“DEl CONFLICTO A LA COMUNIÓN”, (pen?)último peldaño en la pérdida de la doctrina de la Santa Misa de los modernistas “católicos”

Levanta tus manos contra su soberbia hasta el final: ¡mira cuánta iniquidad ha hecho el enemigo en el santuario!Ps 73, 3

El diablo siempre ha intentado, por medio de los herejes, privar al mundo de la Misa, haciéndoles los precursores del Anticristo quien, antes de nada, intentará abolir y abolirá efectivamente el Santo Sacrificio del Altar, como castigo por los pecados de los hombres, según la predicción de Daniel, «Y se hizo fuerza contra el sacrificio perpetuo». (Dan. 8:12)” (San Alfonso María de Ligorio)

O de la “Iglesia posconciliar”. Porque ese término no puede significar otra cosa que eso: que ya no se identifica con la Iglesia Católica de siempre, ya que esta siempre tiene que ser Una y la misma. Antes y después, como Jesucristo “heri et hodie: ipse et in sæcula!

Vamos por no alargar directamente al número 154 de  “Informe de la Comisión Luterano-Católico Romana sobre la Unidad” (el documento ha sido analizado en varios sitios, por ejemplo en el blog de José Miguel Arráiz) llamado “Del conflicto a la comunión“, publicado hace tres años:

Tanto luteranos como católicos pueden afirmar en conjunto la presencia real de Jesucristo en la Cena del Señor: «En el sacramento de la Cena del Señor, Jesucristo, verdadero Dios y verdadero hombre, está presente total y enteramente, con su cuerpo y su sangre, bajo los signos del pan y del vino» (Eucaristía 16). Esta declaración en común afirma todos los elementos esenciales de la fe en la presencia eucarística de Jesucristo sin adoptar la terminología conceptual de «transustanciación». De esta forma, católicos y luteranos entienden que «el Señor exaltado está presente en la Cena del Señor, en el cuerpo y la sangre que él ofreció, con su divinidad y su humanidad, mediante la palabra de promesa, en los dones del pan y del vino, en el poder del Espíritu Santo, para su recepción mediante la congregación»52.”

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[El presbiterio de una iglesia protestante. Parece que hay algo como un “altar”, pero obviamente es una simple mesa. No hay sagrario, sobre decirlo. No hay sacerdocio ministerial, ¿para qué? ¿Es que se va a ofrecer la Víctima? El frío polar. Abajo, el altar en una logia masónica casi que podría pasar como una “iglesia” para ingenuos.]

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Antes que nada, fijémonos en la nota 52 señalada en el texto, de la que ha sido extraído la última frase . Pertenece a la obra señalada al píe de página, “Condemnations of the Reformation Era“. Sin embargo, el documento no indica sus autores. Una pequeña búsqueda nos lo da: se trata del Cardenal Alemán Karl Lehman (proclamado cardenal por Juan Pablo II el mismo día que Kasper y Bergoglio, 21 de febrero de 2001) y el ya difunto “teólogo” protestante, Wolfhart Pannenberg.

Sobre el último, tenemos breve reseña de su itinerario “teológico”: “Pannenberg es quizás mejor conocido por Jesús: Dios y hombre (1968), libro en el que construye una cristología «desde abajo», derivando sus afirmaciones dogmáticas de un examen crítico de la vida y sobre todo la resurrección de Jesús de Nazaret.”, y:

“Tuvo contactos estrechos con el escritor y físico Frank J. Tipler, quien en su libro “La física de la inmortalidad”, dice de él: “Pannenberg es un caso aislado entre los teólogos del siglo XX: fundamenta la teología en la escatología; para él, la palabra ‘Cielono es sólo una metáfora, sino algo que realmente existirá en el futuro.

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[Crean o no, se trata de una iglesia católica. ¿Pero dónde está el sagrario? ¿Eso es el altar? ¿Para qué es la Misa, para atender la asamblea?]

