Una omisión paradigmática de Laudato si

san francisco copia

[La copia más antigua del Cántico de las Criaturas de San Francisco. Siglo XIII, custodiado en la Biblioteca del Sacro Convento di San Francesco, Assisi]

El punto 87 de Laudato si hace referencia, como no podría, ni debería ser de otra forma, al Cántico de las criaturas de San Francisco:

“87. Cuando tomamos conciencia del reflejo de Dios que hay en todo lo que existe, el corazón experimenta el deseo de adorar al Señor por todas sus criaturas y junto con ellas, como se expresa en el precioso himno de san Francisco de Asís:

«Alabado seas, mi Señor,
con todas tus criaturas,
especialmente el hermano sol,
por quien nos das el día y nos iluminas.
Y es bello y radiante con gran esplendor,
de ti, Altísimo, lleva significación.
Alabado seas, mi Señor,
por la hermana luna y las estrellas,
en el cielo las formaste claras y preciosas, y bellas.
Alabado seas, mi Señor, por el hermano viento
y por el aire, y la nube y el cielo sereno,
y todo tiempo,
por todos ellos a tus criaturas das sustento.
Alabado seas, mi Señor, por la hermana agua,
la cual es muy humilde, y preciosa y casta.
Alabado seas, mi Señor, por el hermano fuego,
por el cual iluminas la noche,
y es bello, y alegre y vigoroso, y fuerte»”

Cántico de las criaturas

Pero, ¿el himno es completo? Veámoslo:

san francisco giotto

[Francisco de Asís dando un sermón a las aves. Fresco de Giotto en la basílica dedicada al santo, en Asís.]

Altísimo y omnipotente buen Señor,
tuyas son las alabanzas, la gloria y el honor y toda bendición.

A ti solo, Altísimo, te convienen
y ningún hombre es digno de nombrarte.

Alabado seas, mi Señor, en todas tus criaturas,
especialmente en el Señor hermano sol,
por quien nos das el día y nos iluminas.

Y es bello y radiante con gran esplendor,
de ti, Altísimo, lleva significación.

Alabado seas, mi Señor, por la hermana luna y las estrellas,
en el cielo las formaste claras y preciosas y bellas.

Alabado seas, mi Señor, por el hermano viento
y por el aire y la nube y el cielo sereno y todo tiempo,
por todos ellos a tus criaturas das sustento.

Alabado seas, mi Señor por la hermana Agua,
la cual es muy humilde, preciosa y casta.

Alabado seas, mi Señor, por el hermano fuego, por el cual iluminas la noche,
y es bello y alegre y vigoroso y fuerte.

Alabado seas, mi Señor, por la hermana nuestra madre tierra,
la cual nos sostiene y gobierna
y produce diversos frutos con coloridas flores y hierbas.

Alabado seas, mi Señor, por aquellos que perdonan por tu amor,
y sufren enfermedad y tribulación;
bienaventurados los que las sufran en paz,
porque de ti, Altísimo, coronados serán.

Alabado seas, mi Señor, por nuestra hermana muerte corporal,
de la cual ningún hombre viviente puede escapar.

Ay de aquellos que mueran en pecado mortal.
Bienaventurados a los que encontrará
en tu santísima voluntad
porque la muerte segunda no les hará mal.

Alaben y bendigan a mi Señor
y denle gracias y sírvanle con gran humildad…

san francisco hermana muerte

[San Francisco en meditación, obra de Francisco de Zurbarán (1639). La calavera, que Zurbarán incluyó en varias representaciones que hizo del santo, simboliza «nuestra hermana muerte corporal» (sora nostra Morte corporale), tal como Francisco la llamó en su Cántico de las criaturas.]

Evidentemente, el himno de San Francisco contiene versos, los acabo de señalar, no mencionadas en Laudato si. Pero llaman especial atención los versos en rojo: los referentes al pecado mortal. ¿Omitidos otros por descuido o por centrarse en el tema de ecología? En la misma introducción, en el número 1, encontramos la referencia a la madre tierra (para más colmo en la edición inglesa va en mayúsculas):

“1. «Laudato si’, mi’ Signore» – «Alabado seas, mi Señor», cantaba san Francisco de Asís. En ese hermoso cántico nos recordaba que nuestra casa común es también como una hermana, con la cual compartimos la existencia, y como una madre bella que nos acoge entre sus brazos: «Alabado seas, mi Señor, por la hermana nuestra madre tierra, la cual nos sustenta, y gobierna y produce diversos frutos con coloridas flores y hierba»”

Con lo cual, la omisión de la referencia al pecado mortal queda más patente.

