Adán, el primero que cae en la trampa feminista

Porque si creyerais a Moisés, me creeríais a mí, porque de mí escribió él (Jn 5; 46).”

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Antes de que Dios creara a Eva del costado de Adán, ordenó a Adán que puede comer de todos los árboles del Jardín de Edén, excepto del fruto del árbol del conocimiento del bien y el mal:

Y ordenó el Señor Dios al hombre, diciendo: De todo árbol del huerto podrás comer, pero del árbol del conocimiento del bien y del mal no comerás, porque el día que de él comas, ciertamente morirás (Gen 2; 16-17).”

Era un mandamiento clarísimo de Dios; además, Adán estaba en estado de Justicia y Gracia originales. Entendía perfectamente a Dios, y lo que su Creador le quiso decir.

Tal vez por esa claridad, Satanás elige al parecer el camino más fácil: seducir primero a la mujer, y luego al hombre por medio de ella. La estrategia resultó eficaz. Recordemos cuál fue:

Y la serpiente era más astuta que cualquiera de los animales del campo que el Señor Dios había hecho. Y dijo a la mujer: ¿Es que Dios os ha dicho: “No comeréis de ningún árbol del huerto”? (Gen 3; 1).”

“¿Es que Dios os había dicho…?”  El diablo pone en duda la Palabra de Dios, esa es la estrategia. Dios no es digno de fiar; es más: Dios es en realidad el enemigo de vuestra promoción y felicidad. 

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El diablo se presenta como el primer racionalista, el que pone en duda el mandamiento de Dios, haciendo sugerir que existe, y es menester buscarla, la felicidad y dicha al margen de él. El que propone la autonomía del hombre frente a Dios. En resumen, ¿qué es lo que hace Satanás en este punto?: Cuestiona la Palabra de Dios.

Eva, la madre de todos nosotros, muerde el anzuelo, y en vez de refugiarse en la amistad de Dios, entra en el diálogo con el mal. Más astuto que ella. En el fondo, la fuerza de la mujer, y del hombre, estaba en su inocencia, en esperar y buscar la victoria de Dios. La mujer tenía que andar en la verdad, es decir: ser humilde. Pero no lo fue. Es ingenua, no inocente, y queda como una tonta, además de mala. Busca el consejo del diablo (que no tendría cuernos algunos, más bien era un listillo):

Y la mujer respondió a la serpiente: Del fruto de los árboles del huerto podemos comer; pero del fruto del árbol que está en medio del huerto, ha dicho Dios: “No comeréis de él, ni lo tocaréis, para que no muráis (Gen 3; 2-3).”

El fallo ya estaba hecho, y preparada la caída: se entró en el diálogo con el mal. El consejo de santos y sabios siempre era este: “no tengas la ‘valentía de luchar’ en la ocasión próxima a pecar, ¡huye!”. Vamos a resumir este punto. ¿Cuál es el fallo de Eva aquí? Una vez puesta la Palabra de Dios en cuestión, Eva la distorsiona: dice que Dios les había dicho “ni lo tocaréis…”, ¡lo cual es falso!.

No sorprende, pues, que en este punto Eva sigua escuchando:

Y la serpiente dijo a la mujer: Ciertamente no moriréis.  Pues Dios sabe que el día que de él comáis, serán abiertos vuestros ojos y seréis como Dios, conociendo el bien y el mal (Gen 3; 4-5).”

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Es decir, empezando por cuestionar el mandamiento de Dios, pasó a distorsionarlo, para terminar haciendo el tercer paso: juzgar el mandamiento de Dios. ¿Y cómo lo juzga? ¿Qué idea le ayuda a juzgar la Palabra de Dios? Porque se le presenta como no razonable: Dios es enemigo de la razón y de libre albedrío. ¿No ves que es mejor probar la fruta, no ves que es agradable, no puedes juzgar por ti misma?:

Cuando la mujer vio que el árbol era bueno para comer, y que era agradable a los ojos, y que el árbol era deseable para alcanzar sabiduría, tomó de su fruto y comió; y dio también a su marido que estaba con ella, y él comió (Gen 3; 6).”

Y la caída fue consumada.

San Juan Crisostómo en las Homilías sobre el Génesis (17), saca la enseñanza para los matrimonios, basada en esta Palabra de Dios, y en la naturaleza propia del hombre y de la mujer, creados como tales por Dios:

Incluso si tu esposa preparó el camino para vuestra transgresión de mi mandamiento, no estás sin culpa. Deberías haber considerado mi mando como más digno de confianza. Y, más allá de disuadir a ti sólo de comer, deberías haber mostrado la gravedad del pecado a tu esposa. Después de todo, eres responsable de tu mujer, la cual ha sido creada por tu bien; pero tú has invertido el orden correcto: no sólo tienes que ser tú el que se mantenga el camino recto y estrecho – pero has sido arrastrado con ella, y,  mientras que el resto del cuerpo debe seguir la cabeza, al contrario de hecho ha ocurrido, es la cabeza que ha seguido el resto del cuerpo, haciendo las cosas al revés .

Y es aquí donde quiero poner acento hoy: en la actuación del hombre. El hombre aquí es débil, no cumple con su papel de la cabeza de la familia, del matrimonio. ¿Y por qué? Porque cede a su mujer, en vez de poner por encima y en primer lugar el mandamiento de Dios. Adán no amó a Eva; le consintió en su capricho para asegurarse su aceptación. Se dejó arrastrar por ella, y cayeron los dos.

Trasladando esta reflexión a la actualidad, podemos decir que el feminismo destruye en primer lugar a la mujer, para a continuación destrozar al hombre también, y por ende la familia. No puede ser otra cosa que una iniciativa diabólica, cuyos frutos llegan a ser tan destructivos y desagradables, que al menos el horrendo resultado de esta ideología debería hacernos recapacitar.

