Dos citas esenciales de San Bellarmino sobre el “Papa hereje”; el error constante de Roberto De Mattei

Es significativo que en nuestro tiempo supuestamente se puede hablar de todo, pero no de lo esencial. Lo vemos en tantos ejemplos de lo “políticamente correcto”. Allí nuestra querida democracia se muestra hija verdadera de la misma madre que parió el comunismo y su “idoneidad moral”.

Hoy, por ejemplo, no puedes hablar públicamente de Islám o Mahoma, de la base doctrinal de su violencia; antes de que pronuncies lo que quieres decir serías neutralizado de aquellos que gobiernan, antes incluso que de la mano de los yijadistas. Si por el otro lado la democracia da lugar a un Orban o Putin como resultado, entonces los votantes son xenófobos, racistas y liberticidas. ¿Es que no hemos dicho que la democracia lo mejor de lo mejor? Sí, desde hace tiempo sabemos que se trata solamente de una excusa para promover la esclavitud masiva de las almas, la esencia del comunismo internacional. Si no deseas la ideología de género, entonces eres un homófobo e incluso un estado homófobo, etc.

Por desgracia, algo parecido está ocurriendo hoy también en la Iglesia; mejor dicho entre sus representantes aparentes. Se puede hablar de todo, con todos se puede hablar y si esos tales son Scalfari u otros infieles, mejor todavía. Pero para el hombre que quisiera pensar en lo católico, para ese tal no hay libertad. No te permiten ni poner a Francisco bajo el signo de interrogación: llegas a ser el enemigo público nº1. ¿Es que no es sospechoso esto, no demuestra eso muchas cosas?

Por el otro lado, y paradójicamente para estos “amantes y promovedores de la libertad”, en la edad media, en el apogeo de la cristiandad (más bien a finales de esa época), se permitía hablar también de este tema: ¿cómo podemos saber si es realmente Papa el que está sentado en la Silla de Pedro? En otras palabras, entonces realmente existía la censura, de lo malo. Hoy existe la censura para las cosas lógicas y en su sitio; para la ortodoxia y afirmaciones de sentido común, mientras se deja libertad para todo tipo de herejías y malas doctrinas y prácticas.

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Del mencionado tema se ocuparon bastantes teólogos medievales. Existía una razón fuerte para ello: en el s. XVI tiene lugar el avance del protestantismo. ¿Puede ocurrir que un simpatizante o seguidor incluso de Lutero llegue hasta la Silla de Pedro? Y cosas parecidas. El Papa Pablo IV respondió magisterialmente a esta pregunta con la bula Cum ex apostolatus officio, 1559. En ella deja claro que un hereje, o aquel que promovería la herejía antes de ser elejido pontífice, no sería un pontífice válido: su elección sería nula. El eco de esta bula estaba explícitamente en el CDC del 1917 donde se hace constar que un hereje no puede tener ninguna jurisdicción en la Iglesia.

Más tarde, doctor de la Iglesia San Roberto Bellarmino se dedica a conciencia a este tema y expone su enseñanza en el libro “De Romano Pontifice”. Brevemente, y en lo esencial respecto a lo que nos ocupa: Bellarmino distingue la postura que se puede tener respecto a un papa verdadero, pero que en un caso concreto daría órdenes malas a cumplir, de la postura que hay que tener hacia un “papa herético” que en realidad no sería verdadero Papa. La primera cita es la siguiente, “De Romano Pontifice”, libro II, cap. 29:

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Así como es lícito resistir al Pontífice que agrede al cuerpo, así también es lícito resistir a aquel que agrede a las almas o destruye el orden civil o, sobre todo, trata de destruir la Iglesia. Digo que es lícito resistirle no haciendo lo que ordena e impidiendo la ejecución de su voluntad. No es lícito, sin embargo, juzgarlo, castigarlo o deponerlo”.

Mientras que la segunda cita viene del capítulo siguiente:

Un papa que se manifieste hereje, por ese mismo hecho (per se) cesa de ser papa y cabeza, así como por lo mismo deja de ser un cristiano y miembro de la Iglesia. Por tanto, él puede ser juzgado y castigado por la Iglesia. Esta es la enseñanza de todos los Padres antiguos, que enseñaban que los herejes manifiestos pierden inmediatamente toda jurisdicción

Tenemos que entender esto: un papa no es inmaculado en sus actos morales, porque entonces no sería una persona libre – absurdo. El papa sigue siendo un pecador y sus órdenes dadas en el gobierno de la Iglesia, debido a que se refieren no a la doctrina sino al cumplimiento de determinados mandatos referidos a los asuntos temporales o accidentales, no gozan de la garantía de la infabilidad. Un papa por ejemplo no te puede mandar que robes y luego traígas ese dinero a la Iglesia. O cualquier otra cosa inmoral. Puedes no hacerle caso; puedes hacer que sus malas órdenes no se cumplan, porque son malas, pero lo que no puedes hacer es juzgar o castigar al papa porque a él solamente Dios puede juzgar o castigar. Porque su autoridad viene de Dios, y será Dios mismo el que lo va a castigar, y severamente, si abusa de su autoridad. Puedes resistir a sus mandatos si no son buenos (no puedes obedecer con la conciencia en pecado), pero él no pierde su autoridad dando una órden moralmente viciada.

