es derompehuelguistas de antaño. Debido a su situación vulnerable, aceptan trabajos que otros, con razón, no quieren. Es lógico que quieran más y un sueldo más digno. ¿Qué hay malo en eso? Jubilarse con veinte millones de euros siendo un ex directivo del banco que con su irresponsabilidad y mala gestión contribuyó a este desastre, es aceptable, pero cobrar un sueldo mínimo, de por sí insuficiente, eso sí, a someterlo a análisis, debates, y hacer que sea comprensible, ya que no hay otra salida. Va a ser que no, la hay.

Veamos que ocurre hoy en los suburbios británicos, en el país que se presenta como promesa para tantos jóvenes españoles, sin ir más lejos. Debido al ataque terrorista de hace pocos días, ahora se han lanzado a presentar la situación de los suburbios británicos, buscando en ellos siguiendo el paradigma marxista, la causa de terrorismo que padece Inglaterra también. Millones de espectadores británicos se han enterrado ahora mismo que al lado de su mundo vive este mundo, realmente increíble, pero… ¿qué paso en la época de la reina Victoria…? Algo paralelo teniendo en cuenta la distancia de los tiempos.

Así que los ingleses vieron, en un reality, faltaría más, que su país también es país de Dean y Claire:

Dean, un joven desempleado de 37 años que lleva un año viviendo de las ayudas sociales, y su mujer, Claire, madre de siete hijos de distintos padres, son los “héroes” de esta nueva teleserie, llamada ‘Skints’, producida por la cadena británica Channel 4 y rodada en el barrio obrero de Westcliff State,en el condado de Lincolnshire (Inglaterra).

El primer programa de esta teleserie batió récords de popularidad con una audiencia de más de cuatro millones de espectadores. Según las encuestas realizadas el día después de la emisión del capítulo, la gente confesó estar muy “sorprendida”. Muchos decían no creerse aún que muchos de sus conciudadanos vivan en barrios donde las drogas, la delincuencia, el vandalismo, la prostitución y el alcohol son la norma.

Westcliff es un barrio donde los hombres pasan todo el día bebiendo cerveza y fumando marihuana y las chicas de 21 años de edad ya tienen cinco hijos“, declaró uno de los realizadores del programa. “Este es un mundo de familias rotas y esperanzas rotas del que es muy difícil salir“, recogió asimismo uno de los comentarios de la prensa británica sobre el nuevo ‘reality’.

Según los directores del programa, más que un espectáculo depresivo, ‘Skints’ “trata de provocar al espectador y ofrece una oportunidad para que el país evalúe la magnitud de la pobreza que existe en él realmente”.

¿Recordáis la descripción del periodista de Times de 1843? Pues en esas estamos. Pero hay un añadido más. Cameron, sabes que no es así del todo. Sabes que habéis traído, aunque principalmente bajo el gobierno laborista de los últimos años, miles y miles de los que incluso te decían que hay que cortarte el cuello siendo ciudadanos británicos. Los habéis traído por dos motivos: rompehuelgas y para dar por borradas las raíces cristianas de Europa. Vuestra responsabilidad es enorme, aunque a nosotros nos toca en primer lugar pagar los platos rotos. No habéis apoyado la valentía de los que en sus países luchan contra los mismos. Por menos que en Turquía ahora queréis entrar en Siria y habéis entrado en Libia dejándolo un infierno, pero, ¿quién sabe vuestros planes?

Ciertamente, no hay que infravalorar el papel de un sistema. Un kalashnikov permite controlar a 30-40 detenidos fácilmente, mientras que una navaja tal vez a dos o tres, y que estén cerca. Un sistema, con mala voluntad, puede provocar mucho más daño que el otro. Un sistema es una herramienta, que alguien sustenta.

La legislación civil regula la relación entre ciudadanos, incluso entre personas. Si no existiera, se impondría el más fuerte. Eso lo demuestra (a modo de ciencias sociales) la experiencia misma. Nos movemos dentro de unos límites. Muchos no los necesitan, se mueven por el bien de los demás y por el sentido común, si la legislación (cuando es perversa) no se lo impide, pueden hacer mucho bien. Pero muchos, posiblemente en mayor número todavía, no hacen el mal solamente debido al miedo al castigo, o debido a que la ley se lo prohíbe. En la economía, fruto de la acción humana sujeta al juicio moral, debe ocurrir lo mismo.

