Canonista Ed Condon: “¿Qué está mal en la declaración de los obispos alemanes sobre la comunión a los protestantes?” La respuesta: El Código del Derecho Canónico del 1983

Los conservadores posconciliares están en el estado de shock después del permiso que la Conferencia Episcopal Alemana ha dado a los cónyuges protestantes de los católicos, aunque sea “en casos particulares”. Uno de tales medios es Catholic Herald; analizaremos brevemente pero de forma concisa y completa el artículo de un canonista y abogado, Edward Condon (su artículo reproducido en Infocatólica).

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[Abusos – cuando no sacrilegios – litúrgicos se han extendido como la lepra por el cuerpo. Si los que ostentan la autoridad piensan que esto está mal, ¿por qué no intervienen, por qué el sacerdote no está suspendido?]

Su argumento se basa en el artículo 844.4 del CDC que hemos comentado ya varias veces:

““Si hay peligro de muerte o, a juicio del Obispo diocesano o de la Conferencia Episcopal, urge otra necesidad grave, los ministros católicos pueden administrar lícitamente esos mismos sacramentos  (se refiere a la comunión) también a los demás cristianos que no están en comunión plena con la Iglesia católica, cuando éstos no puedan acudir a un ministro de su propia comunidad y lo pidan espontáneamente, con tal de que profesen la fe católica respecto a esos sacramentos y estén bien dispuestos.””

Ed Condon se centra en las palabras que he destacado: “peligro de muerte” y “necesidad grave”, argumentando que de esa forma se expresa una situación especial que de ninguna manera puede una “regla” o suponer alguna “regularidad”.

Por lo demás, añade que es necesario para los protestantes expresar especialmente una fe firme en todo aquello que implica la fe en la eucaristía, “incluida la realidad del sacerdocio sacramental, y la validez y eficacia del resto de los sacramentos, así como la autoridad de la Iglesia sobre ellos.”.

Ya que estamos en este punto, hay que reprochar severamente a Condon haber omitido exigir en la Virginidad Perpetua de la Siempre Virgen. ¡Pero todo ello tampoco es suficiente! Eso es la principal defecto de toda su argumentación. Sencillamente: el protestante, o en general no católico, ¡primero debe ser católico, y luego comulgar! Pero Condon se cuida en sacar esa conclusión, y creo que lo sabe por qué.

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[Con el tiempo, los católicos han sido introducidos gradualmente en alguna especie de otra religión. “¿Qué tal lo pasaste en el seminario?” “Genial, me lo pasé muy bien”.]

Vamos punto por punto: lo que es más importante, el mayor error de Edward Condon es que los obispos alemanes (y no solamente “obispos”, sino la Conferencia Episcopal como institución) ¡están precisamente en perfecta sintonía con el CDC del 1983! Para resaltarlo, solamente es necesario prestar atención a todo el texto; también aquel el que Condon evitó resaltar, y ese es que “a juicio del Obispo diocesano o de la Conferencia Episcopal…“, es decir, es la Conferencia Episcopal la que decide, en base al CDC del 1983 (¡aprobado por Juan Pablo II y con Ratzinger como Prefecto de la Congregación para la Doctrina de la Fe!), lo que se puede y lo que no; cuáles son esas “necesidades graves”, y no tú, mi querido Edward. Tú puedes sollozar lo que te plazca, pero su posición está en perfecta coherencia con el Código de Derecho Canónico del 1983.

Eso es precisamente el núcleo del problema del que tienen pánico: ¡el CDC es el culpable! ¡El Código de Juan Pablo II y Ratzinger (y de Benedicta XVI, porque luego no lo ha cambiado)!

Para verlo con más claridad, y para que no digan que me he vuelto loco y estoy diciendo disparates, recordaremos el CDC del 1917, de Benedicto XV. En el art. 731.2 está indicado con total claridad, para que lo pueda entender cualquiera sin confusión. Todo lo que dice es de pura lógica, además de fe:

“Está prohibido administrar los sacramentos de la Iglesia a los heréticos y cismáticos, aunque los pidan de buena voluntad, excepto de que se reconcilien con la Iglesia, rechazando previamente sus errores.”

Es decir, si previamente no piden formalmente ser católicos. Si estamos en el peligro de muerte o alguna otra situación grave, esa reconciliación no pide ninguna ceremonia larga; simplemente la confesión de la fe católica, renegando de los errores.

Eso es muy sencillo: la Iglesia es la sociedad perfecta y su Derecho se refiere solamente a sus “ciudadanos”; si quieres tener sus privilegios, debes ser su ciudadano.

Pero hay algo más: el CDC del 1917 muestra como el CDC del 1983 es un código no católico. ¿Cómo es eso? Porque su aplicación lleva al absurdo, ed., es posible siguiendo el Códex del 1983 dar la comunión a los protestantes (y además a otros no católicos). Eso quiere decir que los protestantes y católicos en realidad forman una misma Iglesia; quizá pueden ser llamados – como lo hace CVII – “hermanos separados”, pero son miembros de pleno derecho de la Iglesia ya que reciben la misma comunión. En eso precisamente consiste el espíritu “ecuménico” que penetra todo el CVII. Sin embargo, todavía están obligados a decir que los protestantes y católicos son algo diferente (si no, sería admitir un escándalo abiertamente, no a escondidas).

Por un lado, por lo tanto, tenemos que son algo diferente, pero por el otro que son lo mismo. Eso es el absurdo al cual lleva la aplicación del Código del 1983. Si este Código lleváramos de forma análoga a una circunstancias de derecho civil, cualquier juez podría interpretar esos artículos en el sentido de que los miembros de una comunidad pueden recibir privilegios o ser sujetos de derechos que pertenecen a otras comunidades, con tal de que así lo disponga la autoridad competente.