¿Es esto una prueba de algo? No es ninguna prueba, es una muestra más de una evidencia, evidencia de que hablar, mencionar, hacer referencia a las últimas cosas de todo hombre (cristiano, acuérdate con frecuencia de tus últimas cosas: muerte, juicio, el infierno, el purgatorio o la gloria; y nunca pecarás), ha dejado de ser “popular” en la Iglesia.

Realmente, se trata de un error trágico. Por desgracia, no es solamente presente en Francisco, tan reacio de mostrar signos de la Redención de los hombres, al Crucificado:

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[¿Injertados en el tronco del “Pueblo” cuya alianza sigue siendo válida (Cf. EG 247)? ¿O más bien: Y también ellos, si no permanecen en su incredulidad, serán injertados, pues poderoso es Dios para injertarlos de nuevo. (Rm 11, 23)]

Como si tal vez pudiera existir, ¡no lo piense nadie!, otro nombre en el que podríamos ser salvos. Ese nombre no existe, y la misión del Vicario de Cristo es recordarlo en todo tiempo, en toda época y a cada generación, tal y como lo empezó hacer el mismo San Pedro desde los primeros días de su predicación. Todo sucesor suyo debe hacer lo mismo.

Por desgracia, esta nueva costumbre no es exclusiva de Francisco. Nada menos que en Deus Caritas es (25 de diciembre de 2005), Benedicto XVI empieza:

“1. « Dios es amor, y quien permanece en el amor permanece en Dios y Dios en él » (1 Jn 4, 16). Estas palabras de la Primera carta de Juan expresan con claridad meridiana el corazón de la fe cristiana: la imagen cristiana de Dios y también la consiguiente imagen del hombre y de su camino. Además, en este mismo versículo, Juan nos ofrece, por así decir, una formulación sintética de la existencia cristiana: « Nosotros hemos conocido el amor que Dios nos tiene y hemos creído en él ».

Hemos creído en el amor de Dios: así puede expresar el cristiano la opción fundamental de su vida. No se comienza a ser cristiano por una decisión ética o una gran idea, sino por el encuentro con un acontecimiento, con una Persona, que da un nuevo horizonte a la vida y, con ello, una orientación decisiva. En su Evangelio, Juan había expresado este acontecimiento con las siguientes palabras: « Tanto amó Dios al mundo, que entregó a su Hijo único, para que todos los que creen en él tengan vida eterna » (cf. 3, 16). “

¿Qué notamos en la cita de Juan 3, 16? Pues que no es completa. El verso completo, señalando la parte que falta (tres breves palabras de extrema importancia), es:

“Porque de tal manera amó Dios al mundo, que dio a su Hijo unigénito, para que todo aquel que cree en El, no se pierda, mas tenga vida eterna.”

Hoy, hermanos, no es popular hablar de la perdición. Sí, estamos tan bien, mejor que nunca, y el mundo va de maravillas, y la Iglesia y los cristianos, ¿qué para qué hablar de ello?

Cuando realmente una de las razones muy graves de por qué estamos como estamos, es precisamente por abandonar la predicación de las últimas cosas que nos esperan a todos; a todos, sin excepción.

Si no hay Infierno, tampoco hay cielo; queda solamente la tierra… y el bienestar… y la felicidad… y los problemas sociales y el buen cristiano será exclusivamente el que se dedique a estas cuestiones.

Si no hay Infierno, no hay pecado; si no hay pecado, no hay juicio. Y si no hay juicio, el bien es el mal, y el mal es el bien; no hay diferencia entre el bien y el mal; todo da igual. Asumidos en el relativismo estamos todos. ¿Y para qué hay que ir a la iglesia si todos nos salvamos, o si eso no importa?

