Una década después de Fallaci, Florencia (y Eurabia) vivazmente confirma su legado

Florencia, 15 de junio de 2015. Las imágenes tomadas de Corriere Fiorentino (Florencia, la gran degradación):

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“Europa ya no es Europa, es Eurabia, una colonia del Islám, donde la invasión islámica no tiene lugar solamente en el sentido físico, sino también en el sentido mental y cultural. Servilismo hacia los invasores ha envenenado a la democracia, con consecuencias obvias hacia la libertad de pensamiento, y hasta el mismo  concepto de libertad.”

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Oriana Fallaci (1929-2006), Italia, Florencia, es uno de los mitos reales del siglo XX forjado con su puño y riego. Podrás acusarla de todo, menos de ser cobarde o mezquina. Ya como niña de doce trece años participaba activamente en la resistencia contra los nazis, llevando la munición a los partisanos de “Justicia y Libertad” cruzando por el paso del río Arno. Sin duda, las ideas antifascistas de su padre Edouardo influyeron notablemente en su forma de pensar, activismo político y cultural, como escritora de doce libros con veinte millones de ejemplares vendidos. Su estilo franco, sencillo y profundo a la vez, penetrante al no ser nunca hipócrita, le ha ganado admiración y odio a lo largo de décadas.

Como no pudo ser de otra forma, viendo su adolescencia – a los catorce años ya fue condecorada por sus servicios en la resistencia por el Ejército Italiano – y orígenes, arranca su activismo en el campo de la izquierda. La irresistible ebullición de las ideas que su forma impetuosa de ser le imponía, encuentra su hábitat natural en la profesión periodística en la que supo vestir su empuje y valentía natural con la elegancia de un estilo, a pesar de ser vertebrado de gran cultura, con la clarividencia de una expresiones siempre susceptibles de ser captadas a vuelo.

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La izquierda disfrutaba con ella, la utilizaba en su lucha contra una Europa capitalista de la que solamente aspiraba convertirla en un paraíso socialista-comunista-anarquista. Pero… el valor de Oriana y su odio a la mentira e hipocresía, no le cerró la boca. La rebelión, mejor dicho el despertar de Fallaci se inicia al constatar la cerrazón ideológica de la izquierda en la guerra de Vietnam, de la que ella misma fue uno de los testigos oculares al ser corresponsal en la misma. Las reacciones mezquinas de la izquierda, al no poder seducirla ese pavoneo con su pretendida superioridad moral, le empiezan a abrir los ojos:

Habitualmente son aquellos que cuando escribía contra la guerra de Vietnam se ponían en pie para aplaudirme. En cambio desde Hanoi cuando contaba las monstruosidades del régimen comunista, me comían viva. Pero la mayor culpa con la que se manchó la Izquierda durante los últimos cincuenta años es la culpa de haber favorecido la islamización de Italia.” [La Fuerza de la Razón, pág. 245.]

Una Izquierda tan altiva y despectiva, que parece que lo deja plasmado en su porte,

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pero hay un solo ambiente, como una línea directriz común en estas cuestiones; algo que no es tan fácil verlo ni al instante, ni al cabo de toda una vida:

Aclarar ante todo que cuando hablo de derecha e Izquierda no me refiero a dos entidades opuestas y enemigas. ¿Sabes por qué? Porque en Occidente la Derecha ya no existe. Por eso hay momentos en los que me maldigo por no haberlo visto antes, por haberme dejado tomar el pelo durante buena parte de mi vida.” [La Fuerza de la Razón, pág. 235]

aunque, es de constatación empírica, que en eso que se llama izquierda, yace la principal responsable de la inculturación de los patronos de pensamiento:

Sin embargo, las culpas [de la izquierda] superan ampliamente a los méritos. Una de estas culpas que por medio de los cineastas, periodistas, maestros de escuela, profesores universitarios, se ha envenenado a dos generaciones. Y que ahora se está envenenando a la tercera. Salieron del vientre de la Izquierda. A los antiglobalización y los sedicentes pacifistas no los ha creado mi tía. Los ha creado la Izquierda.” [La Fuerza de la Razón, pág. 245]

Oriana fundamentalmente se dedica a realizar una radiografía perspicaz como nítida de la sociedad contemporánea; toda corrección política desaparece de sus líneas. Ella los “ve” cómo son, tal cual. La agudeza de sus ojos, forjada en la plasticidad de los acontecimientos centrales del siglo XX de los que fue testigo privilegiado, no puede no ver la realidad tal cual:

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A las cigarras de sexo masculino, o sea los hipócritas que nunca pronuncian una palabra contra el burkah, nunca mueven un dedo contra los nuevos nazis de la tierra, no tengo nada que decirles. A las cigarras de sexo femenino, o sea las feministas de mala memoria, por el contrario, tengo algo que decirles y aquí está. Fuera la máscara, falsas amazonas. ¿Cómo es que ante las mujeres afganas, ante las criaturas asesinadas torturadas humilladas por los cerdos-machistas con la sotana y el turbante, imitáis el silencio de vuestros varoncitos? ¿Cómo es que nunca vais a ladrar ante la embajada de Afganistán o de Arabia Saudí o de cualquier otro país musulmán? Sois y siempre habéis sido gallinas.” [La Rabia y el Orgullo, págs. 112-114]

E incluso, como intelectual que es, ve más allá de la realidad observable, captando sus causas más profundas. En el fondo, señala muy bien la verdadera naturaleza de la izquierda y de la derecha: su materialismo. Estas corrientes de pensamiento todo lo explican desde la dialéctica de la materia, o materialismo dialéctico, en el que la izquierda es experta. Su juego es muy simple: es la materia la que es el origen y la causa de todo cuanto existe; por la evolución de la misma, ha emanado la inteligencia, mejor decirlo así que el espíritu (aunque algunos también lo dicen en esta forma). Cambiando pues, las causas y contornos externos, se consigue el cambio en el intelecto, en la conciencia, y esta tanto individual como colectiva.

La derecha (en la actualidad y desde hace unas cuantas buenas décadas; no confundir con movimientos tradicionales), que más bien cabe en la definición de corrientes liberales, parte no tan bestia desde la materia a saco, sino desde la libertad individual que enaltecen sobremanera, hasta el punto de calificarla el eje y la idea principal de su visión del mundo. Sin duda alguna, esta derecha liberal tiene sus raíces profundamente incrustadas en las Liberté, egalité, fraternité masónicas. Pero, sin embargo, en el fondo también son ateos, en definitiva materialistas, ya que no ponen su razón de ser en Dios, del cual emana todo principio y norma. O es Dios, o es hombre. Pero, acto seguido viene la catástrofe: o es Dios, o es la negación de Dios.

