Desvarío radical del Padre Fortea

No sigo el blog del Padre Fortea, por lo que escribo gracias a la carta de un amigo. La entrada a la que me refiero se titula: “Primeras vísperas anglicanas en el Vaticano“. En la misma el conocido exorcista escribe refiriéndose a las primeras vísperas anglicanas que se celebrarán en el lugar sagrado para los católicos, en la Basílica de San Pedro el 13 de marzo de este año. En las palabras del autor:

Hoy he leído la noticia del anuncio de que el 13 de marzo se celebrarán las primeras vísperas anglicanas en la Basílica de San Pedro del Vaticano. Los que me conocéis, bien sabéis que esa noticia es música para mis oídos. Un paso más, otro, en el camino hacia una nueva eclesiología en la que el Sucesor de Pedro se vaya convirtiendo de facto en la cabeza de las confesiones cristianas.

El post va encabezado por las siguientes imágenes:

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¿Cuál es el inmenso error teológico de lo que se está transmitiendo?

El que se igualan los saludos en la fe de los Santos Apóstoles Pedro y Pablo, pilares de la Iglesia Una, Santa, Católica y Apostólica, con los saludos “ecuménicos” de un supuesto católico con un cismático y con un hereje.

Esto es un insulto a la Iglesia Católica, estimado Don Jose Antonio. Vd. pretende justificar y encima enaltecer la profanación de un lugar sagrado por antonomasia para los católicos, comparándolo con el abrazo en la fe de los Santos Apóstoles.

No cuela, Don Jose Antonio.

El problema es que Vd. confunde a tantos católicos con esta bazofia. Para más asombro, entre tantos que Vd. genera en su artículo (no sé cómo consigue colocar tantos en tan pocas palabras), Vd. escribe lo siguiente en un comentario:

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¿Confía de que Lutero está salvado en el cielo, después de anatemas y excomunión que recibió por la proliferación de sus herejías e infligir a la Iglesia una de las heridas más horribles de su historia?

Realmente, increíble. Increíble hasta lo bajo que se puede caer si se sigue a Francisco. Por lo demás, eso es inevitable: “Y si un ciego guía a otro ciego, ambos caerán en el hoyo.” (Mt 15, 14).

***

Veo que se ciernen momentos muy difíciles para la Iglesia. Hay rumores de que se está preparando un cambio radical en el misal Novus Ordo que efectuaría el golpe definitivo a la posibilidad de la validez sacramental del mismo. Bien informado blog italiano Anonimi della Croce (se trata de un blog editado al parecer por un par de sacerdotes con conexiones en el Vaticano) habla detalladamente sobre ello. Naturalmente, la información la tengo solamente por “noticia”, noticia por comprobar.

No obstante, las cosas encajan. El domingo pasado Francisco estuvo en la iglesia anglicana en Roma haciendo una especie de algún oficio con ellos. Entre otras cosas comentaba:

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Yo era un amigo cercano del Obispo Gregory Venables, un amigo cercano. Pero hay otra experiencia: en el norte de Argentina son las misiones anglicanas con los aborígenes y las misiones católicas con los aborígenes, y el obispo anglicano y un obispo católico más allá del trabajo en conjunto, y enseñar. Y cuando la gente no puede ir el domingo a la celebración católica va a la Iglesia Anglicana, y los anglicanos van a la católica, porque no quieren pasar el domingo sin una celebración; y trabajan juntos. Y aquí la Congregación para la Doctrina de la Fe sabe. Y hacer la caridad juntos. Y los dos obispos son amigos, y las dos comunidades han sido amigas.

Esto está en la línea de lo avanzado por el blog Anonimi della Croce: hay ya una comisión compuesta por católicos, luteranos y anglicanos que estaría trabajando en un nuevo ritual “ecuménico” que valdría (!?) al mismo tiempo para todos. Y además, Francisco sería una especie de Presidente de todas las denominaciones cristianas. En tal caso, Novus Ordo o mejor dicho su reforma no podría tener validez. ¿Os acordáis de la profecía de Daniel según la cual en la mitad de la semana será abolido el Perpetuo Sacrificio? Desde la Sede usurpada, por supuesto. En tal caso, habrá que ir a las catacumbas a celebrar la Misa católica, queridísimos.

Otro paso real y no un rumor es la celebración – la del 13 de marzo – anglicana en la Basílica de San Pedro.

Y en sintonía con todo este montaje va un descuelgue del Cardenal Coccopalmeiro en la revista con Edward Pentin en National Catholic Register supuestamente sobre la posición de Coccopalmeiro (¿o de alguien otro?) respecto a las uniones irregulares. Lo explica mediante la recurrencia a una analogía sin sentido con la “teología sacramental” aplicada a la validez o no de los sacramentos. En otras palabras, para Coccopalmeiro no es la cuestión si los sacramentos son “válidos” o no (!?):

Estaba diciendo que tenemos que reflexionar sobre las cuestiones. Decimos, todo es válido; nada es válido. Tal vez tenemos que reflexionar sobre este concepto de validez o invalidez. El Concilio Vaticano II dijo que hay una verdadera comunión aunque no sea definitiva ni plena. Verán, hicieron un concepto no tan decisivo, ni todo ni nada. Hay una comunión que ya es buena, pero faltan algunos elementos. Pero, si usted dice que algunas cosas han desaparecido y que por lo tanto no hay nada, usted se equivoca. Hay piezas que faltan, pero ya hay una comunión, pero no es la comunión plena. Lo mismo puede decirse, o algo similar, de la validez o invalidez de la ordenación. Dije que pensemos en ello. Es una hipótesis. Tal vez hay algo, o tal vez no hay nada – (se sugiere) un estudio, una reflexión.

¿De qué está hablando? De que a lo mejor hay algo que sirva como algún elemento de validez en las “ordenaciones” entre protestantes y anglicanos que harían posible que sus “ministros” celebren el mismo acto de culto con los católicos. ¿No es eso? Porque si ya de alguna manera pertenecemos todos a la “Iglesia de Cristo” (un término que aparece precisamente en Lumen Gentium nº 8) aunque todos no seamos católicos… ¿por qué no compartir el mismo culto ya que tenemos algo de esa fe común?

Se trata del típico lenguaje modernista. En la filosofía tomista, la filosofía de lo real, asumida y defendida por la Iglesia Católica, la esencia no tiene grados. O es, o no es. No existe término medio. O estás vivo o muerto. O gato o liebre. Una especie no es otra. Dios las crea distintas. Como hay hombre o mujer, Cielo o Infierno. Verdadero o falso. Si no, no podríamos ni pensar.

Para los modernistas en cambio todo es evolución. Hasta los dogmas evolucionan. De allí las palabras de Coccopalmiero. ¿Qué León XIII haya sentenciado definitivamente en la Encíclica Apostolicae Curae que las ordenaciones anglicanas son “absolutamente nulas y completamente inválidas”, qué más da? ¡Los dogmas pueden evolucionar! Total, para una necesidad…

¿Padre Fortea, Vd. va a celebrar esta “misa” que le ordene Francisco?

Padre, algún día habrá que reaccionar. Dum spiro, spero.

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El vídeo (01/16) de Francisco, y su hermenéutica

“No tengas miedo a la verdad, aunque esta te acarree la muerte”.

San Josemaría Escrivá, Camino, 34

“Te estás pasando últimamente, iudicamedomine, te estás pasaando”, me estaba diciendo un amigo hace pocos días, a modo de intentar de dirigirme un leve reproche (me supongo que es a ver si reacciono, por lo menos en algo, o a ver si inicio la senda de reacción – por intentar que no quede).

De acuerdo, me esmeraré en aportar argumentos, me estrujaré el cerebro a modo de Sócrates, y el lector que use los argumentos cual piezas de agarre de un rocódromo. Cada paso que se de, debe ser consecuencia necesaria de los previos; las conclusiones, un ejercicio de racionalidad. Los pasos que los de la razón guiada por la fe.

Analizaremos el vídeo de enero de Francisco buscando averiguar con qué mensaje o esquema de pensamiento guarda este la hermenéutica de continuidad.

Para entendernos, y para dar color y percepción a los conceptos, diremos que existe una hermenéutica de continuidad entre dos realidades o incluso formas de pensamiento, siendo el hecho de que una preceda a la otra en el tiempo, si se guarda la equivalencia entre los aspectos esenciales, no accidentales, de las mismas.

Por ejemplo, diremos que existe una hermenéutica de continuidad entre la forma de gobierno de Carlomagno,

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y Felipe II,

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por razones que podemos entender fácilmente: los dos eran reyes cristianos, muy próximos al principio y al final de la época de la Cristiandad. Ejercían el poder soberano y efectivo sobre sus súbditos dentro de una estructura cristiana de gobierno. La forma feudal y el progreso tecnológico de las sociedades  respectivas son accidentales en nuestra consideración.

Consideraremos ahora la enseñanza de Cristo, de los Apóstoles, de la Iglesia durante toda su existencia. Pío XI recuerda explícitamente la condición esencial en la que se basa la razón de la hermenéutica de continuidad de su enseñanza y existencia (Mortalium aimos, 8): “Por tanto, la Iglesia de Cristo no sólo ha de existir necesariamente hoy, mañana y siempre, sino también ha de ser exactamente la misma que fue en los tiempos apostólicos, si no queremos decir -y de ello estamos muy lejos- que Cristo Nuestro Señor no ha cumplido su propósito, o se engañó cuando dijo que las puertas del infierno no habían de prevalecer contra ella.”Es decir, la misma fe, la misma doctrina, los mismos sacramentos por los que renueva su vitalidad.

Ahora, sentadas las bases para lo que consideramos la hermenéutica de continuidad de la enseñanza de la Iglesia, mejor dicho habiendo definido la misma mediante la equivalencia de lo enseñado y hecho realidad – su misma existencia – por la Iglesia siempre y en todo lugar, analizaremos el mensaje del vídeo de Francisco del mes de enero de 2016. Compararemos a continuación el mensaje del vídeo con la enseñanza de la Iglesia de antes del Concilio, y con lo que se lleva diciendo desde el Concilio hacia acá. Finalmente, sacaremos las conclusiones.

