La ingenuidad del Card. Burke. ¿Dios se servirá de ella? Matizaciones

Cardenal Burke parece que no cede. ¿El desenlace servirá para algo bueno? No falta mucho para un año desde que Card. Burke anunció la presentación de las dubia. Y falta un poco más para un año desde que dijo que presentaría una corrección formal a Francisco si no recibe la respuesta.

Vamos a resumir lo esencial de este acontecimiento.

Por empezar, esto nunca se ha dado en la Iglesia.

No señor, ¡nunca! Nunca, repito, se ha presentado una corrección formal a un Papa, a uno considerado Papa por los que le corrigen, respecto a un acto de su Magisterio.

Aquí, en efecto, se equivoca Burke respecto a los “actos de corrección” del pasado. Repito otra vez: ¡nunca se corrigió a un Papa por un acto de su Magisterio! Porque eso sería un absurdo. ¡En la fe católica eso es imposible! Conviene por eso que puntualicemos algunos casos importantes del pasado que se han instrumentalizado sobremanera en la crisis posconciliar. La razón ha sido la siguiente: se pone en marcha un concilio, convocado por Juan XXIII, terminado en tiempo de Pablo VI y defendido por sus sucesores. El concilio lleva la firma de Pablo VI, ordenando su cumplimiento.

Pero el concilio tiene afirmaciones que rompen con la enseñanza de la Iglesia de siempre. Así al menos lo ve un pequeño número de obispos cuyo representante más destacado es el Mons. Lefebvre. Este grupo empieza con las contestaciones cada vez más fuertes, lo cual les trae amonestaciones sanciones eclesiásticas. También hay otro grupo de los fieles, más numeroso que el de Lefebvre por decirlo así, que podríamos denominar “conservadores” a diferencia de los primeros “tradicionalistas” como comúnmente se les suele identificar. Los conservadores optan por una interpretación del concilio en la clave de “continuidad”. Es decir, las afirmaciones del Concilio Vaticano II hay que entenderlas en coherencia y no contradicción con la doctrina de siempre. También podríamos decir que el exponente más destacado de esta corriente sería Benedicto XVI.

El asunto se complica aún más con la “radicalización” de las posturas ligadas especialmente a la corriente de Lefebvre, dando lugar a primeros grupos sedevacantistas. Aunque esta corriente es muy pequeña y sus argumentos o no se toman en consideración, o se silencian tanto por los conservadores como por los tradicionalistas. También es verdad que entre los sedevacantistas hay de todo, y con un alto grado de desunión. Sin embargo, los hay con un alto grado de elaboración de sus argumentos, todos basados en la doctrina definida antes del concilio. Y hay también “sedeprivacionistas”, con un corpus doctrinal tal vez más elaborado, que sostienen que los papas posconciliares son solamente materialiter, fundamentalmente para salvaguardar el concepto de la visibilidad de la Iglesia. En definitiva, ellos consideran que los papas conciliares en realidad no lo son, porque enseñan doctrinas heréticas, pero si alguno de ellos se convirtiera, entonces sería automáticamente un papa verdadero.

La postura teológica de los sedevacantistas, sedeprivacionistas y los conservadores con respecto al papado, en realidad es muy similar. Ninguno de ellos considera que un papa puede enseñar una herejía, o incluso enseñar una doctrina no católica desde su Magisterio ordinario. La diferencia ocurre en la aplicación práctica: ante ciertas enseñanzas que o contradicen o parece que contradicen la doctrina de siempre, los primeros dicen que es porque la persona en el puesto del papa en realidad no lo es; mientras que los segundos (los conservadores) dicen que lo dicho hay que “entenderlo” sin contradicción con la doctrina de siempre.
No obstante, en la práctica hay una ruptura total entre estas dos posiciones. Los sedevacantistas y los sedeprivacionistas rechazan absolutamente el Novus Ordo Missae y también la misa tradicional celebrada por un sacerdote ordenado por el nuevo rito de Pablo VI del 1969. Por supuesto que no aceptan la doctrina conciliar ni los documentos vaticanos firmados por Juan XXIII en adelante. Tampoco admiten asistir a una misa en la que se rece o nombre sea Francisco sea Benedicto XVI.

