¡Felicidades, Colombia!

¡Gracias a Dios y a la Santísima Virgen!, no puedo decirlo de otra forma.

Es una noticia maravillosa que no podía descartar. La anhelaba, a pesar de malos augurios, pero al final llegó. ¡Magnífico!

Escribí mis reflexiones respecto a este referendúm en el artículo de hace un mes (“Razones para el NO en el plebiscito de Colombia“), y ahora comparto mi alegría porque no dieron condiciones para legalizar estas perspectivas tan sombrías enumeradas por Fernando Londoño Hoyos, exministro colombiano de Interior y Justicia:

¿POR QUÉ VOTARÉ NO EN EL PLEBISCITO COLOMBIANO?

Fernando Londoño Hoyos, exministro colombiano de Interior y Justicia lo explica:

1) Porque me opongo a una Constitución blindada de 297 páginas, a espacio sencillo, que nos condena para siempre a lo que en ella se dispone. Es una barbaridad, así fuera la Constitución más sabia. Pero es monstruosa. Ni los hijos de los hijos de nuestros hijos la podrían modificar.

2) Porque crea un sistema de impunidad detestable, con horrendo valor ejemplarizante. No hay delincuente potencial que no quiera un trato semejante. Las penas previstas en ese mamotreto son un mal chiste. Lo dijo Vivanco, el Director de Human Rights Watch. “La clemencia asesinaría si perdonase a los que matan”. (Shakespeare, Romeo y Julieta).

3) Porque no es acto de paz, sino una declaración de guerra.

La “lucha contra las organizaciones criminales que hayan sido denominadas como sucesoras del paramilitarismo” es un capítulo entero de esta aberración. Claro que serán ellas, las FARC, las que digan quiénes serían denominados como sus enemigos, para matarlos o encarcelarlos.

4) Porque me niego a vivir en una Patria comunista.

En diez millones de hectáreas, dos veces el departamento de Antioquia, se formará una “economía campesina, familiar y comunitaria” que dominarán económica, social y políticamente las FARC, que nunca, ni ahora mismo, han renunciado a su credo marxista leninista. Está claro cuáles tierras serán despojadas y a quiénes se practicará ese despojo.

5) Porque el acuerdo de paz es hambre para Colombia.

El modelo agrario ha sido tomado de Cuba, Venezuela, Corea del Norte y China antes de que se volviera capitalista. Ese modelo agrario no produce sino hambre, buena condición para dominar a los hambrientos con un mendrugo de pan en la mano.

6) Porque me niego a vivir en el reino de las FARC.

Nada garantiza que las FARC entreguen las armas que tienen. Pero lo que es seguro es que no entregarán su dinero, que tienen acumulado en cantidades gigantescas. Con el que ganan cada año como narcotraficantes y mineros ilegales, les basta para acabar de corromper este pueblo y ganar todas las elecciones. Armas, dinero, curules gratuitas, 31 emisoras FM, comunidades campesinas en su poder, 31 zonas de dominio, diez millones de hectáreas a su disposición (toda el área sembrada de Colombia es de cinco millones de hectáreas) aseguran que de aquí en adelante, hasta el desastre final, las FARC serán dueñas de Colombia.

7) Porque el acuerdo arruina definitivamente el país.

Las inversiones en el campo, en las zonas que se entregan a las FARC, son de tal magnitud que no queda un centavo para el resto de Colombia. Solamente la pensión para “los trabajadores y trabajadoras del campo en edad de jubilarse” y la comida gratuita para todos los raspachines de coca y las “comunidades” cocaleras garantizan este resultado. Seremos más pobres que Cuba.

8) Porque no voy a vivir en un Narcoestado.

Quedan constitucionalmente prohibidos los bombardeos a los campamentos cocaleros; constitucionalmente prohibidas las fumigaciones aéreas; constitucionalmente prohibidas las extradiciones de narcotraficantes; constitucionalmente prohibida la acción de la Policía y el Ejército contra el narcotráfico. El acuerdo garantiza que Colombia será, para siempre, un Estado de narcotraficantes para narcotraficantes. La sustitución voluntaria de los cultivos es otro chiste de mal gusto. Convencer a un campesino de que deje por las buenas una actividad que le da diez veces lo que cualquier otra no pasa de una charada.

9) Porque me niego a vivir en una dictadura.