A estas consideraciones no ha llegado Fallaci; su formación religiosa tiene grandes carencias – me refiero a la verdadera formación, la cristiana; la islámica sí conoció mucho mejor. No obstante, sitúa muy acertadamente el idealismo de Kant como uno de los primeros generadores de liberalismo-marxismo al señalar el motor materialista kantiano (mucho idealismo, pero finalmente desemboca en el ateismo en la práctica) de los cambios sociales, todo un paradigma pero especialmente de lo que llegará a ser el pensamiento comunista de la dinámica entre las fuerzas y relaciones productivas. Esta es la dialéctica que en esencia sigue rigiendo el pensamiento dominante, presente en la legislación, políticas educativas y sociales, promovida desde importantes sectores de mas-media, etc. (las negritas son mías):

En 1795 Emmanuel Kant publicó un demagógico ensayo titulado “Proyecto para la paz perpetua”. Demagógico porque, sin respeto alguno hacia la Historia de la Humanidad y hacia los hechos que estaban ocurriendo delante de los ojos, sostenía que las que desencadenan las guerras son las monarquías, y punto. Ergo, sólo las repúblicas pueden traer la paz. Y precisamente en 1795 la Francia republicana, la Francia de la Revolución Francesa, la Francia que había guillotinado a Luis XVI y a María Antonieta y por lo tanto abolido la monarquía, estaba combatiendo contra las monarquías de Austria y de Prusia una guerra que tres años antes ella misma les había declarado. Estaba combatiendo también la guerra en Vandée, es decir estaba llevando a cabo la fratricida venganza que la Revolución había desencadenado contra los católicos y los monárquicos (la mayoría campesinos o leñadores, ojo) de la Vandée. Y en París el hombre que en nombre de la Liberté-Égalité-Fraternité iba a extender la guerra por todas las regiones de Europa más Egipto más Rusia, es decir el entonces súper republicano Napoleón Bonaparte, debutaba por cuenta del Directorio en el oficio de general es decir reprimía la insurrección filomonárquica, ¡Vaya por Dios!, desde entonces los oportunistas copietan el pacifismo de sentido único de Kant mientras recurren a la guerra con una desenvoltura descarada. Incluso ondeando la bandera del Sol del Futuro. Porque una revolución es una guerra, queridos míos. Una guerra civil es decir todavía más cruel que una guerra normal, y en la Historia de la Humanidad todas las revoluciones han sido guerras civiles. Sin salir de la más reciente, piensa en la que llamamos Revolución Rusa o en la que llamamos Revolución China. Piensa en la Guerra Civil española. Piensa en la guerra de Vietnam que fue una guerra civil en todos los sentidos, y el que no lo admita es un mentiroso o un cretino. Piensa en la guerra de Camboya que fue exactamente lo mismo. Piensa en las carnicerías con las que los países africanos se autodestruyen desde que acabó el colonialismo hasta ahora. Piensa por último en la guerra civil (moralmente es una guerra civil) que los siervos del Islam han promovido y están llevando a cabo actualmente contra Occidente…” [La Fuerza de la Razón, pág. 19-21]

Oriana Fallacia, una activista de izquierda en definitiva – todavía en 1976 apoyaba al Partido Radical italiano, aunque sea por el tema de feminismo -, empieza a despertar por la postura sectaria que tomaba la izquierda respecto a la guerra de Vietnam, pero sobre todo respecto a la revolución iraní que derrocó a Pahlavi.

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[Fallaci con ocasión de entrevista a Jomeini]

 La izquierda apoya a Jomeini: sí, eso era un hecho que la escritora constata sobre el terreno y entre los intelectuales y políticos progresistas. La causa: la revolución iraní es antiamericana, anticapitalista. Son tan sectarios y tan ciegos, que para ellos es suficiente tener unidad en la causa del odio; lo que importa es batir al enemigo, lo que se usa en ese camino son herramientas sin alma ni principios.

Pero Oriana no era así. Durante la entrevista a Jomeini, para la cual tuvo que ponerse el chador e incluso casarse ficticiamente – porque una mujer no casada no puede estar delante del Ayatolá – explota de indignación, se quita el chador y llama tirano a Jomeini.

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Su divorcio con la izquierda era completo y consumado. Y con todo ello, será de los poquísimos que sabe detectar el problema de Afganistán e incluso decir que “Los soviéticos son lo que son. Pero debemos admitir que con esta guerra nos protegen incluso a nosotros. Y se los agradezco”. Pero todo ello es pensar demasiado para los fanáticos. Ellos no perdonan la deserción ni desagravian por los servicios prestados de antaño:

“’¡Racista, racista!’ Fueron las cigarras, los soi-di-sant progresistas —en aquel tiempo se llamaban comunistas— los que me crucificaron. Por lo demás el insulto racista-racista me lo gritaron de igual modo cuando los soviéticos invadieron Afganistán. ¿Recuerdas a los barbudos con sotana y turbante que antes de disparar el mortero o mejor a cada golpe de mortero, berreaban preces al Señor, Allah-akbar? Yo les recuerdo bien. Y, a pesar de mi ateísmo, aquel acoplar la palabra de Dios al golpe de mortero me daba escalofríos. Horrorizada decía: “Los soviéticos son lo que son. Pero debemos admitir que con esta guerra nos protegen incluso a nosotros. Y se los agradezco”. Ayuda, ayuda: se volvieron a abrir los cielos: “¡Racista, racista!” Cegados por su mala fe, su cinismo, su oportunismo, no querían tampoco considerar las monstruosidades con las que los afganos mataban a los prisioneros soviéticos. A los prisioneros soviéticos les cortaban las piernas y los brazos, ¿recuerdas? El pequeño vicio al que sus correligionarios ya se habían dedicado en el Líbano con los cristianos y los judíos. (Y no hay que asombrarse visto que durante el siglo XIX mutilaban y mataban de la misma manera a los diplomáticos y los embajadores británicos de Kabul. Relee la historia y apunta los nombres, los apellidos, las fechas… A los diplomáticos británicos, a los embajadores, les cortaban también la cabeza. Después, con ella, jugaban al polo. Las piernas y los brazos, en cambio, los exponían en las plazas o los vendían en el bazar.) Eh, sí: también de esto rehusaban hablar las cigarras.” [La Rabia y el Orgullo, págs. 86s]

Lógico, ¿y qué esperabas de estos?:

Los ex comunistas me han ofendido con su prepotencia, su terrorismo intelectual. Esos curas rojos que me trataban como una Infiel. Cuando les señalas la luna con el dedo, los cretinos miran el dedo, no la luna.” [La Rabia y el Orgllo, pág. 176]

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[Un joven de erasmus orinando en Florencia. Y si es en la pared de una iglesia, ¿qué más da?]

Los “intelectuales” despersonalizados, fabricados en serie para podrirse moralmente y producir; siendo tecnócratas como mucho. Triste imagen de la realidad de la inteligentia de Europa.