Pero, repito, con respecto al papado su postura es prácticamente igual a los conservadores: no admiten que un papa pueda enseñar el error.

En cambio, el asunto se ha complicado – otra vez si se quiere decir así -, con las posturas de la órbita lefebvrista. Aquí también caben al menos las mentalidades de las asociaciones sacerdotales que en su origen estaban con Lefebvre, pero luego han formalizado su relación con Roma. El portal Adelante la Fe es una muestra de ello.

Lo esencial en ellos es que un papa puede enseñar lo que enseña por ejemplo Francisco, y seguir siendo papa. Y lo mismo otros papas conciliares. Aquí es donde está la madre del cordero: para poder sostener tal postura, es necesario recurrir al pasado e indicar en la historia de la Iglesia los casos de los “papas herejes”, o los papas que enseñaron algún tipo de error, y seguían siendo papas. Esto quiere decir: tranquilo muchachos, lo que ocurre con Francisco, ya ha ocurrido antes. Y señalan algún que otro caso. Un vivo ejemplo de esta postura es el historiador católico italiano, Roberto di Mattei.

Yo considero que esta postura hace un enorme daño al papado. ¿Por qué, porque no “conviene”, porque hay que ir “tapando” cosas en aras de la unidad? No, sencillamente porque no corresponde ni con la realidad histórica, ni con la doctrina católica. Y, sin embargo, vemos que también Card. Burke es un exponente del contagio por esta forma de pensar. Citamos la afirmación de Burke:

Los Papas tienen que proclamar y ser obedientes a la única verdad de la Fe Católica. Si no, ellos fueron depuestos, como en el caso del Papa Honorio.

Esto es sencillamente increíble para oír de un cardenal, además de ser completamente falso. ¡El Papa Honorio no fue depuesto! Todo el tema del Papa Honorio versa sobre una única carta que mandó al Patriarca de Constatinopla, Sergus. En la misma, no se expresó bien respecto a la no oposición de la voluntad humana y divina de Jesucristo. Pero no se puede decir que enseñó ningún error. Primero, él escribió una simple carta a un obispo sin pretensión de hacer Magisterio. Este es el punto clave en todo la problemática de Honorio. Segundo, suponiendo y eso sería mucho suponer, que Honorio pensara mal y equivocadamente en este asunto, sería tal vez un hereje oculto, lo cual no lo invalida como papa. Pero no podemos siquiera hacer esa suposición.

honorius i

Donde se equivoca Honorio es en querer imponer silencio en la disputa posterior que se produce sobre la cuestión de la herejía monotelista. Por no pronunciarse enérgicamente en el sentido de la condena de monotelismo, es por lo que tres concilios posteriores lo condenan. Su error es pues por la omisión en el acto de gobernar; o por callarse cuando tuvo que tomar riendas en el asunto, no por enseñar mal. Por cierto, mal hecho, pero no lo depone nadie, ni ha sido borrado de la lista de los Papas. Ni ha pronunciado o enseñado una herejía. ¡Y todo ello por una única cuestión! ¿Cuántas lleva Francisco? Es ridículo pues comprar Francisco con Honorio. Además, tanto San Bellarmino como San Afonso María de Ligorio, los dos doctores de la Iglesia, han estudiado el caso de Honorio no señalándolo como antipapa. Basta ver la argumentación de San Alfonso María de Ligorio expuesta en su libro “La historia de las herejías y su refutación”:

