Una “solución” modernista para “pro multis”, puesta en evidencia

La cuestión de “pro multis” era bastante complicada para los modernistas y los cambios del Novus Ordo Missae. Si el nuevo misal en general se escapa a las muchedumbres incluso de píos católicos, el tema de “pro multis” era demasiado evidente, no se le podía escaquear fácilmente. Cualquiera sabe, más en un ambiente de países de herencia latina, que “pro multis” significa “por muchos”, como saben que “I love you” significa “te quiero” en inglés, “the end” es “fin”, “bye-bye” es  “adiós” como lo es “ciao” en italiano, etc., todo nada más que por el roce de lo cotidiano.

Efectivamente… pero con tal de haber oído alguna vez lo de “pro multis”.

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Antes, es decir hace cinco décadas, se le podía oír en la misa perfectamente. Y también leer en la Biblia. Vulgata testimonia:

Hic est enim sanguis meus novi testamenti, qui pro multis effundetur in remissionem peccatorum” (Mt 26, 28).

Y de forma similar San Marcos (14, 24): “Hic est sanguis meus novi testamenti, qui pro multis effundetur.

Es decir, son palabras que Cristo pronunció fuera de toda duda, y por eso están escritas, y por eso fueron transmitidas por generaciones en la Iglesia y puestas en el más sagrado de los cánones. Antiguamente, estas palabras (todas de la consagración) fueron escritas en relieve con letras grandes y muchas veces doradas. Porque por medio de estas palabras (todas de la forma del Sacramento de la Eucaristía) pronunciadas por un sacerdote, el pan y el vino dejaban de ser lo que eran y por el poder de Dios se obraba el milagro de la trasubstanciación: el Señor se hacía realmente presente con su Cuerpo, Sangre, Alma y Divinidad.

Las traducciones de las editoriales católicas respetaban el sagrado texto de la Vulgata; “¡como no podía ser de otra forma!”, dirán. En efecto, echemos la mano a la editorial de Eunsa, leemos:

porque esta es mi sangre de la nueva alianza, que es derramada por muchos para remisión de los pecados” (Mt 26, 28)

Esta es mi sangre de la nueva alianza, que es derramada por muchos” (Mc 14, 24).

Esta es la razón, evidentemente, por qué el mismo misal en latín de Pablo VI contenía “pro multis”:

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De modo que, especialmente los sacerdotes, se tienen que necesariamente dar cuenta de la, tal cual: increíble traducción en España (los textos tomados del portal misas.org):

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 Esta situación no es propia solamente de España. Ocurre en muchos otros idiomas, de los que daremos alguna muestra. Portugués:

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Alemán:

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Italiano:

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Esloveno:

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Croata:

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Etc. En francés tenemos una llamativa “la multitude”, que propiamente no es ni “por muchos” ni “por todos”, pero tal vez…

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En inglés, en cambio, es claramente “por muchos”:

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Pero tengamos en cuenta que antes también en ese idioma estaba “por todos”, y que el cambio se realizó después de que Benedicto XVI lo pidiera explícitamente en 2006. (Sobre la resistencia de las conferencias episcopales para traducir correctamente “pro multis”, ver el artículo de Sandro Magister del 04/12/2011, “No todos los obispos tienen buena voluntad“.)

No obstante, antes de seguir, constatemos un hecho sorprendente: algunas traducciones recientes del NT traducen los textos originales de Mt 26, 28 y Mc 14, 24 con… ¡”por todos”!.

Por ejemplo, en la editorial de La Casa de la Biblia tenemos en su 4ª edición (1992, aprobada por la Conferencia Episcopal Española): “…porque ésta es mi sangre, la sangre de la alianza, que se derrama por todos para el perdón de los pecados. (Mt 26, 28)”, y “Y les dijo: Ésta es mi sangre, , la sangre de la alianza, que se derrama por todos. (Mc 14, 24)”.

Es muy importante observar lo que ocurre con La Bible de Jérusalem francesa, un texto de referencia para tantas ediciones:  “qui va être repandu pour une multitude en rémission des péches. (Mt 26, 28)”, con el aparecido “une multitude” como en el lugar correspondiente de San Marcos.

