Roberto de Mattei yerra otra vez: Haec Sancta de Constanza no fue firmada por el Papa. Lo cual no es paralelismo con el CVII

El argumento de Roberto de Mattei es el siguiente: en 1415 el Concilio de Constanza firma la Declaración Haec Sancta, una declaración herética ya que defiende la doctrina de conciliarismo, según la cual el Papa en definitiva está sometido al Concilio.

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Y [la asamblea] declara, en primer lugar, que congregada legítimamente en el Espíritu Santo, formando concilio general y representando a la Iglesia católica, recibe la potestad inmediatamente de Cristo. Todos, de cualquier estado o dignidad que sean, incluso papal, están obligados a obedecerla en aquellas cosas que pertenecen a la fe y a la extirpación de dicho cisma y a la reforma de dicha Iglesia, tanto en la cabeza como en los miembros.

Declara, además, que todo aquel, de cualquier condición, estado o dignidad que sea, incluso la papal, que tercamente rehusara obedecer a los mandatos, determinaciones, ordenaciones o preceptos de este santo sínodo o de cualquier otro concilio general congregado legítimamente, en relación con lo que se ha hecho o debe hacerse en el futuro, si no entra en razón: se le someta a una penitencia conveniente y se le castigue con la pena debida; y se recurra (si fuera necesario) a otros medios que presta el derecho.

Concilio de Constanza, 6 de abril de 1415.
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Primera observación que hemos de hacer es la siguiente: esta declaración todavía no se pudo considerar formalmente herética, ya que conciliarismo no fue definido todavía como herejía. Pero esta observación es menos importante.

Pero lo más importante es que en aquel entonces, en el que el trono papal fue reivindicado por tres “papas” (uno solamente lo fue, Gregorio XII), y de los que Juan XXIII era muy pronto desechado y calificado como antipapa por todos, ni Gregorio XII, ni Benedicto XIII (apoyado en su causa por San Vicente Ferrer – en su causa de canonización tenía más de 850 milagros reconocidos -, aunque éste contribuyó decisivamente a la superación del cisma), no prestaron pues su firma a tal declaración: 

En julio de ese mismo año, con la presencia ya de los cardenales de Gregorio XII, se reabrió el concilio (de Constanza), que aceptó la renuncia de Gregorio. La postura de éste, que no había admitido la doctrina de que la autoridad conciliar estuviera por encima del Papa, sería finalmente confirmada por concilios posteriores.

Gregorio XII (que es lo que más importa) por medio de sus delegados sí firmo otras declaraciones, como por ejemplo la condena al hereje Jan Hus (que negaba, entre otras cosas, la validez de los sacramentos en función de la santidad, o mejor dicho ausencia de ella, de los ministros consagrados), etc., todas ortodoxas e incuestionables. Pero la de conciliarismo… ¡no!

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Y para más inri, el mismo pontífice elegido en Constanza, Martín V, con toda claridad no firmo Haec Sancta:

El mismo Papa electo por el Concilio de Constanza, Martín V rechazó, al terminar el concilio, estos cánones, manteniendo así intacta la perpetua fe católica sobre el primado de Pedro y sus sucesores. Fue un momento muy excepcional de la historia de la Iglesia cuando se aprueban estos ya que el papado era disputado por tres candidatos.

Por lo tanto, la afirmación de de Mattei:

Martín V, elegido al solio pontificio en Costanza en 1417, reconoció con la bula Inter cunctas del 22 de febrero de 1418 la ecumenicidad del Concilio de Costanza y todas las decisiones que éste había tomado, aunque fuera con la fórmula genéricamente restrictiva: «in favorem fidei et salutem animarum».“,

es radicalmente falsa.

Y por la misma lógica de los acontecimientos, si ni siquiera Gregorio XII o Benedicto XIII, con todas las presiones habidas y desde la debilidad circunstancial de sus situaciones, han firmado Haec Sancta, ¿cómo lo va hacer Martín V? Es llamativa la omisión que hace Roberto de mencionar a Gregorio XII.

¿A qué apunta, hablemos claramente, Roberto de Mattei? Está claro: al Concilio Vaticano II.

De Mattei quiere decir: tal y como fue en Constanza, también está pasando ahora, un concilio puede proclamar doctrinas incluso heréticas.

Sí, señor, sí, puede… ¡pero no con el Papa! Porque, y bien lo debes saber, un concilio entero se puede equivocar… pero sin el Papa.

Te estoy diciendo la doctrina católica.

Pero, querido, aquí aparece el problema (solemne firma del Decreto de Nostra Aetate, a modo de ejemplo):

Haec omnia et singula quae in hac Declaratione edicta sunt, placuerunt Sacrosancti Concilii Patribus. Et Nos, Apostolica a Christo Nobis tradita potestate, illa, una cum Venerabilibus Patribus, in Spiritu Sancto approbamus, decernimus ac statuimus et quae ita synodaliter statuta sunt ad Dei gloriam promulgari iubemus.

Romae, apud S. Petrum die XXVIII mensis octobris anno MCMLXV.

Ego PAULUS Catholicae Ecclesiae Episcopus

Sequuntur Patrum subsignationes.

Todas y cada una de las cosas contenidas en esta Declaración han obtenido el beneplácito de los Padres del Sacrosanto Concilio. Y Nos, en virtud de la potestad apostólica recibida de Cristo, juntamente con los Venerables Padres, las aprobamos, decretamos y establecemos en el Espíritu Santo, y mandamos que lo así decidido conciliarmente sea promulgado para la gloria de Dios.

Roma, en San Pedro, 28 de octubre de 1965.

Yo, PABLO, Obispo de la Iglesia católica.

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El Concilio, con Pablo VI, manda creer y sostener lo anteriormente – y siempre – reprobado por la Iglesia.

Por ejemplo:

Haec Vaticana Synodus declarat personam humanam ius habere ad libertatem religiosam. (Este Concilio Vaticano declara que la persona humana tiene derecho a la libertad religiosa. Dignitates Humanae; 1, 2)

Y antes:

Gregorio XVIMirari Vos (1832): “De esa cenagosa fuente del indiferentismo mana aquella absurda y errónea sentencia o, mejor dicho, locura, que afirma y defiende a toda costa y para todos, la libertad de conciencia. Este pestilente error se abre paso, escudado en la inmoderada libertad de opiniones que, para ruina de la sociedad religiosa y de la civil, se extiende cada día más por todas partes, llegando la impudencia de algunos a asegurar que de ella se sigue gran provecho para la causa de la religión. ¡Y qué peor muerte para el alma que la libertad del error! decía San Agustín.” Etc.

Pío IX, Quanta cura (1864) y Syllabus:

“Con cuya idea totalmente falsa del gobierno social, no temen fomentar aquella errónea opinión sumamente funesta a la Iglesia católica y a la salud de las almas llamada delirio por Nuestro Predecesor Gregorio XVI de gloriosa memoria (en la misma Encíclica Mirari), a saber: «que la libertad de conciencia y cultos es un derecho propio de todo hombre, derecho que debe ser proclamado y asegurado por la ley en toda sociedad bien constituida;”

“XV. Todo hombre es libre para abrazar y profesar la religión que guiado de la luz de la razón juzgare por verdadera.

Y otros tantos documentos, con toda claridad hasta Pío XII, guste o no.

Roberto, esto sí que es un problema.

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