“No sólo los herejes, sino incluso algunos escritores católicos, han juzgado, a partir de estas expresiones del papa Honorio, que cayó en la herejía monotelita; pero ciertamente están engañados; Porque cuando dice que hay una sola voluntad en Cristo, se propone hablar de Cristo como hombre solo, y en ese sentido, como católico, niega adecuadamente que hay dos voluntades en Cristo opuestas entre sí, como en nosotros La carne se opone al espíritu; Y si consideramos las mismas palabras de su carta, veremos que tal es su significado. “Confesamos una sola voluntad en Jesucristo, porque la Divinidad no asumió nuestro pecado, sino nuestra naturaleza, tal como fue creada antes de que fuera corrompida por el pecado.” Esto es lo que el Papa Juan IV escribe al Emperador Constantino II, en su apología de Honorio: “Algunos”, dijo, “admitieron dos voluntades contrarias en Jesucristo, y Honorio les respondió diciendo que Cristo como Dios perfecto y hombre perfecto, ha venido a curar los hombres en su natarualeza, fue concebido y nacido sin pecado, y por lo tanto, nunca tuvo dos voluntades opuestas, ni en él la voluntad de la carne nunca combatió la voluntad del espíritu, como lo hace en nosotros, a causa del pecado contraído de Adán. Por lo tanto, concluye que los que se imaginan que Honorio enseñó que había en Cristo una sola voluntad divina y humana, están equivocados. San Maximus, en su diálogo con Pirro, y San Anastasio Bibliotecario, hacen una defensa similar de Honorio. Graveson, en confirmación de esto, observa muy bien, que como San Cirilo, en su disputa con Nestorius, dijo, en un sentido católico, que la naturaleza del Verbo Encarnado era una, y los eutíquicos aprovecharon la expresión como favorable a ellos; de la misma manera, diciendo Honorio que Cristo tenía una sola voluntad (es decir, que no tenía, como nosotros, dos voluntades opuestas, una defectuosa, la voluntad de la carne y una correcta, la voluntad del Espíritu), fue como los monotelitas se valieron de ella para defender sus errores.

No negamos en absoluto que Honorio estuviera equivocado al imponer silencio a los que discutieron la cuestión de una o dos voluntades en Cristo, porque cuando el asunto en disputa es erróneo, al imponer silencio sólo se está favoreciendo el error. Dondequiera que haya error debe ser expuesto y combatido, y fue aquí que Honorio se equivocó; Pero es un hecho más allá de la contradicción, que Honorius nunca cayó en la herejía monotelita, a pesar de lo que afirman los escritores herejes, y especialmente William Cave, que dice que es en vano esforzarse y defenderlo en su cargo. El erudito Noel Alexander demuestra claramente que (la acusación por la herejía) no se le poner como cargo, y en respuesta al gran argumento aducido por nuestros adversarios, que en el Décimo Tercer Acto del Sexto Concilio se declaró que estaba anatematizado -replica que el Sínodo (lo mismo que León II) condenó a Honorius, no porque abrazó formalmente la herejía, sino por el favor que mostró a los herejes. (Optimo Concilii Intérprete como N. Alex lo llama) escribe a Constantino Pogonatus en su epístola, solicitando la confirmación del Sínodo. En esta carta, (Papa) León enumera los herejes condenados, los padres de la herejía, Teodoro de Pharan, Ciro de Alejandría, Sergio, Pirro, Pablo y Pedro, sucesores en la sede de Constantinopla; él también anatematizó a Honorio, no por abrazar el error, sino por permitir que siguiera sin molestarse. . . También escribe a los obispos españoles, y les dice que Theodore, Ciro y los demás son condenados, junto con Honorio, el que no acostumbraba, según su autoridad apostólica, apagar la llama de la doctrina herética al principio, debido a la negligencia. De estas y de varias otras fuentes, Noel Alexander demuestra que Honorius no fue condenado por el Sexto Concilio como hereje, sino como un favoreador de los herejes, y por su negligencia en sancionarlos, y que fue condenado muy correctamente, porque los partidarios de la herejía y los autores de ella son igualmente culpables. Añade que la opinión común de la Sorbona era que, si bien Honorius, en sus cartas, pudo haber escrito algunas opiniones erróneas, todavía sólo las escribió como teólogo particular, y de ninguna manera manchó la pureza de la fe de la Sede Apostólica; y (en cuanto a) sus cartas a Sergio, que hemos citado en el párrafo anterior, demuestran lo diferentes que eran sus opiniones de las de los monotelitas.”

