El paralizante miedo al “cisma”

El “cisma” entrecomillado, porque realmente no se trata de un cisma; en cisma está Francisco y similares.

Lo más grave de su reciente cambio del Catecismo (posconciliar) es que se trata de un acto formal más grave de todo el tiempo en que ocupa – indebidamente, pero está sentado de verdad – la Silla de San Pedro. No voy a citar la doctrina perenne e inmutable de la Iglesia sobre la pena de muerte, las hay ya en muchos sitios y bien documentados. (Por ejemplo: aquí, aquí y aquí)

No hace falta recordar que 2 + 2 = 4; lo que me ocupa es lo siguiente: la falta total de la reacción de los obispos y cardenales (“conciliares”, claro).

Según oigo de la gente conservadora (los progresistas están celebrándolo por todo lo alto) del Novus Ordo, es debido a que el “cisma” es el mayor daño que se puede producir, y hay que evitarlo a toda costa.

Lo que yo veo es lo siguiente: habéis permitido, y estás permitiendo todo tipo de avances de la agenda de Francisco. Por el miedo a vuestro “cisma”, Francisco va arrasando. Y va a más. Solamente es cuestión qué es lo que va a ser siguiente. No lo sé, ni me importa, sé que va a ser. Ha colocado su doctrina de forma solemne en el Catecismo (aunque sea “conciliar”). Reacción: cero. Por ello, lo siguiente va a ser aún peor.

francis firm

¿Cómo justificó Ladaria el cambio en el Catecismo? Con su abracadabra del “desarrolo”, o “ahora se entiende mejor”. En fin, mediante el concepto de la evolución de la doctrina, tal y como advierte contra los modernistas San Pío X en la Encíclica Pascendi.

Por lo tanto, ahora toca lo siguiente de la “evolución”. Mediante la ley de gradualidad, también descrita por San Pio X, poco a poco va a caer lo siguiente como si se tratara de una fruta madura. Hace 50 años el cambio en la misa parecía a algunos una catástrofe. Pero luego se acostumbraron. Hoy en día solamente muy pocos saben lo que ocurrió entonces.

No sé lo que van a hacer en el futuro Cardenal Sarah y dos o tres similares. Parece que nada.

Lo que parece evidente es que el miedo al “cisma” traza la autopista libre de pagos a Francisco. Lo que parece evidente que ese miedo es la peor opción que han elegido.

Pero la solución no pasa por quitar solamente a Francisco. Sino echar a todo el Concilio Vaticano II a la basura, que es donde pertenece. Y su liturgia protestantizada. No hay reforma de la Iglesia sin eso.

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