Pero con la doctrina es diferente. Si el que está sentado en la Silla de Pedro enseña a toda la Iglesia una doctrina contraria a la de siempre, queriendo que se cumpla lo enseñado (para eso enseña), es porque no es papa, y sí puede ser juzgado por la Iglesia.

Es de subrayar que esta parte de la enseñanza de San Bellarmino se soslaya constantemente desde los sectores que “reconocen al papa y le resisten”, como especialmente es el caso de la FSSPX y personalidades relacionadas. Precisamente eso es lo que ocurrió con el discurso del historiador Roberto De Mattei, cuya exposición en Illinois, invitado por Catholic Family News: “Tu es Petrus: la verdadera devoción hacia la Silla de San Pedro”, motivó escribir este artículo. Él simplemente omite la segunda cita que hemos mencionado. De forma extensa sobre este particular escribió el Rev. Anthony Cekada en 2004 (como también hace unas horas Novus Ordo Watch, me supongo que motivado por las intervenciones similares).

Pero precisamente esta otra cita de San Bellarmino da la explicación y la tragedia de lo que somos testigos: se reconoce alguien que está haciendo un enorme daño a la Iglesia y a los católicos, y también al mundo entero debido a su nefasta política pro sionista dando impresión que se trata de un agente sionista colocado allí dónde está: en el lugar desde el cual puede hacer mayor daño posible.

Cuánto más se siga Bergoglio, cuánto más se le reconozca como también lo hace Roberto De Mattei, mayor es desgracia para la Iglesia.

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Roberto de Mattei yerra otra vez: Haec Sancta de Constanza no fue firmada por el Papa. Lo cual no es paralelismo con el CVII

El argumento de Roberto de Mattei es el siguiente: en 1415 el Concilio de Constanza firma la Declaración Haec Sancta, una declaración herética ya que defiende la doctrina de conciliarismo, según la cual el Papa en definitiva está sometido al Concilio.

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Y [la asamblea] declara, en primer lugar, que congregada legítimamente en el Espíritu Santo, formando concilio general y representando a la Iglesia católica, recibe la potestad inmediatamente de Cristo. Todos, de cualquier estado o dignidad que sean, incluso papal, están obligados a obedecerla en aquellas cosas que pertenecen a la fe y a la extirpación de dicho cisma y a la reforma de dicha Iglesia, tanto en la cabeza como en los miembros.

Declara, además, que todo aquel, de cualquier condición, estado o dignidad que sea, incluso la papal, que tercamente rehusara obedecer a los mandatos, determinaciones, ordenaciones o preceptos de este santo sínodo o de cualquier otro concilio general congregado legítimamente, en relación con lo que se ha hecho o debe hacerse en el futuro, si no entra en razón: se le someta a una penitencia conveniente y se le castigue con la pena debida; y se recurra (si fuera necesario) a otros medios que presta el derecho.

Concilio de Constanza, 6 de abril de 1415.
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Primera observación que hemos de hacer es la siguiente: esta declaración todavía no se pudo considerar formalmente herética, ya que conciliarismo no fue definido todavía como herejía. Pero esta observación es menos importante.

Pero lo más importante es que en aquel entonces, en el que el trono papal fue reivindicado por tres “papas” (uno solamente lo fue, Gregorio XII), y de los que Juan XXIII era muy pronto desechado y calificado como antipapa por todos, ni Gregorio XII, ni Benedicto XIII (apoyado en su causa por San Vicente Ferrer – en su causa de canonización tenía más de 850 milagros reconocidos -, aunque éste contribuyó decisivamente a la superación del cisma), no prestaron pues su firma a tal declaración: 

En julio de ese mismo año, con la presencia ya de los cardenales de Gregorio XII, se reabrió el concilio (de Constanza), que aceptó la renuncia de Gregorio. La postura de éste, que no había admitido la doctrina de que la autoridad conciliar estuviera por encima del Papa, sería finalmente confirmada por concilios posteriores.

Gregorio XII (que es lo que más importa) por medio de sus delegados sí firmo otras declaraciones, como por ejemplo la condena al hereje Jan Hus (que negaba, entre otras cosas, la validez de los sacramentos en función de la santidad, o mejor dicho ausencia de ella, de los ministros consagrados), etc., todas ortodoxas e incuestionables. Pero la de conciliarismo… ¡no!