Por lo tanto, el caso de Honorio fue rescatado por los galicanos del siglo XIX para justificar su postura, reconociendo ellos mismos que fue en vano. Otro tanto ha ocurrido con el Papa Liberio. Veamos lo esencial de este importantísimo caso, porque en las últimas décadas, precisamente desde los círculos lefebvristas es tal vez el que con más frecuencia se suele esgrimir como de “un papa que cayó en herejia”.

liberius

Liberio fue consagrado Papa en 352. Enseguida fue involucrado en la cuestión ariana, rechazando con toda firmeza firmar su adhesión a esta herejía (la negación de la divinidad de Jesucristo). Esto no lo discute nadie, como el hecho de que fue mandado por el emperador Constantino a exilio en 355, permaneciendo dos años apartado de Roma por fuerza. Mientras tanto, Constantino coloca a un diácono romano, Félix de nombre, en el trono papal. Naturalmente como antipapa. Este no fue aceptado por los romanos, e incluso no quisieron entrar en cualquier iglesia si allí estaba Félix, tal y como relata el historiador eclesiástico del siglo V y obispo Teoderoto en su Historia de la Iglesia Latina. Todo esto no se discute. Por lo tanto, Constantino estaba en aprietos y necesitaba retornar a Liberio. Aquí es donde algunos empezaron a especular diciendo que Constantino permitió el retorno de Libero, pero a condición de que firmase la fórmula semiariana y condene al “desobediente Atanasio”. Pero tal postura no es compartida por ningún escritor o historiador eclesiástico contemporáneo, ni ningún papa posterior o las autoridades como San Jerónimo, San Ambrosio, San Hilario, Santos Papas Atansasio y Siricio (este reinó muy cerca del Papa Liberio, entre 384 y 398), etc. Y ahora dime: ¿quién sabe más de Napoleón, Papas Pío VI o Pío VII, sus contemporáneos, o tú que has leído sobre eso de los libros? ¿Y qué libros, bajo qué criterio estaban escritos, con qué fuentes estaban influenciados sus autores?

Por último, el mismo San Atanasio no se refiere en ningún momento a ningún decreto de excomunión hecho por Liberio. Hay sin embargo, dos cartas atribuidas supuestamente a Liberio, en las que se menciona la excomunión de Atanasio. Las cartas forman parte de historias subsecuentes, relacionadas con los obispos orientales, afectados en el tiempo de Liberio y Atanasio con la herejía ariana. San Bellarmino advertirá sobre la facilidad con la que se “falsificaban las cartas entre los griegos”. La primera está denominada como Studens paci y la segunda Pro deifico timore. Las dos cartas están dirigidas a los obispos del Imperio Romano Oriental y en ellas se afirma que Atanasio no está en comunión con Liberio (mientras que los obispos orientales sí), y en la segunda que él mismo, Liberio, ha suscrito fórmula de fe semiariana trazada en Sirmium.

Sobre la autenticidad de las cartas es suficiente citar la erudición del Canónigo Bernard Jungmann que en sus Dissertationes Selectae in Historiam Ecclesiastiam, Vol. II, pág. 69-70), quien afirma respecto a la primera carta:

“Todos los críticos desde Barionius mantienen que la carta no fue escrita por Liberio, incluso aquellos que aceptan otras como genuinas… Es obvio que la carta ha sido escrita por un falsificador.”

En cuanto a la segunda (parte de la argumentación ha sido tomada de John Daly, “Michael Davies – An Evaluation“, cap. 10), subraya que su historicidad ha sido mantenida por los historiadores conocidos por su hostilidad hacia la Santa Sede. Cita a los famosos von Hefele y Dom Hohn Chapman que exprimieron toda posibilidad de que Liberio la haya escrito. Señala que “de hecho queda muy claro para cualquier investigador honesto que esta segunda carta también tiene que ser obra un inepto falsificador. Por ejemplo, queda patente una contradicción obvia consistente en que (supuestamente) Liberio abierta y vergonzosamente admite habiendo aceptado arrianismo y condenado a Atanasio, todavía estando al mismo tiempo en el exilio – pasando por alto que todo el asunto del exilio consistía precisamente en que Liberio se resistía en firmar su adhesión a la herejía. Porque todos los autores, incluso aquellos que acusaban a Liberio de haber firmado su adhesión herética, defienden que fue precisamente e inmediatamente por eso el por qué Constantino lo libera del exilio.

Todo ello acompañado, como dijimos, que ninguno de los santos y autores contemporáneos de Liberio lo acusaron de herejía, todo lo contrario. Este asunto en cambio resurgió principalmente por los escritores protestantes, o de los católicos que se oponían a la proclamación del dogma de la infalibilidad papal del Concilio Vaticano I, o galicanos. Es decir, afirmar que Liberio cometió una herejía obedecía la necesidad derivada de la propia postura teológica. En las últimas décadas esta postura principalmente es defendida por la órbita de la FSSPX.