Sin estas leyes, gobernará sin escrúpulos el más fuerte. Entonces, un sistema liberalservirá al poderoso para que pueda gobernar a su antojo. Entonces, el poderoso gobernará al mundo entero. Pero más que el poderoso, ese es el diablo. El que siempre odiaba y envidiaba al hombre el amor que Dios le tenía. Él (el diablo), era condenado a toda la eternidad debido a su malicia, el hombre debido a que pecó por haber sido seducido, recibe el castigo temporal, pudiendo en principio evitar el eterno. De allí la envidia y la venganza del demonio que quiere destruir la obra de Dios, pero sobre todo quisiera vengarse del mismo Dios arrebatándole al hombre. Pero Dios hizo lo que el demonio ni podía soñar: se hizo hombre, y hasta murió resucitó de los muertos para tener al hombre consigo. Algo inimaginable.

En la Iglesia. El hombre sin Dios, esta es la venganza. Y esta es la infiltración del demonio. Son estos los que están detrás en su nombre. Desde el siglo I: “Salieron de entre nosotros; pero no eran de los nuestros.” (1ª Jn 1, 19), y: “¿Quién es el mentiroso sino el que niega que Jesús es el Cristo? Ese es el Anticristo, el que niega al Padre y al Hijo.” (1ª Jn 1, 22), y: “Conozco tu conducta: tus fatigas y paciencia; y que no puedes soportar a los malvados y que pusiste a prueba a los que se llaman apóstoles sin serlo y descubriste su engaño.” Ap 2, 2; “Conozco las calumnias de los que se llaman judíos sin serlo y son en realidad una sinagoga de Satanás.” Ap 2, 9

Si están allí presentes en persona física, mucho más con las ideas liberales cuyos precursores y avanzadilla siempre eran:

[Atención a los perros; atención a los obreros malos; atención a los falsos circuncisos.Filipenses 3, 2 San Pablo se refería a los cristianos infiltrados.]

Esa es la infiltración, y esta por ejemplo sería la saturación a ver si nos cansamos por desesperación. Pero va a ser que no, el celo por tu casa me devora, y no les dejaremos estar aquí:

Hay primeros socialistas y últimos socialistas. Los últimos socialistas se parecen al último Engels. Así es su pensamiento en su última etapa, en la obra Origen de la familia, identificándose por completo con el pensamiento de Marx:

“Y añade Marx: La familia moderna contiene en germen, no sólo la esclavitud (servitus), sino también la servidumbre, y desde el comienzo mismo guarda relación con las cargas en la agricultura. Encierra, in miniature, todos los antagonismos que se desarrollan más adelante en la sociedad y en su Estado.”

Me suena a Pajín y a Aído, y a ciertas filantropías. No quiero terminar este apartado sin hacer una última reflexión de la influencia del pensamiento marxista y liberal al mismo tiempo, aunque se trate de dos filos de una misma espada de pensamiento materialista. Es muy fácil reconocer el pensamiento marxista en la teología de liberación, como hemos dicho, ¿pero nada más que eso tiene infiltración de doctrinas no claras? Consideremos otra vez la reflexión de Engels:

“Mi libro no representa más que una de las fases de su desarrollo embrionario; y lo mismo que el embrión humano reproduce todavía, en las fases iniciales de su desarrollo los arcos branquiales de nuestros antepasados acuáticos,…”

La teoría de evolución es marxista. Fue acogida con entusiasmo por los mismos Marx y Engels, que en ella vieron la confirmación de su teoría del materialismo dialéctico. Pero al mismo tiempo fue siempre muy valorada en los movimientos liberales, pero desde otra perspectiva. Digamos, la lucha por la supervivencia de las especies validaba el concepto de la competitividad y selección natural en la sociedad humana. Más nos merecemos los que mandamos, esa es la lógica. Somos los selectos y debemos dominar a los inferiores.