Una situación similar se puede observar en otros idiomas: unas tradiciones mantienen “por muchos“, otras – en los años 80 del siglo pasado, por ejemplo – incorporan “por todos“. Resumiendo, podríamos más bien constatar una tendencia u orientación en algunas traducciones recientes.

Esa es precisamente la “solución” modernista que quería comentar.

El esquema sería el siguiente:

  1. El “pro multis” es traducido como “por todos” en casi todos los idiomas.
  2. Naturalmente, el texto original de San Mateo y San Marcos muestra que esas traducciones sencillamente se apartan del Evangelio.
  3. Para evitar ese inconveniente, se procede a las nuevas traducciones que incorporan un falso “por todos” en los mismos textos evangélicos. En la edición francesa se recurre a la misma expresión utilizada en sus traducciones de Novus Ordo Missae: “une multitude”.

En definitiva: saben que han cometido un delito, y han vuelto al lugar del crimen para borrar las huellas. Es lo que pretendían hacer.

Pero… Dios permitió que también esto quedara en evidencia. Esta vez para un público más amplio, quedando muuuuchas cosas para que salgan a la luz. No obstante, nos ocuparemos de este rayito de luz que se escapó por la ventana de una habitación en oscuras.

Pues bien, el “pro multis” viene a España con la siguiente cuaresma. Lo considero una buena noticia… ¡pero teniendo en cuenta que se trata solamente de un punto de partida! Muchas y esenciales cosas han de ser recuperadas en la liturgia, que en resumen sería el pleno restablecimiento de la Misa de siempre, es decir, aquella felizmente codificada – ¡ojo, no creada! – por el Concilio de Trento y San Pío V, a la que eventualmente se añadieron oraciones propias para el santoral, etc., no tocando su esencia en un ápice, como es natural y hurga decir. También cabría hablar – y no es un tema nada superficial – de la forma del sacramento del orden, pero estas consideraciones exceden sobradamente el alcance de este artículo (espero empero tratarlo en otra ocasión).

No es así con el Novus Ordo Missae, respecto al cual los cardenales Ottaviani y Bacci en su Breve Examen Crítico expresaron aquella frase lapidaria de que “se aparta de modo impresionante de la Doctrina Católica de la Santa Misa según fue formulada en la sesión XXII del Concilio de Trento“.

Teniendo en cuenta esta observación, dedicaremos unas líneas a este último cambio. Es de esperar, entonces, que habrá que volver a las traducciones habituales del NT en este punto. Ya no hay nada que hacer, el truco ha fallado y hay que asumirlo. Eso es al menos una buena noticia. Porque espero que muchos a partir de esta circunstancia inicien una reflexión oportuna respecto a la reforma – ataque, sacudida – de la liturgia ocurrida a raíz del Vaticano II.

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[Con no poca frecuencia se puede ver en misas Novus Ordo tendencia hacia actitudes banales. Se intenta a veces salir al paso diciendo: “depende de tal o cual sacerdote, del ‘despiste’, etc.” ¿Pero puede ser producido más bien como aplicación de la visión de la misa como “asamblea sagrada”, de la necesidad de ocuparse cuando no centrarse en la comunidad, de entender la misa como una “clase”?]

En su momento, explicando el cambio pedido en su carta del 17/10/2006, el entonces Prefecto de la Congregación para el Culto Divino y la Disciplina de los Sacramentos,  Cardenal Arinze, apuntaba:

Por cierto, la fórmula “por todos” correspondería indudablemente a una interpretación precisa de la intención del Señor expresada en el texto. Es un dogma de fe que Cristo murió en la Cruz por todos los hombres y mujeres (cf. Juan 11:52; 2 Corintios 5:14-15; Tito 2:11; 1 Juan 2:2).”

¡No, señor! Si la intención del Señor hubiese sido decir “por todos”, en vez de “por muchos”… ¡lo diría! Porque aquel que dijo: “Vuestro hablar que sea sí, sí; no, no. Lo que es es más de esto, proviene del malo” (Mt 5, 37), utiliza las palabras precisas para indicar lo que está ocurriendo; o si se prefiere, su intención en cuanto a la institución del sacramento de la Eucaristía.

