Corpus Christi, Socci y Francisco. Y mucho más de trasfondo

“En la liturgia, cada palabra y cada gesto conllevan una idea teológica.”

Arzobispo Ferdinando Antonelli, Firmante del Decreto de la Promulgación de la Misa de Pablo VI, el 6 de Abril de 1969.

“Leva manus tuas in superbias eorum in finem: quanta malignatus est inimicus in sancto!” “Levanta tus manos contra su soberbia hasta el final: ¡mira cuánta iniquidad ha hecho el enemigo en el santuario!” Ps 73, 3

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[El osado enseña a los jóvenes en Río de Janeiro 2013 como portarse ante el Señor. Tres largos años sufriendo esta insolencia. Las palabras escritas en Ap. 13, 6: “Et aperuit os suum in blasphemias ad Deum, blasphemare nomen ejus, et tabernaculum ejus, et eos qui in cælo habitant.” “Profirió blasfemias contra Dios, contra su nombre, contra su santuario y contra los que habitan en el cielo.”, parece que le vienen como el anillo al dedo.]

En el Corpus Christi de Roma de este año, Francisco no veía necesario participar en la procesión. Al final tampoco se arrodilló ante el Santísimo. (min 2: 03-04)

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[Malaquías, 1, 6-8: “El hijo  honra a su padre, el siervo a su señor. Pues, si yo soy Padre, ¿dónde está el honor que me pertenece? Y si soy Señor, ¿dónde el temor que se me debe? Esto es lo que dice el Señor todopoderoso a vosotros sacerdotes que despreciáis mi nombre y tenéis la osadía de decir: ‘¿En qué hemos despreciado tu nombre?’ Trayendo a mi altar alimentos impuros: ‘¿En qué te hemos manchado con eso?’ – insistís -, pensando que la mesa del Señor es despreciable. ¿Acaso no está mal traer una res ciega para el sacrificio? ¿No es una vileza ofrecer una res coja o enferma? Anda, ofrécesela a tu gobernador, a ver si le agradas y te muestra su favor, dice el Señor todopoderoso.”]

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[Besando la mano a Rockefeller, Rothschild, Kissinger.Anda, ofrécesela a tu gobernador, a ver si le agradas y te muestra su favor, dice el Señor todopoderoso.“]

Esto encendió – otra vez – al conocido periodista y crítico de Francisco, Antonio Socci. Este autor es internacionalmente conocido por su obra “Non e Francesco” en la cual defiende la tesis de que Francisco no es papa, mediante argumentación litúrgica. No comparto la postura del autor en cuanto a la validez de argumentos aportados: solamente los asistentes al Cónclave pueden hablar con respecto a lo que ocurrió en el mismo. Los demás sencillamente no disponemos de datos algunos y no debemos siquiera adentrarnos en esas especulaciones. Si hubo algo irregular, haberlo dicho los electores; y si no han dicho nada ni debatido sobre el particular, no hay más que hablar. Finalmente, el resultado se aceptó sin ninguna rebelión o cuestionamiento de la elección. Se puede rizar el rizo todo lo que se quiera, pero en eso no hay materia que merezca la pena abordar. (Por último, de la argumentación de Socci se sigue que el Papa debería ser Benedicto XVI, algo que él mismo renegó y aclaró varias veces.)

Sin embargo, la enseñanza de Francisco es lo que importa. Esta enseñanza desespera a Socci, lo cual es normal. El periodista monta en cólera al recordar que este mismo Francisco se arrodilló –durante la Semana Santa de este mismo año; ¡otra vez! – doce veces al lavar los píes a hombres y mujeres, y además de distintas religiones.

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Nadie puede evadir la reflexión que salta a la vista aquí: no se trata de ningún impedimento físico para arrodillarse ante el Santísimo. Es más, a Francisco no le importa estar o sentado o de píe delante del Señor en este acto litúrgico tan solemne y significativo. En cambio, ante el “Cuerpo social” de Cristo, como incluso he llegado a oír a Francisco referirse a los fieles, eso sí que importa a Bergoglio. Allí sí que hay que mostrar toda la reverencia. [Lo de “Cuerpo social” ha tenido lugar en Italia. Un obispo se quejaba de que tiene un clero algo “conservador”, y puso por ejemplo a uno que se obstinaba a dar la comunión a los fieles en la boca, no permitiendo dárselo en la mano. A lo que Bergoglio aconsejó al obispo que amonestara severamente a ese cura, porque no se puede ofender a Cristo presente en su  Cuerpo social.] Y si tenemos en cuenta que ni siquiera todos aquellos a los que Francisco lavó los píes no eran católicos, tenemos otro aspecto de extrema gravedad, pero ese lo tenderemos que dejar de abordar hoy.

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[Queridos religiosos y religiosas –añadió– los conventos vacíos no le sirven a la Iglesia para transformarlos en hoteles y ganar dinero. Los conventos vacíos no son nuestros, son para la carne de Cristo que son los refugiados. El Señor llama a vivir con generosidad y valentía la acogida en los conventos vacíos. Claro, no es algo fácil, se requiere criterio, responsabilidad, pero también se requiere valentía. Hacemos mucho, pero tal vez hemos sido llamados a hacer más, acogiendo y compartiendo con decisión lo que la Providencia nos ha dado para servir”.

“A la Iglesia no le sirven los conventos vacíos. Dejen entrar a los refugiados”.]

Porque, es el “Evangelio social” el que importa a Francisco; ese es el que pertenece a su misión, a estas alturas creo que es algo que pocos se negarán de reconocer.

Pero tengo que hacer aquí una digresión. Socci, indignado y lo entiendo, recuerda una sentencia de Benedicto XVI: “El no arrodillarse pertenece a la esencia de lo diabólico.” En ese sentido, Benedicto XVI no hace otra cosa que recordar – y bien – la doctrina de la Iglesia de siempre. Y como la doctrina y el arte y la liturgia tienen que ir unidos, lo arriba dicho se reflejaba en las pinturas que artistas estaban encargados de reflejar en las iglesias y catedrales. El demonio era pintado sin rodillas:

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Naturalmente, subrayamos aquí una idea que considero subyacente a lo dicho por Socci: él intencionadamente contrapone a Benedicto frente Francisco. En cierto sentido, utiliza este hecho para remarcar su postura: Benedicto XVI es el verdadero papa, mientras que Francisco no lo sería.

Dicho sea de paso, en la página Denzinger Bergoglio que unos sacerdotes (supongo españoles) llevan en secreto se sigue una línea muy parecida, más acentuada si cabe: se señalan casi todas las desviaciones doctrinales de Francisco, contrastándolas a veces con extractos de documentos de Benedicto XVI, Juan Pablo II, Pablo VI y Juan XXIII, junto con el muy extenso Magisterio preconciliar. Pero no se procede de la misma forma con, por ejemplo, Benedicto XVI. Porque, también Francisco tendrá en sus documentos afirmaciones ortodoxas. Es precisamente lo que crea confusión en tantos. Y es precisamente la táctica modernista descrita por Pío X en Pascendi.