En cuanto al primero, es decir, Cardenal Lehman, señala Roberto de Mattei (ya el 13/11/2014) en el artículo “La destitución de un gran Cardenal“que “Las preocupaciones de los cardenales fueron efectivamente confirmadas por el Sínodo de octubre, en el que las tesis más arriesgadas, en el plano de la ortodoxia, fueron incluso recogidas en la síntesis de los trabajos que precedió la relación final. La única razón plausible es que el Papa haya ofrecido en una bandeja la cabeza del Cardenal Burke al Cardenal Kasper y, por él, al Cardenal Karl Lehmann, ex presidente de la Conferencia Episcopal alemana. En efecto, es conocido por todos, al menos en Alemania, que quién aún organiza el disentimiento contra Roma es precisamente Lehmann, antiguo discípulo de Karl Rahner. El padre Ralph Wiltgen, en su libro El Rin desemboca en el Tíber, esclareció el papel de Rahner en el Concilio Vaticano II, a partir del momento en el que las conferencias episcopales empezaron a desarrollar un rol determinante.”

Bien, ¿está claro quién está detrás de este documento, al menos en cuanto fuentes e ideas consultadas? Y, sin embargo, todo parece indicar que es este documento el que inspirará la escandalosa “Conmemoración de la Reforma de Lutero”.

Oigamos sobre la misma de la boca de la “Arzobispa” (!!!!!) luterana Antje Jackelén:

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Arzobispa Antje Jackelén comenta sobre la visita del Papa Francisco a Suecia el 31 del octubre de 2016. AJ: ‘Va a haber un acto de culto conjunto en la Catedral de Lund para conmemorar los 500 años de la Reforma de 1517. Son la Federación Mundial Luterana y la Iglesia Católica que invitan el evento y el Papa Francisco va a ser uno de los presentes. Estamos felices que la Iglesia de Suecia y la Diócesis de Estocolmo sean anfitriones de este evento’.

La pregunta que nos hacemos es: ¿va a haber una “consagración” conjunta? ¿Hasta dónde va a llegar este “acto conjunto de culto”, en cualquier caso y siempre escandaloso, ya que los luteranos no son católicos, así de simple? Porque el punto 154 del arriba citado documento da pie a cualquier cosa.

¿El Vicario de Cristo hará que se de el Cuerpo de Cristo a los no católicos? Eso es absurdo. En tal caso el hecho de que Francisco no posee las llaves del Reíno de los Cielos debería ser notorio hasta para los más resistentes en admitirlo. Como no sea que después se vista de saco y se sienta encima de ceniza y pida perdón por todos y cada uno de sus desvaríos… y luego habría que ver lo que se hace. Según lo que diría entonces.

Pero volvamos al punto 154. No os hagáis ilusiones: esto no ha aparecido ahora, esto no es nuevo del todo. Es de lo más “bestia”, eso sí; pero no es nuevo.

Lo “nuevo”, la innovación ajena a la doctrina católica ha sido ya el concepto de las “otras” presencias reales de Jesucristo indicadas en los documentos conciliares y sobre todo de Instrucción General del Misar Romano (del Novus Ordo Missae). A saber: el concepto de la “presencia real”, mejor dicho “Presencia Real” en la Iglesia de siempre se ha reservado a la presencia substancial, es decir, con su Cuerpo, Sangre, Alma y Divinidad de Jesucristo en el Augusto Sacramento de la Eucaristía. De forma que el concepto de la “presencia real” de Jesucristo en su Palabra, actos de caridad, etc. (nadie dice que Jesucristo no esté presente por ejemplo allí donde “dos o tres se reúnen en su nombre”) ha diluido por inflación el sacrosanto concepto de la Presencia Real en la Eucaristía.

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[El altar en una iglesia neocatecumenal. Detrás está el sagrario,… pero encima de él, una Biblia. ¿Es la misma presencia del Señor? Según el diseño, uno podría decir que sí. En cualquier caso, ese no es el lugar para colocar una Biblia, por mucho que simbolice la Palabra de Dios.]

O sea, el problema viene no de ayer. Hoy es cuando explota en la cara de todo el mundo.

Digamos finalmente alguna palabra sobre el concepto de la “presencia real” de los luteranos y católicos. Simplemente, se trata de palabras homógrafas, es decir, de aquellas que se escriben igual, pero tienen significado diferente.

Recurramos por ello al pensamiento tomista (“al Santo Tomás y nada más) para precisar este concepto y su diferencia en uno y otro caso.

