Censura sionista

Brother Nathanael acaba de dar nota sobre la eliminación de 72 libros de Amazon nada más en marzo de este año. (El historiador Michael Hoffman trae la lista completa). Pregunta Hermano Nathanael si se trata de obras que promueven la desviación sexual. La respuesta es: no. ¿De la adoración de Satán? Tampoco. ¿Libros que blasfeman contra Jesucristo? Ni hablar.

Son los libros que cuestionan el Holocausto.

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Por cierto, el que quiera comprarlos puede todavía hacerlo por otros medios y librerías digitales (en inglés):

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Los libros prueban lo que está prohibido decir: que los “seis millones” no han muerto; que no existían cámaras de gas, que Zyklon B no fue usado para matar sino despiojar. Incluso libros comprometidos con la discusión adadémica. Todos estos libros han sido censurados.

Censurados no porque podrían ser incorrectos, sino por los Judíos tienen problemas reales con los hechos.

Hechos históricos y forenses como los presentados en estos libros y que exponen el Holocausto como un hoax (engaño obtenido por manipulación).

Dice Nathanael (que es un judío converso al cristianismo ortodoxo): “He crecido en los años 50 y no conocimos nada sobre un “holocausto”. Fue uno de los nuestros, historiador judío Jacob Marcus, el que afirmaba en la Enciclopedia Británica que “miles” – NO “seis millones” – de los judíos perecieron en los campos de trabajo alemanes.

No ha sido sino hasta los años sesenta, cuando surge la “Industria del Holocausto”, con Elie Wiesel, el gran sacerdote de la mentira, preguntando que murieron “seis millones”.

 

‘Bebés judíos’, escribe en su libro “Night”, ‘han sido echados a la hogueras en Auschwitz’.

Da igual que el campo estaba construido sobre un pantano, y no se podían encender tales hogueras.

Pero allí hay algo de más envergadura. Empezando con prohibir los libros verdaderos sobre Holocausto, ¿qué es lo siguiente? Serás “antisemita” si cuestionas la política genocida de Israel….

Mire, si la narración sobre el Holocausto es verdadera, esta puede pasar por un examen crítico. Judíos llaman este examen: “la negación de Holocausto”.

De acuerdo, deje a la gente negar que la Tierra es redonda. Pero permita que se pueda refutar tal tesis.

Los judíos niegan la Resurrección de Cristo”.

Pero los cristianos ortodoxos se ríen en su cara, y todavía alaban al Cristo Resucitado.

Prohíban los libros, Amazon, adelante.

Pero no hay nada oculto que no será revelado.”

 

 

 

 

***

Hasta aquí Brother Nathanael.

Lo cierto es que aquí mismo varias veces hemos señalado las correcciones sobre los números de víctimas realizadas por los mismos custodios de Auschwitz:

El año 1979. Juan Pablo II visita el lugar en el que se levantaba el más fúnebre campo de concentración de la segunda guerra mundial:

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Se encuentra frente a las placas que en diecinueve diferentes idiomas decían que:

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que aquí habían sido asesinados cuatro millones de personas. Las placas estaban colocadas desde el 1967 hasta el 1990.

Pero… cuando Benedicto XVI visitaba el mismo lugar en 2006,

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[Observen el efecto artístico buscado en la foto: un arcoíris detrás de la alambrada.]

se encuentra con otro tipo de placas:

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que indicaban que el número de asesinados era sobre un millón y medio de personas. Las veinte placas fueron colocadas en 1995 y se quedaron allí a pesar de que el Museo Memorial del Holocausto de EE. UU. afirma ya oficialmente que el número de asesinados era menor de 1.085.000 personas.

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Estamos hablando de una diferencia de prácticamente tres millones de personas.

Solamente me falta decir una cosa a Brother Nathanael en cuanto a la “ortodoxia”. Estimado, en las iglesias ortodoxas podemos encontrar alabanzas del quebranto de las leyes de Dios:

mk [Un fresco en una iglesia ortodoxa en Serbia. El fresco representa al “padrino” de la iglesia, Milenko Kostic es decir, el que financió su construcción, llevado por San Nicolás (un santo ortodoxo) en una barca, se supone al Reino de los Cielos. Lo que en realidad clama al Cielo es que el “padrino”, un empresario serbio, va en la barca acompañado de su familia, según el mismo relato periodístico que transmite la noticia, acompañado de sus dos mujeres e hijos. Según los cánones de la “Iglesia ortodoxa”, el “padrino” de la iglesia puede estar representado en un fresco de la misma. Pero además, la misma “Iglesia ortodoxa”, al menos la serbia, permite hasta tres matrimonios, y, “excepcionalmente y con el permiso del epíscopo”, ¡hasta cuarto!]

Recuerda, Nathanael: “No añadiréis nada a la palabra que yo os mando, ni quitaréis nada de ella, para que guardéis los mandamientos del Señor vuestro Dios que yo os mando.” (Dt. 4, 2)

Brother, tiene Vd. muchas cualidades. ¿Por qué no ser católico?

Porque respecto a Francisco, en eso no tenemos problemas los dos.

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La corrección del Cardenal Burke… pero a sí mismo

Reconozco que bochornoso. Esperaba un jaque mate a Bergoglio, y lo estaba soñando

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pero Bergoglieu ha sido finalmente más listo

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Por lo visto el blog italiano Anonimi della Croce dirigido por sacerdotes conservadores con conexiones en el Vaticano, una especie de WikiLeaks vaticana, daba por hecho que los cuatro cardenales van a desistir de la anunciada corrección a Francisco. En efecto, tal corrección fue anunciada para cierto tiempo después de la Epifanía, y evidentemente ya bien entrados en cuaresma estamos comprobando que de esa corrección no hay nada de nada.

El blog cuya información han retransmitido muchos otros sitios web (Gloria.tv por ejemplo al día siguiente, es decir el 16/03/2017) añade la razón de este – perdonadme, pero al final lo calificaré: ridículo – comportamiento: los cardenales han visto que no cuentan con suficiente apoyo.

¿Pero por qué entonces se lanzan a algo así? ¿Qué es lo que importa, el número de manifestantes en la plaza, o la verdad? Si algo está mal, está mal, independientemente del número de personas que lo promueven.

En fin, ¿para qué hablar más? Bochornoso y patético. ¿Entonces si ellos consideraban que algo no estaba bien con Amoris Laetitia, y que puede dar lugar nada menos que a la profanación del Cuerpo de Cristo, cómo que esa razón desaparece? ¿Qué hay más importante que ello? ¿Qué no tenga lugar el “cisma”? Pero si no se defiende la verdad, si se permite desde la Silla de Pedro – algo que no puede ocurrir – que el Cuerpo del Señor sea profanado, es cuando se inflige herida gravísima al Cuerpo de Cristo que es la Iglesia.

En resumen: ¿cuál es consecuencia de este acto, de esta, digamoslo claramente: claudicación? Que Bergoglio tiene las manos desatadas para hacer lo que le plazca. Y ahora toca ver si se va a producir el anunciado (por el mismo blog Anonimi della Croce) ataque a la Eucaristía, es decir a la promoción de una tal “misa ecuménica” que serviría al parecer para luteranos y católicos al mismo tiempo. O sea, que no sería misa.

¿Tan solamente un rumor de la “WikiLeaks vaticana” o una hipótesis? Lo veremos. Lo que es cierto es esto: si Francisco realmente no es Papa, actuará como tal. No va a estar allí como el que no sea Papa, y no hacer nada. No, si no es Papa, hará como el que no es. Llevará a cabo proyectos que no son de Dios, como el que no es su Vicario. Si no es el Vicario de Cristo, hablará en nombre de alguien otro que no será Cristo.

Ahora surge, sin embargo, una esperanza en ciertos sectores: Benedicto XVI. Romperá su silencio, piensan. Defenderá la Eucaristía y levantará su voz. ¿Por qué, si no, está vestido de blanco y sigue en el Vaticano, si no es para cumplir la misión de Dios, o con esta o la tal profecía?

31 de octubre de 1999. Se firma la Declaración Conjunta (entre católicos y luteranos) sobre la doctrina de la Justificación en Augsubro. ¿Por qué el 31 de octubre? Porque fue el 31 de octubre del 1517 cuando Lutero clavó sus 95 tesis en la puerta de la iglesia de Wittenberg. ¿Y por qué en Augsburgo? Porque fue allí dónde en 1530 Lutero proclamó solemnemente que su nueva religión fue fundada. Es como implícitamente admitir que el protestantismo tiene que ver algo con la Iglesia.

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[Conmemorando el décimo aniversario de la Declaración Conjunta. Ahora también con los metodistas.]

¿Quién fue el que hizo posible este acuerdo? Según el “obispo” protestante George Anderson, cabeza de la Iglesia Luterana Evangélica de América, la persona salvó el acuerdo fue el Cardenal Joseph Ratzinger. “Sin él, no tendríamos el acuerdo“, dijo Anderson.

En el punto 15 del citado documento se dice:

«Solo por gracia mediante la fe en Cristo y su obra salvífica y no por algún mérito nuestro, somos aceptados por Dios y recibimos el Espíritu Santo que renueva nuestros corazones, capacitándonos y llamándonos a buenas obras».

 

La posición clásica de la Iglesia Católica es que la fe es necesaria para la salvación (es decir, sin la fe no hay salvación), pero en orden de merecer la salvación, la fe tiene que ser acompañada de buenas obras que reflejan la colaboración de la voluntad del hombre. Los protestanters niegan la contribución de la voluntad libre para la salvación. Para ellos, solamente la fe es necesaria para la salvación. El documento de Augsburg introduce una nueva noción: gracia. Ahora, la fe junto con la gracia sería suficiente para la salvación. El valor de las buenas obras es decididamente negado. No está por ninguna parte. Observen: “se nos llama” a hacer buenas obras, pero eso no es necesario.

¿Se van a negar los protestantes a una declaración así? Para nada. Porque es coherente con su postura de sola fide. En cambio, ¿dan la espalda los católicos a la doctrina tradicional sobre la justificación con esto? Sí, señor: porque es necesario que tú respondas con las obras a la iniciativa de la gracia de Dios.

Atila Sinke Guimarães da más argumentos a este apartarse de la doctrina católica. Recuerda las proposiciones quietistas condenadas por el Papa Inocencio XI en la Constitución Coelestis Pastor (20/11/1687):

“Nº 2. Desear operar activamente es ofender a Dios, quien desea ser él mismo todo el agente; y entonces es necesario abandonarse completamente en Dios.

Nº 4. Actividad natural es la enemiga e impide las operaciones de Dios y la verdadera perfección porque Dios desea operar en nosotros sin nosotros…

Nº 40. Uno puede llegar  a la santidad sin el trabajo exterior.”

Queda patente que el protestantismo está de lleno imbuido de tesis similares y peores. De paso se puede decir que estas tendencias se pueden observar presentes en cierta medida entre los carismáticos.

Bien, ¿quién nos ha protegido contra la protestantización? ¿Solamente desconfías del joven perito conciliar Joseph, colaborador de Rahner, o también hay problemas con el Prefecto de la Congregación para la Doctrina de la Fe en 1999?

Con este panorama, realmente parece inminente el ataque definitivo a la Misa. En este caso veo pocos ir a las catacumbas a oír la Misa Católica.

Pero es lo que habrá que hacer.

 

 

 

Desvarío radical del Padre Fortea

No sigo el blog del Padre Fortea, por lo que escribo gracias a la carta de un amigo. La entrada a la que me refiero se titula: “Primeras vísperas anglicanas en el Vaticano“. En la misma el conocido exorcista escribe refiriéndose a las primeras vísperas anglicanas que se celebrarán en el lugar sagrado para los católicos, en la Basílica de San Pedro el 13 de marzo de este año. En las palabras del autor:

Hoy he leído la noticia del anuncio de que el 13 de marzo se celebrarán las primeras vísperas anglicanas en la Basílica de San Pedro del Vaticano. Los que me conocéis, bien sabéis que esa noticia es música para mis oídos. Un paso más, otro, en el camino hacia una nueva eclesiología en la que el Sucesor de Pedro se vaya convirtiendo de facto en la cabeza de las confesiones cristianas.

El post va encabezado por las siguientes imágenes:

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¿Cuál es el inmenso error teológico de lo que se está transmitiendo?

El que se igualan los saludos en la fe de los Santos Apóstoles Pedro y Pablo, pilares de la Iglesia Una, Santa, Católica y Apostólica, con los saludos “ecuménicos” de un supuesto católico con un cismático y con un hereje.

Esto es un insulto a la Iglesia Católica, estimado Don Jose Antonio. Vd. pretende justificar y encima enaltecer la profanación de un lugar sagrado por antonomasia para los católicos, comparándolo con el abrazo en la fe de los Santos Apóstoles.

No cuela, Don Jose Antonio.

El problema es que Vd. confunde a tantos católicos con esta bazofia. Para más asombro, entre tantos que Vd. genera en su artículo (no sé cómo consigue colocar tantos en tan pocas palabras), Vd. escribe lo siguiente en un comentario:

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¿Confía de que Lutero está salvado en el cielo, después de anatemas y excomunión que recibió por la proliferación de sus herejías e infligir a la Iglesia una de las heridas más horribles de su historia?