Por eso, toda la enseñanza de un pontífice debe ser ortodoxa, e incluso cuando da su opinión como doctor privado cuando sí podría equivocarse, debe llevar mucho cuidado al hablar. Porque en absoluto procede que un pontífice – el pilar y el fundamento de la unidad de todos los cristianos – diga cosas erróneas o que desentonen siquiera de la doctrina de siempre. En tales casos debe – ¡urgentemente! – desdecirse.

Un caso así teníamos en un pontífice de la época de los papas de Avignon, Juan XXII, al que falsamente acusaron desde algunos sectores autodenominados tradicionalistas – como Roberto de Mattei – de haber cometido una herejía. No, señor, Juan XXII no franqueó la puerta de herejía alguna. Dejó constancia al hablar – ¡erróneamente! – sobre la visión beatífica de los fieles purificados después de la muerte, que estaba dispuesto a corregir si fuera necesario, con tal de que cualquiera, una mujer o un niño inclusive – es decir, personas sin estudio en aquel entonces, o inmaduras – le demostrasen que estaba equivocado. Con lo cual mostraba que no era seguro en lo que decía, y además no pretendía enseñar a toda la Iglesia esta doctrina suya.

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¿Y por qué entonces lo predicaba en varias homilías? Mal hecho, y daba lugar a la confusión, por supuesto. Por ello rectificó poco después en el mismo lecho de su muerte, y el Pontífice sucesor zanjó este tema con la promulgación del dogma correspondiente, para que ya a nadie se le ocurriera tocar este asunto.

Juan XXII, por lo tanto, actúo como doctor privado, y aún así tenía que rectificar. ¡Por un único descuido! ¿Y qué es lo que deberíamos decir hoy, después de medio siglo de declaraciones de todo tipo?

Pero volvamos al tema que nos ocupa. En el tiempo en el que tenía el encargo de un perito conciliar, decía en su obra  “Die sakramentale Begründung christlicher Existenz” –  Sobre la base sacramental de la existencia cristiana (1965):

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La devoción eucarística, como se observa en la visita silenciosa de los devotos en la iglesia no debe ser pensada como una conversación con Dios. Esto asume que Dios está presente a nivel local y en un espacio determinado. La justificación de esto demuestra una falta de comprensión de los misterios cristológicos y del concepto mismo de Dios. Esto repugna al pensamiento maduro del hombre que comprende la omnipresencia de Dios. Ir a la iglesia para poder visitar a Dios presente es un acto sin sentido que el hombre moderno rechaza con razón.

 Esto es una clarísima negación – aunque y como mucho concedamos que sea “implícita” – del dogma católico sobre la presencia substancial de Jesucristo en el augusto sacramento del altar con su Cuerpo, Sangre, Alma y Divinidad.

 ¿Ha cambiado su parecer Ratzinger, luego Benedicto XVI con el tiempo? Esto no es garantizado por el simple hecho de haber sido elegido papa. Respecto a su postura sobre la posibilidad de dar la comunión a los divorciados vueltos a casar, que sostenía por los años 70 y era de esta forma muy próxima a la postura de Kasper, ha rectificado,… ¡pero solamente bajo el título del “Papa emérito”!

 A veces se oyen argumentos de este tipo: “Ya en el pasado teníamos situaciones incluso  peores que estas, por eso: ¡paciencia!, ya saldremos de esta”. ¿Quién dice que la historia de la Iglesia tiene que ser lineal y siempre igual? ¿No está profetizado por el mismo San Pablo el tiempo de la gran apostasía? ¿No advierte contra esto mismo Nuestro Señor Jesucristo cuando afirma que en aquellos días la seducción va a ser tal como nunca se dio, y que si el Señor no ayuda a los fieles de aquellos momentos, la seducción sería tan fuerte y sibilina que hasta los mismos elegidos perecerían? ¿No habla San Pablo de un katejón que, mientras no sea removido no podrá aparecer el Anticristo? ¿Este katejón no podría ser el mismo papado? Un “papado” formado por personas que ya no enseñarían en católico.

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[Ratzinger y Rahner, teólogos consultores del Concilio Vaticano II]

Los papas siempre han sido perseguidos, su corona deseada por controlar y abusar de ella; tanto que un buen número de pontífices fue mártir, y por lo general su corona tan ambicionada por los enemigos de la Iglesia por lo que fue objeto de vergonzosas e insolentas pretensiones; exiliados en Avignon, perseguidos por no a muerte por Napoleón; encerrados buenas décadas tras murallas leoninas ya al final del siglo anticlerical por excelencia… todo eso especialmente hasta hoy. Hoy Francisco es alabado por El País, El Mundo y Le Figaro, etc. ¿Cómo puede ser eso? La muerte espiritual del papado sería la insidia más astuta de Satanás.

 ¡Ja! ¡Aquí has fallado iudicamedomine! A Pedro el mismo Señor le prometió que las puertas del Infierno no prevalecerán sobre ella (¡la Iglesia!). Sobre la Iglesia es la respuesta y a la Iglesia indefectible se refiere la promesa invariable del Señor, no sobre el papado. Si no, con la muerte de cada papa y la apertura del nuevo periodo de la sede vacante se incumpliría la palabra del Señor, lo cual es absurdo. Estimado señor, teológicamente es posible tener la sede vacante, mejor dicho ocupada por uno a quien Jesús no entrega las llaves del Reino de los Cielos porque no cumple con las condiciones para ello. Si este pretendiente, elegido además, no tiene la fe católica, no puede ni ser papa, ni dirigir la Iglesia.

 Esto lo sabían muy bien en las épocas anteriores, que algunos tildan con una ligereza charlatana de periodo oscuro de la Iglesia. Vamos a mostrarlo con un ejemplo muy esclarecedor. El Cardenal Gulliano della Rovere (futuro papa Julio II, sucesor de Alejandro VI) fue uno de los rivales (para ocupar el trono papal en su momento) y críticos más tenaces del Papa Alejandro VI (Borgia). Hasta el punto de que llegaba a abrazar de facto la postura herética de conciliarismo (según la cual un concilio puede deponer a un papa). De lo mismo podemos encontrar en muchas reseñas históricas sobre aquellas circunstancias:

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Della Rovere tenía un gran rival en el seno del colegio cardenalicio, el cardenal Rodrigo Borgia, más tarde papa Alejandro VI(1492–1503) a la muerte de Inocencio VIII. Della Rovere, que también aspiraba a ser papa, acusa a Borgia de haber sido elegido mediante simonía y gracias a un acuerdo secreto con el cardenal Ascanio Sforza. Tras esta disputa, se refugia de la ira de Alejandro VI en Ostia y meses más tarde marcha a París, donde incita al rey Carlos VIII (1483–98) a intentar la conquista de Nápoles. Acompañando al joven rey en su campaña militar, entra con él en Roma y trata de convocar un concilio que investigue las acciones del papa Alejandro VI y, eventualmente, lo deponga. Sin embargo, el papa Alejandro se había ganado el favor de un ministro del rey francés, Briçonnet, al ofrecerle la dignidad de cardenal, con lo que consigue detener las maquinaciones de su enemigo.