El Congreso quedará en manos de las FARC. Pero el que se elija, cualquiera, quedará sometido a las 297 páginas de esta basura supraconstitucional. El Poder Judicial queda suplantado por el Tribunal Judicial de Paz, para absolver delincuentes de las FARC y para condenar como delincuentes a los miembros del Ejército, a los empresarios, profesores, agricultores y periodistas que “amenacen la implementación de los acuerdos y la construcción de la paz”. Las instituciones, tan imperfectas como se quiera que sean, se van al diablo. Solo quedan Timochenko y Santos y los suyos. Y no voy a votar por Santos y por Timochenko.

10) Porque no quiero vivir en un desierto empobrecido en poder de delincuentes.

La deforestación del país es trágica; la destrucción de los ríos, patética; la conversión del campo en un narcocultivo de cocaína, marihuana y amapola, incontenible. Y el acuerdo garantiza que eso se multiplique. La llamada paz es la guerra mortal contra el país que produce, la industria, el desarrollo en las ciudades, la ciencia, la clase media, los asalariados.

Todo esto lo digo con el Acuerdo Final en la mano. Que tengo estudiado, repasado, subrayado, analizado. Y lo digo en honor de los que queriendo la paz van a votar por su destrucción definitiva, sin leer una página del mamotreto letal que supuestamente la contiene. Querido lector: puede hacer dos cosas. Creerme o estudiar el acuerdo. De ambas maneras vamos a coincidir. Seguro.”

También puede escuchar sus razones aquí y resumidas:

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La presión ha sido enorme. Una de ellas procedente del ocupante indebido del Trono de San Pedro (elcomombiano.com, 30/09/2016): “El Papa dice que visitará Colombia cuando esté aprobado el plebiscito

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Estas palabras y acciones provocaron estupor y consternación entre buenos católicos colombianos, como José Galat, que expresaron públicamente su desazón:

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Aunque, ya es la hora de que Francisco no sorprenda a nadie. Sigue en lo suyo; otra vez en el avión de vuelta de Georgia y Azerbayán afirma que “las personas hay que acompañarlas cómo hace Jesús siempre“, y para recordarlo, cuenta su recepción del transexual español: “Recibí una carta del español que me contaba su historia de niño y de adolescente. Bueno nació como niña, pero ella se sentía un chico, pero era físicamente una chica“, explicó.

No, Francisco. Jesús acoge a todos… si se arrepienten. No acoge a los no arrepentidos. Y a algunos les dice: “ay de vosotros…”, y a todos (Mt 7, 13): “entrad por la puerta estrecha, porque ancha es la puerta y amplia es la senda que lleva a la perdición, y muchos son los que entran por ella.”

Jesús tiene brazos abiertos para todos, pero espera el cambio en su vida. Y si este no ocurre,… le duele mucho.

Resulta luego – es que es inalcanzable como si fuera Usain Bolt – que “el gran pecado contra el ecumenismo es el proselitismo“. Y que “nunca deberían convertir a seguidores (¡? ¿qué es eso?) ortodoxos, ellos son nuestros hermanos y hermanos, discípulos de Jesucristo“.

Entonces Francisco, ¿la Iglesia no es una? ¿Jesucristo fundó una multitud de Iglesias, comunidades, que deben “realizar o hacer” la Iglesia? Más o menos por allí va la cosa, me parece. Por las coordenadas modernistas, en dirección de la Nueva Religión Mundial para el correspondiente Orden del que eres un servidor.

Gracias, Jorge, no vengas:

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Razones para el NO en el plebiscito de Colombia

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Votar por el “SÍ” parece muy lindo y moderno, muy de “superar las incomprensiones y diferencias” del pasado, y todas las demás razones pintorescas y pacifistas, en definitiva perroflautistas, que se puedan esgrimir. Fatuas y vacías como su propio contenido.

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Tanto fue anunciado y vendido este acuerdo por todos los medios de comunicación principales, que la sensación que crea es que los sectores que se oponen al “Sí” son unos ultraderechistas – todos los extremos son malos, dicen por allí – incapaces de vivir en el presente y asumir la responsabilidad que la Historia impone al mundo de hoy.

Sin embargo, se diga lo que se diga, se ha de realizar una reflexión precisamente responsable y justa para evaluar si existen seriamente razones para el “No”. Es lo que intentaremos hacer en breves líneas, no por ello carentes de argumentación y peso.

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1º “Lo aprobado por el Congreso sustituye la Constitución. Se la estamos entregando a la medida de las Farc”. (El Espectador, 30/08/16)

Se trata de un acuerdo que de alguna manera es “exterior” a la soberanía de la nación colombiana. Esto es extraño, y por supuesto que no puede dar efecto positivo duradero ni constructivo ni justo. Parece que hay unos agentes externos que presionan en una determinada dirección.

¿Qué hace la ideología de género en todo esto?