Son tres modos en los que se puede decir que alguien es presente:

  1. De forma física. Es decir, y la substancia y los accidentes de una persona son presentes. Así Cristo fue presente en el Templo cuando lo purificó. Desde su Ascensión, Cristo es presente de esta forma solamente en el Cielo.
  2. Presencia substancial. Es presente la substancia de alguien, pero no los accidentes. Esto no puede ocurrir de forma natural; solamente por el poder de Dios. Es en esta forma en la que Cristo es presente en la Eucaristía, la cual es realmente y verdaderamente la substancia de Su Cuerpo y Su Sangre, tal y como está en el Cielo, pero sin los accidentes de su Su Cuerpo y Sangre. (Los accidentes que vemos son del pan y del vino, los cuales continúan a pesar de que la substancia del pan y del vino ya no está allí.)
  3. Presencia virtual. Esto ocurre si la actividad de una persona es presente a alguna otra. De esta forma la Santísima Trinidad es presente en las almas de los justos por la actividad de la gracia, o el Espíritu Santo es presente por medio de Su asistencia al Papa y al concilio general en unión con él. Al margen de la consideración teológica, se dice que una persona es presente para otra por medio de una carta que la primera le escribe o por medio de un vídeo u otro medio.

Bien, pues para los protestantes en general la “presencia real” es simplemente virtual. ¡No hay otra! Por lo que estamos hablando de dos cosas completamente diferentes, de donde no hay nada común entre ellas.

Pero como dijimos, esto no empezó ayer. Novus Ordo Missae habla de dos “liturgias”, la de la “palabra” y la de la “Eucaristía”. Esto es absurdo. La Liturgia es una. Según la doctrina católica de la Santa Misa, el objeto real, esencial más que primario, de la Misa es glorificar la Santísima Trinidad y ofrecer a Dios el sacrificio propiciatorio por el pecado. La formación religiosa de los fieles – buena y sólida, conteniendo puntos claves – era una cuestión subordinada al fin primario. Si cumpliendo ese fin primario, la Misa catequizaba a los fieles, estupendo y bienvenido. Pero la Misa cumplía su propósito primario – era “efectiva” – sea la instrucción religiosa impartida, recibida y albergada en el corazón, o no. Por eso también se enseñaba el valor infinito de las misas privadas, es decir, celebradas sin presencia de los fieles.

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[El altar católico tradicional. Los fines de la Misa se pueden palpar.]

En la Misa de Pablo VI, en cambio, la instrucción religiosa fue transformada en el fin en sí mismo. La Misa tiene que servir ahora como una especie de clase para proveer catequesis religiosa directa e inmediatamente a la asamblea que celebra (?). Se subraya la “presencia real” del Señor entre los fieles. Se habla de la “presencia real” del Señor en las Escrituras, poniéndolas de esa forma, de facto, al mismo nivel que la acción sacrificial. Hasta que llega a ser todo esto contradictorio con la mentalidad relativizante de tantos teólogos actuales, formados en los seminarios donde de hecho se desprecia la Escritura reduciéndola a mito, midrases o casi cuentos de hadas en algunos casos. Si no me crees, di que crees en la creación fiat en Adán y Eva y verás lo que te pasa…

Bien… toda esta mentalidad y corriente de pensamiento ha llevado a esta situación, hasta el punto de que desde el mismo Vaticano – no desde la Iglesia, debería ser pero ahora está hablando otra gente – se presenta un documento a todas luces herético, porque llamarlo “próximo a herejía”, “temerario”, etc., se queda corto.

Algunos me dicen que no debo meterme en estos fregados. Que hay gente que va a intervenir… Dios lo haga. Veo que con gran preocupación se ha expresado el Cardenal Burke. Pero fijaos en lo que dice: «Nadie puede acercarse a recibir la sagrada Eucaristía si no cree que la hostia que está recibiendo -a pesar de que tiene aspecto de pan, sabe a pan, y huele a pan-es, en realidad, el Cuerpo y la Sangre de Cristo. Sólo la persona que crea esto puede acercarse al santísimo Sacramento, puede acercarse a recibir la sagrada Comunión.»

Valoro su esfuerzo, pero esta afirmación contiene un error, no es clara del todo. Si bien hace referencia al Código del Derecho Canónico del 1983, donde se especifica 844 § 4: “Si hay peligro de muerte o, a juicio del Obispo diocesano o de la Conferencia Episcopal, urge otra necesidad grave, los ministros católicos pueden administrar lícitamente esos mismos sacramentos también a los demás cristianos que no están en comunión plena con la Iglesia católica, cuando éstos no puedan acudir a un ministro de su propia comunidad y lo pidan espontáneamente, con tal de que profesen la fe católica respecto a esos sacramentos y estén bien dispuestos.