Y a propósito de inteligencia: ¿es verdad que en Europa los actuales líderes de la izquierda o de lo que llaman izquierda no quieren oír lo que digo? ¿Es verdad que al oírlo montan en cólera, berrean “Inaceptable, inaceptable”? ¿Por qué? Si las monstruosidades de su Corán osan imponerlas en mi país… Lo pretenden. Osama bin Laden ha declarado muchas veces que toda la Tierra debe ser musulmana, que todos debemos convertirnos al Islam, que por las buenas o por las malas. Y me dan ganas de invertir los papeles, de matarlo él. La Cruzada al Revés dura desde hace demasiado tiempo, amigo mío. Y seducida por nuestro bienestar, nuestras comodidades, nuestras oportunidades, alentada por la flaqueza y la incapacidad de nuestros gobernantes, sostenida por los cálculos de la Iglesia católica y por oportunismos de la izquierda, protegida por nuestras leyes complacientes. Los quince millones de musulmanes que hoy viven en Europa (¡quince!) son solamente los pioneros de las futuras oleadas. Y créeme: vendrán cada vez más. Exigirán cada vez más. Pues negociar con ellos es imposible. Razonar con ellos, impensable. Tratarlos con indulgencia o tolerancia o esperanza, un suicidio. Y cualquiera que piense lo contrario es un pobre tonto.” [La Rabia y el Orgullo, págs. 96-99]

Bien, no son quince, ya van por veinte millones. Desde arriba, y desde “abajo” por las televisiones no paran de hablar de la “integración, integración”…

Es en Inglaterra, no en Francia, donde viven los cerebros de esta ofensiva, ideólogos que teorizan sobre ella, los intelectuales y los editores que la propagan, los sultanes que poseen los edificios y los hoteles más bellos de Londres. Porque también allí no se hace otra cosa que publicitar la sociedad pluriétnica, plurirreligiosa, pluricultural.” [La Fuerza de la Razón, pág. 75]

Pero Fallaci ve las cosas como son, y como es capaz de mandar de paseo a todos los hipócritas juntos a precio de su vida, lo dice:

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Y justo cuando me preguntaba “qué hago”, “qué hago” la TV me mostró las imágenes de los palestinos que locos de alegría celebraban la masacre. Berreaban Victoria-Victoria. Entonces, con el ímpetu de un soldado que sale de la trinchera y se lanza contra el enemigo, me arrojé sobre la máquina de escribir.” [La Rabia y el Orgullo, p. 16]

Para comprenderlo basta mirar las imágenes que encontramos cada día en la televisión. Las multitudes que abarrotan las calles de Islamabad, las plazas de Nairobi, las mezquitas de Teherán. Los rostros enfurecidos, los puños amenazadores, las pancartas con el retrato de Bin Laden, las hogueras que queman la bandera americana y el monigote de George Bush. Quien en Occidente cierra los ojos, quien escucha los berridos Allah-akbar, Allah-akbar. ¿Simples grupos de extremistas? ¿Simples minorías de fanáticos? Son millones y millones los fanáticos. Esos millones y millones para los que Osama bin Laden es una leyenda comparable con la leyenda de Jomeini. Esos millones y millones que, desaparecido Jomeini, se reconocen en el nuevo líder, el nuevo héroe. Hace unas cuantas noches vi a los de Nairobi (lugar del que nunca se habla). Abarrotaban la plaza del mercado más que en Gaza o Islamabad o Jakarta, y un reportero de TV preguntó a un viejo: “Who is for you Bin Laden?” “A hero!, our hero!” respondió. Y el verdadero protagonista de esta guerra no es Osama bin Laden. No es la parte visible del iceberg, la cumbre de la montaña. Es la Montaña. Esa Montaña que culpa a Occidente de las pobrezas materiales del mundo islámico. [La Rabia y el Orgullo, págs. 27s]”

Y a pesar de todo ello, la autoproclamada inteligentia y progresía, en un acto de supremo y más vil colaboracionismo con las fuerzas del mal, sigue empeñada en su visión sectaria y materialista de la realidad:

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¿Nadie se acuerda del santo eslogan lanzado por Lenin, “La religión es el opio de los pueblos”? Miradme a los ojos, cigarras de lujo y no lujo: ¿adónde ha ido vuestro laicismo? En Europa defender la propia cultura se ha convertido en un pecado mortal.” [La Rabia y el Orgullo, pág. 127]

Pocos, realmente muy pocos han tenido ocasión de conocer de primera mano y la izquiera y el islam, y de denunciarlo con tanta frescura y demoledora realidad y certeza. En La Fuerza de la Razón capta la esencia antihumana de la izquierda como del islam. Recuerda que Mahoma consumó el matrimonio con una niña de nueve años – la casó con seis, pero consumó el “matrimonio” tres años más tarde, lo cual le atribuyen como virtud – y que los musulmanes devotos simplemente tratan de imitarlo. Jomeini mismo da el ejemplo: se casa con una niña de diez años. A su vez Oriana recuerda los estatudos sexuales elaborados por Jomeini una vez implantada la Sharia en Irán. Aquí va lo esencial de su radiografía de la conexión totalitaria de los dos fenómenos:

En 1979 la Izquierda italiana mejor dicho la europea se había enamorado de Jomeini. La izquierda habla de progreso. ¿Cómo es posible que fornique con la ideología más retrógrada y más represiva de la tierra? ¿Cómo es posible que aplauda a un mundo en el que una niña puede ser viuda a los nueve años? Sufrí una especia de enfermedad, sí. De obsesión mejor dicho. Les preguntaba a todos: “¿Tú lo entiendes, usted entiende por qué la Izquierda está de parte del Islam?” Y todos respondían: “Claro que sí. La Izquierda es tercermundista, antiamericana, antisionista. Y el Islam también”. O bien: “Simple. Con el hundimiento de la Unión Soviética y el resurgir del capitalismo en China, la Izquierda ha perdido sus puntos de referencia. Ergo, se aferra al Islam como su tabla de salvación”. Por eso seguí atormentándome hasta que me di cuenta de que mis preguntas estaban equivocadas.
Eran preguntas equivocadas porque estaban equivocados los razonamientos o mejor dicho presupuestos en los que se basaban. Primer presupuesto, que la Izquierda es laica. Pues no: no es laica. La Izquierda es confesional. Eclesiástica. De una parte sus fieles y de otra parte sus infieles más bien los perros-infieles. Como el Islam, nunca reconoce sus culpas y sus errores. Se considera infalible, nunca pide perdón. Como el Islam, no acepta que pienses de una forma diferente. Autocrática, totalitaria, incluso cuando acepta el juego de la democracia. No en vano el noventa y cinco por ciento de los italianos convertidos al Islam proceden de la Izquierda o del la Extrema Izquierda roji-negra. Como el Islam, por último, la Izquierda es antioccidental. Y el motivo por lo que es antioccidental te lo digo con un extracto del liberal austriaco Friedrich Haynek a propósito de la Rusia bolchevique y de la Alemania nazi: “Aquí no sólo se abandonan los principios de Adam Smith y de Hume, de Locke y de Milton. Aquí se abandonan las características más básicas de la civilización desarrollada por los griegos y los romanos y el cristianismo, es decir, la civilización occidental. Aquí no se renuncia sólo al liberalismo del XVIII y del XIX, es decir al liberalismo que completó dicha civilización. Aquí se renuncia al individualismo que gracias a Erasmo de Rotterdam, a Montaigne, a Cicerón, a Tácito, a Pericles, a Tucídides, heredó esa civilización. El individualismo, el concepto de individualismo, que a través de las enseñanzas proporcionadas por los filósofos de la antigüedad clásica, del cristianismo, del Renacimiento y de la Ilustración nos ha hecho tal y como somos
”. [La Fuerza de la Razón, págs. 249-254]

Y aquí viene el argumento fuerte de Fallaci: no hay un pasado y un presente en el islam; hay una misma realidad. El islam de ayer, es el islam de hoy; el islam de hoy piensa como el de ayer. Cuando está en la minoría, en la inferioridad de fuerzas, sigue el consejo de Mahoma aplicando taiquiya: mentira intencionada mediante la cual se presenta como pacífico y colaborador. Conforme va ganando terreno, se vuelve agresivo y dominador. Las escenas más crueles del pasado se muestran plásticas hoy en el territorio completamente dominado por media luna:

“…las crucifixiones de Córdoba, sobre los ahorcamientos de Granada, sobre las decapitaciones de Toledo y de Barcelona, de Sevilla y de Zamora. Las de Sevilla, decretadas por Mutamid, el rey que adornaba los jardines de su palacio con cabezas cortadas. Crucificados o decapitados o ahorcados. Y a veces empalados.
De España en el 721 pasaron a la no menos católica Francia. Tomaron Narbona. Ahí masacraron a toda la población masculina. En 731 una oleada de trescientos ochenta mil soldados de infantería y dieciséis mil de caballería llegó a Burdeos que se rindió de inmediato. De Burdeos pasó a Poitiers y si en 732 Carlos Martel no hubiese ganado la batalla de Poitiers-Tours, hoy en día los franceses también bailarían flamenco. En 827 desembarcaron en Sicilia. La islamizaron hasta que fueron expulsados por los Normandos. Llegaron hasta Roma. Para prevenir otros ataques, León IV levantó las murallas leoninas.
Abandonada Roma ocuparon Campania, ciudad en la que sacrificaban todas las noches la virginidad de una monja. ¿A que no sabes dónde? En el altar de la catedral.
Ocuparon Turín y Casale, incendiaron iglesias y bibliotecas, mataron a miles de cristianos, después pasaron a Suiza y… Hoy está de moda darse golpes de pecho a cuento de las Cruzadas, echar pestes de Occidente a cuento de las Cruzadas, considerar las Cruzadas una injusticia cometida contra los pobres musulmanes inocentes.

[Al momento de capturar este pasaje se ve en la televisión la película El Reino de los Cielos donde Ridley Scott idealiza a Saladino durante la Segunda Cruzada.]

Las Cruzadas fueron la respuesta a cuatro siglos de invasiones, ocupaciones vejaciones carnicerías. Fueron una contraofensiva para bloquear el expansionismo islámico en Europa, para desviarlo hacia Oriente, hacia Rusia y Siberia, donde los Tártaros convertidos al Islam estaban ya difundiendo el Corán.
Y en 1453 asediaron de nuevo Constantinopla que el 29 de mayo cayó en manos de Mehmet II, una fiera sanguinaria que estranguló a su hermano de tres años. Por cierto ¿conoces el relato que sobre la caída de Constantinopla nos ha legado el escribano Phrantez? Quizá no. Europa llora sólo por los musulmanes, pero jamás por los cristianos o los hebreos o los budistas o los hinduistas.
Irrumpen en la catedral y decapitan hasta a los recién nacidos. Y con sus cabecitas apagan las velas. Mientras, la ciudad ardía. La soldadesca crucificaba y empalaba. Los jenízaros violaban y después degollaban a las monjas (cuatro mil en unas pocas horas). Sí, sí, así fue como Constantinopla se convirtió en Estambul. Lo quieran oír o no los de la ONU.
Tres años después conquistaron Atenas. Después atacaron la república de Venecia. Luego Solimán alcanzó Buda, hoy Budapest, la incendió, y adivina cuántos húngaros terminaron inmediatamente en el mercado de esclavos que distinguía a Estambul. Cien mil. Adivina cuántos terminaron el siguiente año en los mercados. Tres millones. Solimán armó otro ejército con otros cuatrocientos cañones y en 1529 pasó de Hungría a Austria. Tras cinco semanas de inútiles asaltos prefirió retirarse. Pero en la retirada masacró a treinta mil campesinos.
La reforma de la armada le permitió convertir el Mediterráneo en el feudo marítimo del Islam, de ahí, tras haber sofocado una conjura palaciega haciendo estrangular al primero y al segundo de sus hijos y a los seis hijos de éstos, es decir, a sus nietos.
” [La Fuerza de la Razón, págs. 39-50]

Decir todas estas cosas, era demasiado. Demasiado alto y claro, por mucho que la intentaran callar de las más diversas formas: primero con una agresividad apenas contenida después de la publicación de La Rabia y el Orgullo, para pasar al cerco del silencio después de La Fuerza de la Razón; pero todo sin éxito. Su resistencia había cuajado profundamente en la sociedad, aunque lo mismo no se quiera decir en voz alta. Lo dice ella misma en una entrevista:

La orden fue perentoria: “Callar. Ignorarla como a una vieja loca, que ya no goza de sus facultades mentales”. O como máximo decir: “Yo no la he leído ni lo haré”. Por eso, esta vez no hubo ofensas, ni difamaciones, ni pintadas “Fuck-you Fallaci”. Dios, qué alivio. Y qué favor. Porque eso evitó el consabido lavado de cerebro de los italianos y favoreció el éxito del libro. Un éxito mucho más inmediato que el que bendijo a La Rabia y el Orgullo. De hecho, éste tardó cerca de un año en llegar al millón de ejemplares. La Fuerza de la Razón, en cambio alcanzó los ochocientos mil ejemplares en menos de cuatro meses. Además, he permanecido casi siempre primera en las clasificaciones de los libros.

Hay una sola verdad. Eso es lo que le hizo famosa a Fallaci. Buscaba esa verdad con pasión, cueste lo que cueste, le digan lo que le digan. Como otra mujer heroína condenada a muerte en vida, psiquiatra siria Wafa Sultán, Fallaci es categórica en afirmar que no existe un islam bueno y un islam malo:

Pensar ilusamente que hay un Islam bueno y un Islam malo, es decir no darse cuenta que existe sólo un Islam; no defender el propio territorio, la propia casa, los propios hijos, va contra la Razón. Ir contra la Razón es también esperar que el incendio se apague por sí solo. Por lo tanto, escuchadme bien, por favor. Escuchadme bien porque, como ya he dicho, no escribo por diversión o por dinero. Escribo porque es mi deber. Un deber que me está constando la vida. Y por deber he examinado a fondo esta tragedia, la he estudiado a fondo. En los últimos dos años no me he ocupado de otra cosa. Y me gustaría morir pensando que tanto sacrificio ha servido para algo. En mi “Wake up Occidente” decía que habíamos perdido la pasión, que es necesario reencontrar la fuerza de la pasión. Y Dios sabe que es cierto. Para no acostumbrarse, para no resignarse, para no rendirse, es necesaria la pasión. Para vivir es necesaria. Pero aquí no se trata sólo de vivir y punto. Aquí se trata de sobrevivir.” [La Fuerza de la Razón, págs. 288- final del libro]

El contexto es diferente, el objetivo el mismo: durante la Cristiandad, hasta siglos muy próximos, se trataba de intentos de asalto y conquistas armadas. Se trataba de un enemigo del sur al que batir y del cual defenderse, por pura supervivencia. Esa es la historia, y el que no la quiera ver, querrá verlo todo desde la perspectiva actual todavía de una calma relativa, hasta el despertar. ¿Hasta cuándo?:

A Italia vuestros antepasados no han traído nada salvo el grito “Mamá, los turcos”. Vuestros antepasados sólo han venido a robar. Robar y punto. Y mientras escribo, la pregunta “cómo es posible que hayamos llegado a esto” vuelve a surgir. Y mientras vuelve a surgir me pregunto si fue por falta de perspicacia o por la fatalidad del destino por lo que gente como yo no se ha dado cuenta a tiempo de lo que se nos estaba viniendo encima” [La Fuerza de la Razón,  págs. 135s].