El vídeo empieza con las palabras pronunciadas por Francisco (podemos decir que son sus palabras): “La mayor parte de habitantes del planeta se declaran creyentes, y esto debería provocar un dialogo entre las religiones.

Mientras, se suceden imágenes de miembros de distintas religiones, en una postura orante y meditativa; una budista:

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un musulmán:

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un sacerdote católico:

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y un rabino:

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Interpreto que es dirigido a mí: “lo que te estoy diciendo: a ver si te enteras y asumes la realidad. Si no, más bien di a ti mismo: ¡bellaco!”

Entonces aparece por primera vez Francisco, diciendo en voz alta la consecuencia lógica y evidente (y yo me diré: ¡idiota gente como yo!):

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No podemos dejar orar por él (o sea, por su majestad el dialogo), y colaborar con el que piensa distinto.

Como corroborando lo dicho, otra vez vuelven a aparecer las mismas personas, remachando esta convicción. Cada uno de ellos manifiesta sus creencias. A pesar de ello, o mejor dicho y según el espíritu del mensaje a impartir, gracias a ello, ellos se dirigirán hacia la construcción de la paz y justicia por medio del dialogo:

Confío en Buda (en efecto, en Buda no se cree. Budismo propiamente no es una religión; más bien es un “saber estar”)

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*[He investigado un tanto sobre la señora (perdón, “Lama”) budista Rinchen Kandro. Tenemos lo siguiente:

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¿Qué será del pobre Kalu Rinponche? Dios le conceda la luz para ver.]*

Creo en Dios.

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Creo en Jesucristo (aquí se supone que el oyente debe sobrentender que Jesús es Dios)

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*[El P. Guillermo Marcó fue Portavoz del Card. Bergoglio en el Arzobispado de Buenos Aires. Co-Presidente del Instituto de Diálogo Interreligioso (removido como vocero del arzobispado de Buenos Aires tras decir que “S.S. Benedicto XVI no lo representaba” por no reconocer “los valores del Islam”). En “valoresreligiosos.com.ar” hace muy poco llegaba a decir: “Sería interesante que, en esta etapa, el Papa se animará a revisar la práctica del sacramento de la confesión y dejar más libre al creyente en su relación con Dios para que en su fuero íntimo pueda discernir lo bueno y lo malo.”]*

Creo en Dios, Allah (es el único que especifica algo sobre el concepto de Dios: ese Dios es ¡Allah! ¿Será porque Dios y Allah no es lo mismo? En eso estamos de acuerdo.)

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Luego aparece Francisco por segunda vez. Con su voz bondadosa de un líder espiritual mundial, explica lo que acabamos de ver. Es una especie de la  iniciación en su proyecto noáquida: trabajar en la construcción de la paz y justicia mundiales en base a la participación de valores comunes a todos. Aquí Cristo no tiene lugar. No es Rey, es aquel en el que cree una parte de la humanidad, pero esta, junto con todas las demás, debe participar y compartir solamente lo que les une.

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Francisco mueve su mano izquierda en horizontal, como el que hace una siembra. Pero no es la Palabra de Dios lo que siembra, sino simple y básicamente hace como un barrido sobre realidades distintas, que sencillamente comparten el mismo hábitat. Sobra para los dócilmente influenciables: adiós toda convicción, adiós todo fundamentalismo y la creencia en las verdades absolutas. ¡Ríndete, hombre, ríndete! Nada puedes contra la evidencia. Confirma Francisco:

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Muchos piensan distinto, sienten distinto.” (Lo que acabamos de decir.)

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Buscan a Dios o encuentran a Dios de diversas maneras.” (Que busquen, va a ser que sí – en el mejor de los casos, pero que lo encuentran, no señor, es falso. Encuentran lo que ellos creen que es Dios, pero ese no es, si no es el Dios revelado por sí mismo en la Persona de Jesucristo.)

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“En esta multitud, en este abanico de religiones hay una sola certeza que tenemos para todo: todos somos los hijos de Dios.”

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Sí… si prescindimos del mensaje redentor. Si despreciamos lo sobrenatural y nos quedamos solamente en lo natural, será así. Pero falta lo básico en el anuncio: Dios crea al hombre – todavía lo explicaban los Padres de la Iglesia – a su imagen y semejanza. Por el pecado se destruye la gracia, indicada en “semejanza”. Queda al hombre solamente ser “imagen”de Dios, una criatura dotada de alma racional. Esta no se puede salvar si el Hijo de Dios no entrega su vida por ella. Por todos. De modo que todos los hombres, bautizados o no, son hijos de Dios en cuanto la criatura, en cuanto imagen de Dios, pero solamente los que lavan su vestimenta en la Sangre del Cordero, solamente esos son hijos de Dios por la filiación divina, por la gracia.

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Esta omisión casi podríamos decir que es una constante de la predicación de Francisco: sus discursos son consejos naturales, podríamos calificarlos como evangelio del hombre. De allí hablar sobre los derechos humanos, la emancipación de la mujer, en contra de la violencia, a favor de la solidaridad, y todo eso. Es aterrador ver que en su discurso no aparece palabra gracia casi nunca; y que esta hay que custodiarla y defenderla más que la propia vida. Un católico debe tener como clavada a martillazos entre ceja y ceja la convicción de preferir que te despellejen vivo, antes de cometer un único pecado mortal a conciencia. Mejor ser quemado vivo que perder la gracia. Por lo tanto, de uno que se dice sucesor de Pedro, no cabe esperar otro discurso. Esa es la eterna novedad que el mundo necesita de un pontífice. El mundo ni Bill Gates ni todos los compinches similares pueden hacer nada al respecto; no tienen nada que aportar. Dios, por medio de la Iglesia, sí. Para eso la fundó.

Eso debería ser, pero no lo es. Siguen ahora desfilando estos líderes de religiones distintas manifestando algo esencial que comparten: el amor.

Creo en el amor:

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Creo en el amor:

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Creo en el amor:

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Creo en el amor:

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Ahora ya no hay diferencia alguna: ¡este es el gran descubrimiento, que por fin – gracias Francisco – realiza la Iglesia al cabo de veinte siglos! ¡Creemos en el amor, como tantos! ¡Por fin la llave para superar todas las dificultades y desgracias!: Ya no habrá más guerras, más divorcios, más abortos, violaciones, abusos, explotación laboral, hambre…

¿Pero cómo no se dieron cuenta de ellos los romanos? ¿Y los hunos? ¿Y Atila, el salvaje? ¿Y el bruto de Gingis Kan? ¿Y el Suleiman el Magnífico? ¿Y Napoleón? ¿Y, y…? ¡Si era tan simple, el amor, el festín, la comprensión, equidad en la distribución de bienes…! Todo es tan fácil, ¿cómo no se habían dado cuenta antes de esta maravillosa y sobrecogedora idea? Realmente, la gente tenía que haber sido muy torpe para no ver nuestro descubrimiento.

¿Por qué no se dieron cuenta de este invento en la América precolombiana?

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El “amor” era tan común a los seres humanos inocentes, libres del contagio de la opresiva mentalidad imperial católica en la que degeneró la idea cristiana medieval.

Pero no pasó eso. Esos brutos entregaban a sus hijos al dios sol y a sus primos, de forma muy parecida a lo que advierte el Deuteronomio a los israelistas: La respuesta a esta cuestión es muy sencilla: la naturaleza sin Cristo no puede redimir; va cuesta abajo conforme pasan los siglos. Punto.

Entonces, sabiendo la respuesta, ¿a qué plantear otra vez la pregunta? Porque se ha perdido la fe, la que daba la respuesta.

Termina Francisco: “Confío en vos para difundir mi petición de este mes: que el dialogo sincero entre hombres y mujeres de diversas religiones

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mientras se escucha la voz de Francisco, aparecen símbolos de distintas religiones en las manos de cada uno de los cuatro protagonistas del vídeo;

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finalmente, todas las manos se juntan en el centro, expresando simbólicamente el haber llegado a un acuerdo, que el dialogo es posible y efectivamente fructífero.

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conlleve frutos de paz y justicia.”

 

No, señor. La misión de la Iglesia no es llevar paz y justicia al mundo, sino ofrecerle la salvación.

Este es el principal error y el descamino del vídeo, del cual se percataron muy pocos, si es que vi esta crítica en alguna parte, creo que no. La misión de la Iglesia es continuar la de Cristo, y Cristo vino al mundo, como ya nos dijo el Arcángel antes incluso de su Encarnación, para salvar a su pueblo de sus pecados. Paz y justicia vienen como consecuencia de la fe en Cristo, por la caridad. Si eres cristiano, debes procurar y lo uno y lo otro, y muchas más cosas. Pero si no eres de Cristo, el efecto del pecado original te va a poder; no podrás superarlo. Y, como no tendrás ni paz ni justicia ni caridad primero ni en tu propia persona, ni la tendrás en tu vecindario, por no decir en tu familia, y luego en el mundo entero. Las guerras que no terminan y la explotación del pobre que no cesa, son prueba de ello.

Como a su vez es prueba de la benignidad de la fe cristiana que allí donde esta se acoge, sus efectos beneficiosos para el susodicho entorno se hacen notar. Las regiones donde hay más católicos, más cristianos sinceros son cándidas, con gente buena y alegre, simpática y relajada. Y como da gusto estar al lado de esas personas, allí donde están, está la paz.

Muy simple.

Pero el evangelio del hombre de Francisco no entiende eso. Erre que erre, él hablará sobre dialogo, escucha de los padres a los hijos y viceversa, y todos los demás consejos que cualquier psicólogo podría dar. Y un maestro de una logia. Pero no un papa.