¿Dónde está el problema aquí? Porque se permite, aunque sea en un caso especial todo lo que tú quieras, dar la comunión a un no católico. Y eso no puede ser. Es muy sencillo lo que tiene que ser: un cristiano no católico debe hacerse formalmente católico, si está en peligro de muerte expresar el deseo de bautizarse en la Iglesia Católica y creer todo lo que la Iglesia manda, para recibir la comunión. Eso en cambio sí lo dijo el Cardenal Sarah (citado en el mismo artículo): «hay que confesar la fe católica. Un no católico no puede comulgar. Eso está muy, muy claro. No es una cuestión de seguir la propia conciencia».

Bien, este es mi grano de arena que aporto. ¿Callarme ante la confusión de tantos, mirar a otro lado ante la amenaza de tanto sacrilegio? Sí, rezar y mortificarse y sufrir y rezar para que el Señor nos socorra, lo que haga falta. Pero hay cosas por las que non possumus pasar. Porque si tantos sacerdotes llegan a creer lo que dice este documento, ¿cómo se mantendrá su intención católica? Y sin esta, no hay Sacrificio.

“Si se le quita la Transubstanciación a la Misa… Esta palabra es de una importancia capital, porque al suprimirla se omite la Presencia Real y deja, por tanto, de haber Víctima. ¡No dejes de emplear esa palabra! ¡Transubstanciación! Los niños no la entenderán y tú tampoco, pero no importa: ¡Empléala! ¡Empléala! No sólo molesta a los nuevos herejes… Al que molesta mucho más es al demonio.” (San Josemaría Escrivá, Tertulia 16-VI-1971)

“…pero a la mitad de la semana pondrá fin al sacrificio…” (Dan 9:27).

 

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4 thoughts on ““DEl CONFLICTO A LA COMUNIÓN”, (pen?)último peldaño en la pérdida de la doctrina de la Santa Misa de los modernistas “católicos”

  1. Sí, todo parece indicar que Francisco (y con él la corrupta cúpula vaticana) se apresta a cruzar la “línea roja” que puede desencadenar un formidable castigo de Dios.

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  2. En cuanto a la existencia del Sagrario tampoco en el Cenáculo existía, además éste necesita centinelas para ser vigilado que cuestan caro. En cuanto a la Misa es la Cena del Señor en una cena normal. En cuanto a la Tradición hay mucho que se ha adjuntado a la fundación primitiva. En cuanto a celebrar la misa conjunta entre católicos y protestantes, por aquí todavía no veo nada claro pero se podria celebrar sin consagracion. En cuanto a la Misa que sea un “sacrificio” me parece exagerado, el Sacrificio fue cuando crucificaron a Cristo, ¿para que queremos crucificarlo en cada misa?. —-Estoy convencido que el Anticristo fue Darwin (el personaje creado no el hombre) que ha logrado sentarse junto a Pedro que le ha creído la Evolución y los períodos milloañales de los 6 días Génesis, ya no puede venir nadie de peor para extraviar a la gente del mensaje bíblico. Tomando como base La Biblia cuando Dios creó vió que era todo bueno que se entiende que no podia evolucionar, y en la Misa tambien Cristo que es Dios hace su creación de la Cena, luego si con la Tradición esta cena “evolucionó” es el misterio y un problema , pero muy bien Cristo hubiera podido fundar la misa improvisando una pequeña capilla, una piedra por altar y con cuatro velas, pero prefirió un comedor de restaurante. La “evolución” en los sistemas de creación de Dios por mi parte la veo muy difícil de creer.

    ————

    comentario de iudicamedomine: La Misa es el Sacrificio del Calvario instituido (anticipado) en la Última Cena. Con ese Sacrificio se ha redimido el género humano (por la fe en Cristo y el bautismo). Y como eso es algo tan excelso, la Iglesia siempre lo ha cuidado con máximo esplendor.
    En ese sentido, fíjese lo que dice Jesús en la defensa de la mujer que le enjuga los píes y la cabeza con un perfume que valía el trabajo de un año, en vísperas de la semana de su Pasión.
    La noción de la Misa como Sacrificio ha sido inherente a la Iglesia desde el minuto uno. El Canon tradicional alcanza la era apostólica.
    Puede ver: Doctrina sobre el Santísimo Sacrificio de la Misa. Pío IV, 1559-1565. – Concilio de Trento, 1545-1563
    SESIÓN XXII (17 de septiembre de 1562)

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