El objetivo sigue siendo el mismo:

Entrevisté a George Habash [el rival de Arafat], el hombre al que le debíamos la mayor parte de los atentados en Europa. Y la entrevista con Habash me abrió los ojos. Porque mientras su concienzudo guardaespaldas lo protegía apuntándome con la ametralladora a la cabeza, con suma claridad Habash me explicó que el enemigo de los árabes no era Israel: era Occidente. Y aquí escúchame bien. No pierdas una palabra, una coma de lo que voy a contar. Ahí va: “Nuestra revolución es una etapa de la revolución mundial. No se limita a la reconquista de Palestina. Es necesario que toda la nación árabe entre en guerra con América y Europa. Que desencadene una guerra total contra Occidente. Y la desencadenará. Que América y Europa sepan que estamos apenas en el principio del principio. Que lo mejor está aún por llegar”. Y añadió: “Avanzar paso a paso, milímetro a milímetro. Año tras año. Década tras década” [La Fuerza de la Razón,  pág. 152].

Pero los medios no tendrán que ser necesariamente los mismos. ¿Qué más da qué medios se utilizarán, si el objetivo es clarísimo? Para el islam los medios nunca han sido el problema, como tampoco las acciones o principios humanos tienen valor intrínseco. Todo es el medio para lograr el fin: dar al Islam, la casa del Islam establecida en toda la tierra. Solamente eso es lo que importa; todo lo demás está puesto al servicio de esa necesidad y objetivo. Medios pacíficos o violentos: los que más convengan dadas las circunstancias del momento. Lo más gracioso es que estos objetivos como medios han sido proclamados públicamente a cuatro vientos:

Ninguna ley liberticida podrá nunca desmentir que precisamente gracias a esa extraordinaria fertilidad en los Años Sesenta y Ochenta los chiítas lograron imponerse en Beirut y destronar a la mayoría cristiano-maronita. Basta recordar aquello que Bumedián (que destituyó a Ben Bella con un golpe de Estado tres años después de la independencia de Argelia) dijo en 1974 ante la Asamblea de las Naciones Unidas: “Un día millones de hombres abandonarán el hemisferio sur para irrumpir en el hemisferio norte. Y no lo harán precisamente como amigos. Porque irrumpirán para conquistarlo. Y lo conquistarán poblándolo con sus hijos. Será el vientre de nuestras mujeres el que nos dé la victoria” [La Fuerza de la Razón,  pág. 56].

[Narra la escandalosa situación no sólo en Inglaterra, sino en Alemania, Holanda, Suecia y España, donde “desde Cádiz a Sevilla, desde Córdoba a Granada, los ricachones de la realeza saudita han comprado las tierras más bellas de toda la región” (la antigua Al-Andaluz) y donde hay escuelas “en que enseñan exclusivamente a memorizar el Corán”.  [pág. 95s] Finalmente, citando a un yihadista en Italia:] Que para conquistarnos no necesitan pulverizar nuestros rascacielos o nuestros monumentos: les basta nuestra debilidad y su fertilidad. Entendámonos, lo dijo de forma simplona, burda, pero lo dijo con mucha claridad. “Esto no significa que nosotros queramos conquistaros con los ejércitos. Quizá todos los italianos terminen convirtiéndose. Porque a cada generación nosotros nos duplicamos más. En cambio vosotros os reducís a la mitad”.” [La Fuerza de la Razón, pag. 95]

¿Se integrarán? ¿No es esto lo que continuamente se dice en todas partes? En este punto hay realmente de todo. Algunos se integran, sobre todo en esta sociedad donde el individualismo es tan atractivo, y la posibilidad de salir y entrar cuando quieras, y a donde quieras, es adormecedora, relajante, puede llegar a producir una especie de satisfacción emocional. Pero cuánto durará esa sensación, es la cuestión. En el momento de plantearse las preguntas existenciales claves, surgen fácilmente los reclamos de identidad. Si a todo ello se añade que sus vidas se desarrollan en realidad en guetos, esa integración es casi imposible alcanzarla. En algunos casos se producen conversiones al cristianismo, pero esos casos son muy pocos, sociológicamente irrelevantes. Frente a eso, su sociedad reacciona desde el bloque identitario de dos maneras:

  • La apostasía se castiga hasta con la muerte, simplemente siguiendo la consigna de la tradición islámica más genuina. Estos casos, que se producen y son notorios, sirven de advertencia a cualquiera que se atreviera siquiera plantearse la permanencia en el islam.
  • Cerrarse en bloque frente al mundo moderno. Mientras que el cristianismo supo reaccionar frente a cualquier época, en cuanto responsable de una verdad la que anunciar, y en cuanto sabedor que si se mantiene fiel al mandato divino, su ayuda no le faltará por muchas persecuciones que haya (siempre semilla de nuevos cristianos), el islam no. El islam es totalitario. En cuanto abra la más mínima brecha de la libertad a sus miembros, se desmorona como la torre de cristal: basta un leve golpe, y todo se viene abajo.

Estas dos ideas, la de castigar al apóstata y la de cerrarse y bloquear desde el bloque los conceptos de la libertad y la misma razón, son las que vigilan la sociedad islámica europea:

Donde hace diez años una muchacha franco-turca de Colmar fue lapidada por su familia porque se había enamorado de un católico (“Mejor muerta que deshonrada” fue el comentario de su familia). Donde el mes de noviembre de 2001 una estudiante franco-marroquí recibió veinticinco puñaladas de su padre porque estaba a punto de casarse con un corso, también católico (“Mejor presidiario que deshonrado”, fue el comentario del padre).
Marsella en la práctica ya ha dejado de ser una ciudad francesa. Es una ciudad árabe. Ve y visita el barrio de Bellevue Pyat, convertido ahora en un arrabal de porquería y delincuencia donde los policías se niegan a aventurarse. Ve y visita la famosa Rue du Bon Pasteur donde todas las mujeres van con velo, todos los hombres con chilaba y la barba larga.
” [La Fuerza de la Razón, pág. 70]

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[¿De qué ciudad se trata? Marsella]

No hay religión [salvo el Islam] que se identifique con la Ley. En su vocabulario ni siquiera existe el término Libertad. Para decir Libertad dicen Liberación, Hurriya, palabra que deriva del esclavo derivado [La Fuerza de la Razón, p. 97]”

En el siguiente párrafo, Fallaci comete un error. Lógico, porque no es una pensadora cristiana, sino, lo diré de esa forma, natural e instintiva. Con todo, señala un par de contradicciones que conviene analizar:

Por Dios bendito, con todo lo que hemos luchado por romper el yugo de la Iglesia. Y después de haberlo roto, ¿vamos a entregarnos al yugo de un credo que no es el nuestro? ¿Para quién ha sido redactada la Constitución? ¿Para los italianos o para los extranjeros? Pregunto, en definitiva, si los extranjeros cuentan más que los ciudadanos. Si son una especie de superciudadanos” [La Fuerza de la Razón, p. 100].

Oriana tiene asumida una falsa creencia de que existe libertad fuera de Cristo. Sí, existe… para convertirse en la esclavitud. Eso es precisamente lo que esta escritora va poniendo de manifiesto, sin saberlo tal vez. Europa… deja de ser cristiana… para entregarse a un creo que no es suyo. Ese es el absurdo y la derivación necesaria del concepto y aplicación de la libertad de la Revolución. Esa es su desembocadura. Llegando a estos absurdos, es como se prueba que esa libertad pregonada es una falacia.