Termina Francisco diciendo: “Confío en tu oración.”, con la expresión que pide complicidad:

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Naturalmente, no se trata de una teoría de Francisco, ahora sí se recuerda que esto es del “papa”. De pronto, se pide fe a los católicos. Termina el vídeo con el recordatorio:

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Es decir, “es que el Papa te ha hablado”, y como digo, ahora es cuando se le pide fe a los católicos para, en virtud de su fe, apoyen al papa… en esta iniciativa que no es cristiana.

De eso es de lo que vamos a hablar a continuación. Es decir, de la hermenéutica de la continuidad del vídeo. Por supuesto, la cuestión es: ¿con qué?, ¿la hermenéutica con qué?

Argumentaremos que esta hermenéutica es con la época posconciliar, y no con la anterior, es decir, con la que empieza con Cristo, enseñada por Padres, Doctores y el Magisterio desde la silla de Pedro hasta Pío XII.

Tal vez el documento magisterial que con mayor contundencia y claridad muestra hasta qué grado de ruptura se llegó con las prácticas y teorías ecuménicas conciliares y posconciliares – una ruptura que va en aumento y a la deriva, es la encíclica Mortalium animos de Pío XI promulgada en la significativa, y sorprendentemente cercana en tiempo al Concilio, fecha de la Epifanía del 1928.

Con un lenguaje claro y nítido, en apenas diez páginas (por eso mismo: por ser claro. No hay palabras que sobren; por otra parte, no falta ninguna si te propones decir lo que quieres decir.), el Pontífice desbarata todos los argumentos del falso ecumenismo, señalando a su vez el único camino a seguir. Pío XI empieza la encíclica situando el tema a tratar en el contexto de aquel tiempo, en el fondo muy similar al nuestro. Increíblemente cruel e imprevisible guerra mundial que acaba de pasar; el bolchevismo en Rusia, las agitaciones en el Occidente que desembocan en verdaderos conflictos de gran alcance: cristeros en México, surgimiento de ideología fascista en Italia y en general en Europa… todo ello por un lado, y por el otro la convicción de que algo hay que cambiar, procurando una paz que todo el mundo necesita, pero que se escapa con toda rotundidad.

Las primeras palabras del papa son el pulso tomado de su tiempo, en el que es Pastor supremo:

“1. Ansia universal de paz y fraternidad

Nunca quizás como en los actuales tiempos se ha apoderado del corazón de todos los hombres un tan vehemente deseo de fortalecer y aplicar al bien común de la sociedad humana los vínculos de fraternidad que, en virtud de nuestro común origen y naturaleza, nos unen y enlazan a unos con otros.

… porque son tantos los que anhelan ver a las naciones cada vez más unidas entre sí por esta fraternidad universal.”

Para que acto seguido pase a exponer el eco de esa preocupación en el ámbito religioso. Presten atención al párrafo que he dejado en negrita. Se trata exactamente de la misma justificación que emplea Francisco al principio del vídeo:

“2. La fraternidad en religión. Congresos ecuménicos.

Cosa muy parecida se esfuerzan algunos por conseguir en lo que toca a la ordenación de la nueva ley promulgada por Jesucristo Nuestro Señor. Convencidos de que son rarísimos los hombres privados de todo sentimiento religioso, parecen haber visto en ello esperanza de que no será difícil que los pueblos, aunque disientan unos de otros en materia de religión, convengan fraternalmente en la profesión de algunas doctrinas que sean como fundamento común de la vida espiritual. Con tal fin suelen estos mismos organizar congresos, reuniones y conferencias, con no escaso número de oyentes e invitar a discutir allí promiscuamente a todos, a infieles de todo género, de cristianos y hasta a aquellos que apostataron miserablemente de Cristo o con obstinada pertinacia niegan la divinidad de su Persona o misión.”

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*[En vez de advertir a los fieles sobre el peligro de doctrinas nocivas, vengan de quien se quiera llamar como quiera, Cardenal Cañizares sigue la senda marcada: inaugurando la “Catedral de la natura” en Valencia.]*

¿Y qué responde Pío XI a esto? Pero no voy a decir “Pío XI”, sino ¡Cristo! ¿Qué responde Cristo a esto? ¿Qué dice Dios a esto?

Pues, citaremos a Dios, con muy, muy pocas palabras suyas:

“Yo soy el camino, y la verdad, y la vida; nadie viene al Padre sino por mí.” (Jn 14:6)

“porque si no creéis que yo soy, moriréis en vuestros pecados.” (Jn 8:24)

“El que crea y sea bautizado será salvo; pero el que no crea será condenado.” (Mk 16:16)

“El que cree en el Hijo tiene vida eterna; pero el que no obedece al Hijo no verá la vida, sino que la ira de Dios permanece sobre él.” (Jn 3:36)

“Sin mi no podéis hacer nada.” (Jn 15:5)

“No tendrás otros dioses delante de mí.” (Ex 20:3)

“Volveos a mí y sed salvos, todos los términos de la tierra; porque yo soy Dios, y no hay ningún otro.” (Is 45:22)

“no vayáis tras otros dioses para servirles y postraros ante ellos, no me provoquéis a ira con la obra de vuestras manos, y no os haré ningún mal.” (Jer 25: 6)

“Porque todos los dioses de los pueblos son ídolos, mas el Señor hizo los cielos.” (Ps 96:5)

Por lo tanto, como Pío XI era un Vicario de Cristo, decía y enseñaba lo que Cristo quería, de allí que:

“3. Los católicos no pueden aprobarlo.

Tales tentativas no pueden, de ninguna manera obtener la aprobación de los católicos, puesto que están fundadas en la falsa opinión de los que piensan que todas las religiones son, con poca diferencia, buenas y laudables, pues, aunque de distinto modo, todas nos demuestran y significan igualmente el ingénito y nativo sentimiento con que somos llevados hacia Dios y reconocemos obedientemente su imperio.”

Recordemos por un instante lo que decía Francisco en el vídeo:

Muchos piensan distinto, sienten distinto. Buscan a Dios o encuentran a Dios de diversas maneras. En esta multitud, en este abanico de religiones hay una sola certeza que tenemos para todo: todos somos los hijos de Dios.

que parece una réplica de lo que condena Pío XI. Algunos objetan, ya agarrados a una rama seca en el borde del abismo en el último intento de no precipitarse hacia abajo, que Francisco lo que promueve es el “dialogo”, no que se basa en falsa opinión de que todas las religiones son iguales. Pero en el mismo párrafo, el Pontífice prosigue (y más adelante en la misma encíclica, tan breve como concisa):

“Cuantos sustentan esta opinión, no sólo yerran y se engañan, sino también rechazan la verdadera religión, adulterando su concepto esencial, y poco a poco vienen a parar al naturalismo y ateísmode donde claramente se sigue que, cuantos se adhieren a tales opiniones y tentativas, se apartan totalmente de la religión revelada por Dios.”

Es decir, estas acciones (y tentativas) no se pueden sustentar bajo ningún aspecto. Porque es evidente en lo que van a parar: al naturalismo y ateísmo. Algo que, todo indica, a Francisco no le importa lo más mínimo.

Prosigue Mortalium animos (esto realmente es “mortal”. ¿Cómo se pudo en la Iglesia cambiar así de rumbo en pocos años? Ya en 1965, 37 años después, venía Nostra aetate, Unitatis retingratio…):

“4. Otro error – La unión de todos los cristianos. – Argumentos falaces

Pero donde con falaz apariencia de bien se engañan más fácilmente algunos, es cuando se trata de fomentar la unión de todos los cristianos. ¿Acaso no es justo -suele repetirse- y no es hasta conforme con el deber, que cuantos invocan el nombre de Cristo se abstengan de mutuas recriminaciones y se unan por fin un día con vínculos de mutua caridad?…”

bergoglio cantalamessa protestantes

*[Cardenal Bergoglio con Raniero Cantalamessa, recibiendo la “bendición” de  pentacostales. Francisco sigue con esta “costumbre” también en Roma. El P. Cantalamessa, en una homilía del 2 de abril de 2002, llegó a decir -contradiciendo la doctrina perenne de la Iglesia- que otras religiones “no son simplemente toleradas por Dios… sino positivamente queridas por Él como expresión de inaccesible riqueza de Su gracia y Su voluntad para que todos se salven.”]*

(En otras palabras: si queréis conservar la fe católica, meditad Mortalium animos y llevadla a la oración.) Hasta el ciego puede ver que todos estos argumentos se esgrimen hoy desde la más alta jerarquía. Pero sobre la falacia de los mismos, Dios advierte por medio de su Vocero:

“5. Debajo de esos argumentos se oculta un error gravísimo

Estos y otros argumentos parecidos divulgan y difunden los llamados pancristianos“; los cuales, lejos de ser pocos en número, han llegado a formar legiones y a agruparse en asociaciones ampliamente extendidas, bajo la dirección, las más de ellas, de hombres católicos, aunque discordes entre sí en materia de fe.”

Foto bergoglio arrodillado recibiendo la bendición.

¿Y por qué todos esos argumentos son realmente falaces y sin peso? ¿Porque lo diga el papa? Por qué será, lo explica magistralmente Pío XI, siguiendo la línea argumentativa al más puro estilo tomista:

Dios existe – lo podemos deducir; lo sabemos;

Dios ha revelado su querer, y quiere una religión para todos los hombres.

Esa religión es la católica; lo dice el Hijo de Dios, Jesucristo.

Aquí es importante subrayar un hecho para que no pase desapercibido o por alto: esa única Iglesia, con cuya existencia todos los cristianos están de acuerdo, no es algo que se tiene que conseguir, o algo que es unión de las distintas denominaciones o asociaciones cristianas, como quieren que se llamen: esa Iglesia ya existe: es la Católica.