Porque no hay que mezclar la intención del Señor en cuanto la salvación de todos los hombres (que yo sepa, esto incluye también a las “mujeres”. ¿O usaremos la nomenclatura de tod@s?), que evidentemente es de fe divina y católica que Dios quiere que todos los hombres se salven, con el hecho de que la Preciosísima Sangre del Señor se derramó inútilmente por aquellos hombres que rechazan su salvación.

¿Y cuál, si no, sería la profunda razón del sufrimiento del Señor en Getsemaní? Porque sabía que su sangre no se va a derramar por todos de forma efectiva. Seguramente esa sería la tentación más cruel con la que el diablo le tentaba en aquella noche oscura por antonomasia.

Y, al contrario, si el Señor hubiese sabido que todos los hombres se salvarán gracias a su Pasión, creo que su alma no pasaría por esa amargura.

Santo Tomás lo resumió de forma maestral de una vez para siempre: “la Pasión de Cristo fue suficiente para todos y de su eficacia se aprovecharon muchos“. La misma enseñanza, la enseñanza de siempre, recogió el Concilio de Trento: “con gran sabiduría obró [Nuestro Señor] no diciendo ‘por todos’, puesto que entonces solo hablaba de los frutos de su Pasión, la cual solo para los escogidos produce frutos de salvación”.

Es decir, la intención del Señor era aquella que perfectamente se corresponde con el sentido obvio de las palabras “pro multis”. Tal doctrina fue firmemente proclamada por la Iglesia, algo recordado y expresado  de forma solemne y precisa también en Trento.

Ahora, en cambio, llegamos a un problema muy grande: ¿qué pasa entonces con las consagraciones que utilizan “por todos”? El Cardenal Arinze responde en la carta anteriormente citada (con una afirmación que precede inmediatamente su frase que acabamos de comentar):

No existe duda alguna en relación a la validez de las Misas celebradas utilizando una fórmula aprobada debidamente y que contenga una fórmula equivalente a “por todos” como lo ha declarado ya la Congregación para la Doctrina de la Fe (cf. Sacra Congregatio pro Doctrina Fidei, Declaratio de sensu tribuendo adprobationi versionum formularum sacramentalium, 25 de enero de 1974, AAS 66 [1974], 661).”

¿Realmente es así? Para la validez de la consagración el sacerdote debe tener la intención de hacer lo que la Iglesia hace (¡importante!: la intención es un acto de la voluntad, mientras que la fe es un acto del intelecto. Por lo que un sacerdote puede incluso no tener fe y sin embargo consagrar válidamente, con tal de que tenga la intención correcta. Aunque eso al mismo tiempo sería una grave ofensa a Dios.). ¿Pero qué es lo que hace la Iglesia? Este es el problema. Si el sacerdote es educado y formado en una noción de la “Eucaristía como ‘asamblea sagrada’, y no como lo es, de Sacrificio propiciatorio del Hijo de Dios, como apuntaban cardenales Ottaviani y Bacci en su Breve Examen Crítico, puede llegar a crearse incertidumbre en la intención del sacerdote. Estas cosas son de capital importancia.

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[Esta problemática no es trivial. Pongo un ejemplo ya tratado debidamente en la Iglesia, sobre la cuestión de la validez de la misa anglicana, pero por motivos de la validez del sacramento de orden. En la imagen congelada de un vídeo, puede verse una misa anglicana solemne en la iglesia de San Matías. Incluso hay fieles que comulgan de rodillas. Pero en realidad no comulgan, a pesar de que aparentemente tenemos una misa católica (de hecho, el Novus Ordo Missae copió algunos elementos del servicio anglicano). No comulgan porque el “sacerdote” que la “celebra” no es un sacerdote válidamente ordenado, debido al uso inadecuado – le faltaba lo esencial de la forma del sacramento de orden – del rito de ordenación sacerdotal. Así lo estableció definitivamente León XIII en la Carta Apostólica Apostolicae curae,  del 13 de septiembre de 1896]

Por ello, tener esa falta de respeto hacia las palabras del Señor en la institución de la Eucaristía, definidas por siglos y desde los tiempos inmemoriales por la Iglesia, es gravísimo. Por lo demás, algo propio de los modernistas. Dicen por un lado que quieren acercar la Palabra de Dios a los fieles, cuando en la realidad la mutilan y tergiversan. Pero entonces la misa puede llegar a ser la obra de las manos humanas, y no la Obra de Dios, que es lo que es y debe ser.