Y ahora, paradójicamente para unos, implicación necesaria de una mentira para los que piensan como yo, aquel glamour y exuberancia artística de la Florencia de los Papas, ¡toda echa en era cristiana!, está humillada, anulada, despreciada por los nuevos bárbaros, incapaces de reconocer lo bello, porque el bien es la condición metafísica de la belleza, y ese bien ni lo tiene la Revolución, ni el islam. Y por eso se cae Florencia ante nuestros ojos, ante los bárbaros domésticos y extraños. Esta razón de fondo solamente la intuye Fallaci, pero no sabe de dónde proviene, ya que, a la pobre, le faltó la fe en esos momentos para comprenderlo. Ella solamente ve el resultado, ante el cual no se puede callar:

 

Soy Toscana y Florentina. Pienso en la Galería de la Academia con el David de Michelangelo (un David escandalosamente desnudo, Dios mío, luego especialmente mal visto por los fieles del Corán.) Y si los jodidos hijos de Alá me destruyeran uno solo de estos tesoros, uno solo, sería yo quien se convertiría en una asesina. Así que escuchadme bien, secuaces de un dios que predica el “ojo por ojo y diente por diente”: yo no tengo veinte años pero nací en la guerra, en la guerra crecí, en la guerra he vivido la mayor parte de mi existencia. De guerra entiendo y tengo más cojones que vosotros.”  [La Rabia y el Orgullo, p. 38]

Por ello, la negativa a no ver el problema y mirar a otro lado, tiene un solo nombre para ella, el colaboracionismo en definitiva:

El colaboracionismo [de quienes promueven aún más inmigración] nace casi siempre del miedo. Pero su caso me recuerda al de los banqueros hebreos alemanes que, confiando en salvarse, le prestaron dinero a Hitler y que, a pesar de ello, terminaron en los hornos crematorios” [La Fuerza de la Razón, pág. 70].

Significa la renuncia a hacer frente a un Hitler que nos destruirá. Hasta que un Churchill se despierta para ganarse la acusación de belicista… Ignorando tales verdades la mayoría no entiende dónde está la similitud entre ayer y hoy. Entre el nazifascismo de ayer y el llamado integrismo islámico es decir el nazi-islamismo de hoy. Porque es precisamente esa similitud la que me quita el sueño. Ese dolor de mi Otro o del cáncer de esta Eurabia de nuevo vendida por los Chamberlain y los Daladier. ¡Cuánto tendremos que tragar antes de darnos cuenta de que Eurabia, perdón, la Unión Europea es la Europa de 1938!” [La Fuerza de la Razón, pág.46]
Pues estamos más o menos en esa situación. Las imágenes de Florencia actual son de un diario florentino de finales de junio de este año. Muestran la invasión e incultura de bárbaros domésticos y extraños, que, habiendo perdido sus raíces, o no habiéndolos tenido nunca, muestran la insensibilidad como del que destruye Palmira estos días: van de la mano, esos dos grupos, esas dos ideas, van de la mano una vez más. ¿Qué es lo que tiene de común la progresía en la forma de comunismo, derivación necesaria del liberalismo, y el islam? La destrucción. Eso es lo que tienen en común: la destrucción, porque ninguna ideología de estas es de Dios, ninguna es buena, ninguna debería tener carta de legitimidad en la sociedad, con tal de que esta quiera perdurar. Ni lo rojo, ni la progresía, ni el islam son buenos, se diga lo que se diga sobre todo de este último desde el Concilio Vaticano II (por ejemplo; Nostra Aetate, Dignitatis Humanae, Gaudium et Spes). ¡Que sepáis, Syllabus en 1864 de Pío IX dice otra cosa, condenando lo siguiente!:

“15: Todo hombre es libre para abrazar y profesar aquella religión que, guiado por la luz de la razón, juzgue verdadera.

“16: Pueden los hombres hallar en la profesión de cualquiera de las religiones el camino y la consecución de la salvación eterna.

“17: A lo menos se deben concebir buenas esperanzas sobre la salvación eterna de todos los que no se hallan en la verdadera Iglesia de Jesucristo.

“18: El protestantismo no es sino una forma diversa de la verdadera religión cristiana; y los mismo se puede agradar a Dios en él que en la Iglesia católica.

¿Qué me decís? ¿Esto es lo mismo que las declaraciones GS, NA, DH, y los cuentos de ecumenismo? Sabéis que no, y todos los días podéis ver y comprobar las consecuencias nefastas del liberalismo que, en el nombre de la Iglesia, pero no es dicho por la Iglesia porque esto la Iglesia no puede decir ni predicar, empezó a predicarse desde los pulpitos y las publicaciones oficiales de todo tipo, apoyando el empuje del carro hacia abajo. Sí, por este lado también se apoyó el mismo pensamiento, y, la sociedad indefensa y sin guía, se precipitó hacia su autodestrucción.

Fallaci no conoce estos textos, el Syllabus le produce carcajadas porque en muchos aspectos, como la hija de su tiempo, ella es un pensador más bien liberal; pero su reacción, y su pensamiento libre de ideología, cuando se le deja a solas con la razón, por decir de alguna manera, y siendo valiente lo que siempre era, dispara y acierta y confirma lo dicho solemne y proféticamente hace 150 años:

Estoy diciendo que en Italia, en Europa, no hay sitio para los muecines, los minaretes, los falsos abstemios, el maldito chador. Equivaldría a regalarles nuestra alma, nuestra patria. En mi caso, Italia. Y mi Italia no se la regalo a nadie. Naturalmente mi patria, mi Italia, no es la Italia de hoy: la Italia mezquina, estúpida, cobarde.” [La Rabia y el Orgullo, pág. 149]

¡Es el grito de un alma libre de ataduras ideológicas, que se atreve a pensar y deja expresar una verdad aunque sea natural! No, no hay lugar ni derecho a un disparate que subyuga al hombre. En el nombre de tanto liberalismo y de tanta libertad, se ha construido un monstruo opresor: levantamos la vista, y lo comprobamos. Realmente, la libertad puede ser solamente para el bien, si no es para ello, es esclavitud. O servirás al Bien, o al diablo. Los que tienen algo de memoria, y un poquito de honradez, deben reconocerlo ante las muestras de la evidencia:

¡Ah! ¡Cómo soñaba a Europa cuando era joven, muy joven! Bueno. Los italianos de las Italias que no son mi Italia cacarean que hemos hecho Europa [la Unión Europea]. Los franceses, los ingleses, los españoles, los alemanes (etcétera) que se asemejan a los italianos dicen lo mismo. Pero este Club Financiero que roba mi parmesano y mi gorgonzola, que sacrifica mi bella lengua y mi identidad nacional, que me irrita con el Politically Correct y con sus ridículas demagogias populistas, “todos los perros son iguales”, “todos los culos son iguales”, esta mentira que facilita la invasión islámica y hablando de Identidad Cultural fornica con los enemigos de la civilización, no es la Europa que yo soñaba. No es Europa, es el suicidio de Europa.
Lo que tenía que decir lo he dicho. La rabia y el orgullo me lo han ordenado
.” [La Rabia y el Orgullo, págs. 180-final del libro]

