Irak antes de las décadas de guerras y liberaciones. La “exportación” con la que identificarse

Irak en los años setenta:

Bagdad era una ciudad en vías de modernización con anchas calles y verdes plazoletas:

Las piscinas públicas proliferaban por toda ciudad:

No solo se animaba a las chicas a ir a la escuela, sino que también ellas podían practicar deportes, como el voleibol:

Irak tenía una clase media creciente que fusionaba la influencia occidental con las costumbres locales:

El país tenía una Policía Nacional propia:

La ciudad de Basora, en el sur de Irak, era llamada ‘la Venecia de Oriente’:

Basora era un centro de comercio mundial desde el que se exportaban mercancías a toda la región del golfo Pérsico.

La región entre los ríos Tigris y Éufrates, en el sur de Irak, era el hogar de la antigua cultura de los árabes de las marismas.

Saddam Hussein ordenó secar muchas marismas tras los disturbios que tuvieron lugar en la región en 1991.

Los kurdos del norte del país conservaban su cultura única…

…igual que los nómadas del oeste del país:

Las imágenes tomadas del vídeo:

En aquellos años Irak era el destino preferido de los trabajadores cualificados (operarios con oficio, ingenieros) de Yugoslavia que se dirigían a esa especie de El Dorado oriental para ganar bastante dinero en tan solamente un par de años de trabajo, o incluso periodos de seis meses: construcción de carreteras, puentes, fábricas, oleoductos, etc., debido al trato preferencial que se daban países no alineados en alguno de los dos grandes bloques existentes. De allí también que las universidades yugoslavas se llenaron de alumnos de emergentes países africanos o asiáticos de todo tipo: te cruzabas con los alumnos de Damasco, Bagdad, Kuala Lumpur, con total naturalidad. De aquella época procede aquel chiste: “un inglés, un francés y un bosnio quedan capturados por una tribu caníbal de África. Antes de mandarlo a la olla con agua hirviendo para cocinarlos a los tres, el jefe de la tribu pregunta a cada uno de dónde es. “Yo de Londres”, dice el inglés. ¡A la olla!, responde el jefe vestido de traje de gala de píel d leopardo y un hueso, al estilo de roqueros actuales, atravesando la pared nasal. “Yo de París”, dice el francés. “¡A la olla!, sigue implacable el jefe, ordenando a sus lugartenientes a proceder. “Yo de Sarajevo”, dijo el bosnio. “¡Para!”, ordenó el jefe, “allí está estudiando mi hijo, y eso hay que respetarlo”.

La revolución islámica de Jomeini justificó el apoyo del occidente a la invasión iraquí de Irán (la guerra llamada ““Batalla de al-Qādisiyyah” de Sadam”, o la Santa Defensa o la Guerra Impuesta como se la llamó en Irán), lo cual, sin embargo, no impidió que se vendieran armas a los dos bandos enfrentados. Por ejemplo, en 1986 estalló el escándalo “Irangate” o “Irán-Contra”, cuando se descubrió que el gobierno del Presidente de Estados Unidos Ronald Reagan vendía misiles BGM-71 TOW a Irán, saltándose el bloqueo que su propia administración había decretado contra este país, y con el dinero de esta venta financiaba a las Contras de Nicaragua que combatían al gobierno del Frente Sandinista de Liberación Nacional (FSLN). El teniente coronel Oliver North fue hecho responsable y no se investigó a nadie por encima de él.

A su vez, el uso de armas químicas contra, en primer lugar tropas iraníes, y posteriormente rebeldes kurdos, proporcionadas estas en primer lugar por los EE. UU. (en 2002 el diario británico The Independent divulgó una lista de 22 compañías norteamericanas que dieron apoyo a la fabricación de armas químicas por régimen de Sadam), fue tolerado por el Consejo de Seguridad de la ONU.

Por otra parte, lo que hizo el régimen de Irán, queda para ellos y para la historia. Miles de adolescentes, adoctrinados y fanatizados por sus ulemas, fueron lanzados sin arma alguna usando la táctica de desbordamiento (al inicio del conflicto, Irán tenia 54 millones de habitantes, Irak 18 pero estaba mejor armado) con el fin de “limpiar” los campos de minas (haciéndose explotar al pisar alguna) y así preparar el camino a sus tropas. A los chicos se les daban llaves de Paraíso, pero hechas en Taiwán. Mientras, el sector laico de Irán fue duramente reprimido por los revolucionarios islámicos.

En fin, se calcula que unos 50.000 iraníes murieron por el uso de armas químicas iraquíes; en total el conflicto se llevó aproximadamente un millón y medio de víctimas, 60 % de las cuales serían iraníes. Se firmó la “paz” en 1988, sin avances territoriales para ningún país, con enormes repercusiones económicas para cada uno.

Eso mismo “motivó” a Sadam a reclamar el uso de ciertos pozos petrolíferos a Kuwait, considerándolos indebidamente explotados por sus vecinos. Las dos guerras de Golfo posteriores nos son mucho más conocidas, al ser prácticamente las guerras más televisivas de la historia. Después de la primera guerra de Golfo, la exhausta población civil de Irak fue sometida a un duro embargo económico, el cual provocó entre otras cosas un significativo aumento de la mortalidad infantil. Tal política apenas fue cuestionada en un occidente feliz cuyas grandes mayorías acostumbraban dejarse acurrucar en un estado de bienestar fácilmente despreocupado del exterior de sus fronteras.