Realmente, increíble. Increíble hasta lo bajo que se puede caer si se sigue a Francisco. Por lo demás, eso es inevitable: “Y si un ciego guía a otro ciego, ambos caerán en el hoyo.” (Mt 15, 14).

***

Veo que se ciernen momentos muy difíciles para la Iglesia. Hay rumores de que se está preparando un cambio radical en el misal Novus Ordo que efectuaría el golpe definitivo a la posibilidad de la validez sacramental del mismo. Bien informado blog italiano Anonimi della Croce (se trata de un blog editado al parecer por un par de sacerdotes con conexiones en el Vaticano) habla detalladamente sobre ello. Naturalmente, la información la tengo solamente por “noticia”, noticia por comprobar.

No obstante, las cosas encajan. El domingo pasado Francisco estuvo en la iglesia anglicana en Roma haciendo una especie de algún oficio con ellos. Entre otras cosas comentaba:

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Yo era un amigo cercano del Obispo Gregory Venables, un amigo cercano. Pero hay otra experiencia: en el norte de Argentina son las misiones anglicanas con los aborígenes y las misiones católicas con los aborígenes, y el obispo anglicano y un obispo católico más allá del trabajo en conjunto, y enseñar. Y cuando la gente no puede ir el domingo a la celebración católica va a la Iglesia Anglicana, y los anglicanos van a la católica, porque no quieren pasar el domingo sin una celebración; y trabajan juntos. Y aquí la Congregación para la Doctrina de la Fe sabe. Y hacer la caridad juntos. Y los dos obispos son amigos, y las dos comunidades han sido amigas.

Esto está en la línea de lo avanzado por el blog Anonimi della Croce: hay ya una comisión compuesta por católicos, luteranos y anglicanos que estaría trabajando en un nuevo ritual “ecuménico” que valdría (!?) al mismo tiempo para todos. Y además, Francisco sería una especie de Presidente de todas las denominaciones cristianas. En tal caso, Novus Ordo o mejor dicho su reforma no podría tener validez. ¿Os acordáis de la profecía de Daniel según la cual en la mitad de la semana será abolido el Perpetuo Sacrificio? Desde la Sede usurpada, por supuesto. En tal caso, habrá que ir a las catacumbas a celebrar la Misa católica, queridísimos.

Otro paso real y no un rumor es la celebración – la del 13 de marzo – anglicana en la Basílica de San Pedro.

Y en sintonía con todo este montaje va un descuelgue del Cardenal Coccopalmeiro en la revista con Edward Pentin en National Catholic Register supuestamente sobre la posición de Coccopalmeiro (¿o de alguien otro?) respecto a las uniones irregulares. Lo explica mediante la recurrencia a una analogía sin sentido con la “teología sacramental” aplicada a la validez o no de los sacramentos. En otras palabras, para Coccopalmeiro no es la cuestión si los sacramentos son “válidos” o no (!?):

Estaba diciendo que tenemos que reflexionar sobre las cuestiones. Decimos, todo es válido; nada es válido. Tal vez tenemos que reflexionar sobre este concepto de validez o invalidez. El Concilio Vaticano II dijo que hay una verdadera comunión aunque no sea definitiva ni plena. Verán, hicieron un concepto no tan decisivo, ni todo ni nada. Hay una comunión que ya es buena, pero faltan algunos elementos. Pero, si usted dice que algunas cosas han desaparecido y que por lo tanto no hay nada, usted se equivoca. Hay piezas que faltan, pero ya hay una comunión, pero no es la comunión plena. Lo mismo puede decirse, o algo similar, de la validez o invalidez de la ordenación. Dije que pensemos en ello. Es una hipótesis. Tal vez hay algo, o tal vez no hay nada – (se sugiere) un estudio, una reflexión.

¿De qué está hablando? De que a lo mejor hay algo que sirva como algún elemento de validez en las “ordenaciones” entre protestantes y anglicanos que harían posible que sus “ministros” celebren el mismo acto de culto con los católicos. ¿No es eso? Porque si ya de alguna manera pertenecemos todos a la “Iglesia de Cristo” (un término que aparece precisamente en Lumen Gentium nº 8) aunque todos no seamos católicos… ¿por qué no compartir el mismo culto ya que tenemos algo de esa fe común?

Se trata del típico lenguaje modernista. En la filosofía tomista, la filosofía de lo real, asumida y defendida por la Iglesia Católica, la esencia no tiene grados. O es, o no es. No existe término medio. O estás vivo o muerto. O gato o liebre. Una especie no es otra. Dios las crea distintas. Como hay hombre o mujer, Cielo o Infierno. Verdadero o falso. Si no, no podríamos ni pensar.

Para los modernistas en cambio todo es evolución. Hasta los dogmas evolucionan. De allí las palabras de Coccopalmiero. ¿Qué León XIII haya sentenciado definitivamente en la Encíclica Apostolicae Curae que las ordenaciones anglicanas son “absolutamente nulas y completamente inválidas”, qué más da? ¡Los dogmas pueden evolucionar! Total, para una necesidad…

¿Padre Fortea, Vd. va a celebrar esta “misa” que le ordene Francisco?

Padre, algún día habrá que reaccionar. Dum spiro, spero.

La liturgia católica no puede desaparecer

Luis Fernando Pérez Bustamante ha publicado un artículo significativo: “Llegamos al final de un proceso muy peligroso” en el que indica con toda claridad que la postura de Francisco respecto a la relación “ecuménica” con los protestantes va en perfecta línea con lo dicho por Juan Pablo II y Benedicto XVI, por una parte, y en total contraste con lo enseñado por los Papas preconciliares. Para la muestra sirven abundantes citas de Mortalium Animos de Pío XI, que para la mentalidad de tantos católicos de hoy pueden parecer como las de otro mundo.

Y así es. Mortalium Animos, escrita menos de cuarenta años del CVII, es realmente de otro mundo. Sí, mejor dicho, digámoslo claramente: es de otra religión. Porque si una religión está caracterizada por un conjunto determinado de doctrinas y ritos, es de constatación directa que hay más que un abismo, hay una diferencia esencial entre las doctrinas pre y posconciliares. Puede parecer que exagero, pero si nos ceñimos a los textos y su interpretación habitual, es lo que resulta.

Para salvar el problema que salta  a la vista, se ideó el concepto de “hermenéutica de la continuidad“, que en definitiva quiere decir lo siguiente: aunque los textos digan cosas contrarias, aunque B es contrario a A, hay que entender B sin contradicción con A. En sintonía con A. Que B es una aplicación de A en unas circunstancias diferentes, etc.

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Siguiendo esa línea, como por un plano inclinado y sin darnos cuenta, llegamos a unas situaciones inaguantables y hasta patéticas. En el artículo denominado “El vídeo (01/16) de Francisco y su hermenéutica” ponía de relieve también de forma plástica estas diferencias. Eché bastante mano de la mencionada encíclica Mortalium Animos de Pío XI para mostrar la contundencia de la diferencia entre estas doctrinas. Sin embargo, quedan un par de citas que Luis Fernando no menciona, y son muy esclarecedoras:

La división” de la Iglesia.

Añaden que la Iglesia, de suyo o por su propia naturaleza, está dividida en partes, esto es, se halla compuesta de varias comunidades distintas, separadas todavía unas de otras, y coincidentes en algunos puntos de doctrina, aunque discrepantes en lo demás, y cada una con los mismos derechos exactamente que las otras; y que la Iglesia sólo fue única y una, a lo sumo desde la edad apostólica hasta tiempos de los primeros Concilios Ecuménicos. Sería necesario pues -dicen-, que, suprimiendo y dejando a un lado las controversias y variaciones rancias de opiniones, que han dividido hasta hoy a la familia cristiana, se formule se proponga con las doctrinas restantes una norma común de fe, con cuya profesión puedan todos no ya reconocerse, sino sentirse hermanos, y cuando las múltiples iglesias o comunidades estén unidas por un pacto universal, entonces será cuando puedan resistir sólida y fructuosamente los avances de la impiedad…

 Otros en cambio aun avanzan a desear que el mismo Pontífice presida sus asambleas, las que pueden llamarse “multicolores”

  1. La Iglesia Católica no puede participar en semejantes uniones.

Siendo todo esto así, claramente se ve que ni la Sede Apostólica puede en manera alguna tener parte en dichos Congresos, ni de ningún modo pueden los católicos favorecer ni cooperar a semejantes intentos; y si lo hiciesen, darían autoridad a una falsa religión cristiana, totalmente ajena a la única y verdadera Iglesia de Cristo.

Resumiendo, lo que subyace en la diferencia entre las doctrinas pre y posconciliares en el tema del ecumenismo, es la idea que se tiene sobre la Iglesia. Antes, la Iglesia Católica era la Única Iglesia de Cristo, aquella misma que Cristo fundó. Los que se llamaban cristianos pero no eran católicos se llamaban, según el caso, herejes o cismáticos.

El posconcilio ahonda en la idea que se dejó incubar en el Concilio, a saber: lo que prima es el ecumenismo, la búsqueda de una unidad que todavía ha de realizarse. La Iglesia propiamente está formada por todos que se reconocen cristianos, y tampoco está excluida, al menos implícitamente, la pertenencia de los “buenos” de cualquier credo o sin él.

Este concepto de la “Iglesia” necesariamente lleva a prescindir de la precisión de las definiciones y claridad en las doctrinas. Porque todo ello resalta las diferencias. El que use el método escolástico de definición-cuestiones-tesis-respuesta-argumentación está mal visto y calificado de “radical” o “exagerado” en el mejor de los casos. Por lo tanto las ideas de estar en sintonía con  la “tradición apostólica” o la “tradición divino apostólica” o simplemente la Tradición irritan en el fondo al sector modernista pero nunca las atacan de frente. Porque no pueden, y además dejarían en manifiesto sus intenciones. Su estrategia es esta: ridiculizar lo “antiguo”, y proponer lo “genuinamente evangélico”. Ellos actúan como el que quiere decir: “veis, vosotros no habéis caído en esto, pero lo que nosotros hacemos es un verdadero progreso y soplo del Espíritu Santo”.

Expondremos en un par de ejemplos lo increíblemente astutos que saben ser por un lado, y descaradamente crueles para con la fe y todo lo sagrado cuando pongan su rodillo en acción. Cuando ya se ponen nerviosos saben ser muy poco finos.

Primer paso, el primer gran cambio: la mención de San José en el Canon (1962).

Desde 1815 se intentó varias veces incluir el nombre de San José en el Canon de la Misa. Tal propuesta siempre fue rechazada por el Santo Oficio. ¿Y por qué, cuál era la razón para esa negativa, que incluso podría parecer una falta de devoción al Santo Patriarca, el Patrón de la Iglesia? ¿No lo proclamó el Papa León XIII como Santo Patrón de la Iglesia universal? ¿Y cómo que ese mismo Papa no admite que se lo nombre el Canon? ¿No es raro eso?

¿O es, por el contrario, muy significativa esa negativa? Veamos por ello en primer lugar las razones por las que no se mencionaba San José en el Canon desde siempre. La composición del Canon Romano de la Misa se pierde en el tiempo. Aparece tal cual lo tenemos hoy en los primeros misales escritos por allá en el siglo IV. Posiblemente si no fuera por las persecuciones podíamos haber tenido copias escritas del mismo ya en tiempos apostólicos del siglo primero, pero los Pastores cuidaban que el misterio más sagrado del cristianismo no cayera en las manos de los infieles para su profanación (el Cuerpo y la Sangre del Señor lo son más que la Escritura Santa; en la Eucaristía está substancialmente su autor, no solamente la gracia sino el mismo que la da); lo cual hizo que con la legalización del cristianismo ya pudieron aparecer los primeros misales.

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Este Sacrosanto Canon, pues, es de la Tradición Divina como enseñaron Santo Tomás (Suma, IIIª c.78 a.3 ad. 9), San Alberto Magno y el Papa Inocencio III, es decir derivan de la tradición del Señor legada a la Iglesia a través de los apóstoles. ¿Cómo será de santo este Canon, que como dirá San Pío V en Quo Primum Tempore, cuando la forma de sus palabras la recibieron de Cristo sus Apóstoles y de estos, sus sucesores? Por todo ello este Canon permanece invariable durante siglos y siglos, y no incorporó jamás la mención a San José… porque sus sagrados autores no lo hicieron.

¿No tenían los Apóstoles la devoción al Santo Varón? Sinsentido. Toda página del Evangelio era oro molido para ellos – era la vida del Señor con el que convivieron y cuyas enseñanzas las recordaba el Espíritu Santo – y la santidad del Santo Patriarca no podía pasar desapercibida. Y, con todo ello, los Apóstoles enseñados por el Señor no introducen a San José en el Canon.

¿Cuál era, entonces, el criterio para la composición del Canon de la Misa?