Para arrojar un rayo de luz sobre estas importantísimas cuestiones, recurriremos obligados al Doctor Angélico. Nos preguntamos: ¿basta solamente con decir: “éste es el cáliz de mi sangre”, para que la consagración sea válida? Y… faltaría más que Santo Tomás no tratase ya esta delicada situación. Vamos por ello a la Suma teológica. ¡Hagan el favor no perderse ni una coma!:

Parte IIIa – Cuestión 78 La forma del sacramento de la eucaristía.

Artículo 3: ¿Es la forma adecuada de la consagración del vino «éste es el cáliz de mi sangre»?

“En cambio la Iglesia, instruida por los Apóstoles, utiliza esta forma de la consagración del vino.

Respondo: Acerca de esta forma hay dos opiniones. Unos, efectivamente, afirmaron que lo esencial de esta forma está constituido por las palabras: éste es el cáliz de mi sangre, y no por lo demás. Pero esta opinión no parece exacta porque las palabras que siguen son determinaciones del predicado, o sea, de la sangre de Cristo, y por ello pertenecen a la integridad de la frase.

Por eso otros, con mejor criterio, sostienen que todo lo que sigue pertenece a la esencia de la forma, hasta la proposición: cada vez que hiciereis esto, que pertenece al uso de este sacramento, por lo que esta proposición ya no es de la esencia de la forma. Y es por esto por lo que el sacerdote pronuncia todas las palabras que siguen con el mismo rito y con el mismo gesto, o sea, teniendo el cáliz entre las manos. Por otra parte, también en Lc 22,20 se intercalan las palabras que siguen entre las palabras de la primera parte, cuando se dice: Este cáliz es la nueva alianza en mi sangre.

Hay que decir, por tanto, que todas estas palabras pertenecen a la esencia de la forma. Pero las primeras palabras: Este es el cáliz de mi sangre, significan precisamente la conversión del vino en la sangre, del modo que ya se dijo (a.2) en la forma de la consagración del pan. Y las palabras siguientes designan el poder de la sangre derramada en la pasión, un poder que se efectúa en este sacramento y que se ordena a tres cosas. La primera y principal, a alcanzar la vida eterna, según el texto de Heb 10,19: Tenemos plena seguridad de entrar en el santuario por el poder de su sangre. Y para indicar esto dice: nueva y eterna alianza. Segunda, a la justificación de la gracia, que es el fruto de la fe, como se dice en Rom 3,25-26: A quien Dios ha propuesto como medio de propiciación por la fe en su sangre… para que él sea justo y justificador de los que creen en Jesús. Y para indicar esto se pone: misterio de fe. Y tercera, para remover los obstáculos que impiden conseguir las dos cosas precedentes, o sea, remover los pecados, conforme a lo que se dice en Heb 9,14: La sangre de Cristo… purificará nuestra conciencia de las obras muertas, o sea, de nuestros pecados. Y para indicar esto añade: que será derramada por vosotros y por muchos para el perdón de los pecados.

El asunto es muy claro: según la teología de Santo Tomás, las palabras de consagración de vino que contengan “por todos”, no son una forma válida. No obstante, ¿es imposible que se realice la consagración? ¿No puede ser que se puedan quitar o añadir ciertas palabras? El Aquinate dirá que sí,… con tal de no cambiar el sentido de las palabras. Vamos a oírlo en primer lugar:

Suma teológica – Parte IIIa – Cuestión 60 ¿Qué es un sacramento?