Mientras nosotros hablábamos sobre los índices bursátiles y las perspectivas del ladrillo o de la necesidad de la globalización (aquí no incluyo, naturalmente, a los marginados y descartados del sistema), nuestras bombas se propusieron a “liberar” a Irak; a traerle democracia. La verdad es que desde que Napoleón se propuso a traer la democracia a sangre y fuego, si no se aceptaba de otra forma, desde España hasta Rusia, no han parado. ¡Cuánto le debe la humanidad por su favor!

En Faluya, Irak, se libró una de las mayores batallas del último medio siglo, en concreto, es la batalla más terrible desde la batalla de Tet, Vietnam, en 1968, tristemente famosa por el uso de las armas químicas como el agente naranja, que contenía dioxina y que desencadenó un brusco aumento de malformaciones congénitas espeluznantes entre la población local y también se halla en el origen de muchas enfermedades sufridas por los soldados estadounidenses. En Hiroshima las malformaciones congénitas llegaron a entre 13 y 14 % de los nacimientos; pero después de la batalla de Faluya en 2004, las malformaciones nunca vistas llegaron al dramático record de 15 %.

“Registramos todo tipos de defectos, desde enfermedades de corazón congénitas hasta defectos muy severos. Todo en cantidades inimaginables”, comenta la pediatra Samira Alani del Hostpital General de Faluya al canal Al Jazeera. Según una investigación reciente en la que participó la doctora Alani, un 15% de los niños en Faluya nacen con varios tipos de malformaciones.

“Fisura palatina, cabezas enormes, extremidades malformadas, ojos, orejas y narices deformes. La doctora ha consignado casos tan estremecedores como el de un niño con un solo un ojo en el centro de su cara, niños sin órganos o con órganos internos fuera del cuerpo, o el de una criatura con forma de rana en la que todos los órganos abdominales están intentando salir del cuerpo. No hay términos médicos para describir algunas de estas condiciones porque no las hemos visto nunca”, dice Alani, que registra todos los casos que encuentra. “Describo los defectos físicos, pero no puedo dar términos médicos.” En casi todos los casos tales trastornos congénitos nunca fueron registrados en la historia familiar, según Alani. “Lo alarmante es el aumento de la frecuencia”, dijo la doctora en una entrevista a The Independent.

Ahora el infierno gobierna en Irak. El reino de odio, caos y destrucción ha sido suliberación. Y los cristianos a punto de ser erradicados de una región que habitaban desde los primeros siglos de cristianismo. No hay otra razón de ser para el ejército EIIL o cualquier otro que se va a poner en su lugar. Sus planes de conquista para los próximos años están reflejados en el mapa de su web:

Otra vez, como coinciden mis amigos de Bosnia-Herzegovina, viviré con ellos en el mismo estado. Siempre que nos dejen vivos, según el modus operandi de las ejecuciones masivas con el que recorren su camino hacia el triunfo:

¿Qué es lo que falta por hacer? ¿Machacarlos con bombas atómicas porque no hay otra salida? En Hiroshima y Nagasaki ya lo demostrado. ¿Quién quiere todo esto? Porque la sucesión de las guerras una tras otra parecen una gran afición y una gran necesidad. Al margen de ser una consecuencia del pecado original con lo que siempre hay que contar, son un instrumento diabólico del dominio y crecimiento económico y transferencia de la deuda; son una necesidad de las estructuras de pecado que dominan el sistema actual.

Un sistema perverso al que hay que oponerse con todas las fuerzas. ¿Recordáis cuántos cristianos miraban al otro lado con lo de la segunda guerra de Golfo? Los telediarios decían que hay que llevar la democracia a Irak. Y en esas estamos, esperando la maldita democracia que nos llenó de maldición y a ellos y a nosotros. ¿A qué tengo que yo poner democracia en Irán o Irak? ¿En nombre de qué? ¿A qué tengo que yo poner o quitar a Sadam o Jomeini, o ahora a Assad? Que se arreglen ellos y en todo caso si proceden a matanzas hay que intentar impedirlas, apaciguar la situación. Y lo que se hizo fue, “¡Adiós Pahlavi, venga Sadam, a por Jomeini, venga ahora talibanes contra los rusos,…!” y todo así sin parar.

Pero esta gente, víctimas también de los que nos gobiernan y asienten cuando no animan todo aquello, no son demonios, como aquellos jóvenes iraníes castigados po cantar:

no están locos de odio hasta que no se trastornen de tanta violencia que beben día tras día. ¿A qué viene esa democracia a punta de pistola? Tarek Azis era cristiano y un general de Sadam. Puede serlo como cristiano, mientras no ordene matanzas criminales. ¿Por qué no? ¿Dónde está escrito que la democracia es una obligación del cristiano?

Las modalidades concretas por las que la comunidad política organiza su estructura fundamental y el equilibrio de los poderes públicos pueden ser diferentes, según el genio de cada pueblo y la marcha de su historia” (Gaudium et Spes, 74f).

La Iglesia católica, no estando bajo ningún respecto ligada a una forma de gobierno más que a otra, con tal que queden a salvo los derechos de Dios y de la conciencia cristiana, no encuentra dificultad en avenirse con las diversas instituciones políticas, sean monárquicas o republicanas, aristocráticas o democráticas” (1933, Pío XI, Dilectissima Nobis 6).

Los cristianos no deben seguirles en sus planes maquiavélicos o democráticos, o como se llamen en su senda destructora. Deben serles una oposición feroz, denunciando las obras de las tinieblas, velando por todas las personas, especialmente por los hermanos en la fe (Por lo tanto, mientras estamos a tiempo hagamos el bien a todos, pero especialmente a nuestros hermanos en la fe. Gal. VI, 10).

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