El brazo izquierdo en la Sábana Santa 4 cm más corto que el derecho; motivos

 

“Toda la tierra se cubrío de tinieblas desde la hora sexta hasta la hora nona.” (Mt 27, 45)

Otro día una persona allegada me comentaba algunas ideas que había oído en la presentación de un libro de un buen sacerdote sobre la reconstrucción de la Pasión de Nuestro Señor realizada en base al estudio de la Sábana Santa. Por lo general, muchas conclusiones del autor me parecían correctas y creíbles, pero difería claramente respecto a algunos puntos. Como por ejemplo, que el Señor estaría poco tiempo crucificado, posiblemente una hora, porque es imposible que un hombre aguante en esa posición por más tiempo.

 

Entonces me pregunté, por empezar, que si dudamos, o interpretamos no ya el libro de los Macabeos, sino los Evangelios mismos según nuestro entender, ahora, a dos mil años de distancia de lo que vieron los testigos oculares y lo pusieron por escrito, ¿dónde vamos a parar? ¿Qué más me queda por dudar o interpretar a mi manera? Porque resulta que en el Calvario estaba el apóstol y evangelista San Juan, con la Madre del Señor y con devotas mujeres a pocos metros de toda la escena, resulta que al menos en el Domingo de la Resurrección cuando ya volvió Mateo de su huída había oído, ansioso, de la boca de Juan sobre los últimos momentos de la vida su Dios, a quien falló por cobardía a pesar de haberlo llamado, siendo pecador que daba asco a los fariseos y tantos otros, el Hijo de Dios cuando nadie daba dos duros por él, y la narración se la habrá quedado como grabada a fuego para el resto de su vida; resulta que Lucas había sido instruido por la misma Virgen sobre todo el Evangelio, especialmente sobre estos momentos tan singulares, casi seguro en el periodo en el cual el evangelista atendía en sus necesidades a Pablo preso en Cesárea por dos años; resulta que después de que Marcos, aquel muchacho que presencia la escena de prendimiento del Señor en el huerto de Getsemaní, habiendo oído la predicación del Evangelio del mismo Pedro, y habiendo visto él mismo al Señor predicando y haciendo milagros; resulta que habiendo puesto todo eso por escrito con todos aquellos testigos que se encontraban hasta debajo de las piedras en los primeros años de la predicación de los Apóstoles, algunos tal vez conversos en Pentecostés entre aquellos que huyeron del Calvario después de ver lo que hicieron y dándose golpes de pecho; resulta que con todos esos Evangelios predicados primero y luego escritos de manera tan realista, dejando esos mismos autores mal a ellos mismos, lo que no hace nadie y con eso confirmando la realidad de la autoría divina de los Evangelios; resulta que cuando toda esa gente a pocos metros de la Cruz viendo el sol estando en el zénit oscureciéndose y permaneciendo las tinieblas hasta la mitad del arco solar restante, que lo vieron ellos con sus ojos no pidiendo permiso por lo visto a nosotros, pues resulta que todo eso no es suficiente.

Es lo que yo, con mi ciencia pueda deducir. “Una hora”, y se queda uno tan a gusto. Entonces, querido autor y muy estimado sacerdote, no miento le aseguro, ¿pero que nos queda entonces por no retocar, por no interpretar de otro modo, nos queda algo…?

Por eso le contaré una anécdota muy real y muy instructiva. Resulta que hubo un profesor, pintor y escultor italiano que a mediados del siglo veinte durante largos 35 años minuciosamente investigaba la Sábana Santa de Turín. Habrá sido de esos pintores y escultores que estaban acostumbrados a las representaciones del cuerpo humano, buenos conocedores de sus proporciones y dimensiones, no como los pintores modernistas de cuadros de colores, que cuando una vez presencié una charla sobre la pintura contemporánea por poco y literalmente me caigo de la silla de la risa que me dio al contemplar aquellos cuadros grotescos sin fuste. Pues Ferri seguro que no era de esos, tenía ojo para las proporciones y averiguó con rigurosas mediciones, que el brazo izquierdo en la Sábana era cuatro cm más corto que el derecho:

El Profesor Lorenzo Ferri al preguntársele sobre el lugar preciso en que fueron traspasados las manos de Jesús, dijo: “En la Sábana se ve claramente que el clavo de la mano izquierda no dio en la muñeca, como siempre han creído los especialistas (tal vez contra el Ev. Cfr. Jn 20, 24-29; “Si no veo en las manos la marca de los clavos… Trae aquí tu dedo y mira mis manos…”), sino en la palma.  Por lo que toca a la mano derecha, no hay duda que fue traspasada en la muñeca, como era costumbre. No se ve porque está cubierta con al otra mano. María Valtorta dice el por qué.