La Memoria de los Santos invoca en primer lugar a Nuestra Señora, para seguir con 24 Apóstoles y mártires: los Doce Apóstoles (con el particular de que San Pablo está entre los Doce, mencionado justamente después de San Pedro) y luego 12 Mártires de la temprana Iglesia Romana, entre los que se encuentran los primeros sucesores de San Pedro: Lino, Cleto, Clemente, Sixto, Cornelio, Cipriano, Lorenzo, Crisógono, Juan y Pablo, y Cosme y Damián (luego sigue: “y de todos tus Santos, por cuyos méritos y ruegos dígnate concedernos que seamos fortalecidos en todas nuestras cosas con el auxilio de tu protección. Por el mismo Cristo…”).

Se trata de un eco intencional de la visión de la corte celestial descrita por San Juan, en la cual el Apóstol y Evangelista ve a la Mujer vestida de sol, y el coro de 24 ancianos delante del trono de Dios rindiéndole el culto. Introducir a San José oscurecía la motivación e imagen bíblica, y disturbaba la componente poética de la oración.

Encontramos otro comparable balance poético en la invocación posterior del Canon Romano (en “Nobis quoque peccatóribus,…” – “También a nosotros, pecadores siervos tuyos,…”), que empieza con San Juan Bautista, el último profeta del Antiguo Testamento y heraldo del Mesías, corona del tiempo de la espera y nexo con el tiempo de plenitud de gracia; le sigue la lista de 14 mártires: siete hombres y siete mujeres (¡vaya con el tiempo de machistas retrógrados, cómo se les ocurre mencionar a las mujeres!): Esteban, Matías, Bernabé, Ignacio, Alejandro, Marcelino, Pedro, Felicidad, Perpetua, Águeda, Lucía, Inés, Cecilia, Anastasia.

De modo que, antes de la consagración teníamos la invocación de Nuestra Señora seguida de 24 (12 x 2) Apóstoles y Mártires, y después de la parte culminante de la Misa seguía la invocación de San Juan y a continuación de 14 (7 x 2) de apóstoles y mártires. Pero añadiendo a San José, la primera lista queda precedida de dos poderosos santos – perdiendo la analogía con la imagen bíblica de la Mujer vestida de sol, pero la segunda solamente sería precedida por un santo mártir. De forma que la simetría poética del Canon, anteriormente presente – la Liturgia tiene que ser expresión de sublime belleza ya que es culto a Dios, Belleza en sí -, quedaría perdida.

Pero la cuestión principal aquí no es si el Canon puede ser modificado de esta forma – entiendo que este cambio no afecta la validez, pero es desagradable por atreverse con la parte esencial de Misa hasta tal punto que ninguno de los grandes Papas del XIX y XX se atrevió tocarlo a pesar de solicitudes para tal añadido -, sino para qué se utilizó esta inserción. La idea que se transmitía con este movimiento era que… ¡ni el Canon puede evitar ser reformado! Si la parte más sagrada de la Misa pudo haber sido retocada en nuestro tiempo, ¿cómo no se podrá proceder con todo lo demás? Por eso al cabo de siete años llegará la Instrucción General del Misal Romano acompañando el Novus Ordo Missae.

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Pienso que esta maniobra con la inclusión de San José en el Canon ha sido una de las obras maestras de los modernistas por excelencia.

* Recordemos, en cuanto  lo de “modernistas”, que Roncalli, futuro Juan XXIII, fue investigado ya como seminarista por las lecturas sospechosas y en concreto de las obras del filósofo sincretista Steiner; convoca un Concilio con unos peritos más que sospechosos, etc.; al margen de ello, el equipo que llevaba la reforma litúrgica estaba marcado por el modernismo. Bugnini estaba completamente operativo bajo Juan XXIII; fue nombrado Secretario de la Comisión preparatoria para la liturgia del CVII. No obstante, en aquel entonces todavía encontraba resistencia significativa. El mismo Presidente de la mencionada Comisión fue el Cardenal Gaetano Cicognani, que ocupaba el cargo del Prefecto de la Sagrada Congregación de Ritos. Un hombre conservador y nada dado a las innovaciones. Bugnini hacía y deshacía bajo su sombra hasta que consiguió presentar para su aprobación al Cardenal Cigognani el esquema de la Constitución Sacrostantum Concilium – Declaración Conciliar sobre la Liturgia, en el que abogaba por introducir las propuestas para el uso de los idiomas vernáculos en la Liturgia. El esquema le fue presentado el 22 de enero de 1962, algo a lo que el Cardenal se resistía, pero finalmente firmó el 1 de febrero siguiente, “con lágrimas en los ojos”, según su propio testimonio. No sabemos por qué firmó finalmente, pero no nos consta la oposición de Juan XXIII a este proyecto. Lo que parece es que el Cardenal fue tan afligido que murió cuatro días después de la firma.*

El vernácula de por sí no invalida la misa, pero muestra uno de los avances significativos de los modernistas. Todavía Bugnini tenía opositores muy importantes en el Vaticano; así será el nuevo Presidente de la Comisión – el Cardinal Arcadio Larraona – que ni más ni menos echará a Bugnini del puesto del Secretario, y de la Comisión misma. Larraona era un hombre de visión conservadora e intentó neutralizar el trabajo de Bugnini. Consideraba que la Constitución Apostólica de Juan XXIII sobre el uso del latín, Veterum Sapientia, era un acercamiento a los liturgistas que querían introducir el vernácula en la liturgia. Procedió con diligencia formando un comité secreto para el propósito de cambiar el esquema presentado por Bugnini. Al frente del comité puso al Padre Joseph Löw, que murió repentinamente el 23 de septiembre de 1962, algo que según Bugnini “confundió la oposición” (Bugnini, La Reforma Liturgica, p. 38).

Cardenal Larraona no se fiaba de Bugnini ni lo más mínimo: lo despide de su puesto de profesor de liturgia en la Pontificia Universidad Lateranense y del trabajo en la Pontificia Universidad Urbana. Las razones de tales decisiones, según el mismo Bugnini otra vez (RL, 41), fueron que Cardenal Larraona lo consideraba un “progresista, fanático e iconoclasta”. Impresiona, ¿verdad? Pero no estaba solamente Bugnini. Con él solo no se hace todo, y sus ideas no estaban solamente suyas, sino en parte absorbidas por no pocos padres conciliares. Finalmente, la Constitución Sacrosantum Concilium fue aprobada en 1963, tiempo en el que murió Juan XXIII. Al trono pontificio subirá Giovanni Battista Montini – Pablo VI, protegido de Juan XXIII – lo elevará al cardenalato impidiendo esto en su tiempo Pío XII a pesar de ocupar la sede de Milán, amigo de Cardenal Bea y amigo de Bugnini. La agresión a la Misa tomará nuevas dimensiones.

Pero otra vez, ahora con algo más de profundidad, tenemos que retornar al pasado próximo y no tan próximo del CVII, con el fin de comprender la postura y los orígenes del pensamiento de Montini y de otros modernistas que aúpa.

Dom (Padre) Prosper Guéranger (1805-75) era un benedictino francés quien restaura el monaquismo benedictino en Francia posrevolucionaria. Se le considera iniciador del Movimiento Litúrgico, ortodoxo por excelencia en sus orígenes y después, hasta primera décadas del s. XX. Su Abadía de Solesmes llegó a ser el centro para el estudio y promoción de la Sagrada Liturgia. Así tiene lugar el libro-manual en varios volúmenes titulado El año litúrgico. Este libro alcanzó enorme popularidad y todavía se imprime de vez en cuando. Sin duda alguna, no se le puede recomendar lo suficiente cómo de bueno, instructivo y sublime es este libro -el padre de Santa Teresita de Niño Jesús solía leerlo en voz alta a su mujer e hijas.

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[Dom Prosper Guéranger]

Pero su Institución Litúrgica (1840) es considerado punto clave en la historia de estudios litúrgicos. En esa obra Guéranger condena la “herejía antilitúrgica”, que se caracterizaba por el “odio al latín, falsas referencias a la antigüedad, invención de nuevas fórmulas, principios contradictorios, etc.”. Es decir, él ya ve en su origen los motivos de las críticas de los tradicionalistas a los cambios e innovaciones posconciliares, facilitadas para estas – no necesariamente de modo explícito – el camino en Sacrosantum Concilium.

A pesar de todo, y como el demonio no descansa ni tiene día ni noche, en las primeras décadas del s. XX el Movimiento Litúrgico emprende otra y heterodoxa deriva con los trabajos de Lambert Beauduin, Ildefons Herwengen, Odo Casel, Romano Guardini, Pius Parsch y otros que lo llevan hacia el falso ecumenismo, modernismo teológico (inmanentismo y la evolución dogmática), antigüismo litúrgico, vernacularismo, ideas peligrosas sobre la Iglesia y la Presencia Real y experimentación litúrgica. En los umbrales de la segunda guerra mundial el movimiento litúrgico estaba en manos de los modernistas teológicos.

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Conferencia: La importancia de la “Humani Generis” y al doctrina tradicional de la creación: La necesidad, ante la crisis de fe en estos momentos, de mantener la doctrina tradicional de la creación del Concilio Lateranense IV, Concilio Ecuménico Vaticano I y la Encíclica “Humani Generis“, de valor en alza, reforzada por los avances científicos contemporáneos, ajenos a los prejuicios pseudocientíficos de antaño.

¿Por qué tanto interés de los modernistas por la liturgia? Después de la fuerte intervención de San Pío X en contra del modernismo al principio del s. XX, estos se replegaron y no pudieron públicamente exponer sus extravíos sin ser amonestados o desplazados de sus puestos. Optaron por la vía “inversa” del adiaggio certero que siempre rige: lex credendi, lex orando. Decimos “a la inversa”, porque cambiando la lex orandi, sabían que debe cambiar a la fuerza la lex credendi. Es decir, esperaban que mediante el cambio de la forma de culto se produzca el cambio en el pensar; en la mentalidad y en pensar de los creyentes. Sabían que entonces deberá existir y ser asumida una nueva doctrina acomodada al nuevo culto.

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En definitiva, introducir nueva forma de pensar por la puerta de atrás.

En Alemania por ejemplo, nada menos que se aprovecha la guerra mundial para proyectar planteamientos litúrgicos modernistas. El ala conservadora (presentada por el Arzobispo Conrad Groeber de Freiburg) reacciona inmediatamente: denuncian ante la Santa Sede en 1942 al Movimiento Litúrgico de promocionar el uso del vernácula, exagerando el sacerdocio común de los laicos, incorporando ideas dogmáticas protestantes, adoptando visión modernista de fe como experiencia, por negligente teología dogmática, prefiriendo sistemas filosóficos modernos y por promocionar arqueologismo litúrgico.

Pío XII interviene con decisión. Publica dos encíclicas que muestran con claridad la doctrina católica al respecto: Mystici Corporis (1943), sobre la naturaleza de la Iglesia, y Mediator Dei (1947) sobre la sagrada liturgia. Todos los errores y desviaciones que asaltaban la fe y su culto fueron señalados y neutralizados magisterialmente. Pero…

El efecto de estas encíclicas fue similar a la de Pascendi escrita cuarenta años antes por San Pío X: de contención de la heterodoxia durante unos años, hasta que las fuerzas enemigas no consiguieron reagruparse y realizar otra embestida.

Así que durante la década de los 50 del siglo pasado entran en la escena las obras de los más destacados liturgistas progresistas que marcarán el espíritu de la reforma litúrgica durante y después del Concilio: Josef Jungmann y Louis Bouyer. Señalaremos lo esencial de sus aportaciones; en lo que ocurre hoy con la liturgia Novus Ordo y lo que estaba presente durante las décadas de la nefasta aplicación de la consecuente reforma litúrgica, quedará como fiel reflejo de sus tesis.

En su obra La Misa del Rito Romano (1948) – una extensa y especializada obra de mil páginas -, Jungmann traza decididamente sus líneas de pensamiento principales que resumimos en los siguientes conceptos:

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[Josef Jungmann: “El sacerdote no toma el lugar de Cristo en la Misa, sino es el servidor de la comunidad.]

  • Teoría de corrupción en la Liturgia, según la cual la Misa Tradicional es un alejamiento de los primitivos ideales litúrgicos.
  • Liturgia pastoral, la cual persigue remodelar la misa para que pueda servir de encuentro con las necesidades del hombre contemporáneo.

Pero estos conceptos son contradictorios en sí mismos porque por un lado busca restaurar la liturgia en su “esplendor primitivo”, y por otro “adaptarla a las percibidas necesidades del hombre moderno”. El resultado será un desastre total, porque invocando ahora un principio, ahora otro contradictorio permitirá de facto introducir cualquier cambio imaginable. En definitiva será la idea de “cambio” la que servirá de guía, en función de la empresa de cambio se invocará la liturgia primitiva o las costumbres del hombre actual. En la Iglesia primitiva las mujeres “no podían enseñar”, llevaban el velo durante los actos de culto y todos estimaban en alto la práctica del ayuno, etc.; estas cosas hoy, invocando la sensibilidad del hombre moderno no son aceptadas sin más. Finalmente lo que resulta de la aplicación de principios contradictorios será un acomodo a las ideas preconcebidas. Estas mismas se justificarán una vez por la “práctica primitiva”, otrora por la “necesidad imperante”. Una consecuencia de estos planteamientos será la visión de la “misa como clase”.