 El ecumenismo, por lo tanto, consiste en hacer volver –a los que le abandonaron en su día- a esa Iglesia Madre de la que un día desdichadamente se fueron. O, si nunca estuvieron en la misma, hacer que sean sus hijos. Eso es algo que con toda seguridad podemos saber que Dios quiere. Porque Dios no tiene otros planes para con la humanidad y su Iglesia de los que ya anunció. Al hombre, más específicamente a los cristianos, no les queda otra opción que serle fieles. He resumido como mejor pude el mensaje de Pío XI, pero como el lenguaje que emplea es tan solemne, tan bien elegido como escueto; con la elegancia de un artista soberbio que dibuja con perfección de líneas y colores o golpes de cincel, no me resisto en recordarlas una vez más, bien colocadas en su sitio y en su orden (negritas son mías):

  1. Sólo una Religión puede ser verdadera: la revelada por Dios.

Dios, Creador de todas las cosas, nos ha creado a los hombres con el fin de que le conozcamos y le sirvamos. Tiene, pues, nuestro Creador perfectísimo derecho a ser servido por nosotros. Pudo ciertamente Dios imponer para el gobierno de los hombres una sola ley, la de la naturaleza, ley esculpida por Dios en el corazón del hombre al crearle: y pudo después regular los progresos de esa misma ley con sólo su providencia ordinaria. Pero en vez de ella prefirió dar El mismo los preceptos que habíamos de obedecer; y en el decurso de los tiempos, esto es desde los orígenes del género humano hasta la venida y predicación de Jesucristo, enseñó por Sí mismo a los hombres los deberes que su naturaleza racional les impone para con su Creador. “Dios, que en otro tiempo habló a nuestros padres en diferentes ocasiones y de muchas maneras, por medio de los Profetas, nos ha hablado últimamente por su Hijo Jesucristo” (Hebr. 1, 1-2)Por donde claramente se ve que ninguna religión puede ser verdadera fuera de aquella que se funda en la palabra revelada por Dios, revelación que comenzada desde el principio, y continuada durante la Ley Antigua, fue perfeccionada por el mismo Jesucristo con la Ley Nueva. Ahora bien: si Dios ha hablado -y que haya hablado lo comprueba la historia- es evidente que el hombre está obligado a creer absolutamente la revelación de Dios, y a obedecer totalmente sus preceptos. y con el fin de que cumpliésemos bien lo uno y lo otro, para gloria de Dios y salvación nuestra, el Hijo Unigénito de Dios fundó en la tierra su Iglesia.

  1. La única Religión revelada es la de la Iglesia Católica.

Sociedad perfecta, externa, visible.

  Por tanto, la Iglesia de Cristo no sólo ha de existir necesariamente hoy, mañana y siempre, sino también ha de ser exactamente la misma que fue en los tiempos apostólicos, si no queremos decir -y de ello estamos muy lejos- que Cristo Nuestro Señor no ha cumplido su propósito, o se engañó cuando dijo que las puertas del infierno no habían de prevalecer contra ella.

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*[Francisco, el 18 de enero de 2016, en Santa Marta:

Los cristianos detenidos al “se ha hecho siempre así” tienen un corazón cerrado a las sorpresas del Espíritu Santo y jamás llegarán a la plenitud de la verdad porque son idólatras y rebeldes. Los cristianos obstinados en el ‘siempre se ha hecho así’, ‘éste es el camino’, ‘ésta es la senda’, pecan: pecan de adivinación. Es como si fueran a ver a una adivina: ‘Es más importante lo que se ha dicho y que no cambia; lo que siento yo – por mi parte y de mi corazón cerrado – que la Palabra del Señor’. También es un pecado de idolatría la obstinación: el cristiano que se obstina, ¡peca! Peca de idolatría.”

Pues el editor de este blog lo tiene claro: está perdido. Menos mal que lo seré junto con Pío XI.]*

  1. Un error capital del movimiento ecuménico en la pretendida unión de iglesias cristianas..

(Aquí Pío XI expone un error capital que sigue hoy en día muy presente, y además, los que lo exponen se dan alardes de ser muy “avanzados” para su tiempo, una especie de “profetas” del tiempo por venir. Pues ya ves, lo viejos que son.)…

Los autores de este proyecto no dejan de repetir casi infinitas veces las palabras de Cristo: “Sean todos una misma cosa. Habrá un solo rebaño y un solo pastor”, mas de tal manera :las entienden, que, según ellos, sólo significan un deseo y una aspiración de Jesucristo, deseo que todavía no se ha realizado. Opinan, pues, que la unidad de fe y de gobierno, nota distintiva de la verdadera y única Iglesia de Cristo, no ha existido casi nunca hasta ahora, y ni siquiera hoy existe: podrá, ciertamente, desearse, y tal vez algún día se consiga, mediante la concordante impulsión de las voluntades; pero en entre tanto, habrá que considerarla sólo como un ideal.

Lo siguiente es todo un proyecto de Rahner, Congar, Balthasar, con seguridad joven Ratzinger, Kasper joven y actual; Bergoglio y lo que se deduce (se cuida muy mucho de no ser demasiado abierto) – cuando en ocasiones no lo afirma más o menos explícitamente – de las palabras, gestos y acciones de Francisco:

La división” de la Iglesia.

Añaden que la Iglesia, de suyo o por su propia naturaleza, está dividida en partes, esto es, se halla compuesta de varias comunidades distintas, separadas todavía unas de otras, y coincidentes en algunos puntos de doctrina, aunque discrepantes en lo demás, y cada una con los mismos derechos exactamente que las otras; y que la Iglesia sólo fue única y una, a lo sumo desde la edad apostólica hasta tiempos de los primeros Concilios Ecuménicos. Sería necesario pues -dicen-, que, suprimiendo y dejando a un lado las controversias y variaciones rancias de opiniones, que han dividido hasta hoy a la familia cristiana, se formule se proponga con las doctrinas restantes una norma común de fe, con cuya profesión puedan todos no ya reconocerse, sino sentirse hermanos, y cuando las múltiples iglesias o comunidades estén unidas por un pacto universal, entonces será cuando puedan resistir sólida y fructuosamente los avances de la impiedad…

Otros en cambio aun avanzan a desear que el mismo Pontífice presida sus asambleas, las que pueden llamarse “multicolores”

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Pero:

“Por lo demás, aun cuando podrán encontrarse a muchos no católicos que predican a pulmón lleno la unión fraterna en Cristo, sin embargo, hallarás pocos a quienes se ocurre que han de sujetarse y obedecer al Vicario de Jesucristo cuando enseña o manda y gobierna. Entre tanto asevera que están dispuestos a actuar gustosos en unión con la Iglesia Romana, naturalmente en igualdad de condiciones jurídicas, o sea de iguales a igual: mas si pudieran actuar no parece dudoso de que lo harían con la intención de que por un pacto o convenio por establecerse tal vez, no fueran obligados a abandonar sus opiniones que constituyen aun la causa por qué continúan errando y vagando fuera del único redil de Cristo”

Por lo tanto:

  1. La Iglesia Católica no puede participar en semejantes uniones.

Siendo todo esto así, claramente se ve que ni la Sede Apostólica puede en manera alguna tener parte en dichos Congresos, ni de ningún modo pueden los católicos favorecer ni cooperar a semejantes intentos; y si lo hiciesen, darían autoridad a una falsa religión cristiana, totalmente ajena a la única y verdadera Iglesia de Cristo.

Porque:

  1. La verdad revelada no admite transacciones.

(El Vicario de la Cabeza Mística de la Iglesia, y no vicario de su cabeza ni de su inteligencia, ni de su mentalidad, ni de la época en la que le ha tocado vivir, ni de sus circunstancias socioculturales, explica la profunda razón de su postura: tiene atadas sus manos por la doctrina que está obligado a transmitir. Procuré suprimir alguna palabra de este párrafo, pero casi no pude evitar alguna)

“Porque de lo que ahora se trata es de defender la verdad revelada. Para instruir en la fe evangélica a todas las naciones envió Cristo por el mundo todo a los Apóstoles; y para que éstos no errasen en nada, quiso que el Espíritu Santo les enseñase previamente toda la verdad; ¿y acaso esta doctrina de los Apóstoles ha descaecido del todo, o siquiera se ha debilitado alguna vez en la Iglesia, a quien Dios mismo asiste dirigiéndola y custodiándola? Y si nuestro Redentor manifestó expresamente que su Evangelio no sólo era para los tiempos apostólicos, sino también para las edades futuras, ¿habrá podido hacerse tan obscura e incierta la doctrina de la Fe, que sea hoy conveniente tolerar en ella hasta las opiniones contrarias entre sí? Si esto fuese verdad, habría que decir también que el Espíritu Santo infundido en los apóstoles, y la perpetua permanencia del mismo Espíritu en la Iglesia, y hasta la misma predicación de Jesucristo, habría perdido hace muchos siglos toda utilidad y eficacia; afirmación que sería ciertamente blasfema.”

El hombre tiene obligación –en la medida de su instrucción; a quién mucho se le ha dado, mucho se le pedirá– de responder a Dios tal y como Dios quiere que el hombre le responda, desde y siendo hijo de la Iglesia fundada por el mismo Hijo de Dios. Dios quiere que el hombre tenga esta obligación. Mejor dicho, el hombre está hecho y creado para esta obligación. No lo sería si no existiese la “entidad” encargada por Dios para reveler y tener en depósito su voluntad. Pero tal “entidad” existe: es la Iglesia Católica. El Papa prosigue con lo que hoy sería calificado el integrismo más intransigente. Pero es el “integrismo” de Cristo, no hay otro:

“12. La Iglesia Católica depositaria infalible de la verdad.

Ahora bien: cuando el Hijo Unigénito de Dios mandó sus legados que enseñasen a todas las naciones, impuso a todos los hombres la obligación de dar fe a cuanto les fuese enseñado por los testigos predestinados por Dios; obligación que sancionó de este modo: el que creyere y fuere bautizado, se salvará; mas el que no creyere será condenado. Pero ambos preceptos de Cristo, uno de enseñar y otro de creer, que no pueden dejar de cumplirse para alcanzar la salvación eterna, no pueden siquiera entenderse si la Iglesia no propone, íntegra y clara la doctrina evangélica y si al proponerla no está ella exenta de todo peligro de equivocarse,…”

Algunos contestarán: “Pues sí, esto es integrismo, aunque lo diga un papa (como mucho dirán que esto podía valer “en otros tiempos, pero no hoy”), porque la unión debe venir por la caridad”. Pues mira por donde, hasta en eso ha pensado Pío XI. Aborda a continuación el argumento de la unión por la “caridad”:

“13. Sin fe, no hay verdadera caridad.