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La mujer necesita a un hombre, lo cual no quiere decir a un macho, que es una lamentable y distorsionada caricatura de masculinidad de la que debe rebosar un hombre.

No es cierto que las mujeres quieren o necesitan a hombres que a todo les dirán que sí. Eso son hombres-mujercitas, hombres remilgados, gente floja e insípida. En la naturaleza misma de la mujer yace la necesidad de apoyarse en la estabilidad de una firmeza viril. El cine de los años 50 y 60 todavía lo tenía en cuenta; se buscaban hombres duros que esconden detrás de su rostro de piedra una tristeza,  melancolía y la resignación de los sublimes perdedores – llegado ese punto; pero en cualquier caso capacidad de sufrimiento y liderazgo, rasgos que provocan ternura y en la platea femenina. ¿Por qué será? Actores como Bogart, Heston, Cooper, etc., era lo que venía como el anillo al dedo, algo comúnmente aceptado y pedido.  Sencillamente, simplemente diré que la sociedad era más natural entonces.

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Al final, la cuestión es: ¿cuándo se cae, hasta dónde llega la caída?

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La respuesta salta a la vista, nunca mejor dicho.

Pero a su vez, el hombre sí tiene una respuesta verdaderamente liberadora. Mientras exista el alma en el hombre (y en la mujer, me refiero a los dos), siempre es posible la recuperación, porque Dios siempre puede intervenir.

Dios intervendrá si nos fiamos de su Palabra, y no la despreciamos como hizo nuestra madre común. De su Palabra revelada, desde el principio hasta el fin, sin cuestionarla, dejándose llevar por su auténtica interpretación que solamente la Iglesia puede dar.

Esa interpretación no puede ser hoy una cosa, y mañana otra que no tenga nada que ver, excepto de que se diga “es lo mismo”. Pues mira, no lo veo si no lo veo, capici?

Me despido con una orientación clarísima e inconfundible que nos da a todos León XIII, en su encíclica Arcanum Divinae Sapientiae (“Dada en Roma, junto a San Pedro, a 10 de febrero de 1880, año segundo de nuestro pontificado”):

“4. Para todos consta, venerables hermanos, cuál es el verdadero origen del matrimonio. Pues, a pesar de que los detractores de la fe cristiana traten de desconocer la doctrina constante de la Iglesia acerca de este punto y se esfuerzan ya desde tiempo por borrar la memoria de todos los siglos, no han logrado, sin embargo, ni extinguir ni siquiera debilitar la fuerza y la luz de la verdad. Recordamos cosas conocidas de todos y de que nadie duda: después que en el sexto día de la creación formó Dios al hombre del limo de la tierra e infundió en su rostro el aliento de vida, quiso darle una compañera, sacada admirablemente del costado de él mismo mientras dormía. Con lo cual quiso el providentísimo Dios que aquella pareja de cónyuges fuera el natural principio de todos los hombres, o sea, de donde se propagara el género humano y mediante ininterrumpidas procreaciones se conservara por todos los tiempos. Y aquella unión del hombre y de la mujer, para responder de la mejor manera a los sapientísimos designios de Dios, manifestó desde ese mismo momento dos principalísimas propiedades, nobilísimas sobre todo y como impresas y grabadas ante sí: la unidad y la perpetuidad. Y esto lo vemos declarado y abiertamente confirmado en el Evangelio por la autoridad divina de Jesucristo, que atestiguó a los judíos y a los apóstoles que el matrimonio, por su misma institución, sólo puede verificarse entre dos, esto es, entre un hombre y una mujer; que de estos dos viene a resultar como una sola carne, y que el vínculo nupcial está tan íntima y tan fuertemente atado por la voluntad de Dios, que por nadie de los hombres puede ser desatado o roto. Se unirá (el hombre) a su esposa y serán dos en una carne. Y así no son dos, sino una carne. Por consiguiente, lo que Dios unió, el hombre no lo separe.

¿Habéis visto como León XIII habla de la Palabra de Dios? ¿Y no la toca lo más mínimo? ¿Y a partir de allí desarrolla su enseñanza? ¿Y cómo se entiende? Y no era esto hace tanto, hasta que empezó esta época nuestra de inusual embestida, que sin el empeño máximo del demonio, entender no se puede.

Pero la respuesta está allí: en la obediencia al mandato de Dios, tan firmemente proyectado en la misma naturaleza. El autor humano de Pentateuco era Moisés, que pasó cuarenta días delante de Dios en el monte Sinaí.

La doctrina católica o es íntegra, o es confusa, que es peor que si fuese contraria de la católica, lo cual saltaría a la vista. Recordemos la advertencia del Señor:

Porque si creyerais a Moisés, me creeríais a mí, porque de mí escribió él (Jn 5; 46).”

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One thought on “Adán, el primero que cae en la trampa feminista

  1. En el aspecto social, creo que lo diabólico es imponer igualdad en facetas distintas del varón y la mujer -que son distintos- y en cambio desequilibrar al mismo tiempo la balanza igualitaria a favor de la mujer, que es lo que hace la ideología feminista.
    Además de la actuación del hombre que no cumple, bien visto que son las propias mujeres las victimas del feminismo y el varón es su chivo expiatorio.
    Es diabólico el uso de publicidad, victimismo, legislación como arietes para dominar y rediseñar una sociedad con nuevos roles. Ideologías del ‘hombre nuevo’ y la ‘sociedad nueva’ fundada sobre presupuestos ‘nuevos’ asimétricos como ‘género’, ‘violencia de género’; y a cerrar la boca todos, tanto varones como mujeres, y no cuestionar nada, so pena de incurrir en delito. La igualdad no existe.

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