Artículo 8: ¿Se puede añadir algo a las palabras de Informa sacramental?

“Respondo: Acerca de las variaciones que se pueden verificar en la forma de los sacramentos, se deben tener en cuenta dos cosas. La primera depende de quien pronuncia las palabras, cuya intención, como se dirá después (q.64 a.8), es indispensable para que se realice el sacramento. Por tanto, si con esta adición o sustracción pretendiese realizar un rito no conocido por la Iglesia, no parece que se verifique el sacramento, pues no parece que pretenda hacer lo que hace la Iglesia. La segunda depende de la significación de las palabras. En efecto, puesto que las palabras operan en el sacramento según su propio sentido, como ya se ha dicho (a.7 ad 1), es oportuno considerar si la alteración introducida hace desaparecer el requerido sentido de estas palabras. Porque si desaparece este sentido es evidente que el sacramento no se realiza. Es claro que si se elimina de la forma del sacramento un elemento esencial desaparece el requerido sentido de las palabras y, por tanto, no se realiza el sacramento. Por eso Dídimo en el libro De Spiritu Sancto dice: Si alguien intenta bautizar omitiendo uno de los nombres indicados, o sea, del Padre, del Hijo y del Espíritu Santo, bautizará vanamente. Por el contrario, si se omite de la forma un elemento no esencial, tal omisión no suprime el requerido sentido de las palabras y, consiguientemente, tampoco suprime el sacramento. Así, en la forma de la Eucaristía: porque esto es mi cuerpo, la supresión de la palabra porque no suprime el requerido sentido de las palabras, y por eso no impide la realización del sacramento, aunque pudiese suceder que el autor de la omisión cometiese un pecado de negligencia o de desprecio.”

Aquí hay que aclarar un tanto. Pienso que la clave está en estas consideraciones: “Por tanto, si con esta adición o sustracción pretendiese realizar un rito no conocido por la Iglesia, no parece que se verifique el sacramento, pues no parece que pretenda hacer lo que hace la Iglesia. ” Lo que ocurre es que muchos buenos sacerdotes, posiblemente sin siquiera hacerse estas conjeturas, dan por hecho que el cambio pedido en el nombre de Pablo VI – o en su caso por alguna institución autorizada por la Santa Sede como son las conferencias episcopales – lo resuelve todo. Ellos consideran que obedecen a la Iglesia.

De forma que, si dan el sentido católico a las palabras de la consagración… creo que la misa Novus Ordo puede ser válida. Es decir, para ellos las mencionadas palabras implican la doctrina católica.

En otras palabras, y obviamente este es mi planteamiento, el Novus Ordo Missae  puede ser válido no per se, sino accidentalmente según la formación doctrinal del sacerdote y de lo que es la misa para él.

EPÍLOGO

Todas estas consideraciones son extremadamente graves. Demasiado para callarse. Sin la misa, non possumus. Dicho sea de paso, este es el tema clave de la rebelión de los tradiconalistas. Con los sacramentos no se juega, y no se les puede dejar al libre arbitrio, con una conciencia dudosa.

Lo peor de todo esto es la posibilidad más que real, de que en no pocos casos, el Sacrificio Perpetuo de facto esté abolido. Eso lo han profetizado los Padres de la Iglesia para el tiempo precursor del Anticristo, y en concreto para su gobierno. En el fondo, con todo esto se está preparando su blasfema venida. Escuchemos a San Alfonso María de Ligorio:

El diablo siempre ha intentado, por medio de los herejes, privar al mundo de la Misa, haciéndoles los precursores del Anticristo quien, antes de nada, intentará abolir y abolirá efectivamente el Santo Sacrificio del Altar, como castigo por los pecados de los hombres, según la predicción de Daniel, «Y se hizo fuerza contra el sacrificio perpetuo». (Dan. 8:12)”

No penséis que se pueda decir: “Bueno, da igual si hay misa o no, lo que importa es cómo vivimos, si somos fieles al Señor, etc.”