 Sin embargo, el mismo papa Alejandro VI lo trataba con mucha elegancia y magnanimidad. No se dejaba exasperar y respondía con mucha benevolencia. Villacoslada y Llorca en Historia de la Iglesia Católica nos traen en memoria esta llamativa nota:

 “César, que no podía tolerar ciertas infamias que corrían por la ciudad contra los Borja, pidió se castigase duramente a sus autores; a lo cual respondió el papa ‘que Roma era una ciudad libre, en la cada cual puede escribir y decir lo que le dé la gana. Ya se habla mal incluso de mí, pero yo dejo correr el agua.’ El embajador de Ferrara, que nos transmite esta conversación, añade que a continuación recordó el papa a cuantas personas había perdonado, diciendo: ‘Yo hubiera podido condenar a muerte al vicencanciller (Ascanio Sforza) y a Juliano de la Róvere; sin embargo, no quise hacer daño a ninguno, y perdoné a catorce de los mayores señores.’ Pastor, Geschichte III, 571. p. 427.”

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[Medalla del Cardenal Guiliano della Rovere.]

Por lo tanto, la postura del Cardenal Róvere era conocida y notoria por su heterodoxia. Y, desde el aspecto que nos interesa, ahora se produce un hecho muy significativo. El mismo Villacoslada y Llorca recuerdan un dato fundamental: al ser elegido papa, el Cardenal Róvere, antes de tomar posesión como Pontífice, renunció públicamente a la herejía conciliarista, no sea que esta circunstancia pudiera ser utilizada – justificadamente – como argumento en contra de la validez de su papado.

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[El Moisés de Miguel Ángel – símbolo extraordinario del Renacimiento mecenado por el pontífice – vigila la tumba de Julio II en la iglesia de San Pietro in Vincoli en Roma.]

Este es un dato histórico muy importante para la teología del papado, y poco se trae a colación. Fíjate si lo tenían claro entonces: el Pontífice no puede ser manchado ni con la sombra de la herejía. ¿Y qué diríamos hoy? ¿De cuántas cosas deberían renunciar los aspirantes al trono papal los hoy elegidos? Esto no es un juego de dialéctica, sino una cuestión doctrinal fundamental y esencial. Hoy en día ciertos historiadores del campo supuestamente tradicionalista rebuscan en la historia de la Iglesia casos de papas que, según ellos, habrían caído en la herejía, o eran poco avispados en contra de desviaciones doctrinales. En el fondo lo que pretenden es decir: “tranquilos chicos con los gestos, mandos y dichos de Francisco, cosas como estas ya teníamos en el pasado”. Falso. Como si San Bellarmino no estudió minuciosamente nada menos que cuarenta papas acusados de haber cometido alguna herejía.

Pero lo que no recuerdan tales historiadores y teólogos este ejemplo concreto, en el que un cardenal elegido papa, antes de tomar posesión del pontífice, renunciaba solemnemente a sus errores doctrinales de pasado. O no recuerdan, otro ejemplo, de que todo el Concilio de Constanza suscribió la postura errónea (luego definida como herejía) de conciliarismo, pero Gregorio XII, el papa, no lo hizo. Esa declaración no la firmó, otras sí. ¿No es eso significativo? Todo el concilio puede equivocarse, pero el papa no. En virtud de su autoridad que le viene de Cristo.

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[Condena a Jan Hus en el Concilio de Constanza.]

Entonces, volvemos otra vez a nuestro hilo, ¿por qué no rectificó Benedicto XVI de su enseñanza no católica sobre el matrimonio de los años 70? ¡Habiendo rectificado de ella, una vez siendo ya el papa emérito! Esto es absurdo, ¿es que no lo veis? Tenía que haber rectificado antes de haber aceptado el papado, no después.

Para el colmo, Benedicto XVI escribía, considerado papa por tantos y por mí mismo en aquel entonces y en el que además depositaba mucha esperanza de reconducir la situación de la Iglesia, su famosa trilogía sobre Jesús de Nazaret. Otra vez nos encontrábamos ante un asunto indecente. Benedicto XVI mismo decía que “esta obra no representa el magisterio”, pero la escribía. ¿Y qué es lo que se pretende, que tantos lean el libro del “papa” y no se dejen llevar por sus posturas teológicas? Cuando alguien escribe un libro, es porque quiere transmitir sus ideas al público.

Pero al margen de esta cuestión, este libro nos servirá para otro propósito: para conocer la mente de Benedicto XVI, su pensamiento, sus creencias, su “fe”. Vamos al grano: ¿se trata de una fe católica?

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Por ello, vamos a lo esencial de Jesús de Nazaret de Benedicto XVI. ¿Con qué es estrechamente conectado el pensamiento de Ratzinger sobre el Santísimo Sacramento que citamos antes? Con lo que él piensa respecto a la Resurrección de Cristo. Para lo alargarme, porque para esto habría que escribir un tratado particular dedicado en profundidad al asunto, iré al centro de la cuestión, resumiendo al máximo, pero intentando sintetizar el quid de su pensamiento.

En el capítulo dedicado a la Resurrección, se comenta en los siguientes términos el encuentro de Jesús Resucitado con los Apóstoles a las orillas del lago de Galilea:

Lucas destaca de manera drástica el contraste con un «espíritu», al decir que Jesús pidió algo de comer a los discípulos todavía perplejos y, luego, delante de sus ojos, comió un trozo de pez asado.

La mayoría de los exegetas opinan que Lucas, en su celo apologético, ha exagerado aquí; con una afirmación como ésta, habría vuelto a poner a Jesús en una corporeidad empírica, que ha sido superada con la resurrección. De este modo, entraría en contradicción con su propio relato, según el cual Jesús se presenta de improviso en medio de los discípulos en una corporeidad que no está sometida a las leyes del espacio y el tiempo.” (P. 104 de las 120 de la edición digital disponible.)

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[Me temo que estos exegetas son de tipo Martini y Ravasi. Han seguido y Ravasi sigue como cardenales y nadie les molesta.]