Esto es muy, muy raro. Otra vez tomo los datos de El Espectador – haciendo referencia al contenido de los acuerdos firmados – del 24/07/16 (Enfoque de género: ¿qué se pactó con las Farc?), que realmente son impresionantes:

A.  …En un comunicado, la oficina del Alto Comisionado para la Paz señala que el tema de género es una cuestión de igualdad para que hombres, mujeres, homosexuales, heterosexuales y personas de cualquier identidad diversa se beneficien y que no de la sobrevaloración de una población específica. ¿Qué se pactó?

B. En el segundo punto del acuerdo (Participación Política: hacía una apertura democrática para construir la paz), las medidas tienen el objetivo de facilitar el derecho de las mujeres a participar en instancias que aborden el tema de garantías para la oposición, el acceso a autoridades de todo nivel y el fortalecimiento de las organizaciones y movimientos tantos demujeres como de jóvenes y población LGBTI.

Realmente impresionante. ¡Otra vez esta ideología que une a Obama con Morales, Castro con Santos, pasando por Mariano, Hollande, Poroshenko y  Teresa May! ¡Todos a la una con el dichoso género! 

No podemos sin hacernos una pregunta significativa: ¿pero qué jefe es ese que está por encima de todos estos mandatarios y lleva adelante una nueva ingeniería social a través de todos los polos y puntos del mundo? Porque debe haber una inteligencia detrás, como la hay detrás de las leyes que detectamos y describimos en la naturaleza. Porque no existe el orden, sin el que ordena y dispone. No existe regla sin inteligencia.

Aquí evidentemente hay una voluntad con medios poderosos que está detrás para llevar a cabo lo que disponga. Y la ideología de género es algo muy importante que lo deje sin promover.

3º y lo más importante: Las Farc son marxistas-leninistas.

¿Cómo puede haber un acuerdo, una esperanza de trato con una ideología que promueve la lucha de clases, es decir la herramienta de odio, sin dejar de serlo?

Los comunistas no miran a las personas, sino al objetivo. Lo que justifica “moralmente” su lucha, es el fin trazado:

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Recogido por El Mundo, 18/10/12:

“Masacre de Bojayá (Chocó). 2 de mayo del 2002. La guerrilla y los paramilitares utilizaron el pueblito junto al río Atrato, habitado por campesinos humildes, de campo de batalla. Durante los combates, los vecinos se refugiaron en la parroquia. A las FARC no les importaron los civiles y lanzaron cilindros – bombas artesanales- en dirección al templo. Ciento diecinueve personas de todas las edades perdieron la vida.”

Si bien es cierto que los grupos paramilitares de Colombia cometieron matanzas significativas, la diferencia crucial es en el origen (sin justificar con esto sus acciones delictivas) : los grupos paramilitares surgen como un efecto de las Farc.

RESUMEN: 

El Estado debe imponer su autoridad en Colombia. Debe proteger a los débiles, castigar a los criminales. Puede realizar treguas cuando la prudencia lo requiera (cuando la fuerza del enemigo es tan importante que no se pueda imponer la ley el orden), pero no acuerdos con el mal. Esto jamás dará resultado positivo alguno.

Los marxistas-leninistas entrarán en las instituciones, y las corromperán. No les quepa la menor duda. El Estado colombiano se construirá sobre los cimientos endebles de la injusticia, se tambaleará, se derrumbará, y su ruina será peor, inmensamente peor, que la enfermedad que pretenden superar. Si cede ante este chantaje, Colombia se encarrilará hacia una copia de Venezuela.

Por último, los comunistas utilizan la mentira para engatusar las conciencias. Se presentan como defensores de los pobres, cuando realmente serán sus opresores finales. Miren algún país comunista, si no les basta el razonamiento teórico, para darse cuenta de la veracidad de lo dicho.

Igual que la famosa LGBTI no es defensora de los homosexuales, sino de su encadenamiento. LGBTI no quiere a los homosexuales – ¡ay de aquel que intente dejar de serlo, hasta en las leyes han conseguido colocarlo! – , sino su homosexualismo.

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No obstante, lo opuesto al comunismo, el liberalismo, no será tampoco solución válida. Si Colombia quiere paz y un estado que pueda perdurar y cumplir con sus funciones, debe ocuparse decididamente de la auténtica justicia social en la que desfavorecidos – que no lo son solamente los económicos -, podrán recibir soporte merecido.

En definitiva, Colombia debe ser en la realidad más justa que la fantasía que los comunistas sean capaces de dibujar.

Queridísimos colombianos: voten “NO” a este falaz acuerdo de paz.