Por último, cuando San Pedro en Antioquia actuaba con ambigüedad respecto a los cristianos de origen judío, no establecía ningún Magisterio. No era su pretensión de enseñar a nadie; se despistó, se descuidó si se quiere decir así, no acertó por supuesto y como mucho tendría un pecado leve – según el comentario de San Agustín – al actuar así.

Pero como era el Papa, y su actuación podía confundir a otros como ocurrió con el mismo Bernabé por ejemplo, San Pablo tuvo que actuar.

Queridísimos, como acabamos de ver, esto no tiene nada que ver con una exhortación apostólica. Y si no, busca algún error en las cartas de San Pedro (que en su origen eran una s cartas apostólicas; naturalmente no es lo mismo una exhortación apostólica incluso de un papa más santo y docto que haya habido después de la era apostólica, porque las cartas de San Pedro forman parte de la Revelación; sin embargo, una exhortación apostólica es un acto formal del Magisterio de un Papa. Así se entiende y se recibe. Allí está la gravedad del asunto.).

Lo de Burke no es lo mismo, pues.

Pero respecto a los que nos interesa, sí al parecer presentará definitivamente la corrección.

Con lo cual la pelota caerá en el campo de Francisco otra vez.

Ahora vamos a ver la posición de Francisco.

furious

Tiene dos opciones: decir que AL contradice el Magisterio anterior, o no. En cualquiera de las dos opciones, pierde. Porque si dice que contradice, abiertamente reconocería que está fuera del Magisterio de siempre. Es como meterse autogol, y no lo va a hacer. Por otra parte, si dice que la enseñanza de AL no contradice el Magisterio de siempre, que sigue siendo válido, se acabarían las aplicaciones novedosas de obispos que si argentinos, que si malteses o sicilianos, etc. Al menos no podrían invocar AL. Pero Francisco consiente deliberadamente estas declaraciones de determinados obispos. De donde tampoco puede decir que no contradice; otra vez el juego sería acabado.

Es por eso porque no quiere dar claramente ninguna de las dos respuestas. Opta consecuentemente por el silencio, como la única salida posible. Aquí es donde se producen situaciones hasta patéticas. Porque, obligado a la huida, no se atreve ni siquiera ver la cara de Burke (incluso suspendió el pre-consistorio habitual de cardenales), no sea que le haga abiertamente las preguntas. O sea, su posición no es tan fuerte, y lo sabe. Está obligado a pelear retrocediendo.
Esta es una circunstancia en la que no se suele prestar mucha atención, pero la posición de Francisco es muy, muy débil. Teme la confrontación con Burke, y que este, una vez por todas, le presente la famosa corrección formal.

Entonces, es por lo que tiene que huir adelante. Necesita apoyos y aliados. Curiosa y sorprendentemente lo encuentra en la FSSPX, a la que promete el régimen de la prelatura personal por besarle la mano. Como para la FSSPX casi cualquiera puede ser el Papa, pues ya está. Por esa grieta doctrinal se ha ganado Francisco el apoyo de los antaño los más “retrógrados” por excelencia.

Desde el sector modernista, por otra parte, está Fernández que recientemente realiza dos declaraciones brutales a favor de Francisco, en el sentido de que no pasa nada si Francisco ahora cambia la disciplina de sacramentos, etc.

Todos saben, “extraoficialmente”, que Fernandez es la voz de Francisco. O sea, aquella piedra que tira Francisco, y esconde la mano. Y juega con ello. Y avanza inexorablemente. Mientras Burke sigue callando, Francisco arrasa abriendo frentes.