Pues bien, un apologeta católico desmontaría la opinión de “la mayoría de los exegetas” que sostienen hasta explícitamente que la Escritura – libre de todo error es la doctrina católica – puede contradecirse. ¿No puede recordar Benedicto XVI la enseñanza de los Padres y Doctores de la Iglesia según la cual Jesús Resucitado comió el pescado precisamente para mostrar que es el mismo – aunque ahora con el cuerpo glorificado – que antes de morir. No, Ratzinger deja caer estas opiniones y no las combate. Más bien, añade otro tipo de reflexiones. ¿Con qué fin? ¿Lo que dicen esos exegetas es válido, o no? Ratzinger da otra interpretación de este hecho:

Aparecer-hablar-comer juntos: éstas son las tres auto- manifestaciones del Resucitado, estrechamente relacionadas entre sí, con las cuales Él se revela como el Viviente.

Para comprender correctamente el tercer elemento que, como los dos primeros, se extiende todo a lo largo de los «cuarenta días», es de capital importancia la palabra usada por Lucas: synalizómenos. Traducida literalmente, significa «comiendo con ellos sal». Indudablemente,

Lucas ha elegido a propósito esta palabra. ¿Cuál es su significado?

 El «comer sal» de Jesús después de la resurrección, que de este modo se nos muestra como signo de la vida nueva y permanente, hace referencia al banquete nuevo del Resucitado con los suyos. Es un acontecimiento de alianza y, por ello, está en íntima conexión con la Última Cena, en la cual el Señor había instituido la Nueva Alianza. Así, la clave misteriosa del «comer sal» expresa un vínculo interior entre la comida anterior a la Pasión de Jesús y la nueva comunión de mesa del Resucitado: El se da a los suyos como alimento y así los hace partícipes de su vida, de la Vida misma.”

Al leer este texto se deduce que posiblemente Jesús en realidad no comió pescado con los Apóstoles; esto sería una parábola con la que Lucas apuntaría a “un vínculo interior entre la comida anterior a la Pasión de Jesús y la nueva comunión de mesa del Resucitado”.

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[Infocatólica titula la noticia: “Polémica absurda: con Benedicto XVI ya había niñas vestidas de Rey Mago en la Misa de Año Nuevo.” La verdad que tienen razón.]

Más aún: ¿la Resurrección de Jesús, es un acontecimiento histórico? Los modernistas nunca responderán con claridad: sí o no. Eso no es su estilo. Si hablaran así, no podrían engañar a nadie. Y ellos son maestros de engaño. Su lenguaje es una montaña rusa: para arriba, hacia abajo, una vuelta cabeza abajo en espiral y todo así. El ejercicio de retórica máxima, para nada. Toda una manifestación de espléndida ingeniería pero para nada que sirva realmente. Una simple ilusión que abstrae de la realidad.

Ellos dicen: la Resurrección de Jesús está en la historia, pero la supera de alguna manera, sería más bien ‘metahistoria’. De forma que consiguen embelesar al público, el que le hasta cree. Y por dentro (y por fuera) diciendo: ¡qué lista es esta gente! De listos nada. Simplemente te han apartado de la fe de siempre. La Resurrección, igual que la Encarnación y el Nacimiento y la Pasión y Muerte, es histórica. Si no, ¿cómo nos redimiría el Señor?

Para ellos la Resurrección es algo… distinto será. Así es cómo habla Benedicto XVI:

Según todos estos datos bíblicos, ¿qué podemos decir ahora realmente sobre la naturaleza peculiar de la resurrección de Cristo?

Que es un acontecimiento dentro de la historia que, sin embargo, quebranta el ámbito de la historia y va más allá de ella.

 Podríamos considerar la resurrección (como ya hemos hecho por adelantado en la primera sección de este capítulo) algo así como una especie de «salto cualitativo» radical en que se entreabre una nueva dimensión de la vida, del ser hombre.

 A partir de esto hay que afrontar también la cuestión sobre la resurrección como acontecimiento histórico. Por una parte, hay que decir que la esencia de la resurrección consiste precisamente en que ella contraviene la historia e inaugura una dimensión que llamamos comúnmente la dimensión escatológica. La resurrección da entrada al espacio nuevo que abre la historia más allá de sí misma y crea lo definitivo. En este sentido es verdad que la resurrección no es un acontecimiento histórico del mismo tipo que el nacimiento o la crucifixión de Jesús. Es algo nuevo, un género nuevo de acontecimiento. P. 106”

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[13 de noviembre de 1964: Pablo VI en compañía del Cardenal Ottaviani,  que creería que se iba a morir, deposita la tiara papal en el altar de la Basílica Vaticana. En vez de ella, llevaría una mitra como un obispo cualquiera.

Muy doloroso para los católicos, entre los cuales los más tradicionales veían el fin del mundo cerca, como una ruptura o desaparición del papado. Una sacudida de la que no se podían recuperar. ¿No se podía pensar en las palabras del “Sumo Pontífice” de la Masonería Universal, Albert Pike?:

“Los inspiradores, los filósofos y los jefes históricos de la Revolución Francesa
habían jurado derrocar la Corona y la Tiara sobre la tumba de Jacques
de Molay… Cuando Luis XVI fue ajusticiado, la mitad del trabajo estaba
hecho; y desde entonces el Ejército del Templo debía enderezar todos
sus esfuerzos contra el Papado”.]

 Contra esto, el Motu Proprio Lamentabili (1907) de San Pío X condena las siguientes proposiciones:

La resurrección del Salvador no es propiamente un hecho de orden histórico, sino un hecho de orden puramente sobrenatural, ni demostrado ni demostrable, y que la conciencia cristiana gradualmente extrae de otras fuentes.” (N. 36)

“La fe en la resurrección de Cristo tuvo su comienzo no tanto del hecho de la resurrección en sí misma, como de la vida inmortal de Cristo en Dios.” (N. 37)

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[De vatican.va: “La Tiara (la Tiara papal formada por tres coronas que simbolizan el triple poder del Papa, padre de los reyes, rector del mundo, Vicario de Cristo) del siglo XVIII, con la cual es coronado el San Pedro broncíneo el 29 de junio, fiesta del santo.”]


No condenó Pío X estas proposiciones porque tenía aversión a cosas e ideas nuevas, sino porque tenía la obligación de defender el depósito de la fe. Un depósito que Santo Tomás de Aquino maravillosamente iluminaba con su preclara inteligencia, un don sin igual a la Iglesia que nunca podremos agradecer suficientemente. Cito tan solamente, con el fin de reflejar la clara diferencia entre un pensamiento católico del que no lo es, extractos de las explicaciones de Santo Tomás sobre la cuestión de la Resurrección de Jesús (ST, III, q. 55, a. 5 y 6):

“Art. 5: ¿Cristo debió poner de manifiesto la verdad de su resurrección con argumentos?