Piedad litúrgica (1954) fue la obra de Louis Bouyer, otro libro que servirá de inspiración y fundamento teórico de la reforma litúrgica. Dos importantes conceptos que desarrolla Bouyer con el fin de aplicarlos a la Misa eran:

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P. Louis Bouyer

  • La Teología de la Asamblea. Esta teología desembocará en la primera definición oficial de Novus Ordo Missae del 1969. En esa Instrucción del Misal Romano la Misa se definía – con radical desviación respecto a lo que es la Misa católica – como la “asamblea sagrada”. Fue esto junto con otros distanciamientos respecto a la teología de la Santa Misa lo que impulsará a Cardenales Ottaviani y Baci intervenir con el Breve examen crítico. La definición cambiará, pero la estructura del Novus Ordo quedará intacta. Según esta teología, en definitiva, será la asamblea en la que se manifiesta Cristo; de forma que la máxima expresión del culto católico se tomará una nota antropocéntrica, centrada en el hombre y en la asamblea.
  • Otras “Presencias Reales”. En estrecha conexión con lo anterior. Si Novus Ordo no deja claro que la Misa es el Sacrificio del Calvario incruentamente renovado sobre el altar, y sin embargo acentúa el concepto de la asamblea, hasta llegar a aquella definición primera, es lógico que deben aparecer otras “presencias reales”. Es cierto que Jesús está presente entre los fieles reunidos, por la proclamación de su Palabra, etc., pero esta presencia no es substancial como en el caso del Augusto Sacramento del Altar. Por lo tanto, hablar de ello usando el mismo término devalúa por inflación la noción crucial de la Presencia Real aplicada al Cuerpo y la Sangre del Señor presentes por el misterio de la transubstanciación.

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Jungmann y Bouyer eran teóricos, teólogos y liturgistas progresistas que hicieron que sus ideas tomen cuerpo primero en el trazado de la Constitución conciliar Sacrostantum Concilium, para luego concretarse de forma efectiva en la reforma litúrgica de modo definitivo a partir del 1969. Pero también los miembros de alta jerarquía se lanzaron al ruedo. El ejemplo insigne era Giovanni Battista Montini, futuro Pablo VI, que siendo arzobispo de Milán (Pío XII no le permitió ser cardenal, a pesar de que la sede milanesa tradicionalmente contaba con un nombramiento cardenalicio. Ese nombramiento lo hará Juan XXIII; Montini podrá ser elegido Papa.) escribe la carta pastoral Formación Litúrgica para la cuaresma del 1958. En ella cita a Guardini, Jungmann y Bouyer. Se dejan ver sus ideas: el latín es un obstáculo para los fieles, el hombre moderno necesita (¿Los fieles de los años 50 pedían la reforma litúrgica? No, la pedían los liturgistas progresistas.) comprender la liturgia (¿no era suficiente explicarles el significado de cada gesto, palabra y acción?). Es decir, se trata de corregir la corrupción del ideal original. O sea, el ataque de falsa bandera. “La liturgia, celebrada de forma viva, ha sido durante siglos la principal forma de arte pastoral”. Montini usa especialmente la jerga de Bouyer: “la atención debe ser puesta a la asamblea litúrgica”, incluso cita un párrafo entero de su Piedad Litúrgica.

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[L. Bouyer: La descomposición del catolicismo.  Al final de este libro anuncia la muerte del Catolicismo, el cual entendía como la característica militar de la Iglesia Católica. “En cuanto a lo que se llama ‘Catolicismo”, la palabra que únicamente aparece, si no estoy equivocado en el siglo XVII, si es entendido como un sistema artificial falsificado por la Contra Reforma y endurecido por los golpes represivos contra el Modernismo, entonces es mejor que muera este sistema.” ]

¿Cómo pudo Pío XII consentir estos posicionamientos? Ya desde 1954 estaba gravemente enfermo, incluso su médico temía por su vida ese mismo año. Lo cierto es que el Papa reconoció que durante su reinado la Iglesia tenía muchas ratas colocadas en sus muros – ver por ejemplo las condenas de la “nueva teología” en Humani Generis, o alocución dos años antes de su muerte al Movimiento Litúrgico el Congreso Litúrgico de Asís de 1956 -, y gente reformista con cabeza agachada era ya una legión. Lo mejor hubiera sido mandar de paseo y despedir del sacerdocio a toda una pléyade como Schillebeeckx, Congar, de Lubac, Rahner, Balthasar, Murray. Porque esta gente tenía su protección en Roncalli, Montini, Agostino Bea y a la muerte de Pío XII serán precisamente estos los que arrasen en el Concilio… pero ahora es más fácil verlo.

 Fuere como fuere, la doctrina de Pío XII era clara y a sus espadas se preparaba el asalto fatal.

***

Volvemos ahora otra vez a la inclusión de San José en el Canon de la Misa (noviembre del 1962). Desde la perspectiva de lo arriba brevemente repasado, teniendo en cuenta qué gente y qué teología estaba detrás, se ve en totalmente otra luz aquel cambio: su mensaje era de que si el Canon está levemente tocado – pero en definitiva cambiado -, todo lo demás también podrá serlo.

 Y así ahora examinaremos lo más sagrado del Canon (naturalmente nos quedan para otras ocasiones muchos otros cambios a considerar, pero esto es de capital importancia): las palabras de la Consagración en la Misa Tridentina y en el Novus Ordo Missae.

Nota: las palabras esenciales de la consagración van en las mayúsculas en los dos casos.

Misa Tridentina:                                                      

Pues Él, el día antes de padecer, tomó pan en sus santas y venerables manos, y elevados los ojos al cielo, a Ti, Dios, Padre suyo omnipotente, dándote gracias, los bendijo, lo partió y se lo dio a sus discípulos diciendo: Tomad y comed todos de él.                                   

PUES ESTO ES MI CUERPO.                                        

De modo semejante, después de haber cenado, tomando también este precioso cáliz en sus santas y venerables manos, dándote igualmente gracias, lo bendijo y lo dio a sus discípulos diciendo: Tomad y bebed todos de él.

                                                                                                                                                                          PUES ÉSTE ES EL CÁLIZ DE MI SANGRE DEL NUEVO Y ETERNO TESTAMENTO: MISTERIO DE FE: QUE POR VOSOTROS Y POR MUCHOS SERÁ DERRAMADA PARA LA REMISIÓN DE LOS PECADOS.                                 

Cuantas veces hagáis estas cosas, las las haréis en memoria de Mí.

Novus Ordo Missae:

El cual, cuando iba a ser entregado a su Pasión, voluntariamente aceptada, tomó pan, dándote gracias, lo partió, y lo dio a sus discípulos, diciendo:

TOMAD Y COMED TODOS DE ÉL, PORQUE ESTO ES MI CUERPO, QUE SERÁ ENTREGADO POR VOSOTROS. 

Del mismo modo, acabada la cena, tomó el cáliz, y, dándote gracias de nuevo, lo pasó a sus discípulos, diciendo:

TOMAD Y BEBED TODOS DE ÉL, PORQUE ÉSTE ES EL CÁLIZ DE MI SANGRE, SANGRE DE LA ALIANZA NUEVA Y ETERNA, QUE SERÁ DERRAMADA POR VOSOTROS Y POR TODOS LOS HOMBRES PARA EL PERDÓN DE LOS PECADOS. HACED ESTO EN CONMEMORACIÓN MÍA.

Éste es el Sacramento de nuestra fe.

T: Anunciamos tu muerte, proclamamos tu resurrección, ¡Ven, Señor Jesús!

Si alguna vez se tocaba este tema en la catequesis conciliar, se decía que la misa de antes “no la entendía mucha gente”, que “era triste” y de allí sacaba uno la conclusión que no era para la “gente de hoy”, y: “¡qué sabiduría, y cómo se nota la acción del Espíritu Santo en la Iglesia cuando los pastores nos dieron este nueva misa!”, y más cosas como estas. Pero por supuesto, que la misa de antes y esta “son una misma misa, solamente que hubo cambios accidentales a los que la Iglesia tiene derecho”.

Vamos a ver estos cambios “accidentales”, a ver si es verdad lo que dicen.

A primera vista, aquí hay cambios importantes, y si las palabras en mayúscula son esenciales, aquí de facto hay cambios tremendos. Pero no es solamente eso, el cambio de las mismas palabras esenciales: además es la forma, contexto – no solamente el modo – en la que se dicen.

Pero empezaremos por lo primero: por los cambios digamos materiales en las palabras. Estos cambios se pueden clasificar en tres grupos:

  • Hay palabras que en Novus Ordo son esenciales, y antes no lo eran. Eso quiere decir que hay cambio en el criterio aplicado a las palabras esenciales.
  • Hay palabras en el Novus Ordo añadidas respecto a la Misa Tridentina, es decir, que antes no estaban.
  • Hay palabras de la Misa Tradicional que son eliminadas en el Novus Ordo.

Veamos esto punto por punto:

1) La frase: “Tomad y comed todos de él.”, pero sin punto (lo comentaremos más adelante) de la Misa Tridentina ahora está incorporada entre las palabras esenciales del Novus Ordo.

La frase (pero en vez del punto va la coma, lo comentaremos más adelante): “Tomad y bebed todos de él.” de la Misa Tridentina, también está añadida a las palabras esenciales en el Novus Ordo.

2) “Haced esto en conmemoración mía.” Esta frase ni estaba antes al final de las palabras de consagración; ahora no solamente que están, sino son esenciales.

Las palabras: “Que será entregado por vosotros”, antes ni siquiera existían, y ahora forman parte de las palabras esenciales.

No hay dejar pasar la incorrecta traducción de “pro multis” por “por todos los hombres”, algo que ya hemos abordado anteriormente en otro artículo.

Éste es el Sacramento de nuestra fe.”, está completamente añadido – y muy relacionado con el punto 3). Igual que la aclamación, ¡ojo, algo muy importante!, de Todos (del sacerdote y de los fieles a la vez): “Anunciamos tu muerte, proclamamos tu resurrección, ¡Ven, Señor Jesús!

3) “Cuantas veces hagáis estas cosas, las haréis en memoria de Mí.”, no está en el Novus Ordo.

Y algo muy importante: las palabras esenciales de la Misa Tridentina “MYSTÉRIUM FÍDEI” (MISTERIO DE FE), han sido eliminadas del Novus Ordo. Teniendo en cuenta que en la Misa Tridentina estaban insertadas entre otras palabras esenciales. Ahora parece que están (en la aclamación no esencialEste es el Sacramento de nuestra fe”), pero en efecto estas palabras no tienen el mismo significado.

Ahora pasamos a analizar el significado de todos estos cambios. Otra vez tenemos que ser escuetos, porque los cambios son de tal naturaleza y tal envergadura que requieren, yo calculo que unas treinta páginas de texto para mostrarlos con suficiente detalle y alcance que se merecen. Pero, al menos procuraremos no faltar a lo esencial en esta reflexión.

Acabamos de señalizar las diferencias materiales entre las palabras de consagración. Falta por ver, ¡y es algo de tremenda importancia!, las diferencias del contexto en el que se dicen. O si se prefiere, analizaremos su verdadero significado.

Antes que nada debemos acentuar que el sólo cambio material, un único cambio material como podría ser incluso una coma o un punto – no exagero – respecto a lo establecido para siempre y codificado en firme por San Pío V, ya es un enorme problema; un “problema” creado, porque simplemente había que y hay que dejar la Misa tal y como es.

Pero siguiendo a Santo Tomás, la cuestión de validez emerge entre otras cosas en cuanto se toca el significado de las palabras. Y aquí el significado está afectado por los cambios materiales en las palabras, el lugar en el que aparecen, y lo muy importante: por el contexto y el modo en las que se dicen. Si se introducen cambios materiales en las palabras (lo diremos de otro modo: si se utilizan otras palabras), o estas se cambian del lugar o se eliminan como hemos dicho, aparece otra cosa.

Cualquiera que compare estos dos textos de la consagración, podrá notar a primera vista que en el Novus Ordo hay un estilo narrativo; es una historia que se lee. Es recordar lo que se dijo en la Última Cena. Eso salta a primera vista. Por lo tanto, existe una posibilidad de interpretar ese texto en ese sentido. Algunos objetarán: “pero se le puede aplicar el sentido católico y sacramental a este texto”. Esa consideración lleva directamente a otra cuestión, la de la validez ligada a las intenciones del ministro en ese caso. Esto lo comentaremos más adelante. Pero en cuanto el modo narrativo de las palabras de consagración (por cierto, las palabras de consagración en la primera Instrucción General del Misal Romano no estaban indicadas como tales, sino precisamente como “narración de la institución”. En la última IGMR van indicadas como “Narración de la institución y consagración”) los Cardenales Ottaviani y Bacci hicieron constar en su Breve Resumen Crítico del Novus Ordo (en inglés se traduce por La intervención de Ottaviani), un análisis del Novus Ordo realizado por varios teólogos más clásicos y mejor preparados con los que contaba el Santo Oficio presidido por Ottaviani, ponen de manifiesto que:

En el Novus Ordo Missae, y particularmente en lengua vernácula, el contexto en el cual se dicen las Palabras de la Consagración puede ser comprendido con la mayor facilidad como siendo «histórico». Es decir, según repite el sacerdote las palabras adscritas a Cristo, y sin «menoscabar» en modo alguno su privilegio, el contexto es tal que él puede comprenderlas como parte de la «Narración de la Institución», como un volver a contar la historia de lo que aconteció hace alrededor de dos mil años.