¿Cuántos en la Iglesia aceptan la evolución, aunque sea teísta, como se le llama? ¿Es eso tan limpio? No sería más fácil decirles, “oigan ustedes, como lo científico es lo que se confirma en el laboratorio (para mí metafísica y lógica son ciencias, aunque no necesitan laboratorio, pero vosotros como seguís al circulito de Viena os quedáis solamente con el laboratorio, pues, ya sabéis) ¿no podrían sacarnos un hombrecito de un par de chimpancés con vuestro corta y pega de los genes? ¿O la haya de una planta inferior? La verdad que nos vendría bien, sobre todo en estos últimos decenios que estamos perdiendo especies a marcha forzada y no hay quien lo pare. Hace cien años vivían todavía tigre como este

tigre desaparecido

pero ya no está. ¡Cuántas inspiraciones para devorar podría provocar!

¡Cuidado, pues, con algunas ideas! Mi pequeña manía, aunque este tema toque lateralmente, digamos, este asunto, me permite recordar lo oficial para ti y para mí:

Este único verdadero Dios… inmediatamente desde el comienzo del tiempo estableció cada criatura desde la nada, espiritual y corporal, nominalmente, angélica y mundana; y después la creación humana, común como fue compuesta de espíritu y cuerpo.”(CVI, Denz 1783, idem IV Lateranense, 1215, Denz. 428)

No obstante, hay también primeros socialistas. Llamaría así a las personas que, incluso creo por alguna razón noble, al menos así la ven, se montan en la utopía socialista. Con el tiempo se dan cuenta del fallo del intento, pero algo positivo creo que buscaban. Y creo que es eso lo que les predispone en cierta manera a la búsqueda sin fin. Colocaría aquí a varios famosos conversos procedentes de las filas izquierdistas: André Frossard, Albert Camus, Emile Zola, Vittorio Messori en nuestro tiempo, por poner algunos. Voy a poner en tus manos a algunos de la sinagoga de Satanás, esos que se dicen judíos, pero mienten porque no lo son; voy a hacer que se postren a tus pies, para que sepan que te hecho objeto de mi amor (Ap. 3, 9). Más quisiera que todos pudieran caer del burro como Zola. Cito de su carta de conversión:

“Yo, abajo firmante, miembro de la Gran logia y al mismo tiempo sumo sacerdote y el maestro mayor, fundador de la orden de los masones libres y sus logias en Egipto, declaro con esta carta que he sido miembro de la secta de los masones libres durante 30 años y 20 años como maestro de esa orden y de tal forma tuve bastante tiempo para conocer en profundidad sus principios y sus planes:

Masones libres se consideran a sí mismos una orden liberal y filosófica que aprecia la verdad y progreso moral y el que promueve ciencia, arte y beneficencia.

Falsamente presenta la tolerancia hacia las demás religiones y que en las reuniones no debate sobre la política y religión.

Además, la orden engaña a la opinión pública que la masonería no es una secta religiosa sino el templo de la justicia y de la beneficencia hacia el prójimo.

Afirmo todo lo contrario, que la masonería libre no es aquello para lo que se presenta. Todo lo propuesto como bueno en sus leyes y rituales es falsedad. Todo es pura y arrogante falsedad. Toda aquella vulgar pantomima sobre las virtudes como justicia, beneficencia, misericordia y amor son mentira tanto en logias como en corazones de los masones libres; incluso les son totalmente extrañas – honro las excepciones – y no las practican. La verdad no tiene cabida en la masonería libre; ella es totalmente extraña a los hermanos en las logias. En el orden de los masones libres reina la mentira que no se detiene ante nada. Bajo la apariencia de la verdad reina allí la mentira y la maldad que han esclavizado totalmente a un pueblo superficial y manipulable.

Defiendo que la masonería libre es una secta religiosa cuya finalidad es destruir todas las religiones existentes y colocar a sí misma en su lugar para convencer el mundo en la idolatría.

Hoy me arrepiento con total sinceridad porque he vivido durante 30 años en la mentira pero reconozco en que se basa el sistema de toda la masonería libre y que difundiendo esta doctrina engañaba a la gente que me seguía en masa.

Después de ser iluminado por Dios soy conciente de todo el mal que hice. Por eso renuncio a la masonería libre, reconociendo ante la Iglesia mi arrepentimiento por mis desvaríos. Pido el perdón a Dios por todo el mal que hice durante mi pertenencia a la orden de los masones libres y pido perdón a Su Santidad Papa León XIII y a todos aquellos que de alguna manera engañé.”