Contra esto: está que en Act 1,3 se dice: Cristo se apareció a sus discípulos por espacio de cuarenta días con muchas pruebas, hablándoles del reino de Dios.

Respondo: … Otras, por argumento se entiende algún signo sensible que se aduce para la manifestación de una verdad;…

En cambio, si se toma el argumento en el segundo sentido, entonces se dice que Cristo les dio a conocer su resurrección por medio de argumentos, en cuanto que demostró con algunas señales evidentísimas que de verdad había resucitado. Por esto en el texto griego, donde nosotros leemos con muchos argumentos, en vez de argumento se emplea la palabra tekmerion, que significa señal evidente para demostrar.

Cristo manifestó a sus discípulos señales de esta clase acerca de su resurrección por dos motivos. Primero, porque sus corazones no estaban dispuestos para admitir fácilmente la fe en la resurrección. Por esto les dice él mismo, en Lc 24,25: ¡Oh insensatos y tardos de corazón para creer! Y en Mc 16,14 se lee: Les echó en cara su incredulidad y su dureza de corazón. Segundo, para que, mediante las señales de esta clase a ellos manifestadas, el testimonio de éstos se hiciese más eficaz, según aquellas palabras de 1 Jn 1,1-2: Lo que hemos visto y oído, y lo que nuestras manos palparon, eso testificamos….

Art. 6: ¿Los argumentos alegados por Cristo fueron suficientes para probar la verdad de su resurrección?

Objeciones por las que parece que los argumentos alegados por Cristo (cf. Mt 28; Mc 16; Lc 24; Jn 20-21; Act 1,1-11) no fueron suficientes para probar la verdad de su resurrección.

  1. Cristo, después de su resurrección, nada mostró a sus discípulos que también los ángeles, apareciéndose a los hombres, no les hayan mostrado o no hayan podido demostrarles. Pues los ángeles se han aparecido a los hombres con frecuencia en forma humana, y hablaban, vivían y comían con ellos, como si fuesen verdaderos hombres; como es evidente en Gen 18, a propósito de los ángeles hospedados por Abrahán; y en el libro de Tobías (5,5), con el ángel que le acompañó y le volvió a traer.Y, sin embargo, los ángeles no tienen verdaderos cuerpos que les estén naturalmente unidos, cosa que se requiere para la resurrección. Luego las señales que Cristo ofreció a sus discípulos no fueron suficientes para probar su resurrección.
  2. Cristo resucitó con una resurrección gloriosa, esto es, teniendo a la vez la naturaleza humana junto con la gloria. Pero Cristo manifestó a sus discípulos algunas cosas que parecen contrarias a la naturaleza humana, por ejemplo, que desapareció de su vista(Lc 24,31), y que entró donde ellos estaban, cerradas las puertas (Jn 20,19.26); otras da la impresión de que fueron contrarias a su gloria, v.gr., que comió y bebió (Lc 24,43; Jn 21,12; Act 1,4; 10,41), e incluso que conservó las cicatrices de las heridas (Lc 24,39; Jn 20,20.27). Luego parece que tales argumentos no fueron suficientes ni convenientes para que manifestasen su fe en la resurrección.

  1. Los ángeles invocados como testigos de la resurrección parecen insuficientes por esta discrepancia entre los evangelistas. Efectivamente, el ángel que vieron las mujeres es descrito por Mt 28,2 como sentado sobre la piedra removida, mientras que Mc 16,5 lo presenta dentro del sepulcro donde entraron las mujeres. Y, por otra parte, según Jn 20,12 son dos los ángeles sentados dentro del sepulcro, mientras que Lc 24,4 los presenta como dos varones que están de pie. Luego los testimonios sobre la resurrección parecen incongruentes.”

Es decir, Santo Tomás ya se adelantaba la argumentación modernista. Buscaba objeciones más rebuscadas que se podrían alegar, para luego rebatirlas con toda claridad – con argumentos basados en la fe (Escritura, Patrística, y ocasionalmente del Magisterio cuyas sentencias recordaba) y en la razón. Por eso:

Contra esto: está que Cristo, que es la Sabiduría de Dios (1 Cor 1,24), dispone todas las cosas con suavidad y de manera conveniente, como se dice en Sab 8,1.

Respondo: …

También los argumentos fueron suficientes para probar su resurrección verdadera, e incluso gloriosa. Que su resurrección fuera verdadera, lo probó de un primer modo por parte del cuerpo. Acerca del cual manifestó tres cosas: Primera, que era un cuerpo verdadero y sólido, no fantástico y ligero, como lo es el aire. Y lo demostró presentando su cuerpo como palpable, puesto que, en Lc 24,39, El mismo dice: Palpad y ved, porque un espírítu no tiene carne ni huesos, como veis que yo tengo. Segunda, probó que era un cuerpo humano, manifestándoles su verdadera figura, que veían con sus ojos. Tercera, les probó que era numéricamente el mismo cuerpo que antes había tenido, al presentarles las cicatrices de sus heridas. Por lo cual se lee en Lc 24,38-39: Les dijo: Ved mis manos y mis pies, que soy yo mismo.

De un segundo modo les probó la verdad de su resurrección por parte del alma unida otra vez al cuerpo. Y esto lo probó mediante las operaciones de una triple vida. Primero, por la obra de la vida nutritiva, puesto que comió y bebió con sus discípulos, como se lee en Lc 24,30-43. Segundo, por las obras de la vida sensitiva, ya que respondía a las preguntas de los discípulos, y saludaba a los que se hallaban presentes, con lo que demostraba que veía y que oía. Tercero, por las obras de la vida intelectiva, porque hablaban con El y discurrían sobre las Escrituras.”

Pienso que es suficiente. Queda notoria la diferencia entre dos formas de pensamiento. En cuanto al análisis pormenorizado de la trilogía de Benedicto XVI, este supera largamente la extensión de este artículo, pero solamente debo decir que otras tantas preguntas capitales quedan por abordar. Con lo que hemos apuntado, basta para ver que aquí hay un asunto central que no se puede rodear: el pensamiento de Ratzinger en los años sesenta y setenta no era católico.

– A pesar de ello, no rectifica de su postura respecto a la comunión de los divorciados vueltos a casar antes de tomar posesión como papa, sino ya como “papa emérito”. Si tal rectificación se sobreentiende al ser elegido papa (en el caso de Julio II, como vimos, no se “sobreentendía”. O crees aquello, o no crees. Si no crees, dilo. Si no lo dices, es porque lo crees, y no podrás ser el papa. Pensaban, desde luego, imbuidos en la escolástica. Gracias a Dios.), ¿para qué entonces rectifica después?

– En cuanto a la eucaristía no rectifica ni antes ni después.