Francis

Tanto es así, que dos voces de sectores conservadores se levantaron últimamente presas de pánico. Las dos (yo señalo al filósofo Josef Seifert y a Don José Luis Aberasturi), de forma independiente, señalaron el quid de la cuestión: si se rompe el principio de contradicción en un solo mandamiento, se rompe todo el edificio de la doctrina moral de la Iglesia. (Este principio es muy simple: si existe un principio válido para todo elemento de un conjunto, si luego afirmo que existe aunque sea un elemento que no lo cumpla, es que el principio ya no es válido. Si salto la valla en un punto, he saltado por encima de la valla. Santiago dirá (cf): “El que incumple un mandamiento, incumplirá el Decálogo”.) Mejor dicho, porque esto en realidad no puede pasar porque la Iglesia es indefectible, se hundiría el edificio de la doctrina moral del Concilio Vaticano II y de sus defensores. Porque esto no es solamente el asunto de Francisco, y el astuto lo sabe muy bien. Esto es lo que subrayó Fernández en la segunda intervención: la doctrina conciliar sobre la libertad religiosa, etc., es la que sentó precedente. Es decir, “no miréis a Francisco; mirad a sus predecesores conciliares, que allí está el tema”.

Y de esa forma Francisco puso el dedo en la llaga, y acorraló a Burke. Mientras Burke sigue con su silencio esperando no sabe nadie qué, Francisco no para. Y hasta abre el nuevo frente, el de la reforma litúrgica. Para dejarlo claro, hay que decir que el Romano Pontífice sí puede hacer cambios en la liturgia, pero no cualquier cambio. No puede hacer cambios que invalidarían la misa. Conociendo la predilección de Francisco por el “ecumenismo”, y teniendo en cuenta ya varios avisos que venían sobre el tema (el documento curial “Del conflicto a la unión”, comentarios del Cardenal Coccopalmeiro sobre la “validez” de los ministros anglicanos, las palabras de Francisco referentes a la asistencia de católicos en la “misa” anglicana, y viceversa, etc.), está claro que se está preparando algo muy importante. Veremos hasta dónde querrá llegar. Personalmente creo que se promoverá algún rito como mínimo la mar de ambiguo, que provocará otra vez la polémica, las dudas y “confusiones”. Porque recordemos lo que dijimos: si rompe con un mandamiento, lo puede hacer con todo.

puppet

[La misa de los “muñecos” para los niños, Buenos Aires, 15/10/2011. En un mundo de tan graves problemas como ocurre hoy en día, lo que menos se necesita, más bien ha de ser rechazado, es la visión barata, banal y superficial de la realidad. Si algo necesita el mundo es el vigor de la fe y una liturgia coherente con la misma; o sea, la fe y la misa de siempre.]

Por todo ello, cuanto más tarde Burke en reaccionar, será peor. Francisco avanzará más en la dirección de su huida.

Eso sí: avanzará por un puente frágil de cristal que se romperá en cualquier momento. Su posición es de consistencia cero. Con tal de que se encuentre a uno solo dispuesto a librar la batalla, Francisco está perdido. Ese “uno solo” es suficiente para ponerlo en evidencia si de una vez por todas se decide actuar formalmente. Dice San Bellarmino en De Romano Pontifice:

La quinta opinión por lo tanto es la verdadera. El Papa que es manifiestamente herético automáticamente (per se) cesa de ser el Papa y la cabeza, lo mismo que cesa automáticamente en ser cristiano y miembro de la Iglesia. De donde, él puede ser juzgado y castigado por la Iglesia. Esta es la enseñanza de todos los Padres que enseñan que un herético manifiesto pierde inmediatamente toda la jurisdicción”.

Tenemos aquí, pues, dos cosas: una, que un herético manifiesto no es papa, y segunda, que ese tal herético puede ser juzgado por la Iglesia.

¿Pero un laico va a juzgar en la Iglesia? Esto nunca se ha dado, ni puede ser así. Por eso “iudicamedomine” puede solamente pensar, pero no tiene ninguna autoridad en la Iglesia. Puede, entiendo que y debe, no seguir a Francisco porque enseña lo que no está bien ni católico, pero deponerlo jamás. San Bellarmino dice “puede ser juzgado y castigado por la Iglesia”, y aquí entiendo que debe ser aunque sea uno de los cardenales u obispos (creo que procede que sean cardenales) que levanten formalmente la voz y lo depongan. Aquí cobra a mi entender sentido la tesis sedeprivacionista, según la cual los cardenales de un papa material, no formal (es decir, en realidad no lo es), y ostentan la característica de la visibilidad de la Iglesia. Es decir, estos cardenales sí pueden realizar esta función correctora. Con ello tendrían una oportunidad de iniciar la Restauración completa de la doctrina y liturgia de la Iglesia.