Podrá parecer que dichos “pancristianos”, tan atentos a unir las iglesias, persiguen el fin nobilísimo de fomentar la caridad entre todos los cristianos, Pero, ¿cómo es posible que la caridad redunde en daño de la fe?

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Y, para el colmo, el papa argumenta no con un pasaje de Deuteronomio, o de Jeremías, o incluso de Aquinate, sino con el que apoyó su cabeza sobre el corazón de Cristo en la Última Cena. Dice el papa: “no hablaré sino con la Escritura Santa del Águila entre los Evangelistas”:

“Nadie, ciertamente, ignora que San Juan, el Apóstol mismo de la caridad, el cual en su Evangelio parece descubrirnos los secretos del Corazón Santísimo de Jesús, y que solía inculcar continuamente a sus discípulos el nuevo precepto Amaos unos a los otrosprohibió absolutamente todo trato y comunicación con aquellos que no profesasen, íntegra y pura, la doctrina de Jesucristo: Si alguno viene a vosotros y no trae esta doctrina, no le recibáis en casa, y ni siquiera le saludéis.

Por lo demás, esta unión es irracional e irrealizable: no es canséis, dice proféticamente (además de magisterialmente) el Pontífice. Tal engendro contra natura no puede funcionar, porque es contradicción in terminis. Es una casa sobre la arena, no tiene cimientos ni armazón; es pura ilusión y fatuo deseo. De eso podrá resultar solamente un mix perjudicial para la misma fe, amén para la Iglesia:

“14. Unión irrazonable. .

Por tanto, ¿cómo es posible imaginar una confederación cristiana, cada uno de cuyos miembros pueda, hasta en materias de fe, conservar su sentir y juicio propios aunque contradigan al juicio y sentir de los demás? ¿y de qué manera, si se nos quiere decir, podrían formar una sola y misma Asociación de fieles los hombres que defienden doctrinas contrarias,…”

O sea: ¡es imposible! ¿Es que no te enteras? Esto no tiene ni fuste, ni futuro. Ya se te ha advertido.

Por ejemplo, ¿vas en una misma cosa o Asociación tener esto:

“los que en la misma Eucaristía reconocen su doble naturaleza de sacramento y sacrificio, y los que sostienen que sólo es un recuerdo o conmemoración de la Cena del Señor; los que estiman buena y útil la suplicante invocación de los Santos que reinan con Cristo, sobre todo de la Virgen María Madre de Dios, y la veneración de sus imágenes, y los que pretenden que tal culto es ilícito por ser contrario al honor del único Mediador entre Dios y los hombres, Jesucristo?

De todo ello, señores míos, no hay más que una deriva, la que estamos sufriendo ya buen rato:

“15. Resbaladero hacia el indiferentismo el modernismo.

Entre tan grande diversidad de opiniones, no sabemos cómo se podrá abrir camino para conseguir la unidad de la Iglesia, unidad que no puede nacer más que de un solo magisterio, de una sola ley de creer y de una sola fe de los cristianos. En cambio, sabemos, ciertamente que de esa diversidad de opiniones es fácil el paso al menosprecio de toda religión, o “indiferentismo”, y al llamado “modernismo”, con el cual los que están desdichadamente inficionados, sostienen que la verdad dogmática no es absoluta sino relativa, o sea, proporcionada a las diversas necesidades de lugares y tiempos, y a las varias tendencias de los espíritus, no hallándose contenida en una revelación inmutable, sino siendo de suyo acomodable al a vida de los hombres.”

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*[Sangrante: leyendo versículos del Corán en la misa de Noche Buena, San Martino de Rebbio, Como, Italia]*

En la fe no puede haber “rebajas”, ni verdades de primera o segunda categoría:

“Además, en lo que concierne a las cosas que han de creerse, de ningún modo es lícito establecer aquélla diferencia entre las verdades de la fe que llaman fundamentales y no fundamentalescomo gustan decir ahora, de las cuales las primeras deberían ser aceptadas por todos, las segundas, por el contrario, podrían dejarse al libre arbitrio de los fieles; pues la virtud de la fe tiene su causa formal en la autoridad de Dios revelador que no admite ninguna distinción de esta suerte. Por eso, todos los que verdaderamente son de Cristo prestarán la misma fe al dogma de la Madre de Dios concebida sin pecado original como, por ejemplo, al misterio de la augusta Trinidad; creerán con la misma firmeza en el Magisterio infalible del Romano Pontífice, en el mismo sentido con que lo definiera el Concilio Ecuménico del Vaticano, como en la Encarnación del Señor.”

Porque acaso, “¿No las reveló todas Dios?” En efecto, aunque Dios es infinitamente “más” que la Virgen, por ejemplo, las verdades relativas a realidades distintas son todas reveladas por él. Y como toda afirmación puede ser solamente verdadera o falsa, y en este caso esas afirmaciones son emitidas por Dios que no puede mentir, se deduce que todas tienen una cosa esencial en común: son verdad. Y en ese sentido en cada una de ellas está por igual comprometida la credibilidad de Dios.

Y ahora, ¡cuidado! Se acerca el momento de la máxima importancia: ¿el Magisterio ordinario es infalible? Pues sí, señor, lo es: lo recuerda autoritativamente Pío XI; aunque a los lefebvristas y los que siguen a Francisco en la actualidad le da lo mismo: se arreglan fácilmente. Los primeros, cuando un “papa” falla, dicen: “no era el Magisterio (tampoco ordinario)”. Los otros dicen: “en realidad, no ha fallado, ya que esas palabras hay que entenderlas en continuidad con la fe de la Iglesia de siempre”. Pero, ¿no es mejor escuchar con sinceridad y docilidad al papa y aprender? Creo que eso es lo más fácil y correcto:

“Pues, el Magisterio de la Iglesia (observación: no se distingue entre “ordinario” o “extraordinario”) el cual por designio divino fue constituido en la tierra a fin de que las doctrinas reveladas perdurasen incólumes para siempre y llegasen con mayor facilidad y seguridad al conocimiento de los hombres aun cuando el Romano Pontífice y los Obispos que viven en unión con él, lo ejerzan diariamente (observación: esto es de tremenda importancia: diariamente), se extiende, sin embargo, al oficio de proceder oportunamente con solemnes ritos y decretos a la definición de alguna verdad, especialmente entonces cuando a los errores e impugnaciones de los herejes deben más eficazmente oponerse o inculcarse en los espíritus de los fieles (observación: es decir, no se trata de verdades de mayor o menor categoría, eso acabó de denunciar el Pontífice, sino se trata de la necesidad de confirmar con más seguridad a los fieles frente a algunos errores que les podrían hacer daño), más clara y sutilmente explicados, puntos de la sagrada doctrina.

Mas por ese ejercicio extraordinario del Magisterio no se introduce, naturalmente ninguna invención, ni se añade ninguna novedad al acervo de aquellas verdades que en el depósito de la revelación, confiado por Dios a la Iglesia, no estén contenidas, por lo menos implícitamente, sino que se explican aquellos puntos que tal vez para muchos aun parecen permanecer oscuros o se establecen como cosas de fe los que algunos han puesto en tela de juicio.”

Este párrafo es de tremenda importancia. Eso implica que un católico debería seguir a Francisco – y a toda la dinámica y magisterio posconciliar – porque está más que continuado e insistido el magisterio que de facto comparte y compartió, al menos en algunas facetas, con sus predecesores posconciliares. Especialmente en este punto: el de dialogo interreligioso. Con tal de que lo tengan por papa, claro.

Porque, como bien dicen los judíos de Roma, “si tres papas entran en una sinagoga, eso ya es una tradición”. En efecto, si desde la Santa Sede se insiste en una cuestión con palabras, gestos y enseñanzas múltiples y repetidas, no hay más que hablar: eso es lo que Dios quiere para los católicos… porque insistir en una doctrina o enseñanza, diariamente como lo subraya Pío XI (y no es el único pontífice que enseña eso, ver por ejemplo Quanta cura de Pio IX sobre el particular), le hace formar parte del Magisterio ordinario. ¿Cómo te puedes negar a aceptar una enseñanza insistida por el papa? Negarse, no es católico.

Pero como Dios no puede querer para los católicos hacer en una sinagoga algo diferente de lo que hizo San Pablo rebatiendo a los judíos demostrando que Jesús es el Mesías, o algo diferente de lo que dice, a modo de ejemplo porque no es el único, Pío XI, se concluye que esta Sede de bendito Pedro Cabeza de los Apóstoles está invadida por una doctrina extraña a la doctrina cristiana, o sea, católica. En ese caso me puedo negar a seguir esa enseñanza no católica, y si se propaga por alguien sentado en la Sede de Pedro, no tendrá la gracia para hacer lo que supuestamente debería hacer.

Entonces, para abreviar, yo soy un católico sin el papa en la actualidad, pero usted también, querido lector católico, aunque piense diferente (es mi tesis). La Iglesia – que no desaparecerá nunca; decir esto sería blasfemo- está sin el guía que debe dirigirla. Por eso lobos acampan a sus anchas en la Viña del Señor, y no se les ahuyenta; por eso los buenos o los que desentonen en lo que sea y cuando sea de Francisco, son perseguidos. Si tuviéramos al pastor, las ovejas heridas serían curadas y atendidas, los elementos incorregibles apartados. Los buenos tendrían a su protector, y los malos se tendrían que esconder, y con algo de suerte, neutralizados al menos.