– Su pensamiento respecto a la Resurrección no es genuinamente católico. Lo digo con toda claridad: una persona que lee el libro Jesús de Nazaret de Benedicto XVI expone su fe al grave peligro. Por todo ello no es de extrañar que Benedicto XVI en este libro cite como si tal cosa, se podría decir con elogio, al mismísimo Kasper: “Del ámbito de la teología sistemática se han de mencionar ahora, junto con las grandes cristologías de Wolfhart Pannenberg, Walter Kasper y Christoph Schönborn, el volumen de Karl-Heinz Menke, Jesus ist Gott der Sohn. Denkformen and Brennpunkte der Christologie, Pustet, Ratisbona 2008.”

¿Kasper escribe “grandes cristologías”? Kasper no tiene sutileza de Benedicto XVI o de Ratzinger, en comparación podríamos decir que es un borde. Pero su obra para un católico, insultante. Pero Kasper ha sido elegido cardenal cuando Ratzinger era el Prefecto de la Congregación de la Doctrina de la Fe. ¿Casualidad?

Benedicto XVI elogia también al jesuita Martini, uno de los principales avalistas de Bergoglio: “Se puede encontrar abundante material sobre la historia de Jesús también en la obra en seis volúmenes La historia de Jesús, Rizzoli, Milán 1983-1985, de varios autores (editado por

Virgilio Quitado, con el asesoramiento científico de Martini, Rossano, Gilbert, Dupont)

La obra de Martini, “científica”, hay que tirarla a la basura. Si la lees y crees, dejarás de ser católico. Y este señor fue el promotor de Giancarlo Ravasi, futuro cardenal, actualmente Prefecto para los Bienes Culturales de la Iglesia.

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Ya saben, el de “Pachamama” y otras imaginaciones.

Bien. En la época de Alejandro VI y Julio II, esa época “malísima” para la Iglesia cuando, ¿¡cómo pudo ser eso!?, la Iglesia se extendió a los cinco continentes con velocidad de rayo, aunque viajando en cáscaras de nueces tipo La Pinta, La Niña y La Santa María. En esa época malísima, sin embargo, en la Iglesia existía una convicción inquebrantable de que un heterodoxo no puede ocupar la silla papal.

Pero esa postura no es accidental ni coyuntural, ligada a una época. Es esencial al primado de Pedro. El que no es católico – un musulmán por ejemplo, o un modernista, no puede recibir las llaves de Pedro. Porque estas se las tiene que dar Cristo, no el Colegio Cardenalicio. Y esa es la lógica que subyace a la bula Ex cum appostolatus officio en la que Pablo IV declaraba que un hereje, o incluso uno que promovía herejías, no puede ser papa aunque sea elegido. No es un tema simplemente “canónico”, es un asunto de fe. Se refiere a la “materia” necesaria para que haya un pontífice.

Por último, nos referiremos a un par de homilías más sangrantes de Francisco pronunciadas en las últimas semanas. Realmente, son tantas que prácticamente a diario habría que hacer retoques, advertencias, avisos y advertencias de no caer en la trampa de sus palabras. Aunque, para la gente que tiene fe y algo de formación es fácil detectar sus desvaríos. Pero estos pensamientos son muy indicativos de por dónde va, nos hablan de su “fe”, ¿qué es lo que realmente piensa y cree? (Aunque sean las enésimas indicaciones.)

En la homilía de Santa Marta, el 11 de abril de 2016, advierte contra una especie de maltrato a Judas:

El corazón cerrado a la verdad de Dios está apegado solo a la verdad de la ley, es más, más que a la ley, a la letra, y no encuentra otra salida que la mentira, el falso testimonio y la muerte. Jesús ya les había echado en cara esa actitud, porque sus padres habían matado a los profetas y ellos, ahora, construyen monumentos a aquellos profetas. La respuesta de los doctores de la ley es cínica más que hipócrita: “Si hubiésemos vivido en el tiempo de nuestros padres no habríamos hecho lo mismo”. Y así se lavan las manos y se juzgan puros ante sí mismos. Pero su corazón está cerrado a la Palabra de Dios, está cerrado a la verdad, está cerrado al mensajero de Dios que trae la profecía para sacar adelante al pueblo de Dios. Me duele cuando leo aquel pequeño pasaje del evangelio de Mateo (27, 3-7), cuando Judas arrepentido va a los sacerdotes y les dice: He pecado entregando sangre inocente, y quiere devolverles las monedas… y lo hace. ¡Qué nos importa a nosotros! —le contestan—; ¡allá tú! Un corazón cerrado ante este pobre hombre arrepentido que no sabía qué hacer. ¡Allá tú! Y fue a ahorcarse. ¿Y qué hacen ellos cuando Judas va a colgarse? ¿Hablan y dicen: pobre hombre? ¡No! Lo primero las monedas: Estas monedas son precio de sangre, no pueden entrar en el templo… la regla tal, tal, tal, tal… ¡Los doctores de la letra!
No les importa la vida de una persona, no les importa el arrepentimiento de Judas: el Evangelio dice que volvió arrepentido (Mt 27, 3). Solo les importa su sistema de leyes y tantas palabras y tantas cosas que han construido. Esa es la dureza de su corazón, la estupidez del corazón de esa gente que, como no podían resistir la verdad de Esteban, van a buscar testigos falsos para juzgarlo. (
Homilía en Santa Marta, 11 de abril de 2016)

Esto es todo un concentrado de despropósitos y declaración de intenciones más descaradas. En cuanto al “pobre Judas”, hay que remarcar lo siguiente: el único al que tenía que acudir Judas, era Jesús, no los judíos ni los sumos sacerdotes que le pidieron la muerte. ¿Qué tenía que ver con ellos Judas? ¿Qué sentido tenía ajustar ninguna cuenta con los que no le podían dar perdón? Dice Francisco que el Evangelio dice que volvió arrepentido. ¡Falso! No digo que hoy en día no habrá traducciones que lo digan, eso es cierto, pero “damnatus esset” de Vulgata se traduce mejor, como se suele hacer, por: “lleno de remordimiento”. Además, lo que acababa de ocurrir está reflejado correctamente con esas palabras. Judas no reaccionó a la dulce y dolorosa invitación de Jesús a que rectificara, a que pida perdón. A nadie en persona le dice Jesús en los Evangelios “amigo”, solamente a Judas. Y este, desgraciado, se aleja del único que le podía conceder el perdón y la paz de su alma.

Judas va como un maldito a los malditos. Su reacción es propia de los que están en el lugar del llanto y rechinar de dientes; es una relación de odio y desprecio. Judas desprecia a los que colaboraron con él en la entrega de Jesús; los odia, no los soporta, son vivo recuerdo de su traición y les tira el miserable y blasfemo precio de la misma. Odio contra odio, como en el infierno.