Aquí todavía nos espera un problema. Burke espera que se de una única salida a su corrección. Dice: “Los Papas han de proclamar y ser obedientes a la única Fe Católica. Si no, deben ser depuestos,…”…Pero, ¿y si Francisco no obedece, si no se pliega a la corrección? Después de cincuenta años controlando e imbuyendo seminarios con el modernismo, con tanta gente que piensa como Francisco al respirar y debajo de su piel, ¿Francisco se va a plegar? ¡Si tiene un ejército tras él!

Aquí es donde me parece que Burke es demasiado optimista e ingenuo. Pienso que se quedará en minoría. Entonces, o sigue adelante y tendrá el cisma – pero respecto a Francisco, no la Iglesia -, o se asusta y desiste.

Si desiste, no conseguirá ninguna “paz” ni evitar ningún problema; Francisco seguirá adelante aumentando la brecha. De modo que, cuanto más tarde, será peor.

Pero la rebelión – o cisma, como quiera llamarse – contra Francisco, no será gratis. Será calificada como rebelión de cardenales “ultraconservadores” y los amigos de Francisco, tanto aparentemente dentro de la Iglesia como los de fuera que tanto lo quieren, optarán por Francisco. Eso implicará que la materialidad de los bienes de la Iglesia quedará en las manos de Francisco. Hospitales de la Iglesia, parroquias, conventos… tantos y tantos edificios que son de la Iglesia desde hace siglos, ahora los administrará Francisco. Los rebeldes quedarán sin bienes, y los cardenales posiblemente sin sueldos siquiera. Salvo tal vez, que la rebelión contra Francisco sea algo mayor. En cualquier caso, una situación muy difícil.

Esto también es una situación que podría ocurrir. La única opción quedará entonces en la Iglesia de catacumbas. ¿Está dispuesto Cardenal Burke a ello? Me parece que ni siquiera considera esta opción como posible, y sin embargo, la situación puede desembocar precisamente allí. Me permitiré sugerirle al Cardenal Burke, mejor dicho rezaré para que lo tenga en cuenta con la seriedad y disposición que se merecen, que se acuerde de todas las enseñanzas del Antiguo y el Nuevo Testamento respecto a la lucha contra la falta de fe y los errores. ¿Qué le dice el mismo Señor a sus Apóstoles después de que muchos se escandalizaran por sus palabras sobre su carne y sangre que dará como verdadera comida y bebida? No se puso a convencerles, sino: ¿También vosotros os queréis ir? La verdad no admite compromisos. Pero solamente si con la fe nos adherimos a las palabras del Señor, venceremos porque la victoria siempre puede venir solamente por su gracia y ayuda, no por nosotros. ¿Cómo vencieron los israelitas a los pueblos salvajes que los querían exterminar? Por la fe. ¿Cómo venció David a Goliat? Por la fe. No existe ni otro camino, ni otra opción.

Queda manifiesto que si Burke se pone a hacer cálculos humanos, parará antes de empezar. Pero esto sí que tiene que ser la única opción posible, sea cual sea el precio: no asentir a la mentira. Luego, Dios proveerá. El Señor murió en la cruz desnudo. Y así venció.

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2 thoughts on “La ingenuidad del Card. Burke. ¿Dios se servirá de ella? Matizaciones