La gravedad de este cambio lo señalan una vez más los mismos autores:

El modo narrativo es enfatizado ahora por la fórmula ‘narratio institutionis’ (nº 55d) y repetido por la definición de la anamnesis, en la cual se dice que ‘La Iglesia recuerda la memoria de Cristo mismo’ (nº 556).

Brevemente: la teoría adelantada por la epiclesis, la modificación de las palabras de la Consagración y de la anamnesis, tienen el efecto de modificar el modus significandi de las palabras de la Consagración. Las fórmulas consagratorias son pronunciadas aquí por el sacerdote como los constituyentes de una narrativa histórica, y no ya enunciadas como expresando el juicio categórico y afirmativo emitido por Aquel en cuya Persona el sacerdote actúa: ‘Hoc est Corpus Meum’ (no ‘Hoc est Corpus Christi’)”.

¿Y cómo deben ser dichas estas palabras en la Misa Católica, cómo las debe decir un sacerdote católico? Como el que presta la voz a Jesucristo para que aquí y ahora, de forma actual, se realice lo que estas palabras significan. Por eso en la Misa Tridentina el sacerdote, en la consagración del pan por ejemplo, dice las palabras esenciales de modo totalmente separado del resto, acompañadas estas con el gesto correspondiente de profunda inclinación y hablando en voz baja, como corresponde a la mayor, más excelsa y más sagrada acción que tiene lugar bajo el cielo.

Los que asisten a la Misa Tradicional pueden percibirlo por los ojos. Incluso en las épocas de mucho analfabetismo cualquier fiel podía notar que allí estaba ocurriendo un acto más sublime de cuantos existen. Todo lo que acontecía estaba enfocado claramente a una cosa: al Sacrificio que se actualiza en el altar. Desde la entrada del sacerdote, desde que subía al altar diciendo oraciones por las que pedía a Dios ser digno de celebrar un misterio tan excelso, pasando por numerosas genuflexiones, signos de la cruz, golpes de pecho, inclinaciones profundas ante el Amor que se derramó por medio de tanto sufrimiento. Y cuando venía el Canon, el alma se estremecía del temor sagrado.

Eso era la Misa. Y sigue siendo, allí donde se conserva este Tesoro impagable, la no hechura de las manos humanas. ¿Y qué de la Misa de Pablo VI? Al final diré unas palabras al respecto. Me falta abordar sucintamente la eliminación de las palabras “Mysterium Fídei” del Canon.

Como vemos, han sido removidas de las palabras de Consagración sobre el cáliz y ahora colocadas como introducción de Aclamación Memorial insertadas en medio de la Oración Eucarística; eso sí, en español traducidas como (¡?) “Éste es el Sacramento de nuestra fe.” (¿Cómo se pueden traducir así, o autorizar siquiera traducción como esta? En otros idiomas se puede ver perfectamente “Misterio de fe”. En original en latín de Novus Ordo sigue como “Mysterium Fídei”. El hecho de autorizar tales traducciones como válidas desde el Vaticano indica a lo que puede llevar la supresión del uso de latín en la liturgia, aparte de todo lo demás.) A esto se junta que la Aclamación la dicen todos, el sacerdote y los fieles. ¿Acaso la misa es la acción de la asamblea? ¿Acaso no hay diferencia entre el sacerdocio ministerial y común? En este detalle, como en tantos otros, se puede notar un aire de protestantización: como si el sacerdote fuera solamente uno que dirige la comunidad. La realidad y doctrina católica son en cambio otra: sin el sacerdote no hay misa, aunque haya no sé cuántos fieles; sin los fieles y con el sólo sacerdote sí hay misa. Porque el sacerdocio ministerial es sustancialmente otra cosa respecto al sacerdocio común de los fieles; y eso se tiene que notar en la lex orandi de la Iglesia.

¿En qué se basa Bugnini, entonces, para eliminar esta frase? ¿Cuál es profundo motivo de su gran erudición? Venga, que tu sabiduría nos ilumine. Y aquí está: la respuesta viene muy clara en sus memorias, que es un libro muy clarificador titulado “La reforma liturgica”. Señala como motivo principal el no encontrarse esas palabras en los relatos evangélicos sobre la institución de la eucaristía. Es decir, la frase “no es bíblica”.

Lo cual es típica y barata objeción modernista. Vaya con ellos y lo “bíblico”. Porque cuando les plazca, lo reclaman. Pero cuando deben mantenerse fieles a la interpretación de las Escrituras según los Padres y la interpretación tradicional de pasajes incómodos, se olvidan, pero corriendo, de lo “bíblico”. Pero naturalmente, el motivo principal de la eliminación de esta frase de las palabras de Consagración se desprende de lo que defienden: el estilo y sabor narrativo que han impuesto en la Consagración (o “la narración de la institución”). Si yo voy a dejar la nota del modo narrativo, ¿para qué romperlo insertando esa frase justo por la mitad?

No piensa Bugnini y los suyos, ni les importa por lo visto, que esta frase ha ido formando parte de los misales durante siglos tal y como lo recogió final y formalmente el Concilio de Trento. Dirá por ello el excepcional liturgista Adrian Fortescue de la época dorada del Movimiento Litúrgico (final XIX comienzo XX):

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[P. Adrian Fortescue, 1874 – 192. Entre 1899 y 1905 pasó exámenes de doctorado en Teología Moral, Dogma, Historia Eclesiástica, Derecho Canónico, Árabe y Ciencias Bíblicas-pasando el examen en lenguas semíticas con gran distinción, un logro excepcional. El 10 de junio de 1905 se le otorgó el grado de Doctor en Divinidad, convirtiéndolo en el muy raro receptor de un triple doctorado. El nivel de sus conocimientos era tan excepcional que le concedieron un premio presentado personalmente por el emperador Francisco José I de Austria.

También fue un conocido aventurero, viajando a Oriente Medio, Asia Menor y Grecia, entre otros lugares. En el proceso, él aprendió el árabe sirio, algo turco, y persa (ya hablaba con fluidez en griego durante sus estudios académicos). Colaboró con la Enciclopedia Católica en numerosos artículos.

En el momento de su muerte, Fortescue era profesor de la historia de la iglesia en la universidad del St. Edmund, Ware, la escuela católica más vieja en Inglaterra.]

Las plegarias de nuestro Canon se encuentran en el tratado De Sacramentis (siglos IV-V)… Nuestra Misa se remonta, sin cambios esenciales, a la época en la cual se desarrolló por primera vez a partir de la liturgia común más antigua. Todavía conserva la fragancia de aquella primitiva liturgia, en los tiempos en que el César gobernaba el mundo y esperaba extinguir la fe cristiana: tiempos en que nuestros primeros padres se juntaban antes del alba para entonar un himno a Cristo como a su Dios… (cf. Pl. Jr., Ep. 96)… No hay en toda la cristiandad un rito tan venerable como el del Misal Romano.

La mentalidad católica es pues bien diferente: algo puesto solemnemente por la Iglesia en el corazón de los más sagrados actos de la Iglesia, no se toca. Se venera y se custodia con sumo celo.

No obstante, vamos a aportar también los argumentos teológicos a favor de la inclusión de esta frase en la Consagración. Por ello, ¿cuál es la historia y el significado de Mysterium Fídei? Estas palabras no las encontramos en los correspondientes relatos evangélicos. Porque el acto litúrgico no es simplemente la repetición de algunos textos de la Escritura (aunque buena parte de la liturgia es de la Escritura). La Liturgia es anterior a la Escritura del Nuevo Testamento. Recordemos lo que dice San Pablo a los Corintios: les recuerda lo ya enseñado, algo a lo que tenían ya ocasión de asistir. La Liturgia ya existía y era explicada por los Apóstoles cuando se escribían las primeras cartas apostólicas y los Evangelios. Porque esto era lo esencial, lo más sagrado en la vida de un cristiano. La Iglesia dependía de ello. Sin sacramentos no había – ni la puede haber –Iglesia. Por ello guardaban con más celo posible las instrucciones sacramentales y las transmitían con extrema fidelidad… pero oralmente. Fundamentalmente por el miedo a la profanación debido a la persecución de los paganos en los primeros siglos. El mismo Santo Tomás recoge esta circunstancia en la Suma III, q. 78, a. 3: “Los Evangelistas no se proponían transmitirnos las formas de los sacramentos las cuales en la Iglesia primitiva habían de conservarse ocultas, como observa Dionisio al cierre de su libro sobre la jerarquía celeste: su objetivo era escribir la historia de Cristo.

 Pero un paralelo de estas palabras las encontramos en las Constituciones Apostólicas, una obra del siglo III que señala las directrices para la Misa: “Hoc est mysterim novi testamenti, accipite ex eo, manducate, hoc est corpus meum quod pro multis frangitur in remissionem peccatorum”, Esto es el Misterio del Nuevo Testamento: Tomad de ello, comed: esto es mi cuerpo que se parte por muchos para la remisión de los pecados. (Enchiridion Euchologicum Fontium Litrurgicorum p. 618, citado en El trabajo de las manos humanas; crítica teológica de la Misa de Pablo VI – la obra disponible en inglés, autor A. Cekada).

Gassner en su obra El Canon de la Misa afirma que “Muchos teólogos mantienen que las palabras ‘mysterium fídei’ contenidas en la fórmula de consagración son materia de la tradición divino-apostólica. El Papa León IX que esas palabras son ‘la tradición transmitida por San Pedro, el autor de la liturgia Romana’.El Papa Inocencio III que estas palabras han sido añadidas a las palabras de consagración desde la tradición apostólica y refieren a 1 Tim 3:9. Santo Tomás sostiene que estas palabras son materia de tradición, transmitida por los Apóstoles a la Iglesia.

Si su origen llega en realidad hasta Cristo (Apóstoles no enseñarían otra cosa que se aparte de Él), ¿cuál es el profundo significado de esas palabras? Citaremos para ello otra vez a Gassner:

Las palabras ‘mysterium fídei’ del Canon son una aposición al ‘cáliz del Nuevo Testamento’… La Eucaristía es un misterio, es un sacramento. En la Sagrada Eucaristía no está escondida solamente la divinidad, sino también la humanidad, el cuerpo y la sangre. Se trata del sacramento más excelso porque contiene toda la gloria del misterio de Cristo mencionado en 1 Tim 3:9, 16. El resto de los sacramentos simplemente contienen Su poder… La Eucaristía es llamada misterio de fe (a) como objeto de fe: solamente por la fe conocemos de la presencia real de Cristo, de la presencia real de su cuerpo y sangre. Es llamado misterio de fe (b) debido a que la Pasión de Cristo, representada en él, salva por medio de la fe. Al mismo tiempo es llamado el sacramento de amor, con respecto a lo que significa y lo que da como efecto.

Por lo tanto, la frase “misterio de fe” resume y atestigua el conjunto de la doctrina católica sobre la Presencia Real, la naturaleza del Santo Sacrificio de la Misa y el efecto de las palabras de consagración sobre el pan y el vino. Está colocada en un punto clave de la Consagración; rompe de alguna manera las palabras esenciales pronunciada sobre el vino, pero a propósito: trae a la mente de todos algo que es dominio de la fe por excelencia. Otra matización importante: estas palabras pronunciadas en este lugar, referidas al misterio que acaba de ocurrir, habla del milagro, que junto con la Resurrección y la Encarnación supera todos los demás de un modo incomparable, que acaba de ocurrir delante nuestra; el Señor YA está aquí realmente presente.

¿A qué apunto con esto? A la nueva ubicación de las palabras (¡en latín!) “Mysterium Fídei”. Estas ahora vienen delante de la aclamación escatológica – un misterio que tendrá lugar al final del tiempo – “Anunciamos tu muerte, proclamamos tu resurrección, ¡Ven, Señor Jesús!” ¿Acaso el Señor no está ya aquí? ¿Por qué desviar la mirada espiritual del misterio tan sublime que tenemos delante para aclamar la Segunda Venida? Justamente es eso a lo que objeta otra vez el Cardenal Ottaviani en su Breve examen crítico:

Además, la aclamación asignada al pueblo inmediatamente después de la Consagración: («anunciamos tu muerte,… Oh Señor, hasta que Tú vuelvas») introduce de nuevo al amparo de la escatología, la misma ambigüedad en lo que concierne a la Presencia Real. Sin intervalo ni distinción, se proclama la expectativa de la Segunda Venida de Cristo al final de los tiempos justamente en el momento en que Él está substancialmente presente sobre el altar, casi como si la primera, y no la última, fuera la verdadera Venida.