Escucha: ¿por qué te crees que hay tantas desgracias en el mundo, por qué el mal avanza tanto, la familia se destruye y tambalea todo el orden social? Porque no se ofrece en número de veces suficiente el Sacrosanto Cuerpo y la Sangre del Señor como propiciación por los pecados de los hombres. Por eso, no por Hillary u Hollande, etc. que son solamente herramientas, el mundo está en agonía. Porque a Dios se ofrece tan poca Sangre, y de forma grata a Él, como propiciación por nuestros pecados. Y la ira de Dios no se aplaca.

¡Con la ayuda de Dios, recuperemos la Misa! ¡Qué siempre queden sus altares en los que se le ofrecerá su Cuerpo y su Sangre, Alma y Divinidad, como le agrade a su Divina Majestad!

Suscipe, sancta Trinitas, hanc oblationem, quam tibi offerimus ob memóriam passiónis, resurrectiónis et ascensionis Jesu Christi Dómini nostri…

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3 thoughts on “Una “solución” modernista para “pro multis”, puesta en evidencia

  1. Cierto que decir “por muchos” pone en evidencia que existe el Infierno donde van algunos, y decir “por todos” pone en evidencia que todos se pueden salvar y el Infierno no puede existir puesto que de estos “todos” ninguno puede condenarse eternamente. El mensaje evangèlico es de Amor pero no de “bonismo”, seria una contradicción esta rebaja de exigencias ascéticas. No hay duda de que la expresión “por todos” es un bonismo modernista insertado con el tiempo.

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  2. Estoy de acuerdo en la primera parte del artículo y que habría que volver a traducir correctamente “pro multis” (o simplemente dejarlo en latín). Me ha gustado especialmente la reflexión en torno al sufrimiento de Nuestro Señor en Getsemaní en relación con este tema. En lo segundo tengo más dudas. Creo que el sacrificio eucarístico no queda abolido, o al menos no en todos los casos. Cuando p.e. “por todos” indique más una intencionalidad que una realidad (caso ya señalado por Ratzinger), considero que no habría obstáculos a la consagración bajo esa fórmula. La prueba es que sigue habiendo milagros eucarísticos reconocidos por la Iglesia. En el otro caso (cuando “por todos” se interprete como una realidad) no. Pero es muy posible que, como dices, ya hemos llegado al punto profetizado por San Alfonso Mª de Ligorio y otros de que la mayoría de las misas no sean válidas.

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    • Qué pena. En el articulo nunca se habla de los textos griegos ni de su interpretación o traducción, ni se hace caso de los especialistas. el pro multis de la Vulgata podría ser tan inexacto como otras muchas traducciones de san Jerónimo lejos de los estudios bíblicos que durante el sigo pasado se han hecho para mejorar las traducciones de los textos del nuevo testamento. En fin hay otros puntos que es mejor no tocar.

      —-

      Comentario de iudicamedomine: no se toca el tema de los textos griegos, porque este ademán de prueba fue rechazado ampliamente. Que con “por muchos” se quiere decir “por todos”, es un sinsentido porque en los mismos evangelios se utilizan de forma diferente las mismas palabras.

      “La nueva Iglesia arguye, por supuesto, que «muchos» quiere decir «todos», o algo similar. Arguye que no hay ninguna palabra equivalente a «todos» en arameo, o que cuando Cristo dijo «muchos», realmente quería decir «todos». Citará toda clase de estudios filológicos para probarlo. La primera persona que salió con esta necia idea fue un teólogo protestante llamado Joachim Jeremias (muerto recientemente) que personalmente negaba la doctrina de la Transubstanciación. Incluso un niño sabe la diferencia entre «todos» y «muchos». En cuanto al argumento de que no existe ninguna palabra equivalente a «todos» en arameo, esto se demuestra como falso por referencia al Porta Linguarum Orientalium. Ninguna de las setenta y seis formas de la Consagración en una extensa variedad de lenguas emplea «todos» en lugar de «muchos», y, sobre todo, tampoco lo hace la forma griega establecida por los apóstoles. ¿Y es que hemos de cambiar todos los «muchos» que aparecen en la Biblia por «todos»? —esto sería una locura.”

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