¿Y qué tenían que hacer los judíos que acababan de entregar a Jesús a Pilato, buscando su muerte? ¿Qué sentido tiene que ellos acojan a Judas, practiquen la cultura de encuentro, que dialoguen con él, o lo que sea? Lo único que tenía sentido era que le indiquen el camino hacia Jesús, un camino que su propio odio había ya cerrado. No hay salvación fuera de Jesús, pero para Francisco parece que sí. Con tal de acoger a una persona, aplicar unas medidas horizontales sin referencia a Dios ni Cristo, esa sería la salvación. Realmente, así se comporta Francisco: en sus vídeos, en sus charlas, en sus audiencias. No habla de Dios, sino de relaciones humanas. Su mensaje es carente de Dios. Acusa a los sumos sacerdotes y ancianos por tener “Un corazón cerrado ante este pobre hombre arrepentido que no sabía qué hacer… No les importa la vida de una persona, no les importa el arrepentimiento de Judas.

¿Y qué tenían que hacerle? ¿Perdonarle? Pero si no eran ofendidos ellos. En todo caso, deberían decir a Judas: “Vayamos a reconocer a Jesús como Mesías, el Hijo de Dios y pedirle perdón por lo que hicimos”. En todo caso deberían decirle eso. Solamente eso podría tener sentido. Cualquier otra acción de acogida sin Cristo no tenía sentido.

 Veo en definitiva en esto la sombra de una de las mayores ofensas hechas a Dios en estos últimos tres años. La muy reciente declaración del Cardenal Koch según la cual “debemos procurar la conversión de todas las almas, excepto la de los judíos”.

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Realmente, lo que dice es fiel reflejo e interpretación del Evangelii Gaudium 247, según lo cual “la Antigua Alianza sigue siendo válida”. Es decir, los judíos no necesitan a Jesucristo para salvarse. Eso es lo que dice.

Lo que dice Cardenal Koch, lo dice Francisco. Es otra forma modernista de actuar. Francisco no lo dirá de forma descarada. Incluso la afirmación de EG envuelve en un halo de ambigüedad, porque hay partes de la Antigua Alianza que siguen siendo válidas, como por ejemplo aquella hecha a Noé, a Abraham… pero estas siempre se cumplen y tienen su plenitud en Cristo. Sin él no valen. La de Moisés sí que está abolida, y al no referirse explícitamente a ella… no queda claro a qué se refiere. Pero luego sí que lo aclara. Lo aclara con sus gestos y por medio de sus subordinados a los que no corrige. Si fuese un verdadero papa, Koch estaría ya bajo la amenaza de excomunión si no rectificara esa misma tarde. Pero Koch lo dice, y a Francisco le falta aplaudirle. ¿De dónde le sale a Koch decir esto, si no viera que lo puede hacer? ¿O hasta estaría obedeciendo, quién sabe? Para afirmar que estoy en lo equivocado, debería ser posible que el portavoz de un gobierno diga una cosa en la rueda de prensa, y nosotros debamos suponer que el Presidente piensa lo contrario.

Por último, queda otro cinismo – intencionado o no, no lo sabemos, pero la forma sí lo es: “la regla tal, tal, tal, tal… ¡Los doctores de la letra!…Solo les importa su sistema de leyes y tantas palabras y tantas cosas que han construido.

Francisco utiliza el relato de la desesperación de Judas para arremeter contra los que no quieren abandonar la disciplina de la Iglesia respecto a la administración de los sacramentos. Este es el contexto. Y, cínicamente, se acusa a los que se empeñan que el Señor no estuviera entregado a las almas que no están en gracia. Como si velar por el honor debido a Dios fuera fariseísmo. Los fariseos eran precisamente los que despreciaban la Ley de Dios estableciendo sus preceptos humanos. Poniéndose a sí mismos en lugar de Dios, sus reglas por delante de lo inmutablemente establecido por Dios. En definitiva como tú, Francisco.

Por lo demás, esa referencia a la ley, ley… de los judíos no tiene aquí cabida alguna. ¿Qué ley se tenían que saltar los principales judíos con respecto a Judas? No tiene sentido, ninguna. Ninguna ley valía ya, faltaba ahora creer en Jesús, lo que y sus príncipes y Judas mismo no hacían. Era la única ley que les faltaba por cumplir, y no lo hicieron. Es decir: sí a la Ley, no a las leyes sin Cristo que no traen la salvación.

 Todo esto es lo que podías y tenías que decir, Francisco. Los judíos tendrían que aceptar a Jesucristo, si realmente creyeran en el Antiguo Testamento. Porque como el Brother Nathanael, un judío convertido en la corriente de los cismáticos rusos, enseña sin embargo con la doctrina católica, porque en esto es la misma que de la Iglesia Católica,  que una breve lectura del Antiguo Testamento demuestra claramente que Jesucristo es verdaderamente el Mesías judío.

El papel del Mesías sería el de derrotar la muerte y deshacer el mal que hizo Satanás en el Jardín del Edén. Se predijo que vendría durante los últimos días de la dinastía del rey David, que finalizó con el reino de Herodes, quien reinaba en el momento del santo nacimiento de Cristo. El Mesías sería un profeta, como Moisés, cuya nueva alianza reemplazaría la antigua y requeriría obediencia por parte de los judíos. El Mesías nacería en Belén de una virgen, y se llamaría “Dios con nosotros”, Emmanuel, indicando su Encarnación. El Mesías vendría antes de la destrucción del segundo templo, que ocurrió en el año 70 de nuestra era. El Mesías portaría los pecados del mundo y resucitaría al tercer día. Crearía una nueva raza de la humanidad, Israel de Dios, la Iglesia, compuesta por judíos y gentiles, llamados por un nombre nuevo: cristianos.

Pero los judíos de entonces y los que les siguieron, dejaron la enseñanza del Antiguo Testamento y elaboraron la de Talmud, con la intencionalidad de rechazar a Jesús como Mesías. Estos son los que van con la “ley, ley” y olvidan la gracia. A estos se los tenías que recordarlo, para el bien eterno suyo y tuyo.

Dios te lo haga ver.

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[El Papa y el Anticristo“, la obra del Cardenal Manning (1861!), converso del anglicanismo. Sostiene que el Papa es el katejon que impide la aparición del Anticristo. El eclipse del papado es el que preparará el camino del Vicario del Demonio. Creía que el papa tendrá que huir de Roma, la cual lo rechazará y volvería, después de la apostasía rampante, al antiguo paganismo. Pero en vez de la persecución física esta vez, ¿no podría tratarse de la usurpación de la Sede de Pedro? Otros autores, como el P. Edmund James O’Reilly escribía (en 1882!) sobre la posibilidad del largo periodo de la sede vacante. Entonces, estos hombres celosos de la gloria de Dios y de su Iglesia, podían escribir sobre estas cosas, sin temor a ser castigados, ni eran perseguidos por ello. Hoy en la Iglesia está permitido hablar de todo, menos de estos temas tan cruciales.