Esta misma idea, reforzada ante la continua y progresiva observación, vuelve a aparecer en el último libro de su trilogía sobre esta temática: Apocalipsis, donde se da cuenta que esta invasión islámica programada y facilitada, pensada con anterioridad y no resultado de un mero suceso casual o fenómeno sociológico, forma parte de un trazado mucho más amplio, forjado por varias fuerzas destructivas, de engranaje común. Fallaci se convierte en uno de los primeros intelectuales que se enfrenta al lobby homosexualista, al que da un “lugar de honor” en este reventar de la civilización:

no sin hija

[No sin nuestra hija Carmen: Viven en Valencia y llevan siete meses atrapados en Bangkok porque el vientre de alquiler que gestó a su hija se niega a permitirles que la traigan a España]

[El matrimonio gay y la adopción de niños por éstos] muestra la prueba definitiva de nuestra autodisolución, del ansia de autodestrucción que devora a Occidente por medio de su cáncer intelectual y moral.
Esta Eurabia antisemita y anticristiana de donde el bolchevismo salió por la puerta para entrar por la ventana y donde si tocas a la Izquierda o a eso que ellos llaman Izquierda estás frito.
Fue entonces cuando me dije basta, ya no pertenezco más a Eurabia. Italia ya no es mi patria
.” [Apocalipsis, pág. 268]

EPÍLOGO

 

oriana tumba

En su tumba solamente consta “Escritora”, como único “título” de su persona. ¡Cuánto quisiera ver allí un símbolo cristiano!, una cruz, un crucifijo decente, como le gustaba a ella (decía que Sandro Pertini le confesó que él también dónde más a gusto se encontraba, era en una capilla de las de siempre), que se confesaba en buena parte de su vida como atea y cristiana. Un absurdo, naturalmente, que resume bastante bien su forma de ser, su pensamiento. Ciertamente, no tenía una buena base de formación cristiana; su reflexión sobre nuestra fe era más bien intuitiva, fundamentalmente vista desde la perspectiva de la razón. Y tal vez algo más.

Oriana Fallacia tenía una admiración manifiesta y pública por Benedicto XVI, con quien tuvo un encuentro privado y secreto algunos meses antes de su muerte en 2006.

oriana mayor

Mejor dicho que se intentó que fuera secreto; finalmente, el evento saltó a la prensa, aunque no su contenido. No sabemos si Fallaci se ha reconciliado con Dios al acabar su ajetreada vida, eso solamente lo podemos desear como rezar por el eterno descanso de su alma.

Lo cierto, lo indudable es que esta mujer hizo sonar el despertador en la conciencia y en la mente de muchísimas personas no solamente en el Viejo Mundo. Cualquiera vende más de veinte millones de ejemplares. Carta a un niño no nacido, Milán, 1975. Dos millones de copias en Italia, más de dos y medio en el mundo entero, traducido a 22 idiomas. Bestseller en todo el mundo con el que machaca a las feministas, y ya deja de ser una heroína de la izquierda. Aquí es cuando empieza a tener una cruz encima de su perfil. Luego siguen Insciallah, 1990, con el que empieza a dibujar la cara políticamente no correcta, pero real, del islam; trabajo rematado de sobra en la trilogía La Rabia y el Orgullo (2001), La Fuerza de la Razón  y El Apocalipsis (2004). Y todo ello sin contar sus obras póstumas, documentales sobre su vida y su obra, película L’Oriana (2015) incluida.

Es fin, es evidente que la orden dada de callar a esa vieja loca, sirve para los medios del sistema como televisiones públicas y privadas principales, mas media tipo El Mundo, El País, Le Figaro, La Reppublica, etc. Pero el hecho es que hay un mundo paralelo pero real de las muchedumbres que tanto les importaba lo que decía, que por millones compraban sus libros, daban vuelta a lo que decía, lo comentaban en círculos casi en voz baja… Digamos, ha dado en el clavo en tantísimas cuestiones relacionadas con el islam y nuestra sociedad en general. Como vimos, no solamente el islam, sino la izquierda casi por igual se tuvo que tragar sus radiografías. Y la imposición de la tiranía del pensamiento homosexualista. Algo raro que ella empezaba a vislumbrar como un proyecto de la aniquilación de nuestra civilización. Como si despertara de una pesadilla a la que alguien la empujaba contra su voluntad.

El deterioro de su Florencia natal, que carga con tanta cultura que las generaciones actuales empobrecidas culturalmente no son capaces de soportar ni asimilar, son como la prueba de reductio ad absurdum: no se puede por este camino. Esto es un sinsentido. No se puede cortar la rama sobre la que uno está sentado. No se puede matar el alma a tu cuerpo. Sería un cadáver.

Los movimientos de masas actuales, especialmente los del sur al norte, como se podría llamar este fenómeno dantesco que se desarrolla ante nuestros ojos, son una realidad sangrante; no cabe duda alguna. Frente a ello indudablemente hay que responder con la máxima humanidad posible.

¿Pero cuál es esa humanidad? Este proceso que presenciamos es algo tan grande que ni siquiera se podría llamar “inmigración”; lo supera con creces. La solución, en consecuencia, es muy compleja. Porque no se trata de una simple inmigración. Es un proceso de invasión encubierta, como claramente lo ha mostrado y demostrado Fallaci.

Esta invasión (me refiero fundamentalmente en todo este trabajo al problema migratorio de Europa con respecto a su franja del Sur; no al caso del fenómeno migratorio americano, que no siendo sencillo, es de otro tipo) utiliza auténticos dramas humanos, y de las poblaciones enteras para conseguir sus fines. Se trata de un organizador sin escrúpulos y sin normas más que la de sus fines que busca a cualquier precio.

El organizador puede ser una mente maquiavélica (de un grupo selecto de personas) incluso situadas en Europa misma. Más bien parece que se trata de esto, ya que el que tiene dinero, que aquí es dónde está, tiene la política, marca las directrices, señala los pasos a dar. Gadafi no ha caído solo, Assad no ha provocado la guerra. Incluso los Hermanos Musulmanes egipcios no estaban tan mal vistos en los medios occidentales, y se hablaba de respeto a la democracia. Menos mal que allí salió reforzado fuera de las expectativas Al Sisi.

Alguien quiere todo esto. No quiero profundizar por el momento en esta cuestión, pero ese alguien cuenta con recursos y contactos y colaboración en todos lados. Si se hablara en estos términos, nadie lo aceptaría. Pero si la cuestión se presenta como imperativo humanitario, entonces el resultado es bien distinto. El que levanta la voz contra esta situación, es presentado como cruel, ultraderechista tal vez, y al menos xenófobo, o, más concreto, islamófobo.

En cambio, el acogedor (¡?) está en lo correcto. Es hasta espiritual y cumplidor de la voluntad de Dios. En ese sentido esta mente de los clubes selectos tiene un colaborador de primera categoría: el que se llama Obispo de Roma (vamos, si Fallaci con aquel ímpetu suyo  le hubiese conocido, sí que correría riesgo de sufrir un serio trastorno).

El primer viaje de Francisco era a Lampedusa. Celebró la misa en aquellos envoltorios patéticos y de gestos baratos, para las rúbricas de A3TV, predicando su evangelio del hombre:

lampedusa 1

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No hubo que repetirlo dos veces: esto fue un gran pistolazo de salida, hasta para los sordos. Cientos de miles de hombres (hombres musulmanes principalmente) se lanzaron al mar. Se lanzaron a la hégira (inmigración musulmana con fines de la creación de comunidades musulmanas en todo el mundo. Así en Asia por ejemplo, Indonesia se hizo musulmana.) Inevitablemente varios miles de ellos se encontraron con los daños colaterales de la operación: se ahogaron en el Mediterráneo.