Repetimos: la aplicación del Código del 1983 es la que lleva al absurdo, y con ello se muestra como un Código no católico.

Cuando alguna afirmación deriva en absurdo, entones es inconsistente, incoherente, contradictoria: no vale. Eso lo sabían ya los antiguos griegos. Euclides fue el primero que utilizaba esa lógica en la demostración formal de propiedades matemáticas. Por ej., que el número de números primos es infinito. Supuso lo contrario: que su número es finito, con lo que tenía que existir el mayor número primo. De aquí, utilizando la deducción correcta construiría un nuevo número primo, mayor del más grane – absurdo, por contradecir lo supuesto. Es decir, la suposición de que hay finitos números primos lleva a la contradicción, con lo que esa suposición es insostenible. Hay pues, infinitos números primos.

En nuestro caso aplicando la lógica correcta, partiendo del Código del 1983, llegamos a la contradicción. ¿Qué contradicción? Que los protestantes pueden recibir la comunión como si fueran católicos, y no lo son.

Pero esta contradicción se encuentra únicamente con respecto al verdadero sentido católico contenido en el Código del 1917 (el que recogió la fe y tradición de la Iglesia durante 19 siglos); no es contradicción con respecto al Código del 1983. Y no solamente eso: no supone contradicción con respecto a los documentos del CVII. Consideremos por ejemplo el Decreto sobre el ecumenismo, Unitatis Redintegratio nº 8:

Sin embargo, no es lícito considerar la comunicación en las funciones sagradas como medio que pueda usarse indiscriminadamente para restablecer la unidad de los cristianos. Esta comunicación depende, sobre todo, de dos principios: de la significación de la unidad de la Iglesia y de la participación en los medios de la gracia.

La significación de la unidad prohíbe de ordinario la comunicación. La consecución de la gracia algunas veces la recomienda. La autoridad episcopal local ha de determinar prudentemente el modo de obrar en concreto, atendidas las circunstancias de tiempo, lugar y personas, a no ser que la Conferencia episcopal, a tenor de sus propios estatutos, o la Santa Sede provean de otro modo.

 

Miren este texto conciliar: es el ejemplo clásico de la ambigüedad, o mejor: la legislación de la contradicción. Con este texto Vd. puede hacer lo que le plazca.

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[Cardenal Sarah de nuevo hizo referencia severa hacia la comunión en la mano. En la introducción del libro dedicado al tema, escribe:

“Ahora, el cardenal Robert Sarah da un paso más, y arremete contra aquellos católicos que, legítimamente, solicitan recibir la comunión en la mano: “Es un ataque diabólico a la Eucaristía“, proclama.”

Y:

El ataque malvado más insidioso consiste en tratar de extinguir la fe en la Eucaristía sembrando errores y favoreciendo una forma inadecuada de recibirlo“, apunta Sarah,quien añade que “la guerra entre el arcángel Miguel y sus ángeles, por un lado, y Lucifer, por el otro, continúa hoy en los corazones de los fieles: el objetivo de Satanás es el sacrificio de la Misa y la presencia real de Jesús en la hostia consagrada“.

¿Pero dónde estábais hace 45 años? Los fieles se han acostumbrado tanto – especialmente en el occidente – en la recepción de la comunión en la mano que este discurso les parece “antiguo”. “Es un tipo anticuado”, dirán. Pero esto, aunque Cardenal Sarah tenga buena intención, en el fondo es desviar la atención del verdadero problema: los cambios doctrinales del CVII, y la introducción del Novus Ordo y la prohibición práctica de la Misa Tradicional. La comunión en la mano es tan solamente una consecuencia práctica de esos cambios.]

La frase: “La significación de la unidad prohíbe de ordinario la comunicación.

(solamente) parece estar en la contradicción con la siguiente:

La consecución de la gracia algunas veces la recomienda

por aquello “de ordinario”, quiere decir: “en general, pero no siempre”.

Y realmente, tal y como se ve del párrafo siguiente, se permite a los obispos determinar cuándo y cómo es posible permitir la comunión a los no católicos:

La autoridad episcopal local ha de determinar prudentemente el modo de obrar en concreto, atendidas las circunstancias de tiempo, lugar y personas, a no ser que la Conferencia episcopal, a tenor de sus propios estatutos, o la Santa Sede provean de otro modo.

Y precisamente es eso lo que piensa la Conferencia Episcopal en su conjunto, y la “Santa Sede” no dispone de otra forma. Les está permitido hacer así, solamente necesitaban tiempo para hacerlo oficialmente.

¡Todo está dicho!

Eso es una prueba (de entre algunas) que el espíritu del CVII es “ecuménico”, y no católico. Ese es el Concilio el que a los bandidos da las armas en las manos para hacer según su voluntad; para ir destruyendo la Iglesia, mejor decir para hacer la desolación entre los fieles y en los altares.

Reconoced al verdadero culpable.

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“Misa” en una logia

mason priest

Al parecer, en alguna parte de Italia.

El enemigo está dentro, desde hace mucho tiempo ya. ¿Para qué queremos enemigos, si tenemos serpientes debajo de la camisa?

“Solamente tengo miedo de los malos católicos”, dijo Santa Bernadette.

“…pensad que en primer lugar se ha de procurar arrancar a los Masones su máscara, para que sean conocidos tales cuales son…” León XIII, Encíclica Humanum Genus.