En definitiva, el traslado de las palabras Mysterium fídei (sacadas de entre las esenciales de la Consagración en la Misa Tradicional) conlleva un cambio de significación implícito: de su enfoque a la Presencia Real en el Sacramento aquí y ahora, ahora hay un apunte hacia la Segunda Venida, a algo que todavía estamos esperando.

Sencillamente: todo esto nunca visto en la Iglesia; como si fuera poca cosa de por sí, aparte de todo esto, tratar sin seriedad ninguna el Canon. Aunque las palabras propiamente serían frivolizar, o incluso tontear. Porque la Misa de Pablo VI no estaba hecha por los Padres, Doctores y Santos de la Iglesia, cimentada sobre lo transmitido por los Apóstoles; fue hecha frívolamente por las manos humanas de Bugnini y su séquito.

***

Al final, unas palabras sobre la validez de la Misa Novus Ordo. Teniendo en cuenta todo lo anteriormente dicho, consideremos ahora las siguientes citas magisteriales precedidas por la de Santo Tomás, perfectamente asumidas por la enseñanza posterior de la Iglesia:

Está claro que si se suprime alguna parte substancial de la forma sacramental, se destruye el sentido esencial de las palabras; y por consecuencia el sacramento es inválido.” Summa III, Q. 60, Art. 8

El concilio (de Trento) declara, además, que siempre ha estado en la Iglesia el poder de que en la administración de los sacramentos, sin violar su substancia, ella puede determinar o cambiar cualquier cosa que pueda juzgar como siendo más conveniente para el beneficio de aquellos que lo reciben…” Sesión XXI, Capítulo 2.

A la Iglesia le está prohibido cambiar, o incluso tocar, la materia o la forma de cualquier sacramento. Puede, en verdad, cambiar o abolir o introducir algo en los ritos no esenciales o en las partes ‘ceremoniale’ usadas en la administración de los sacramentos, tales como las procesiones, plegarias o himnos antes o después de que las palabras efectivas de la forma sean recitadas…” León XIII, Apostolicae Curae.

Es bien sabido que no pertenece a la Iglesia ningún derecho en absoluto a innovar nada sobre la substancia de los sacramentos.” San Pío X, Ex quo nono.

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Toda esta doctrina sacramental la conocía a perfección el Cardenal Ottaviani, el Prefecto del Santo Oficio en la época conciliar. Por ello, cuando tenía que revisar el proyecto del Novus Ordo Missae, se le caería de las manos. ¿Qué pensaría él? Su primera impresión seguramente sería que se trata de un símil de la “liturgia” anglicana o protestantizada. Porque el Novus Ordo rebosa de esas notas bajo el principio “ecuménico” que lo inspiraba todo. Paradójicamente, a pesar de la pretendida “búsqueda de la liturgia primitiva”, los diseñadores del Novus Ordo no se decantaron por, por ejemplo, liturgias orientales de origen muy temprano y con estrecha conexión al tiempo apostólico. Son en definitiva liturgias católicas que los cismáticos siguen usando de modo ilícito (sin unión formal con la Iglesia Católica – o sea, con el Papa). Esos ritos la Iglesia siempre ha dado por válidas y han sido tan similares a la nuestra propia que – exceptuando el idioma – se pueden encontrar paralelos significativos en todas partes esenciales de la Misa Tradicional. Tanto es así que la Iglesia Católica las ha conservado intactas y sin cambio alguno en varias Iglesias Uniatas que han vuelto a la comunión con Roma. De modo que, es llamativo reconocer que ninguna plegaria del Novus Ordo aparte del Padre Nuestro ha sido tomada de las liturgias orientales.

A esta pues conclusión llega el Cardenal Ottaviani:

Las palabras de la Consagración según están insertadas en el contexto del Novus Ordo pueden ser válidas por virtud de la intención del ministro. Podrían también no ser válidas a causa de que no son ya ex vi verborum, o, más precisamente, por virtud del modus significandi que tenían en la Misa hasta el presente.

¿Consagrarán válidamente en un futuro próximo los sacerdotes que no hayan recibido la formación tradicional, y que se apoyen en el Novus Ordo con la intención de «hacer lo que la Iglesia hace»? Uno se permite dudarlo.”

Uno se permite dudarlo.” Pero si uno duda sobre la validez de un sacramento, en virtud de la doctrina tuciorista (doctrina de teología moral que en puntos discutibles sigue la opinión más segura y favorable a la ley – Diccionario LE), la conclusión a efectos prácticos está clara: no aceptar decir la Misa Novus Ordo. Que no se trata de “preferencias sentimentales y nostalgia de pasado”, queda más que patente de todo lo expuesto hasta ahora. Por lo tanto, lo de “sentimentalismo y nostalgia” son falsas acusaciones totalmente vacías de contenido. Si quieren en cambio, con todas las consecuencias, hincar el diente en problemas teológicos de Novus Ordo, ya están tardando. Allí tienen dónde entrar en aguas profundas si realmente les importa la verdad.

***

Con este tremendo dilema se tuvo que enfrentar Mons. Lefebvre y unos cuantos más. A los sacerdotes mayores les dieron la dispensa de celebrar Novus Ordo… esperando hasta que se mueran y un problema resuelto. Pero con respecto a los sacerdotes jóvenes, y con todos los obispos, la política era de aplicación atroz e inmisericorde. No se permitía disenso más mínimo.

Pero el dilema en realidad no era tan tremendo. Simplemente los obispos y el clero tenían que hacer caso omiso a la introducción de la Nueva Misa (“juzgad por vosotros mismos, si hay que obedecer a Dios antes que a los hombres”). No obstante, pensar así en aquella época le pillaba a tantos desprevenidos. Venían de una época en la que la Iglesia estaba como una roca, bien arreglada y regulada. Tenía sus problemas, pero se sabía quién mandaba y a quién obedecer. ¿Cómo podían tantos sacerdotes y obispos pensar que de Roma podía venir una norma negativa? Sin embargo, vino. Y, por muy raro que parezca – a nosotros hoy viendo lo que está haciendo Francisco desde la Sede de Pedro casi a diario ya no nos sorprende nada; entonces acababan de empezar – la respuesta tenía que ser un rotundo: ¡NO! ¡SIN LA MISA NON POSSUMUS! Y la embestida del enemigo sería frenada.

Pero esto estaba profetizado, amigos míos, “… a la mitad de la semana, el Sacrificio será abolido”. Daré mi sentencia al respecto: esto es la mayor acción criminal de la historia. Porque es un atentado contra Dios y su Sacrificio. El Sacrificio que nos abre el Cielo pagando tal inconmensurable precio, ha sido vilipendiado, humillado, ultrajado delante de los ojos de todos nosotros. Muchísimos no se dan cuenta de ello, pero ya es la hora.

¿Sabéis cuál era el precio que se pedía a Lefebvre para la reconciliación con Roma de Pablo VI? ¡Decir una única Misa Novus Ordo al año! Y no quiso hacerlo.

Como tiene que ser. Ya entendemos por qué. El enfrentamiento de Mons. Lefebvre y de otros pocos tradicionalistas no era por motivos de disputas doctrinales – que problemas teológicos con el CVII sabemos lo graves que son – sino principalmente por el motivo de sacramentos, especialmente el de la Eucaristía y Orden. Porque sin ello, no hay Iglesia. La Iglesia se nutre y descansa sobre los Sacramentos. Estos son de Dios y se tienen que conservar en su esencia como Dios los ha dado y la Iglesia custodiado. Esto era el problema principal de la rebelión de Lefebvre. ¿Entendemos ahora las cosas algo mejor?

Aborda esta cuestión con mucha fuerza Rama Coomaraswamy en su libro La destrucción de la tradición cristiana. Citaré de este contundente libro dos citas, la primera en cuanto al planteamiento de Lefebvre con respecto a la Misa Novus Ordo. Tenía clara una cosa: era algo con lo que no había negociación posible:

“Desgraciadamente una considerable confusión ha resultado de la afirmación del Arzobispo Lefebvre al efecto de que bajo ciertas circunstancias el Novus Ordo Missae puede ser «válido». (La «Intervención de Ottaviani» sostiene implícitamente la misma opinión). Como un ejemplo atribuido a él, nos pide que imaginemos a un sacerdote anciano —ordenado antes de que fueran instituidos los nuevos ritos, un hombre que usa el Novus Ordo en latín bajo el concepto de obediencia erróneo, que no comprende todo lo que esta nueva «misa» implica y que tiene intención plena de consagrar. Bajo tales circunstancias, quién presumiría o se atrevería a arrojar sus hostias consagradas al suelo y a profanarlas. Pero si bajo algunas circunstancias el Novus Ordo puede ser válido, es, sin embargo, siempre sacrílego, y nadie que es consciente de su naturaleza debería asistir nunca a él. Nuevamente, uno no puede juzgar las almas de los individuos que en obediencia participan en esta «misa», pero una cosa está clara: El arzobispo nunca ha dicho que —sea válido o no— nosotros debamos tener algo que ver con ella. Por el contrario, él se ha negado a decirla (el Novus Ordo), ni siquiera una vez al año, en Ecône (Pablo VI hizo de esto la condición para la reconciliación) y ha rechazado con considerable aspereza toda sugestión de que al laicado podría permitírsele asistir a él cuando no hay ninguna misa tradicional disponible. En su famosa declaración de noviembre de 1974 afirma que «La nueva misa está en línea con el nuevo catecismo, el nuevo sacerdocio, los nuevos seminarios, las nuevas universidades y con la iglesia carismática o pentecostalista, todos los cuales están en oposición a la ortodoxia y al magisterio venerable». En junio de 1976 afirmó que «nosotros tenemos la convicción precisa de que este nuevo rito de la misa expresa una nueva fe, una fe que no es la nuestra, una fe que no es la fe católica. Esta nueva misa es un símbolo, una expresión, una imagen de una nueva fe, de una fe modernista». Finalmente en su «Documento de toma de postura» de noviembre de 1979 afirma: «Debe comprenderse inmediatamente que nos no sostenemos la idea absurda de que si la nueva Misa es válida (bajo algunas circunstancias -ed.), nosotros somos libres de asistir a ella. La Iglesia ha prohibido siempre a los fieles que asistan a las misas de los heréticos y cismáticos, aunque fueran válidas. Está claro que nadie puede asistir a las misas sacrílegas o las misas que ponen en peligro nuestra fe… Uno puede decir cabalmente sin exageración que la mayoría de estas misas (del Novus Ordo) son actos sacrílegos que pervierten la fe, haciéndola cada vez más pequeña. La desacralización es tal que estas misas se arriesgan a perder su carácter sobrenatural, su mysterium fidei; no serían, entonces, más que una religión natural. Estas Nuevas misas no son solamente incapaces de satisfacer nuestra obligación dominical, sino que son tales que debemos aplicarles las reglas canónicas que la Iglesia tiene la costumbre de aplicar a la communicatio in sacris con las sectas ortodoxas y protestantes». Aquellos que querrían usar la precisa afirmación teológica del arzobispo para animar la asistencia de los católicos a la creación de Bugnini, están desmintiendo la posición del arzobispo e intentan sembrar cizaña en los campos de trigo.”

No puede haber Renovación en la Iglesia hasta que no se establezca otra vez con todo su esplendor y vigor la Misa de siempre.

 Para el colmo, esto no era la única cuestión. Queda también un asunto estrechamente relacionado con la Misa y es de tremenda importancia: el sacramento del Orden. Muchísimos católicos – incluido el clero – ni saben de la existencia de tal problemática. La presentaremos como sigue:

En 1968 Pablo VI presenta nueva forma del sacramento del Orden. Al año siguiente se hace obligatoria, es decir, todo obispo ordenado (sacerdote, diácono) tiene que serlo según la nova forma sacramental. El problema radica en el hecho de que esta forma… simplemente no es correcta. No es clara, no tiene una interpretación unívoca. En otras palabras, si se aplica la teología sacramental preconciliar (pero en definitiva la teología sacramental católica) la forma no expresa (al menos no de forma explícita) lo que debe significar. Vamos a explicarnos.

Los sacramentos deben expresar lo que significan, y el efecto que producen. Si yo digo por ejemplo: “yo te bautizo en el nombre de Jesucristo”, tal “bautismo” sería inválido por no tener la forma correspondiente; y, además, nadie podría decir, ni tampoco el Papa claro está, que esta forma sería válida. Tampoco sería válida la supuesta consagración empleando las palabras “Esto es el Cuerpo de Cristo”, en vez de “Esto es Mi Cuerpo”; lo diga quien lo diga, aunque lo “apruebe” el mismo Papa – algo imposible -, no sería una consagración válida. El Cuerpo de Cristo no estaría sobre el altar, y además el sacerdote cometería un pecado muy grave por profanar el sacramento.