Todo ocurre y se presenta como si la culpa la tuviera el Occidente. Otra vez Francisco no se ha hecho esperar. Lamenta profundamente la desaparición de cientos de náufragos cerca de Lampedusa. Su exclamación teatral “sólo me viene la palabra vergüenza, es una vergüenza”, llena los periódicos, y hasta es analizada en la Sexta como paradigma de un gran comunicador.

La inmigración sigue. Barcas y barcas van saliendo, cada vez más. Francisco es su hombre. Es el arma cultural (espiritual, por supuesto que no lo es) de la hégira, la yijad silenciosa y pacífica (no todas las yihad son violentas). Llega a pronunciar una de sus declaraciones más escandalosas en un acto de acogida de los inmigrantes en una parroquia romana. Vatican insider lo transmite (20/01/14):

“El Papa volvió a invitar a los jóvenes a «hacer lío», en cuanto a la reforma de la Iglesia, durante el encuentro a puertas cerradas con un grupo de muchachos y muchachas de la parroquia del Sagrado Corazón de Jesús en Roma (cerca de la estación ferroviaria Termini), en la que estuvo durante cuatro horas ayer por la tarde. Bergoglio reveló a un grupo de refugiados que él también sufre y los invitó a compartir los sufrimientos y la fe, «los que son cristianos, con la Biblia, y los que son musulmanes, con el Corán», porque «uno solo es Dios: el mismo».”

¡Haleeee! Con estos prolegómenos de cada una de las piezas de puzzle en su sitio, el resultado no pudo ser otro: en Grecia, en concreto, la llegada de los inmigrantes en los siete primeros meses de este año fue superior en 750% a la del mismo periodo del año pasado.

afganos

Nada detiene a Francisco. Seguirá pidiendo evitar más muertes en el mar (como si Europa los mandara), y el acierto de sus palabras y acción se confirma con más inmigrantes lanzados a alta mar, más naufragios, más muertes, más expediciones. Continuamente más, sin parar, día tras día.

¿Y por qué no se quedan en Turquía esos afganos ya que son refugiados y ese país no está en la guerra? ¿Por qué ACNUR no los atiende allí? Porque ese país ya es musulmán. Allí no hay nada que hacer. Hay que ir más allá, a conquistar Europa entera. ¿No lo intentaron ya sin parar en los siglos pasados, aunque fuera de otra forma? Pero el objetivo es el mismo. Porque en Turquía ya está la Mezquita Azul, hace falta en Europa construir una más grande. Esa misma la financiará Turquía en Bucarest, en los antiguos territorios conquistados a fuerza por los otomanos. Expulsados de ellos una vez, a los que hay que retornar definitivamente. De otra forma, pero tiempo a tiempo.

El sociólogo español Mario Gaviria no se mordió la lengua al afirmar que se trataba, todavía por el 2009, de la Yijad en la patera. Señala claramente la diferencia entre dos interpretaciones de este fenómeno, una marxista o capitalista-materialista, errónea por supuesto pero difundida por los medios de comunicación como verdad oficial y firme, y otra, más sutil y profunda, pero correspondida a la realidad y a la evidencia:

La interpretación marxista, y capitalista-materialista, es que vienen buscando mejores condiciones de vida. Ello es cierto, pero hay algo debajo más profundo y subestimado. Sólo llegan en patera o cayuco musulmanes (no animistas ni cristianos) seleccionados con un perfil bien conocido: varones jóvenes, un 5-10% menores y, casi siempre, empeñados a través de sus comunidades y mezquitas respectivas.” [Comentario: bien, a unos cuantos cristianos de los pocos embarcados llegaron a tirarlos al mar.]

¿Y para qué? Para esto, simple y llanamente:

La emigración islámica a España y Europa es una forma «light» de la Jihad, del esfuerzo, para expandir la ley musulmana, la sharia, a todo el planeta a través de la creación de comunidades separadas que tienen como resultado inevitable el comunitarismo.

…………………………………

Resultado final de este proceso:

 

A este paso, en menos de dos generaciones, Europa será musulmana. Antes de ello, los barrios periféricos y cada vez más cercanos a los centros de las grandes urbes, serán convertidos en guetos musulmanes, con inseguridad creciente, intolerancia, descontento de domésticos y extraños.

[Protestas recientes de inmigrantes en el sur de Italia]

Entonces realmente la xenofobia y aversión al extranjero va a alcanzar cuotas insospechadas. Se convertirá en odio no disimulado. ¡Cuidado, no disimulado por las dos partes! Los conflictos irán en aumento y la población autóctona verá con buenos ojos cualquier acción en contra de los países emisores de inmigrantes. Eso es justamente lo que quieren conseguir los que, desde las esferas más altas, controlan perfectamente este proceso. Aquí es donde está la superioridad técnica y militar. Aquí todavía, mientras mandan estos, y seguirán queriendo mandar. Entonces, la mayoría de la población firmará a ciegas castigo ejemplar a aquellas regiones, con resultados espantosos. Mientras, las calles europeas se convertirán en zonas de batallas urbanas despiadadas. Enfriará el amor en los corazones, y el grupo selecto, a imagen de los que se reunieron de noche para acordar la muerte a Jesús, presentará a toda religión como culpable de este estado de cosas. La solución que se presentará será la sociedad sin Dios, la de superhombre, la de nihilismo.

No sigo más. Dejo la evidencia en las manos del lector, con el apremio de la oposición al mal. El cristiano debe hacer muchísimo más. No estamos luchando contra fuerzas humanas, sino contra espíritus que quieren arrebatar al hombre a Dios. La reacción del cristiano debe ser la de cinco justos de Sodoma. Acordándose de que mucho vale la oración de justo, seguirá las pisadas de Cristo.

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6 thoughts on “Una década después de Fallaci, Florencia (y Eurabia) vivazmente confirma su legado

  1. La Fallaci pretendía mover la conciencia del estamento al que ella pertenecía, esa civilización atea y decadente sin remedio.
    Tiempo perdido.
    Los católicos en cambio, sabemos que tanto el mundo pagano descreído como también los musulmanes son campos de evangelización.
    “Id y enseñad”, se nos ha ordenado.
    Ése es el desafío.

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  2. Ciertamente el de ella es un grito, y desgarrador por añadidura. Pero más movido por el terror que por la esperanza.
    Un grito inútil además, porque los trabajos serviles que deberían realizar esos jóvenes hastiados de droga, sexo, alcohol y hasta de la misma vida, los van a realizar los inmigrantes a precio vil. Para eso los llaman. En sordina, pero los llaman. Y con ansias locas. Para que suplan a esa hez de la sociedad que no quiere saber de obligaciones.

    Antes llamaban a los sudamericanos, especialmente a los descendientes de los antiguos emigrantes. Pero ahora encontraron que los musulmanes africanos son más baratos y manejables.
    Que vengan pues.

    En cuanto a nosotros como católicos, todo eso nos es absolutamente indiferente. Nuestra misión es salvarnos y evangelizar al prójimo, tanto se trate de una escoria moral posmoderna, como de la víctima de una falsa religión.

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