Al no hablar de las últimas cosas, la vida se desacraliza. Paradójicamente, y por mucho que rompa el oído al hombre moderno, si este no tiene conciencia de pecado, no la tendrá de lo sagrado, de la gracia, del Amor. El drama del hombre moderno, es la pérdida del sentido de pecado. Sin ella, no necesita a Dios. Quedará solamente el plano de la autosuficiencia humana, y de allí al egoísmo como motor principal de la existencia, nada más que queda un paso.

No se trata de inventar el sentido de pecado por una necesidad de filosofía existencialista pragmática, sino de hecho de reconocer en nosotros esa realidad contra la que estamos condenados a luchar (en el mejor de los casos).

Para eso, no para otra cosa, precisamente ha venido el Salvador: para salvar a su pueblo de sus pecados.

Por lo tanto, quitar este sentido sagrado de la vista, rompe el cristianismo, lo desnaturaliza. La idea cristiana no es de solidaridad y de justicia social y conceptos similares; la visión horizontal en la mística y experiencia cristiana es necesariamente producida por la visión vertical; en definitiva es la consecuencia de la visión sobrenatural. Todo en el cristianismo es así: una monja contemplativa es activa por la Comunión de los santos. Las acciones caritativas y de justicia cristianas son por necesidad de la vida de gracia y de la visión sobrenatural de la existencia.

PEQUEÑOS APUNTES

1) Cuando Francisco lava los píes (otra vez este ejemplo, pero es que es muy importante) a las mujeres en el Jueves Santo, no hace bien, porque desacraliza una acción que el Señor realizó en el contexto litúrgico y sacramental. Siempre tenemos ocasión para mostrar a las mujeres su valía, y darles las gracias por su aporte a la humanidad entera, y a la Iglesia. El mismo Señor se expone a las peores calumnias por perdonar a mujeres arrepentidas, antaño de mala vida. En el Calvario casi todos apóstoles huyeron excepto el más joven, San Juan, pero quedaron varias mujeres que en aquella época tuvieron que tener mucho valor para dar la cara ante la muchedumbre enloquecida por la crueldad del deicidio. Al Señor no se le puede reprochar, ¡válgame Dios!, por apartar a las mujeres o minusvalorarlas debido a la cultura dominante (absurdo, existían sacerdotisas en pueblos circundantes a Israel); pero si Dios realiza un acto intencionado en la Última Cena… es por algo.

Y ahora, estos ejemplos cunden. Un obispo americano,

daniel thomas

[El obispo de Toledo (Ohio), Daniel Thomas, el Jueves Santo de este año (03/04/15), incorrectamente presentado por los medios como “imitador” de Cristo en este acto]

lava este año los píes a unas parroquianas durante la liturgia del Jueves Santo. Falsamente los medios informan que él sigue el ejemplo de Jesucristo al hacer esto. ¡No!, este obispo en este acto está en comunión con Francisco, pero no con Jesucristo, porque Jesucristo en aquella acción apuntaba a un Sacramento, no daba un ejemplo de solidaridad. Aquel acto conmovedor de Nuestro Salvador tocaba las entrañas de la institución de la Iglesia.

2) Latín es el idioma por excelencia del rito latino de la Iglesia Católica. Es el idioma de los primeros mártires romanos, un idioma perfeccionado por el uso imperial clásico, tanto en la administración, como justicia, educación, obras de poetas, filósofos y finalmente hasta de Newton y de Descartes, es decir, de la ciencia y de la técnica hasta los albores de la edad contemporánea. Debido a todo ello se hizo un idioma preciso, elegante, diríamos con toques de algo espiritual, aunque sea por asociación. Es el idioma y del Erasmus medieval (de Bolognia pasando por Colonia a París y Oxford y Salamanca es el idioma de los estudiantes y profesores) de la Tradición de la Iglesia, sus documentos principales están escritos en este idioma angelical… hasta ahora mismo. Laudato si es la primera encíclica no escrita en latín. El P. William Grimm, columnista habitual de ucanews.com se regocijaba en el hecho, sentenciando: Mortus est lingua mortua.

¡Hay que pena! “Mortus” no existe en latín, sería más bien “Mortuus”, pero que tampoco tiene sentido, ya que el sustantivo aquí está en femenino, por lo que debería ser: “Mortua est lingua mortua”.

Todo un signo. Signo de una época que debe terminar y dar paso a  la verdadera Restauración. El Señor Jesús lo va a hacer con el aliento de su boca.

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