¿Qué es entonces lo que la Iglesia ha enseñado siempre sobre la forma de sacramento del Orden aparte de la imposición de manos? Fundamentalmente que el ordenado recibe el poder para actuar sacramentalmente con respecto a:

  1. Cuerpo de Cristo, y
  2. Cuerpo Místico de Cristo.

La finalidad a) se refiere al poder de dar culto debido a Dios. Es decir, para que el bautizado católico que ha recibido el sacramento del Orden pueda hacer realmente presente sobre el Altar el Cuerpo y la Sangre de Cristo. En otras palabras, para que pueda decir la Misa.

La finalidad b) apunta a la santificación de los miembros místicos de Cristo por medio de la administración de los sacramentos – lo cual incluye el poder transmitir el sacramento del Orden -, es decir, de su Iglesia. Porque si los fieles no reciben los sacramentos, desvanecen. En definitiva, el ordenado debe recibir el poder para dar culto a Dios y administrar sacramentos a los fieles. Este poder lo recibe por medio de la gracia del Espíritu Santo, algo que debe constar en la forma del sacramento.

Resumiendo, un bautizado católico (y célibe si se trata de rito latino) puede saber de memoria la Biblia y las obras completas de Santo Tomás de Aquino, pero eso no le va a facultar para decir Misa. Lo hará la gracia de Dios por el Espíritu Santo mediante sacramentos. Ese poder ha dado Cristo a sus Apóstoles y a sus sucesores. Estos lo transmiten de generación en generación por medio de imposición de manos empleando la forma indicada por la Iglesia. Pero esta debe cumplir ciertas condiciones para ser válida. En sintonía con el pensar perenne de la Iglesia, Pío XII en la Constitución Apostólica Sacramentum Ordinis (1947) establece las palabras esenciales para el sacramento del Orden (nos ocupamos solamente de lo dicho referente a la ordenación episcopal; que es fundamental, ya que de ella depende la sucesión apostólica y la ordenación de sacerdotes y diáconos), que son:

Comple in Sacerdote tuo ministerii tui summam, et ornamentis totius glorificationis instructum coelestis unguenti rore sanctifica ” (Completa en tu sacerdote, la plenitud de tu ministerio y adornado con las galas de tu gloria, santifícalo con el rocío del ungüento celestial.)

Fíjense en las palabras “in Sacerdote tuo ministerii tui summam” y “coelestis unguenti rore sanctifica”. Indican la invocación para que el ordenado tenga la plenitud del ministerio sacerdotal ungido con la gracia del Espíritu Santo. Es decir, están indicadas las dos finalidades que debe contener la forma del Sacramento del Orden Además, tal y como recalca Sacramentum Ordinis, de forma unívoca: está perfectamente claro que significa lo que debe significar.

En cambio, las palabras esenciales de la forma establecida por Pablo VI: “Et nunc effunde super hunc Electum, eam virtutem quae a te est, spiritum principalm, quem dedisti Filio tuo Jesu Christo, quem ipse donavit sanctis Apostolis, qui constiuerunt Ecclesiam per singula loca, ut sanctuarium tuum in gloriam et laudem indeficientem nominis tui.” (Y ahora, derrama sobre este Elegido aquel poder, que proviene de ti, el espíritu principal, que diste a tu Hijo Jesucristo, que Él, a su vez, dio a los santos Apóstoles, que fundaron la Iglesia por todos los lugares, como tu santuario, para gloria y alabanza perpetua de tu nombre. AAS, LX, (7), 29/07/1968), presentan un problema muy serio. Sintetizamos:

  • ¿”El espíritu principal” es el Espíritu Santo? No queda nada claro. Algunos autores desde el campo tradicionalista lo identifican como potestad de jurisdicción, pero no como el poder de dar culto a Dios (celebrar la Eucaristía) e impartir el Sacramento del Orden (y administrar otros sacramentos). Pero concedamos que se refiera al Espíritu Santo. Aún así, la cuestión no está zanjada, como sigue.
  • ¿Dónde está aquí la referencia unívoca a la plenitud del ministerio sacerdotal? ¿Dónde está siquiera la referencia al “Sacerdote”? Eso más bien podría ser el término “Elegido”, pero uno puede ser elegido para muchas cosas, para dirigir por ejemplo a una comunidad. Otra vez está presente un cierto aire ecuménico (veo un cierto apunte a los pastores o presbíteros protestantes elegidos – ¡por la comunidad! – para dirigir una asamblea de fieles. En cambio, con tanto ecumenismo no hay un paralelismo con la forma del Sacramento del Orden aplicado en las iglesias orientales – cuya validez sí aceptó la Iglesia siempre.); como tantas veces en la actualidad sin fuste alguno.
  • ¿Dónde está finalmente la referencia al culto de Dios o la administración de sacramentos? Todo ello puede parecer a lo sumo implícito en la acción de la fundación de la Iglesia por todos los lugares que realizaron los santos Apóstoles. Pero esta afirmación es en modo de referencia a tales hechos, no para que estos mismos “elegidos” hagan lo mismo. En fin, esta forma sacramental adolece de tantas imprecisiones.

Finalmente, de alguna manera se coloca en un plano similar a Jesucristo y a los Apóstoles y a sus sucesores. Esto a su vez puede tener un (mal) olor arriano. Lo que faltaba en todo esto.

Además, en línea con todo esto, uno se pregunta, ¿pero para qué Pablo VI quería cambiar las formas de los sacramentos?  (Y en el caso del sacramento de la Extremaunción – ahora se llama “unción de enfermos” – observen el enfoque: antes se apuntaba hacia la salvación eterna y ahora a la curación del enfermo, hay también un cambio de la materia: ahora ya no es necesario el aceite de olivo, puede ser un aceite vegetal.) No había ninguna necesidad de ello. Pero claro, nueva – como dicen: renovada; o sea, supuestamente la misma, pero renovada  – doctrina del Concilio Vaticano II, pedía la Nueva Misa. Esta a su vez nuevo (dirán: enfoque del) sacerdocio. Como si la “Nueva” Iglesia quisiera tener “Nuevos” Sacramentos. Realmente es así: si cambia la doctrina de un sistema religioso, también cambiarán sus ritos. Eso es inevitable, lex credendi implica siempre lex orandi.

En resumen: se produjo un espantoso caos en la Iglesia. No obstante, a pesar de negras nubes repletas de rayos que invadieron todo el horizonte, tanta buena y diría también santa gente de la Iglesia no se podía esperar esto: les superaba por completo. Tantísimos y tantísimos buenos curas, algo ya entrados en años veían con toda claridad que estos cambios en la misa (los de orden sacerdotal apenas fue percatado por muy pocos) son un auténtico espanto… pero no pudieron por lo que sea dar el paso de firme resistencia. Aún así, eso lo previó Bugnini – se les consintió decir la misa tridentina hasta que se mueran. A los jóvenes no se les dejaba opción alguna: al estilo de una tiranía pura y dura. Bajo falso pretexto de obediencia, se les impuso a los de visión conservadora el nuevo rito. A los afines del pensamiento modernista se les dejó seguir “formándose” en lo mismo.

De los obispos eran Lefebvre y muy pocos más que vieron con toda claridad que no hay que tragar estos cambios (Lefebvre sin embargo aceptó la introducción de la mención de San José en el Canon; no porque lo compartía, sino al parecer porque pensaba que en sus negociaciones con Roma no le consentirían tal oposición), y este mismo arzobispo realiza el acto que todo obispo católico tenía que haber hecho: no aceptó decir la Misa Novus Ordo. ¡Ni una única vez al año!, que era la condición impuesta por Pablo VI para la “reconciliación”. Si el lector con paciencia relee todo lo expuesto aquí, tendrá argumentos para entender del por qué de la postura de Mons. Lefebvre.

Otro tanto afectó al Sacramento del Orden. Lefebvre no se permitió una duda sobre su validez. De allí la implicación pastoral contundente – puede ser “pastoral”, pero es aplicación de la teología sacramental a la que no renunciaba. El siguiente extracto del libro de R. Coomaraswamy es elocuente al respecto. Se trata de la pregunta de un sacerdote ordenado según el nuevo rito con respecto a la posibilidad de prestar servicio en la pastoral de la FSSPX:

*

Puesto que el nuevo rito de ordenación fue impuesto en 1968, debemos suponer que el sacerdote fue ordenado según el nuevo rito en lugar de con la ceremonia católica tradicional. En cualquier caso, usted podría preguntarle —por el interés de él tanto como por el suyo propio. Pues si comprende suficientemente como para rechazar la nueva misa, ciertamente debería estar interesado acerca de la validez de sus propias órdenes sacerdotales. Si, en verdad, fue ordenado según el nuevo modo, entonces ningún verdadero católico puede asistir a las misas que ofrece, aunque sean tradicionales. La razón es que hay dudas muy graves sobre la validez de la nueva ceremonia de ordenación.

 La primera dificultad se encuentra en el nuevo rito mismo. Aunque el nuevo rito (comentario del blogguer: ¡ojo!, se refiere al rito de la ordenación sacerdotal, no episcopal que tratamos aquí) conserva las palabras de ordenación necesarias (decretadas por el Papa Pío XII en 1947), sin embargo, en el contexto del nuevo rito, estas palabras no pueden ser comprendidas en el sentido católico. El sacerdote existe para el sacrificio. Así, el sacerdocio católico existe para la verdadera Misa católica, que es el sacrificio incruento del Calvario. Pero el nuevo sacerdocio existe para la nueva misa, que no es al sacrificio incruento del Calvario.

Según el rito de ordenación, un sacerdote es ordenado para ofrecer solamente un sacrificio de «alabanza y de acción de gracias», lo cual es la nueva misa; la nueva ceremonia ha suprimido toda mención del sacrificio en reparación del pecado. El sacrificio del Calvario, sin embargo, fue ofrecido por Dios Padre en adoración, reparación, acción de gracias y súplica. Una «misa» que excluye a propósito alguno de estos cuatro fines no puede ser la misma que el sacrificio del Calvario, y de ese modo no es en absoluto una Misa católica. Y un sacerdote ordenado no más que para semejante «sacrificio de alabanza y de acción de gracias», es muy dudosamente un sacerdote católico. Es de interés remitirse al concilio de Trento a este respecto, pues el concilio condenó explícitamente todo atentado que no hiciera de la Misa nada más que un sacrificio de alabanza y de acción de gracias negando su valor reparativo: «Si alguien dice que el sacrificio de la Misa es meramente una ofrenda de alabanza y de acción de gracias, o que es un simple memorial del sacrificio ofrecido en la cruz, no propiciatorio… ¡que sea anatema!» (sesión 22, canon 3 sobre la sagrada Eucaristía). A causa de que los nuevos ritos de la ordenación y de la Misa hacen justamente esto, no son en absoluto ritos católicos.

Una razón adicional a la cuestión de la validez de las órdenes conferidas por el nuevo rito implica la intención del hombre que ha de ser ordenado. ¿Desea realmente devenir un sacerdote católico? ¿Comprende siquiera lo que es un sacerdote católico? Estas preguntas son pertinentes hoy día, cuando la instrucción que se da en los seminarios nominalmente católicos, es a la vez anticatólica y anticlerical. Inclusive si el ordenado tuviera la intención necesaria, ¿qué hay respecto del obispo que ordena? ¿Tuvo el obispo intención de ordenar a un verdadero sacerdote católico o meramente a un «presidente de la asamblea»? En su encíclica Apostolicae curae, León XIII explica que la intención del obispo en tales casos debe ser interpretada según la ceremonia que emplea. Si utiliza una ceremonia católica, entonces la presunción es siempre en favor de la validez. Sin embargo, en el caso de las nuevas ordenaciones la presunción es siempre contra la validez, puesto que se ha usado un rito no católico en lugar de la ceremonia católica.

Otra dificultad concierne no solo a la intención del obispo, sino a si él mismo es un obispo del todo. Es incierto que los obispos consagrados según el nuevo rito de consagración episcopal sean realmente obispos, puesto que las palabras necesarias de la consagración episcopal han sido completamente cambiadas. Hay que agregar a la confusión el decreto del concilio Vaticano II sobre el episcopado, el cual redefinió implícitamente el sacramento de las sagradas Órdenes contrariamente a la enseñanza tradicional de la Iglesia. El Vaticano II sostuvo el carácter sacramental del episcopado con el fundamento de que está dirigido a gobernar y a enseñar a los fieles que son el Cuerpo Místico de Cristo. Esta doctrina de que un sacramento, en tanto que sacramento, está dirigido primordialmente a los fieles es precisamente la enseñanza de Martín Lutero. En cambio, la enseñanza católica es que un sacramento es un sacramento solamente en tanto que está dirigido al Cuerpo Real de Cristo en la Sagrada Eucaristía. Así pues, el problema del rito de la nueva ordenación implica mucho más que el encarar un solo sacramento; es el fruto que brota de un concepto enteramente nuevo del «sacramento» en sí mismo, y es así la perversión de todos los sacramentos.