  1. No se trata de vencer o caer derrotado sino de ser fieles a LA FE de la Revelación y salvarnos para la Vida Eterna Gloriosa, uno a uno y no en colectivo, aunque la obra de Salvación se realiza en la Iglesia de Cristo en la que nos santifica el Espíritu Santo en este mundo, pues con esa finalidad hemos venido la vida temporal, para evolucionar a la eterna gloriosa que en Cristo nos induce el Espíritu Santo.
    La cuestión medular es saber si Francisco se siente y se declara Liturgo de Cristo en la línea de San Pedro a quien el Señor le transmitió sus poderes sacerdotales y no solamente papa-obispo de Roma título con el que se presentó al Pueblo la tarde-noche de su elección, omitiendo su razón de ser-,conditio sine qua non-, de Sumo Pontífice de la Religión Católica.
    No se trata de una disquisición ociosa sino fundamental y determinante que habría de concluirse que Francisco no se tiene por Sumo Pontífice de la Religión Católica puesto que ha declarado que DIOS NO ES CATÓLICO, luego no es el revelado en Cristo y por Cristo, Dios Único en Trinidad de Personas.
    Y además entiende a la Iglesia como inclusiva de confesiones y credos plurales que no son católicos aun en el caso de respetar la religión Católica como una más y por lo mismo desacralizada a profana como todas las demás creencias humanas.
    Esta es la cuestión previa, básica antes de cualquier otra consideración eclesiológica. Aunque evidentemente Al ha sido el lanzamiento de una losa en la gran charca que ha despertado a los batracios. Perola realidad es que la Iglesia de Dios NO es interconfesional-interreligiosa ni el Papa pude obrar por su cuenta sin atenerse a San Pedro.
    En Lumen Gentium 22, 27 se dice:”El Señor estableció únicamente a Pedro como roca y portador de las llaves de la Iglesia y le constituyó Pastor de toda su grey ; si bien ese cargo de atar y desatar que se le confirió a Pedro consta que también le fue atribuido al Colegio de los Apóstoles conjuntado a su Cabeza”.
    Por lo mismo NO se puede utilizar como pretexto ser sucesores de los Apóstoles para suplantarlos y dirimir cuestiones contrariamente a LA FE que nos transmitieron e implantaron en la Religión Católica que ellos iniciaron y protagonizaron . Ya San Pablo lo dejó advertido explícítamente sin sombra de dudas en 1 Tm 6, 3-6 sobre quien quiera que sea que enseñe de manera diferente a las mismas palabras puestas en vigor por el Señor…

    El Vaticano II, Constitución Dogmática Dei Verbum expresa: 1.” El Santo Concilio, escuchando religiosamente la palabra de Dios y proclamándola confiadamente, hace cuya la frase de San Juan, cuando dice: “Os anunciamos la vida eterna, que estaba en el Padre y se nos manifestó: lo que hemos visto y oído os lo
    anunciamos a vosotros, a fin de que viváis también en comunión con nosotros, y esta
    comunión nuestra sea con el Padre y con su Hijo Jesucristo” (1 Jn., 1,2-3). Por tanto
    siguiendo las huellas de los Concilios Tridentino y Vaticano I, se propone exponer la
    doctrina genuina sobre la divina revelación y sobre su transmisión para que todo el
    mundo, oyendo, crea el anuncio de la salvación; creyendo, espere, y esperando, ame.

    2. Dispuso Dios en su sabiduría revelarse a Sí mismo y dar a conocer el misterio de su
    voluntad, mediante el cual los hombres, por medio de Cristo, Verbo encarnado, tienen
    acceso al Padre en el Espíritu Santo y se hacen consortes de la naturaleza divina”

    No tiene por consiguiente ninguna disculpa el no atenerse a La Dogmática presente en el Magisterio de Origen coherente consigo mismo a través de los siglos.

    Cierto que Fernández , el arzobispo amanuense de Francisco, tiene razón dialéctica al remitirse a las Declaraciones Conciliaristas aunque se calla las Constituciones Dogmáticas prevalentes salidas de la literatura del Vaticano II, Declaraciones, rupturistas de la Doctrina de LA FE que han venido a convertirse en dogmas conciliaristas suplantando de hecho a las Constituciones Dogmáticas que se quedan en retórica.

    En los contenidos ambiguos y secularizantes de las Declaraciones y del Decreto Unitatis Redintegratio está la causa de la desacralización de la Religión Católica como única verdadera al contener en sí misma los sacramentos de santificación
    La Teología Católica se ha hecho inevitablemente interconfesional-interreligiosa y la filosofía de basamento cristiano se ha devenido en dialéctica como la que emplea Fernández y los francisquitas en general.

    En ese aspecto tienen la partida ganada los desacralizadores si los que se quieren mantener fieles a LA FE admiten acríticamente los textos del Vaticano II, Pastoral y no Dogmático y que por lo mismo, aunque torticeramente, pueden en su dialéctica prescindir del Dogma como en efecto ha constatado Benedicto XVI.

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