Pero vayamos terminando con el aporte de Mortalium animos. Naturalmente es que los cristianos deben ser uno, ¿pero de qué manera? De una única: volviendo o ingresando en la Iglesia Católica. En ese sentido, todo esfuerzo es poco, pero este debe ser intachable y puro; ortodoxo, para que pueda ser caritativo:

“16. La única manera de unir a todos los cristianos. .

Bien claro se muestra, pues, Venerable Hermanos, por qué esta Sede Apostólica no ha permitido nunca a los suyos que asistan a los citados congresos de acatólicos; porque la unión de los cristianos no se puede fomentar de otro modo que procurando el retorno de los disidentes a la única :y verdadera Iglesia de Cristo, de la cual un día desdichadamente se alejaron; a aquella única y verdadera Iglesia que todos ciertamente conocen y que por la voluntad de su Fundador debe permanecer siempre tal cual El mismo la fundó para la salvación de todos.”

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*[Luteranos finlandeses reciben la comunión en el Vaticano. ¿Problema de Francisco? Citaremos el CDC del 83:

844 § 1. Los ministros católicos administran los sacramentos lícitamente sólo a los fieles católicos, los cuales, a su vez, sólo los reciben lícitamente de los ministros católicos, salvo lo establecido en los § § 2, 3 y 4 de este canon, y en el c. 861 § 2.

  • 3. Los ministros católicos administran lícitamente los sacramentos de la penitencia, Eucaristía y unción de los enfermos a los miembros de Iglesias orientales que no están en comunión plena con la Iglesia católica, si los piden espontáneamente y están bien dispuestos; y esta norma vale también respecto a los miembros de otras Iglesias, que, a juicio de la Sede Apostólica, se encuentran en igual condición que las citadas Iglesias orientales, por lo que se refiere a los sacramentos.
  • 4. Si hay peligro de muerte o, a juicio del Obispo diocesano o de la Conferencia Episcopal, urge otra necesidad grave, los ministros católicos pueden administrar lícitamente esos mismos sacramentos también a los demás cristianos que no están en comunión plena con la Iglesia católica, cuando éstos no puedan acudir a un ministro de su propia comunidad y lo pidan espontáneamente, con tal de que profesen la fe católica respecto a esos sacramentos y estén bien dispuestos.

CÓDIGO DE DERECHO CANÓNICO (1983) ÍNDICE GENERAL CONST. APOST. «SACRAE DISCIPLINAE LEGES» Juan Pablo II.

Señores, es muy simple: Ningún problema para administrar sacramentos a los miembros de otras confesiones… con tal de que se hagan católicos previamente, incluso por la vía más rápida posible. Pero eso es lo primero: los sacramentos de la Iglesia Católica la pueden recibir solamente los católicos.]*

“La unión con Cristo nos llevará a la unión de unos con otros”, es como un mantra que repiten ahora. Pero Pío XI contesta con San Cipriano y en el nombre de Cristo: el que no está unido a la Iglesia, no está unido a Cristo:

“Porque siendo el cuerpo místico de Cristo, esto es, la Iglesia, unocompacto y conexo, lo mismo que su cuerpo físico, necedad es decir que el cuerpo místico puede constar de miembros divididos y separados; quien, pues, no está unido con él no es miembro suyo, ni está unido con su cabeza, que es Cristo.”

Y estaremos en la Iglesia, si estamos con el Papa, dejándonos guiar por su Magisterio. No porque fuera su discernimiento el más inteligente o “elaborado”, sino porque sus palabras son… sin error y verdaderas, porque Dios lo dispuso así:

“17. La obediencia al Romano Pontífice. .

Ahora bien, en esta única Iglesia de Cristo nadie vive y nadie persevera, que no reconozca y acepte con obediencia la suprema autoridad de Pedro y de sus legítimos sucesores. ¿No fue acaso al Obispo de Roma a quien obedecieron, como a sumo Pastor de las almas, los ascendientes de aquellos que hoy yacen anegados en los errores de Focio, y de otros novadores?”

¿Esto es posible aplicarlo hoy con respecto al hombre vestido de blanco? Si queremos ser católicos, no podemos seguirle.

A Pío XI sí le podemos, y debemos seguir. Digamos con él a los disidentes, pidiendo al mismo tiempo la fidelidad a nosotros mismos:

“18. Llamamiento a las sectas disidentes.

Vuelvan, pues, a la Sede Apostó1ica, asentada en esta ciudad de Roma, que consagraron con su sangre los Príncipes de los Apóstoles San Pedro y San Pablo, a la Sede raíz y matriz de la Iglesia Católica; vuelvan los hijos disidentes, no ya con el deseo y la esperanza de que la Iglesia de Dios vivo, la columna y el sostén de la verdad abdique de la integridad de su fe, y consienta los errores de ellos, sino para someterse al magisterio y al gobierno de ella.”

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Por todo lo que expuesto, queda patente la inexistencia de la coherencia, de la hermenéutica; nos consta, mejor dicho, la contraposición frontal entre la enseñanza de Mortalium animos y la del vídeo de Francisco. Y en general con la visión más que contrastada de Francisco al respecto. Sobran los argumentos respecto a lo evidente.

Al contrario, la enseñanza de Pío XI sí está en continuidad perfecta con la enseñanza de Cristo, y por ende, de los Apóstoles. Él mismo lo subraya y argumenta; a su vez, nosotros mismos lo hemos indicado aquí sucintamente. No obstante, nos falta – nos place –  reforzar, resaltar más todavía esta continuidad con muestras de afirmaciones doctrinales sobre el particular. Terminaremos, en cambio, con señalar la continuidad del mensaje de Francisco con la línea posconciliar.

Este mismo enero, siguiendo los pasos de Juan Pablo II y Benedicto XVI, Francisco visita la sinagoga de Roma. Pensemos por un momento: ¿cómo visitaba San Pablo a las sinagogas? Porque algunos dicen que “el primero que visitaba las sinagogas era San Pablo”. Ciertamente, junto con San Pedro y otros Apóstoles seguramente, pero para probar a los judíos que el Mesías es Cristo. Por eso, el Doctor Angélico no podía enseñar otra cosa de la que enseñaba (Suma teológica – Parte IIIa – Cuestión 42 Sobre la enseñanza de Cristo, Art. 2, ¿Debió Cristo predicar a los judíos sin escandalizarlos? – como siempre, el Santo Doctor analizaba todas las objeciones que podían darse, para ahorrarse todas las preguntas al lector. Debido a la increíble actualidad de la enseñanza de Santo Tomás, no me resisto en reproducir todo el artículo, porque algunas respuestas que da podrían ser perfectamente dirigidas a los neoarrianos de hoy):

Objeciones por las que parece que Cristo debió predicar a los judíos sin escandalizarlos.

  1. Porque, como dice Agustín en el libro De agone christianoen Jesucristo hombre se nos ofreció como modelo de vida el Hijo de Dios.Ahora bien, nosotros debemos evitar el escándalo, no sólo de los fieles, sino también de los infieles, conforme a las palabras de 1 Cor 10,32: No deis escándalo a los judíos, ni a los gentiles ni a la Iglesia de Dios. Luego parece que también Cristo debió evitar el escándalo de los judíos en su enseñanza.
  1. No es propio del sabio comportarse de modo que se impida el efecto de su labor. Ahora bien, Cristo, al turbar con su enseñanza a los judíos, impedía el efecto de la misma, pues en Lc 11,53-54 se dice que, por reprender el Señor a los fariseos y a los escribas, comenzaron a acosarle terriblemente y a hacerle hablar de muchas cosas, poniéndole lazo y tratando de cogerle por alguna palabra de su boca, para acusarlo.Luego no parece haber sido conveniente que los escandalizase con su enseñanza.
  1. Dice el Apóstol en 1 Tim 5,1: No reprendas con dureza al anciano, sino exhórtale como a un padre.Ahora bien, los sacerdotes y los príncipes de los judíos eran los ancianos de aquel pueblo. Luego parece que no debían ser reprendidos con dureza.

Contra esto: está que en Is 8,14 se había profetizado que Cristo seria piedra de tropiezo y piedra de escándalo para las dos casas de Israel.

Respondo: La salvación del pueblo debe preferirse a la paz de cualquier hombre particular. Y, por este motivo, cuando algunos impiden con su maldad la salvación del pueblo, no ha de temer su escándalo el predicador o el doctor, a fin de proveer a la salvación del pueblo. Pero los escribas, los fariseos y los príncipes de los judíos impedían mucho, con su malicia, la salvación del pueblo, ya porque se oponían a la doctrina de Cristo, por la que solamente podía conseguirse la salvación, ya porque con sus costumbres depravadas corrompían también la vida del pueblo. Y por eso el Señor, a pesar de su escándalo, enseñaba públicamente la verdad, que ellos aborrecían, y reprendía sus vicios. Y por eso, en Mt 15,12.14 se lee que, cuando los discípulos dijeron al Señor: ¿Sabes que los judíos, al oír tus palabras, se han escandalizado?, les contestó: Dejadlos. Son ciegos y guías de ciegos. Si un ciego guía a otro ciego, ambos caen en la fosa.

A las objeciones:

  1. El hombre debe comportarse de modo que no escandalice a nadie, para que a ninguno dé ocasión de ruina con sus hechos o con sus dichos menos rectos. No obstante, si de la verdad se origina el escándalo, es preferible mantener el escándalo antes que abandonar la verdad, como escribe Gregorio.
  2. La reprensión pública de los escribas y fariseos por Cristo no impidió, sino que más bien promovió el efecto de su enseñanza. Porque al quedar al descubierto los vicios de aquéllos ante el pueblo, éste se apartaba menos de Cristo a causa de las palabras de los escribas y los fariseos, que se oponían siempre a la enseñanza de Cristo.
  3. Esa sentencia del Apóstol debe entenderse respecto de aquellos ancianos que no lo son sólo por la edad o por la autoridad, sino también por la honestidad, conforme a aquel pasaje de Núm 11,16: Reúneme setenta hombres entre los ancianos de Israel, de los que tú sabes que son áncianos del pueblo.Pero si convierten la autoridad de su ancianidad en instrumento de malicia, pecando públicamente, deben de ser reprendidos abiertamente y con dureza, como lo hizo Daniel: Envejecido en la maldad, etcétera (Dan 13,52).”