El Profesor Ferri, pintor y escultor, que desde hace 35 años ha venido estudiando con todo interés y desde el punto de vista científico la Sábana de Turín (según fotografías perfectas de tamaño natural), para tener los mejores datos sobre Jesús, y que hace 15 años lee atenta y animadamente la Obra de María Valtorta, ha escrito lo siguiente: “Roma, 15 de septiembre de 1965. El que suscribe Lorenzo Ferri, escultor, pintor y profesor, atestiguo con toca conciencia lo que sigue: En 1949, durante el concurso para las Puertas de San Pedro de Roma, conocí  por medio de un sacerdote a la señorita María Valtorta, que vivía en la calle de Antonio Fratti n. 11 en la ciudad de Viareggio. Como fui un investigador apasionado de la Sábana Santa de Turín, por 30 años he estudiado minuciosamente la Sábana procurando reconstruir la verdadera fisionomía de Nuestro Señor Jesucristo, pero no me había sido posible. Sin embargo, por medio de la descripción que hace la srita. María Valtorta, no sólo he  logrado comprender mejor el Rostro, sino que he obtenido la confirmación de mis estudios científicos sobre la Sábanas, que realizaba de forma  independientemente. Un año más tarde, siguiendo mi estudio de la restauración del Cuerpo de Nuestro Señor Jesucristo, encontré que el brazo  izquierdo era 4 cm más corto que el brazo derecho. Ante este caso inaudito, y después de haber consultado a varios médicos de fama, llegamos a la conclusión que el Nuestro Señor sufrió una luxación intencional o causal. Cuando le pregunté a María Valtorta, sonrió y me leyó un trozo de su obra donde están descritos hasta los mínimos pormenores, escrito a 4 años de mis estudios. De este modo obtuve la confirmación de que lo que vio María Valtorta era verdad. Debo agregar que la amistad con María Valtorta y la lectura continua de su Obra me ha hecho conocer mejor a Jesús, a vivirlo más interiormente. Mi arte, mis obras dan testimonio de este benéfico influjo. Lorenzo Ferri.”

 

Lo que ve María Valtorta es lo siguiente:

Es ahora el turno de Jesús. Él se extiende mansamente sobre el madero. Los dos ladrones se rebelaban tanto, que, no siendo suficientes los cuatro verdugos, habían tenido que intervenir soldados para sujetarlos, para que no apartaran con patadas a los verdugos que los ataban por las muñecas. Pero para Jesús no hay necesidad de ayuda. Se extiende y pone la cabeza donde le dicen que la ponga. Abre los brazos como le dicen que los abra. Estira las piernas como ordenan que lo haga. Sólo se ha preocupado de colocarse bien su velo. Ahora su largo cuerpo, esbelto y blanco, resalta sobre el madero oscuro y el suelo amarillo.

 Dos verdugos se sientan encima de su pecho para sujetarlo. Y pienso en qué opresión y dolor debió sentir bajo ese peso. Un tercer verdugo le toma el brazo derecho y lo sujeta: con una mano en la primera parte del antebrazo; con la otra, en el extremo de los dedos. El cuarto, que tiene ya en su mano el largo clavo de punta afilada y cuerpo cuadrangular que termina en una superficie redonda y plana de1 diámetro de diez céntimos de los tiempos pasados, mira si el agujero ya practicado en la madera coincide con la juntura del radio y el cúbito en la muñeca. Coincide. El verdugo pone la punta del clavo en la muñeca, alza el martillo y da el primer golpe.

 

 Jesús, que tenía los ojos cerrados, al sentir el agudo dolor grita y se contrae, y abre al máximo los ojos, que nadan entre lágrimas. Debe sentir un dolor atroz… el clavo penetra rompiendo músculos, venas, nervios, penetra quebrantando huesos…

 

 María responde, con un gemido que casi lo es de cordero degollado, al grito de su Criatura torturada; y se pliega, como quebrantada Ella, sujetándose la cabeza entre las manos. Jesús, para no torturarla, ya no grita. Pero siguen los golpes, metódicos, ásperos, de hierro contra hierro… y uno piensa que, debajo, es un miembro vivo el que los recibe.

 La mano derecha ya está clavada. Se pasa a la izquierda. El agujero no coincide con el carpo. Entonces agarran una cuerda, atan la muñeca izquierda y tiran hasta dislocar la juntura, hasta arrancar tendones y músculos, además de lacerar la piel ya serrada por las cuerdas de la captura. También la otra mano debe sufrir porque está estirada por reflejo y en torno a su clavo se va agrandando el agujero. Ahora a duras penas se llega al principio del metacarpo, junto a la muñeca. Se resignan y clavan donde pueden, o sea, entre el pulgar y los otros dedos, justo en el centro del metacarpo. Aquí el clavo entra más fácilmente, pero con mayor espasmo porque debe cortar nervios importantes (tanto que los dedos se quedan inertes, mientras los de la derecha experimentan contracciones y temblores que ponen de manifiesto su vitalidad). Pero Jesús ya no grita, sólo emite un ronco quejido tras sus labios fuertemente cerrados, y lágrimas de dolor caen al suelo después de haber caído en la madera.

 

¿Qué quiero decir con esto?

No podemos alegremente apartarnos de lo que nos narra la Escritura, especialmente en los textos tan cruciales como son los Evangelios y el NT en general; si hasta en eso rebuscamos y dejamos entender otra cosa, apaga y vamonos. Y del AT ni te cuento, llegaremos a poco más que a los cuentos de Aladino y mil y una noche. Y no por “política” o por “conveniencia”, sino porque es así. Y porque ni es serio después de dos mil años, en este siglo desgraciado, dar lecciones a nadie. Por lo que dije al principio, ¡como si los evangelistas eran unos novelistas que no podían ser contrastados por cientos de testigos! ¡Y ahora que venga alguien y me da lecciones! Paso.

Penetremos estos días en el Misterio de la Pasión de Nuestro Señor.

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