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Otros autores, como el P. Sylvester Berry decía en 1927: “Satanás imitará la Iglesia de Cristo para engañar la humanidad; levantará la Iglesia de Satán en oposición a la Iglesia de Cristo.]

El último análisis, el de la homilía de 30 de mayo de 2016:

“En el fondo, Jesús mismo fue tentado de perder la memoria de su misión, de no dar sitio a la profecía y preferir la seguridad en lugar de la esperanza, que fue la esencia de las tres tentaciones padecidas en el desierto. Así pues, Jesús, que conoce en sí mismo la tentación, reprocha a esa gente: Vosotros recorréis medio mundo para hacer un prosélito y cuando lo halláis, lo hacéis esclavo (cfr. Mt 23,15). Ese pueblo tan organizado, esa Iglesia tan organizada… ¡hace esclavos! Y así se entiende la reacción de Pablo cuando habla de la esclavitud de la ley y de la libertad que te da la gracia (cfr. Gal 4,3ss.). Un pueblo es libre, una Iglesia es libre cuando tiene memoria, cuando deja sitio a los profetas, cuando no pierde la esperanza.”

He resaltado lo de “Jesús, que conoce en sí mismo la tentación”, que abordaremos principalmente. (Lo de “esa Iglesia tan organizada… ¡hace esclavos!”, tiene interpretación similar a la que hicimos antes al reflexionar sobre las palabras de Francisco respecto a Judas. Si la Iglesia está organizada, es porque debe tener orden, que siempre proviene de Dios; porque hay que saber lo que se puede hacer, y lo que no. Lo que está antes, y lo que está después. Lo esencial y lo accidental. Eso es debido al orden, que siempre es de agradecer y de ayuda. Lo que no tiene orden es anarquía y el reino del caos que es lo de facto promueve Francisco para dejar funcionar lo que le plazca; y prohibir arbitrariamente según su antojo y dirección que se debe seguir. El que quiere hacer eso, le estorba la organización, que frena la anarquía.)

¿Vamos a ir a algún escrito-basura de los modernistas del último siglo, o a Santo Tomás y San Agustín? Pues a lo de la claridad de la mente, del corazón y de la fe. Traemos a memoria lo enseñado por Santo Tomás respecto a la tentación de Cristo. Summa, III, q. 41, 1 y 2.:

a. 1: ¿Convino que Cristo fuese tentado?

Respondo: Cristo quiso ser tentado: Primero, para proporcionarnos auxilio contra las tentaciones. Por esto dice Gregorio en una Homilía: No era indigno de nuestro Redentor querer ser tentado, él que había venido para ser muerto; para que así venciese nuestras tentaciones con las suyas, lo mismo que aniquiló nuestra muerte con la propia.

Segundo, para nuestra precaución, a fin de que nadie, por santo que sea, se tenga por seguro e inmune a la tentación. Por lo que también él quiso ser tentado después del bautismo, porque, como dice Hilario, Super Matth.las tentaciones del diablo se ceban especialísimamente en los santos, porque no hay victoria que más apetezca que la lograda sobre los mismos. De ahí que también en Eclo 2,1 se diga: Hijo, si vienes a servir al Señor, mantente firme en la justicia y el temor, y prepara tu alma para la tentación.

Cuarto, para infundir en nosotros la confianza en su misericordia. Por esto se dice en Heb 4,15: No tenemos un Sumo Sacerdote que no pueda compadecerse de nuestras flaquezas, pues fue tentado en todo, a semejanza nuestra, menos en el pecado.

Sed contra, 2: Cristo vino a destruir las obras del diablo, no usando de su poder, sino más bien padeciendo de él y de sus miembros, para, de este modo, vencer al diablo con la justicia, no con el imperio, como explica Agustín en XIII De Trin.El diablo hubo de ser vencido, no por el poder de Dios, sino por la justicia. De ahí que en las tentaciones de Cristo debe considerarse lo que hizo él por su propia voluntad y lo que padeció del diablo. Y el ofrecerse al tentador fue obra de su propia voluntad…

2.: ¿Cristo debió ser tentado en el desierto?

Respondo: Como hemos manifestado (a.1 ad 2), Cristo, por su propia voluntad, se presentó al diablo para ser tentado, lo mismo que también, por su propia voluntad, se ofreció a sus miembros para que le matasen; de otra manera, el diablo no se hubiera atrevido a acercarse a él…. Cristo hizo esto misteriosamente, con el fin de liberar del destierro a Adán, el cual había sido arrojado del paraíso al desierto (cf. Gen 3,23); (y) ejemplarmente, para manifestarnos que el diablo tiene envidia de los que tienden a lo más perfecto.

 Sed contra, 2: La ocasión de la tentación es doble. Una, que proviene del hombre; por ejemplo, cuando alguien busca el pecado, no evitando las ocasiones de pecar. Y tal ocasión de tentación debe de ser evitada, como se le dijo a Lot en Gen 19,17: No te detengas en toda la región alrededor de Sodoma.

La otra ocasión de tentación procede del diablo, que siempre tiene envidia de los que tienden a la perfección, como dice Ambrosio. Y tal ocasión de tentación no es necesario evitarla. Por esto dice el Crisóstomo, In Matth., que no sólo Cristo fue conducido al desierto por el Espíritu, sino también todos los hijos de Dios que tienen el Espíritu Santo. No les satisface estar ociosos; pero el Espíritu Santo les impele a emprender alguna obra grande; esto, para el diablo, equivale a estar en el desierto, porque allí no existe la injusticia, en la que el diablo se deleita. Toda obra buena es también desierto para la carne y el mundo, porque no se conforma con los deseos de la carne y el mundo. Y dar al diablo esta clase de ocasión de tentaciones no es peligroso, porque es mayor la ayuda del Espíritu Santo, autor de toda obra perfecta, que el ataque del diablo envidioso.”

En otras palabras y resumiendo, siguiendo la idea de los buenos y fieles comentaristas de Santo Tomás, la tentación puede ser:

  1. Exterior
  2. Interior.

La tentación interior remueve y aprovecha la concupiscencia del hombre que lo empuja, como infeliz herencia del pecado original. La tentación exterior es producida por el ataque del demonio, sin recurso a las apetencias de las insanas inclinaciones del hombre.

Cristo, por lo tanto, no conoció la tentación interior.

¿Y de dónde le viene ese pensamiento a Francisco? Depende si ve a Jesucristo como al Hijo de Dios.

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One thought on “Corpus Christi, Socci y Francisco. Y mucho más de trasfondo

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