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Y para más inri, el mismo pontífice elegido en Constanza, Martín V, con toda claridad no firmo Haec Sancta:

El mismo Papa electo por el Concilio de Constanza, Martín V rechazó, al terminar el concilio, estos cánones, manteniendo así intacta la perpetua fe católica sobre el primado de Pedro y sus sucesores. Fue un momento muy excepcional de la historia de la Iglesia cuando se aprueban estos ya que el papado era disputado por tres candidatos.

Por lo tanto, la afirmación de de Mattei:

Martín V, elegido al solio pontificio en Costanza en 1417, reconoció con la bula Inter cunctas del 22 de febrero de 1418 la ecumenicidad del Concilio de Costanza y todas las decisiones que éste había tomado, aunque fuera con la fórmula genéricamente restrictiva: «in favorem fidei et salutem animarum».“,

es radicalmente falsa.

Y por la misma lógica de los acontecimientos, si ni siquiera Gregorio XII o Benedicto XIII, con todas las presiones habidas y desde la debilidad circunstancial de sus situaciones, han firmado Haec Sancta, ¿cómo lo va hacer Martín V? Es llamativa la omisión que hace Roberto de mencionar a Gregorio XII.

¿A qué apunta, hablemos claramente, Roberto de Mattei? Está claro: al Concilio Vaticano II.

De Mattei quiere decir: tal y como fue en Constanza, también está pasando ahora, un concilio puede proclamar doctrinas incluso heréticas.

Sí, señor, sí, puede… ¡pero no con el Papa! Porque, y bien lo debes saber, un concilio entero se puede equivocar… pero sin el Papa.

Te estoy diciendo la doctrina católica.

Pero, querido, aquí aparece el problema (solemne firma del Decreto de Nostra Aetate, a modo de ejemplo):

Haec omnia et singula quae in hac Declaratione edicta sunt, placuerunt Sacrosancti Concilii Patribus. Et Nos, Apostolica a Christo Nobis tradita potestate, illa, una cum Venerabilibus Patribus, in Spiritu Sancto approbamus, decernimus ac statuimus et quae ita synodaliter statuta sunt ad Dei gloriam promulgari iubemus.

Romae, apud S. Petrum die XXVIII mensis octobris anno MCMLXV.

Ego PAULUS Catholicae Ecclesiae Episcopus

Sequuntur Patrum subsignationes.

Todas y cada una de las cosas contenidas en esta Declaración han obtenido el beneplácito de los Padres del Sacrosanto Concilio. Y Nos, en virtud de la potestad apostólica recibida de Cristo, juntamente con los Venerables Padres, las aprobamos, decretamos y establecemos en el Espíritu Santo, y mandamos que lo así decidido conciliarmente sea promulgado para la gloria de Dios.

Roma, en San Pedro, 28 de octubre de 1965.

Yo, PABLO, Obispo de la Iglesia católica.

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El Concilio, con Pablo VI, manda creer y sostener lo anteriormente – y siempre – reprobado por la Iglesia.

Por ejemplo:

Haec Vaticana Synodus declarat personam humanam ius habere ad libertatem religiosam. (Este Concilio Vaticano declara que la persona humana tiene derecho a la libertad religiosa. Dignitates Humanae; 1, 2)

Y antes:

Gregorio XVIMirari Vos (1832): “De esa cenagosa fuente del indiferentismo mana aquella absurda y errónea sentencia o, mejor dicho, locura, que afirma y defiende a toda costa y para todos, la libertad de conciencia. Este pestilente error se abre paso, escudado en la inmoderada libertad de opiniones que, para ruina de la sociedad religiosa y de la civil, se extiende cada día más por todas partes, llegando la impudencia de algunos a asegurar que de ella se sigue gran provecho para la causa de la religión. ¡Y qué peor muerte para el alma que la libertad del error! decía San Agustín.” Etc.

Pío IX, Quanta cura (1864) y Syllabus:

“Con cuya idea totalmente falsa del gobierno social, no temen fomentar aquella errónea opinión sumamente funesta a la Iglesia católica y a la salud de las almas llamada delirio por Nuestro Predecesor Gregorio XVI de gloriosa memoria (en la misma Encíclica Mirari), a saber: «que la libertad de conciencia y cultos es un derecho propio de todo hombre, derecho que debe ser proclamado y asegurado por la ley en toda sociedad bien constituida;”

“XV. Todo hombre es libre para abrazar y profesar la religión que guiado de la luz de la razón juzgare por verdadera.

Y otros tantos documentos, con toda claridad hasta Pío XII, guste o no.

Roberto, esto sí que es un problema.