Ojalá hagan así todos. No podrían hacer tanto si estuviéramos más espabilados:

¡Caudillos!… Viriliza tu voluntad para que Dios te haga caudillo. ¿No ves cómo proceden las malditas sociedades secretas? Nunca han ganado a las masas.
—En sus antros forman unos cuantos hombres-demonios que se agitan y revuelven a las muchedumbres, alocándolas, para hacerlas ir tras ellos, al precipicio de todos los desórdenes… y al infierno.
—Ellos llevan una simiente maldecida.
Si tú quieres…, llevarás la Palabra de Dios, bendita mil y mil veces, que no puede faltar. Si eres generoso…, si correspondes, con tu santificación personal, obtendrás la de los demás: el reinado de Cristo: que «omnes cum Petro ad Jesum per Mariam».

(San Josemaría Escrivá, Camino, Táctica • Punto 833)

En resumen: los cristianos disponen, designados a estar en lo alto de un monte, de energías propias para combatir las obras del maligno en este mundo. Deben usarlas con radicalidad y desparpajo, sabiendo que no son necesarios ni muchos ni fuertes mundanamente hablando para lanzarse a esa tarea, sino Davides que se lanzan a la batalla. La iniciativa y compromiso de uno solo arrastra. Las fecundas iniciativas en ese campo iniciadas por obras como las de Chesterton, Dorothy, Mondragón, Peregrinos de San Miguel han dado ciento por uno. Tus manos, libres de este mundo pero para este mundo, pueden hacer lo que no podías ni soñar.

Por último, tomaré la literalidad de la orientación de Marx de su Manifiesto del Partido Comunista, pero traducida de esta forma: donde pone comunista lee cristiano, lahumanidad como reino de Dios, etc., “pues los hijos de este mundo son más astutos con los de su generación que los hijos de la luz.” (Lk 16, 8)

Pero la comunidad del objetivo supremo termina por superar esas dificultades; dentro de poco los batallones esparcidos y tumultuosos se formarán en una larga línea de batalla, presentando al enemigo un frente bien ordenado, silencioso bajo el fragor de sus armas, defendidos por osados tiradores y apoyados en reservas inagotables.

Esta línea de acción fue expuesta por primera vez en 1847 en el Manifiesto del partido comunista en los términos siguientes:

Los comunistas -este es el nombre que entonces habíamos adoptado y que todavía hoy día estamos muy lejos de repudiar- los comunistas no forman un partido distinto, opuesto a los demás partidos obreros. Ellos no tienen intereses separados y distintos de los intereses del conjunto del proletariado. Ellos no proclaman principios especiales, a las cuales tendría que amoldarse el movimiento proletario. Los comunistas sólo se distinguen de los demás partidos obreros en dos puntos: 1º en las luchas nacionales de los proletarios de diferentes países, proclaman y ponen en primer plano los intereses comunes de todo el proletariado, independientemente de toda nacionalidad; 2º en las diferentes fases de desarrollo por las cuales tiene que pasar la lucha de la clase obrera contra la clase capitalista, siempre y por todas partes representan los intereses del movimiento en su conjunto.

Los comunistas luchan por alcanzar los objetivos inmediatos, por la vindicación de los intereses presentes de la clase obrera; pero, dentro del movimiento actual, representa y defienden el porvenir del movimiento. Esa es la línea de acción seguida durante más de cuarenta años por el gran fundador del socialismo moderno, Carlos Marx, y por mí mismo, así como por los socialistas de todas las naciones que trabajan de común acuerdo con nosotros. Con el resultado de que nos ha conducido a la victoria en todas partes; gracias a ella es que actualmente la masa de los socialistas europeos en Alemania y en Francia, en Bélgica, Holanda y Suiza, en Dinamarca y en Suecia, en España y

Portugal, en lucha como un solo y común ejército bajo una sola y misma bandera.

Londres, 26 de enero de 1887.”

El manifiesto comunista. La cita es extraída de los capítulos II y IV.

Ya que nosotros, igual que los socialistas de Engels queremos eso: “Lo que demandan los socialistas implica una revolución total de todo el sistema de producción social”, leído, claro está, igual que antes.

Sabiendo que el éxito tendrá lugar, “porque yo os daré una elocuencia y una sabiduría a la que no podrán resistir ni contradecir todos vuestros adversarios.”(Lc 21, 15)

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