Recordemos ahora algunos textos magisteriales muy apropiados para resaltar aspectos íntimamente relacionados con la cuestión analizada. ¿Pasaremos por alto, quizá, de otra importantísima encíclica de Pío XI? Dios no lo quiera – Jesucristo, nuestro Rey sin el cual no hay ni paz, ni concordia entre las naciones ni las puede haber hasta que se le acepte como tal:

Quas primas (Sobre la fiesta de Cristo Rey, “Dado en Roma, junto a San Pedro, el 11 de diciembre de 1925, año cuarto de nuestro pontificado.
“Y en ella proclamamos (comentario: se refiere a la Encíclica Ubi arcano publicada cuatro años antes) Nos claramente no sólo que este cúmulo de males había invadido la tierra, porque la mayoría de los hombres se habían alejado de Jesucristo y de su ley santísima, así en su vida y costumbres como en la familia y en la gobernación del Estado, sino también que nunca resplandecería una esperanza cierta de paz verdadera entre los pueblos mientras los individuos y las naciones negasen y rechazasen el imperio de nuestro Salvador.

Los pensamientos de Francisco, mejor dicho de la época posconciliar asumida, ¿de qué son el reflejo? Recordemos el punto 13 de Humanum genus, León XIII, Encíclica sobre la Masonería y otras sectas (Dado en Roma, junto a San Pedro, el 20 de abril de 1884, año séptimo de Nuestro Pontificado”)

Y si no se obliga a los adeptos a abjurar expresamente la fe católica, tan lejos está esto de oponerse a los intentos masónicos, que antes bien sirve a ellos. Primero, porque éste es el camino de engañar fácilmente a los sencillos e incautos y de atraer a muchos más; y después, porque, abriendo los brazos a cualesquiera y de cualquier religión, consiguen persuadir de hecho el grande error de estos tiempos, a saber, el indiferentismo religioso y la igualdad de todos los cultos; conducta muy a propósito para arruinar toda religión, singularmente la católica, a la que, por ser la única verdadera, no sin suma injuria se la iguala con las demás.”

Otra encíclica, esta vez de Pío X, es como un repique de la campana de Notre Dâme al lado de nuestra oreja: Sobre los errores de “Le Sillon” (Surco) y la democracia  23 de septiembre de 1910: 

  1. El “Sillonismo” pretende ser una nueva religión.

“Nos tememos algo todavía peor. El resultado de esta promiscuidad en el trabajo, el beneficiario de esta acción social cosmopolita no puede ser otro que una democracia que no será ni católica, ni protestante, ni judía; una religión (porque el sillonismo, sus jefes lo han dicho… es una religión) más universal que la Iglesia católica, reuniendo a todos los hombres, convertidos, finalmente, en hermanos y camaradas en “el reino de Dios“. No se trabaja para la Iglesia, se trabaja para la humanidad.”

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*[Se trata de la maqueta de la “Iglesia Universal”, en construcción en Roma. Es una construcción que contiene símbolos de muchas religiones mundiales. Según la misma página de vatican.va, “L’idea dell’artista è quella di far confluire in una sola grande Chiesa tute le religioni del mondo, ipottizzando l’abolizione di tutte lee guerre al fine di guingere alla pace universale”. Pues que sepan, que de esta forma JAMÁS conseguirán la paz en el mundo. Imposible, si este no retorna a Cristo. No solamente la fe, sino la experiencia y toda la historia confirman estas palabras.]*

En 1867, cuando humanamente hablando Pío IX fue puesto contra la pared y encerrado por las tropas de Garibaldi dentro de las murallas leoninas, el Pontífice recuerda, con un rugido de león que se oyó hasta los confines de la tierra, la doctrina de la Iglesia respecto a la libertad religiosa. Syllabus en el nº 15 condena la siguiente proposición:

Liberum cuique homini est eam amplecti ac profiteri religionem, quam rationis lumine quis ductus veram putaverit” (“Todo hombre es libre para abrazar y profesar aquella religión que, guiado por la luz de la razón, juzgue verdadera.”).

Tanto está impregnado nuestro ambiente actual – inclusive católico por desgracia – del liberalismo, que estas condenas parecen “trasnochadas”, “acordes con la mentalidad de otros tiempos, y no con la nuestra”, o incluso que – y eso demuestra la tragedia de la situación actual en la Iglesia – “estas opiniones han sido superadas por la Iglesia en la actualidad”. Nada de eso. Somos nosotros los que nos desfasamos del pensar de la Iglesia de siempre, con tal de que lo queramos ver y admitir:

“Haec Vaticana Synodus declarat personam humanam ius habere ad libertatem religiosam.”

(Este Concilio Vaticano declara que la persona humana tiene derecho a la libertad religiosa. Dignitatis Humanae, I, 2)

“el derecho a la libertad religiosa no se funda en la disposición subjetiva de la persona, sino en su misma naturaleza”. (Dignitatis Humanae, I, 2)

Es más: “esta doctrina de la libertad tiene sus raíces en la divina Revelación, por lo cual ha de ser tanto más religiosamente observada por los cristianos.” (DH, II, 9), algo completamente falso, como se puede comprobar con las citas innumerables de la Escritura y Magisterio, de las que recordamos tan solamente unas cuantas.

En efecto, el hombre no tiene, no puede tener derecho al error. Solamente Dios tiene “derecho” a que el hombre lo adore y le de las gracias por haberle creado y redimido. De allí la obligación para el hombre en darle culto a Dios como Él mismo lo pide. Por eso, la afirmación que todo hombre es libre de aceptar y confesar la religión que a él le parezca como verdadera bajo la luz de la razón, es directamente contraria a la misma razón y la noción de Dios mismo; procede además de premisas que son absurdas y dogmáticamente falsas:

1) O bien no existe ley alguna para guiar y ordenar las conciencias de los hombres;

2) O tal ley existe y coincide con la convicción subjetiva de cada conciencia individual;

3) O el hombre tiene el derecho a no someterse a dicha ley.

Las tres suposiciones son insostenibles e irracionales no solamente desde un punto de vista cristiano, sino también de la propia razón, en el caso de que esta no niegue contra toda evidencia la existencia de Dios creador, con dominio universal sobre todo lo creado. No será contraria, evidentemente, a las posturas – que por lo demás no superan el más mínimo criterio racional – panteístas, gnósticas, relativistas, masónicas, etc.

Pero, ¿acaso la Iglesia Católica obligaría a una persona a actuar en contra de su conciencia? ¿Es que promueve eso la Iglesia? En absoluto, por eso recordaremos, que otra cosa es –y eso es lo que hay que enseñar a tantos hoy en día, cristianos incluidos-, que en virtud de tolerancia, como el mismo concepto lo indica – se tolera un mal, no en la acepción de hoy que supone aceptación, como igualmente válidas, de las distintas opciones -, se admita por las autoridades públicas, la prácticas o existencia de otros cultos en aras de la conservación de la convivencia, o por evitar un mal mayor. Lo deja bien claro León XIII en Immortale Dei, Encíclica sobre la constitución cristiana de los estados, nº 46, 47, Sobre la tolerancia:

“En verdad, aunque la Iglesia juzga no lícito el que las diversas clases y formas de culto divino gocen del mismo derecho que compete a la religión verdadera, no por eso condena a los encargados del Gobierno de los Estados, que ya para conseguir algún bien importante, ya para evitar grave mal, toleren en la práctica la existencia de dichos cultos en el estado.”

Porque, además:

“Otra cosa también precave con grande empeño la Iglesia, y es que nadie sea obligado contra su voluntad a abrazar la fe, como quiera que, según enseña sabiamente San Agustín, el hombre no puede creer sino queriendo.

Es decir, si el Concilio Vaticano II hubiese querido remarcar que el hombre es libre de coacción, no le hacía falta otra cosa que recordar la enseñanza de Immortale Dei, Libertas, San Agustín, etc.

El asunto que estamos tocando, queridos hermanos, es muy grave. Tan grave que esto la Iglesia tendrá que remover algún día. Los católicos tendrán que ser enseñados, otra vez, desde la Silla de Pedro a rechazar las falsas doctrinas – aquellas que lo son, no están mal todas las afirmaciones del CVII – del último concilio. Sí, esto ocurrirá un día, y convencido estoy, no muy lejano.

Después de una intensa purificación que nos falta por pasar.

Demasiado está enquistado en la Iglesia. Demasiados católicos contaminados con nocivas doctrinas. En realidad, Hans Küng tenía razón (respecto a lo que decía el Concilio) cuando en 1968 escribía (Truthfulness: the future of the Church, p. 127.): “La afirmación de la libertad religiosa en el Vaticano II no está contenida ni explícita ni implícitamente en la condenación de la libertad religiosa por Pío IX.”

Aún más explícito fue su estrecho colaborador de entonces, Joseph Ratzninger, que siendo cardenal tampoco dudaba en afirmar: “Podemos decir que (junto al texto sobre la libertad religiosa y las religiones del mundo) Gaudium et Spes es una revisión del Syllabus de Pío IX, una especie de contrasyllabus. (… ) Contentémonos con decir aquí que el texto sirve como un contra Syllabus, y como tal, representa, de parte de la Iglesia, un intento de reconciliación oficial con la nueva era inaugurada en 1789.”  (Joseph Ratzinger, Principios de teología católica.)

Hemos citado bastantes documentos magisteriales preconciliares, a Santo Tomás, a San Agustín, a la Escritura y todo ello aún con pinzas porque podríamos escribir páginas y páginas sobre el particular, pero hay que ser lo más conciso posible. Hemos visto la incompatibilidad del mensaje de vídeo de Francisco con la doctrina de la Iglesia de siempre; a su vez, hemos tocado el tema de la incongruencia  de la nueva doctrina conciliara sobre la libertad religiosa –de Dignitatis Humanae – con la de siempre. Porque, en efecto, el mensaje de Francisco se inserta en la doctrina ecuménica y eclesiología conciliares.