Finalmente está, de nuevo, la intención del hombre que ha de ser consagrado y la intención de aquellos que le consagran. ¿Desea el obispo electo ser un obispo católico? ¿Conoce siquiera la verdadera naturaleza del episcopado católico? ¿Y los obispos que consagran desean realmente consagrar a un verdadero sucesor de los apóstoles? Nuevamente la presunción debe ser contra la validez, puesto que sus intenciones deben ser interpretadas según el rito que han usado, y el nuevo rito simplemente no es católico.

Vemos así que hay muchas dificultades implicadas en el nuevo rito de la ordenación de un nuevo sacerdote por la Iglesia Posconciliar. Uno cualquiera de los factores mencionados arriba serviría para hacer que la ordenación fuera totalmente nula e inválida.

En la práctica, podría mencionar también la decisión del Arzobispo Lefebvre con respecto al nuevo rito de la ordenación. Cuando hablé con él el pasado junio, Monseñor dijo que si un sacerdote ordenado con el nuevo rito deseara ayudar a la Sociedad San Pío X en la administración de los sacramentos, tal sacerdote tendría que ser ordenado condicionalmente según el rito católico tradicional de la ordenación sacerdotal. Se encontrará un tratamiento adicional sobre este problema en The Roman Catholic, Vol. IV, nº 2, 8 y 11, 1981 (disponibles, Soc. S. Pío X, Oyster Bay Cove, Nueva York, 11771, EE.UU.).

*

EPÍLOGO

 ¿Tremendo, verdad? ¿Para no creer, verdad?

Esto me pasa a mí.

Sin embargo, todo esto ocurrió delante de nuestros ojos. Y sigue ocurriendo, ya que la embestida contra la Misa Tridentina y la Tradición continúan. De allí, como no se suelta la nueva doctrina, no se admiten los sacramentos de siempre.

Algunos sedevacantistas sostienen que la Misa Novus Ordo es simplemente inválida, que en ellas el Señor no está realmente presente. Mons. Lefebvre no pensaba así, aunque sí que en definitiva ese rito no tiene una teología católica – la última referencia es significativa al respecto -, y que su validez es más bien accidental, es decir, en función del sacerdote que la dice.

Esto es lo que me parece teológicamente más acertado. Porque hay muchos jóvenes que entregan su vida para dedicarla al Señor, para decir misa, confesar, administrar sacramentos. Renuncian al mundo con la convicción de que van a ser sacerdotes como estos siempre han sido. Y en los documentos eclesiales formales después del Concilio se afirma que la Misa es el Sacrificio del Calvario. Su diseño es como la hizo Bugnini, pero el contexto de la doctrina puede ser entendido en el sentido católico. Yo no me atrevo a decir que cada sacerdote posconciliar piensa en la Misa como un servicio protestantizado o algo similar.

Sin embargo, una cuestión es la validez de la Misa Novus Ordo, y otra la Restauración de la Tradición de la Iglesia (nunca destruida, ni puede serlo, del todo). Entiendo y defiendo que esta podrá realizarse teniendo en cuenta los siguientes puntos:

  • Restablecimiento formal de la doctrina tradicional de la Iglesia. Esto implicará la abolición del Concilio Vaticano II y los documentos posteriores equivalentes.
  • Restablecimiento de la Misa Tradicional. Incluso antes de la pequeña reforma del 62. Y también para ello:
  • Restablecimiento del Sacramento del Orden. Esto implicará la ordenación condicional de los ordenados según el nuevo rito del 68.
  • Necesitamos un Vicario de Cristo que cuanto antes reúna las ovejas dispersas. Este tiene que ser reconocido y reconocible por todos los católicos que asienten y asentirán la doctrina católica de siempre. Imploremos a Dios por ello día y noche.

Tengan por cierta una cosa, y eso no será solamente mi opinión: LA CUESTIÓN DE MISA ES EL PRINCIPAL PROBLEMA DEL MUNDO. SI EL MUNDO VA A SER UN LUGAR BENDECIDO O DEJADO A SU SUERTE, DEPENDE SI EL SACRIFICIO DE LA MISA SE OFRECE COMO DIOS QUIERE. Ni Trump, ni Putin, ni el ISIS, ni el Islám, ni el comunismo, ni la masonería, ni el sionismo, ni ninguna fuerza habida o por haber puede ser un problema que en su gravedad supere la cuestión de dar el culto debido a Dios. De esto depende el mundo. La vida cristiana sin este culto, es un voluntarismo  estéril. 

Nuevo vídeo globalista del colaborador de Soros

Unas líneas solamente. Los vídeos de Francisco interesarán a Scalfari y a  la Repubblica, El País, y a la gente de esa onda. Los católicos tienen otras cosas que hacer y no tienen tiempo para sus proyectos – aunque les afectan seriamente. Pero este de febrero de 2017 no pude saltarlo, aún en medio de otros trabajos.

Otra vez son los pobres, los refugiados y los marginados. Con una novedad: ahora el pobre y el marginado es un joven europeo autóctono:

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y los que le ayudan serán fundamentalmente los extranjeros, que posiblemente serían antiguos refugiados de algún país africano:

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El vídeo es patético; eso lo sabemos: todos lo son. Pero esconde un gran cinismo, como si dijera: “No temáis al otro, acoged a los refugiados, son buena gente y los necesitamos. Además, tienen un corazón mejor que tantos de nosotros.”.

El vídeo es patético, de acuerdo; no obstante, el mensaje globalista no le falta. Francisco está con Soros en contra de Trump: este es el mensaje. Francisco debe hacer de su parte lo que le corresponde en la agenda mundialista, así de simple.

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Ya durante la campaña electoral de EE. UU., Francisco hacía de su parte criticando claramente a Trump:

Una persona que sólo piensa en construir muros, 

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Sin duda, hay muchos jóvenes europeos empujados a la marginación. Y eso es, además de tener todos nosotros nuestra inclinación innata al mal, consecuencia de todo un proyecto de perversión inducida en la población. Esa es la misión de la pornografía, feminismo e ideología de género que están lanzando por doquier, desde las primeras noticias matutinas, pasando por los programas televisivos de entretenimiento y películas, hasta los currículum educativos en todos sus niveles. El objetivo no es otro sino reducir a cenizas rasgos de nuestra civilización cristiana y romper sus bases naturales que es la familia. El resultado de esta acometida salvaje y programada es la desorientación moral que ha alcanzado cotas significativas en la sociedad europea.

Y allí mismo está la solución: la Iglesia debe denunciar con valentía tal situación, y ofrecer los remedios: la vida cristiana según los mandamientos de Dios, protección de la familia de siempre, medidas estructurales que hagan conciliar trabajo y obligaciones familiares y sociales. Luego la concepción de trabajo como obligación y no como un lujo al que aspirar con suerte después casi de décadas de formación. Etc.

Eso es lo que debería hablar el Papa, y todo el mundo le entendería. Si no lo hace Francisco, por algo será.

El cinismo del vídeo, o sea, de Francisco, está en el hecho de llamarnos tontos: toda Europa está con el corazón en un puño por los atentados islamistas (muchos de ellos cometidos por los antiguos refugiados); la violencia en las calles es preocupante. Barrios enteros de algunas grandes ciudades están controlados por la sharia. Las violaciones de las chicas – blancas y europeas – se están escondiendo de manera vergonzosa.

Los nacionales deben soportar cargas importantes en forma de impuestos, etc. para poder atender a tantos refugiados. Todo ello limita posibilidades laborales. Amén que tanta oferta de la mano de obra reduce sueldos haciendo que la vida de un amplio sector sea cada vez ardua y con muchas dificultades.

Y por cierto, la realidad y la vida misma son mucho más duras y nada poéticas como pretende ser el estúpido vídeo. Hace muy poco se levantó una gran indignación por la actitud de un youtuber de origen chino que ofrecía galletas rellenas de pasta de dientes para reírse de un mendigo español. Diametralmente opuesto a lo contado en el cuento de hadas de Francisco:

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En cambio Trump, sí hace justo lo contrario que Francisco y Obama: ayuda a los cristianos perseguidos de aquellos países a los que restringe la entrada ahora. Entrevistado en CBN, afirmó, respondiendo a la pregunta si los EE. UU. tendrían que priorizar la acogida de cristianos:

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Sí. Sí, ellos han sido horriblemente tratados. Si usted es un cristiano de Siria, le sería imposible, o al menos muy, muy duro entrar en los EE. UU. Si usted es un musulmán podría entrar, pero como un cristiano eso sería casi imposible… algo muy injusto, siendo el hecho de que ellos eran los más perseguidos. Así que pienso que eso era, muy, muy injusto. De forma que nosotros les vamos a ayudar.

 ¿A qué se refiere Trump? Sabemos que Trump no habla por hablar. Lo que dice, lo hace. No hace falta que les diga que me crean, vean lo que ha hecho en diez días: día tras día llevando a la práctica lo que prometía en su campaña. Justamente lo que no hace ninguno de nuestros políticos.

Trump se refiere a lo siguiente: en primer lugar se refiere a una declaración de Obama de noviembre de 2015, que según él eso sería vergonzoso, o sea, ayudar a alguien en función de sus creencias. Y que eso sería una traición a los valores americanos.

Pero Trump no usa blablablaría de Obama, se refiere a un dato tan concreto como comprobable y certero: la administración de Obama acogió a 5.435 musulmanes sirios, y solamente 28 cristianos de aquel martirizado país. Como los cristianos en Siria eran un 10% de población, lo justo y estadísticamente proporcional sería que EE. UU. hubiera recibido 550 cristianos de entre los inmigrantes/refugiados sirios.

Por otra parte, los cristianos no huían ni de Siria, ni de Iraq, ni de Libia antes de que el gobierno americano derrocara a los que quería (excepto a Assad, a disgusto de todo el establishment). Después de aquellas guerras que se hicieron porque sí, con todo lo que conlleva, los cristianos han sido terriblemente tratados – llevados casi a la aniquilación. Es de justicia incluso humana, atender a ellos más que a ningún otro.

Entonces: puede ser que Melania sea la cuarta mujer de Trump, ¿pero sabes qué? Es mi presidente y rezo por su alma, por su conversión y por su gobierno… que en tantas cosas oigo más de lo cristiano y lo normal que de este hombre que ocupa la Silla de Pedro.

Por cierto, en aquel mismo vuelo tuvo que oír la crítica que le había hecho el mismo Trump previamente:

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¡Qué razón tienes, Trump!

Crimen y castigo, según la línea editorial

La actuación de “Sor” Lucía Caram en los últimos días ha alcanzado las cotas de asco y repugnancia en su blasfema pronunciación contra la Virgen y San José.

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[Hasta la imagen parece de las puertas del Infierno]

No es la primera vez que la “Sor” actúe así, recordaremos algunas de las suciedades que salieron de su boca:

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Era lógica la desesperación de tantos fieles:

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Incluso tenían ciertas ilusiones:

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Pero… Lucía seguía intocable, además, con el encargo de hacer el “lío” (octubre 2016!):

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Bien, como vemos a “Sor” no le pasa nada. Vamos a otra cosa.

¿Le suena el Padre (dominico) Giovanni Cavalcoli?

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Llevaba un programa en la emisora Radio María en Italia y comentó que “los recientes terremotos en el centro de Italia son «un castigo divino» por leyes como las uniones civiles homosexuales.

Y es así. Es la enseñanza totalmente bíblica, recogida en la tradición de la Iglesia. Dios no es ajeno al pecado de los hombres, y los males que padecemos son la consecuencia del pecado original. Y cuanto más nos agarremos como sociedad a la vida de pecado, bendición no tendremos y castigos serán para que nos arrepintamos (también lo recordaron en la organización italiana fedecultura.com, escandalizada por el trato al Padre Cavalcoli).

Pues ha tardado segundos en ser despedido de la Radio María. Y lo que es más grave aún, ha sido censurado canónicamente de forma propiamente salvaje: sin poder decir misa, predicar, escribir, encerrado en el convento. Como si fuera un criminal.

Y otro caso: Albrecht Boeselager, el Gran Canciller de los Caballeros de Malta, depuesto legítimamente por su orden (por consentir la distribución de preservativos en países pobres – esta fue la acusación; han nombrado a otro que se oponía a esa práctica), y restituido en su puesto por el mismísimo Francisco. Con el añadido de que Boeselager echaba peste sobre el Cardenal Burke.

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Además, vacilante como si fuera un matón: “Creo que no podemos prever lo que le sucederá al Cardenal Burke en el futuro y no haremos comentarios sobre ese tema. Sigue siendo una decisión que corresponde al Santo Padre“. (La mano de Franodor es muy larga. La noticia original publicada en LifeSiteNews ha sido borrada; queda su traducción que todavía sigue en píe en Infocatólica.)

 A este paso tendremos que congelar imágenes de las noticias en cuanto salgan, por si acaso. ¿Estamos alucinando? ¿Estamos en la “vida de otros” de la Alemania oriental? ¿En qué nivel de contaminación nos estamos encontrando?

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Evidentemente, la época clásica de  “Crimen y Castigo” ha sido definitivamente superada.