Reforzaremos algo más esta última tesis.

Los documentos conciliares no están exentos –cuanto menos- de la ambigüedad al considerar el valor de las otras (falsas) religiones cristianas para la salvación eterna. La doctrina católica es muy sencilla al respecto: si una persona no católica se salva, es a pesar de su religión, no gracias a ella. Sin embargo, el Concilio desarrolla el concepto falso según el cual el acervo de valores de los “hermanos separados” comprende “muchos elementos de santificación y de verdad” (Unitatis Redintegratio, 3). Dichos “elementos de santificación y de verdad” son, según se dice: “la Palabra de Dios escrita, la vida de la gracia, la fe, la esperanza y la caridad y algunos dones interiores del Espíritu Santo y elementos visibles” (UR, 3). Por lo que habría de concluirse de ahí que “aunque creemos que las iglesias y comunidades separadas tienen carencias [la herejía y el cisma se han convertido en meras “carencias”], no están desprovistas de sentido y de valor en el misterio de la salvación. Porque el Espíritu de Cristo no rehuyó servirse de ellas como de medios de salvación, cuya virtud deriva, de la misma plenitud de gracia y de verdad que se confió a la Iglesia católica” (UR, 3).

Claramente se habla de la colaboración con los herejes y cismáticos: La Iglesia tiene que ofrecer “al género humano la sincera colaboración de la Iglesia para lograr la fraternidad universal” [¿en lugar de convertirlo a Cristo? Esto precisamente parece centrar la principal falacia de la promoción del dialogo. ¿Para qué el dialogo? ¿Para promover la fraternidad universal, o convertir el mundo a Cristo?] (Gaudium et Spes, 3): se exhorta a los católicos para que colaboren con los herejes y cismáticos (los “hermanos separados”) a fin de elaborar traducciones comunes de la Escritura Sagrada (Dei Verbum, 22); para que colaboren en la obra del apostolado cristiano, en nombre del “patrimonio evangélico común” (Apostolicam Actuositatem, 27; UR, 24; lo correcto es, si quieren, que colaboren con el apostolado de los católicos, que es algo bien distinto. De hecho, iniciativas de este tipo sí fueron aprobadas antes del Concilio, sin ningún problema. Caso concreto de los cooperadores no católicos del Opus Dei, aprobados en 1950); para que “reconozcan y aprecien en su valor los tesoros verdaderamente cristianos que, procedentes del patrimonio común, se encuentran en nuestros hermanos separados” (UR, 4), y “para que se unan en la oración con ellos en ciertas circunstancias especiales” (UR, 8; con esta cita, ¿para qué extrañarse con todo lo que ha pasado después? ¿No han sido Juan Pablo II, Pablo VI, etc., fieles a este pensamiento?) Recordemos, a modo de ejemplo, el ecumenismo de Pablo VI:

Todo el gobierno de Pablo VI está salpicado con actos ecuménicos. Veamos algunas declaraciones comunes con  los “hermanos separados”:

el 10 de mayo de 1973, con el Patriarca de los coptos Chenouda III; en 1971 con el Patriarca Sirio Ortodoxo de Antioquia, Ignatius Jacob III; el 29 de abril de 1977, con el Arzobispo de Conterbery, Donald Coggan;

exhortaciones al ecumenismo, por ejemplo la Exhortación Evangelii Nuntiandi del 8 de diciembre de 1975;

encuentros con los representantes de las otras confesiones:

pablo vi m3

Este mismo espíritu ecuménico fue el que lo guió en la aprobación de la reforma litúrgica. Tenemos al respecto un testigo privilegiado: Jean Guitton, filo-modernista e íntimo amigo de Pablo VI, afirmó que “la intención de Pablo VI respecto a la liturgia, respecto a la denominada vulgarización de la misa, era la de reformar la liturgia católica de suerte que coincidiese, sobre poco más o menos, con la liturgia protestante (…) con la cena protestante”. Y más adelante: “…repito que Pablo VI hizo todo lo que estuvo en su mano para acercar la Misa católica – más allá del Concilio de Trento – a la cena protestante”. Guitton respondió a la protesta de un sacerdote que no podía asumir tal tesis: “La misa de Pablo VI se presenta ante todo como un banqueta, ¿no es así? E insiste mucho en aspecto de participación en un banquete, pero mucho menos en la noción de sacrificio, de sacrificio ritual. (…) En otras palabras, Pablo VI albergaba la intención ecuménica de cancelar –o, al menos, de corregir o atenuar – lo que había de demasiado ‘católico’, en sentido tradicional, en la Misa, y acercar la Misa católica – lo repito- a la misa calvinista. (Debate Lumière 101 de Radio-Courtoisie del 12 de diciembre de 1993.)

creación de comisiones para las relaciones con las otras religiones: con el protestantismo, anglicanismo, judaísmo, cismáticos griegos, etc.;

buenas relaciones con la masonería: recibió por ejemplo a los representantes de B’nai B`rith, la masonería judía, el 2 de julio de 1971, a los cuales saludó: ¡Mis queridos amigos! (Documentation Catholique, nº 1593 p. 849); los recibió de nuevo el 10 de mayo de 1978 (muy poco antes de su muerte). También el 4 de octubre de 1965, visitó a la ONU. Por eso el Gran Maestre del Gran Oriente Masónico de Italia, pudo escribir en loa del difunto Papa Pablo VI: “Es, pues, para nosotros, la muerte de quien hizo caer la condena [de la masonería] del Clemente XII y sus sucesores; o sea que es la primera vez, en la historia de la masonería moderna, que muere el jefe de la mayor religión occidental no en estado de hostilidad con los masones. (…) Por primera vez en la historia, los masones pueden rendir homenaje al túmulo de un Papa sin ambigüedades ni contradicciones. (Giordano Gamberinim, editorial de La Revista Massonica, año 1978, nº 5, p. 290).

No es de extrañarse, pues, que Yves Marsaudon, alto dignatario masónico de la Gran Logia de Francia, ya en 1964 pudo comentar: “Hacemos voto de todo corazón por el éxito de la Revolución de Juan XXIII (…) Los cristianos no deberían olvidar que todo camino (es decir, toda religión o concepción del mundo, nota del editor) lleva a Dios (…) y habrán de mantenerse en esta valiente noción de libertad de pensamiento que se ha extendido magníficamente sobre la cúpula de San Pedro – puede hablarse verdaderamente al respecto de una revolución que partió de nuestras logias masónicas – (…) todo masón digno de tal nombre (…) no podrá por menos de alegrarse sin la menor reserva de los resultados irreversibles del Concilio”. (Yves Marsaudon, L’oecuménisme vu par un fran-maçon de tradition, ed. 1964, p. 42, 121.)

No, los masones no han cambiado. Podrá cambiar el tono de su mensaje, su agresividad de antaño ahora tal vez son palabras bonitas, pero en lo esencial ellos siguen pensando lo mismo: no creen en Jesucristo. En el fondo representan un pensamiento sincretista, harto ridículo, heredero de los gnósticos paganos, sean estos vagos deístas o ateos, no importa. Eso sí, con un gran poder en las instituciones occidentales principales: en los parlamentos, medios de comunicación, etc. Han conseguido impregnar con su pensamiento todos los poros de nuestra sociedad actual. En Syllabus, nº 21, Pío IX condena la siguiente proposición: “La Iglesia no tiene potestad para definir dogmáticamente ser la religión católica la única verdadera”. Es lo que hoy piensa tantísima gente por doquier. Hasta en la Iglesia, por desgracia. La afirmación: ¿es que tú tienes toda la verdad?, ha entrado en las venas de casi todos. Pues sí, la Iglesia es el fundamento y el pilar de la verdad, recordaba San Pablo a Timoteo. Yo no, pero la Iglesia sí. Y cuando, aunque sea yo, digo algo que dice la Iglesia, también tengo la razón. Porque hay una sola verdad, y es posible conocerla. Este lenguaje hoy es condenado por los dogmáticos que son simples hombres y los que no hablan en el nombre de Dios.

Sí, señor, la Iglesia sí debe enseñar, y hay de ella si no enseña. Dejo para el final la cita de un documento explícito al respecto, E Supremi Apostolatus, de San Pío X, dado en Roma junto a San Pedro, el día 4 de octubre de 1904, el primero de su pontificado, Sobre la falta de doctrina y el deber de darla a conocer. Creo que no podemos terminar con una cita más clara y elocuente referida al estado de las cosas que nos ha tocado sobrellevar:

“Es indudable que quien considere todo esto tendrá que admitir de plano que esta perversión de las almas es como una muestra, como el prólogo de los males que debemos esperar en el fin de los tiempos; o incluso pensará que ya habita en este mundo el hijo de la perdición de quien habla el Apóstol. En verdad, con semejante osadía, con este desafuero de la virtud de la religión, se cuartea por doquier la piedad, los documentos de la fe revelada son impugnados y se pretende directa y obstinadamente apartar, destruir cualquier relación que medie entre Dios y el hombre. Por el contrario -esta es la señal propia del Anticristo según el mismo Apóstol-, el hombre mismo con temeridad extrema ha invadido el campo de Dios, exaltándose por encima de todo aquello que recibe el nombre de Dios; hasta tal punto que -aunque no es capaz de borrar dentro de sí la noción que de Dios tiene-, tras el rechazo de Su majestad, se ha consagrado a sí mismo este mundo visible como si fuera su templo, para que todos lo adoren. Se sentará en el templo de Dios, mostrándose como si fuera Dios.”

Fijaos qué cosas se pregunta el Pontífice hace más de un siglo. ¿Las inquietudes y preguntas de San Pío X han perdido peso? Parecen hechas para nosotros. Si tuviéramos un papa, hablaría así. Dios nos lo conceda.